Albur, año 4, n. 17, mayo, 1992 (Número especial: Fray Bartolomé de las Casas) · Archivo Rialta /

Albur, año 4, n. 17, mayo, 1992 (Número especial: Fray Bartolomé de las Casas)

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ALBUR
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El nombre del padre Las Casas está indisolublemente unido al de Cuba. Como ha dicho uno de sus biográfos "Las Casas aparece en la historia cuando llega a Cuba".
Es verdad desde el año 1502 al de 1512 su vida transcurrió igual a la de uno de los tantos colonizadores que habían cruzado el océano en busca de riquezas y aventuras.
En el año 1510 se ordenó sacerdote, fue el primer ordenado en el Nuevo Mundo y cantó su primera misa ese mismo año; no por eso abandonó su encomienda, solamente varió, dedicando algún tiempo los domingos y días festivos a predicar a los indígenas la docrina cristiana.
El año 1512 llegó a Cuba mandado a buscar por el conquistador de la isla, Diego Velázquez, quien lo había conocido en la Española.
Cuando Diego Velázquez decidió emprender la colonización de toda la isla hasta entonces limitada al extremo oriental y fundar otras poblaciones a más de la Asunción de Baracoa, envió a buscar al Padre.
Partió Diego Velázquez de la villa de Baracoa el día 4 de octubre del año 1513. En su recorrido del fundado la villa de San Salvador de Bayamo en noviembre del mismo año y la de la Santi-sima Trinidad al comenzar el año 1514 cerca del río Arimao que desemboca en el puerto de Jagua, hoy Cienfuegos. En esta comarca dio el Gobierno al padre Las Casas tierras para su hacienda y una encomienda de indios, en un poblado indígena llamado Canarreo.
Era entonces fray Bartolomé un encomendero como los demés, con la sola diferencia que su carácter bondadoso y su profunda religiosidad no llevaron nunca a abusar de los indios agobiándolos con trabajos excessivos y malos tratos.
Diego Velázquez estableció su centro de operaciones en uno de los cayos que se encuentran el interior de la bahía de Jagua. De allí partió acompañado de varios españoles con el objeto de establecer una población hacia el centro de la Isla, Hallado el lugar a propósito fundó la villa que llamó Sancti Spiritus.
Llegada la Pascua de Pentecostés mandó a buscar al padre Bartolomé para que dijera misa y predicara en dicho lugar.
¿Cómo aquel colonizador y encomendero cambió de tal forma que ha pasado a la historia como el protector y defensor de los indios?
La transformación ocurrió en Cuba. Por eso su nombre, admirado y respetado en todo el mundo, en Cuba debe serlo con mayor interés.
Cuando el Padre fue llamado por Velázquez a Sancti Spiritus tomó la Biblia en sus manos, la abrió en el capitulo 34 del Ecclesiastés y leyó:
"Quien quita el pan ganado con el sudor, es como el que mata a su prójimo".
"Quien derrama sangre humana y quien defrauda al Jornalero, hermanos son".
"La vida de los pobres el pan que necesitan".
"Aquél que los defrauda es hombre sanguinario".
"El Altísimo no recibe los dones del implio, ni mira a los sacrificios que le ofrecen los malos porque mancillada es la oblación que se hace de lo injusto".
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Las Casas meditó largamente sobre estos versículos. Comprendió su profundo sentido humano y lo comparó con lo que se hacía en las Antillas con los infelices indígenas y llegó a la conclusión "de ser injusto y tiránico todo cuanto cerca de los indígenas en estas Indias se cometía".
En un momento quedó tomada su resolución: luchar hasta conseguir la libertad de los indios. Tenía que empezar por renunciar a su encomienda.
En Sancti Spiritus comenzó lo que iba a ser en lo adelante su gran cruzada: el día 15 de Agosto -día de la Asunción de la Virgen -del año 1514 pronunció un senmón el cual anunció su decisión de renunciar a su encomienda y explico a los atónitos españoles como era injusto todo lo que hacían con los indios, y como no podrían obtener la salvación de sus almas mientras los tuvieron sometidos al cruel régimen de las encomiendas.
Pero él sabía que lo que hacía en Cuba no tendría trascendencia, que la lucha habia de librarse en España. Permaneció todavía unos meses en Cuba predicando en favor de los indios. A mediados de 1515 partió para la Española y de ahí a España a emprender la gran lucha.
Ya en la peninsula habló con Fernando el Católico, con el Cardenal Cisneros, con Carlos V, con el Consejo de Indias, escribió miles de páginas entre ellas su famosa Historia de las Indias, lo mejor que se ha escrito sobre la conquista y la colonización del Nuevo Mundo donde narro con escalofriante verdad los horrores por él presenciados y que sus oyentes lo escuchaban asombrados.
A esta lucha dedicó su vida de la cual escribió José Martí: "Entonces empezó su medio siglo de pelea para que los indios no fueran esclavos; de pelea en América; de pelea en Madrid; de pelea con el Rey mismo; contra España toda, el solo, de pelea".
Gracias a esta enorme batalla en la cual participaron otros sacendotes y algunos seglares se votaron el año 1542 las Leyes Nuevas que prohibían las encomiendas y que en Cuba llegaron a implantarse hasta el año 1552, cuando ya sólo quedaban unos pocos indios viviendo en la región oriental, en el Caney y en el pueblo de Jiguani fundado por un indio dueño de un corral "...para recoger los indios vagarosos"; y en La Habana reducidos al pueblo de Guanabacoa y aún así viviendo en lucha perpetua con los ambiciosos de tierra.
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SUMARIO:
I. LAS CASAS Y NEGROS
BARTOLOME DE LAS CASAS Y SU
"LEYENDA NEGRA"
6.
II. DESTRUCCIÓN DE INDIAS
46.
IV. NEGROS
82.
VII. NEGROS.
DEFENSA.
134.
VIII. CAM.
DESPÚES DE LAS CASAS ... 163.
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Ofrecemos a los lectores de la Revista Albur, el texto hasta ahora inédito de un importante libro de Don Fernando Ortiz, cuya publicación en nuestras páginas ha sido autorizada generosamente por el Instituto de Literatura y Lingüística de la A.C. de Cuba, bajo la dirección del Dr. José Antonio Portuondo. El libro se encuentra en su mayor parte manuscrito, lo que dificultó en muchos casos la correcta transcripción de nombres de personas y lugares, así como la precisión de las fuentes citadas. El enorme material compilado por el eminente sabio cubano abarca 23 carpetas de fichas procesadas y sin procesar, lo que parece indicar que no logró dar culminación a su más que ambicioso, fabuloso proyecto. De ello es un indicio claro la carpeta que lleva el nombre de "Casas IX Elogios y Diatribas", que de seguro debia fructificar en una visión nueva y más objetiva de la figura de Las Casas, pero que lamentablemente reune sólo un valioso material parecer todavía en bruto. Como es característico de la obra de Don Fernando, el libro fue madurando durante varios años. Hay evidencias en el texto de que pudo haberse empezado a preparar ya a finales de los años 20. Concretamente, una ficha del legajo VI califica de "reciente" el libro "Razas malditas" de Pierre Charles, y según la ultima ficha del legajo VII y VIII este libro fue editado en Lovaina en 1928. Pero la intención fundamental y definitiva del libro parece haber cristalizado en los años cuarenta, en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Así lo insinúa otra ficha del legajo VI que se refiere a la edición madrileña de 1942, como la "última edición de las Obras Completas de Vives". Por otra parte, esto se infiere del propio contenido del libro que busca contribuir a deshacer la llamada "leyenda negra contra el P. Las Casas", al que se le ha acusado de crear una imagen falsa de la conquista, al exagerar los males ocasionados por los conquistadores españoles en el Nuevo Mundo. Así lo deja ver Ortiz, cuando al citar el testimonio de Las Casas referente a que los españoles tenían por ley inviolable matar 100 (o incluso 1000) indios por cada español que matasen estos, señala que "Nada tiene de inverosimil esa acusación de Las Casas. La caso no se han visto episodios idénticos en las recientes guerras "civilizadas" del siglo XX?".
Pero pese a todas estas dificultades que señalábamos, hay varias razones de peso que hacen impostergable la edición de este sorprendente texto. La primera de ellas es su propio contenido, que nos ofrece en este quinto centenario del "descubrimiento" un detallado panorama de los verdaderos móviles, las vías y resultados de la Conquista de América, "terrible choque de culturas antagónicas de cuyo impacto las culturas inferiores o débiles fueron aniquiladas". Como señala Ortiz. La segunda es que nos muestra una imagen convincente y vivida de los "dolores de parte" que acompañan al nacimiento de la sociedad burguesa, imagen que confirma solidamente la tesis de Marx de que el capitalismo viene al mundo chorreando sangre y todo por todos sus poros". La tercera, es que nos muestra la gestación del capitalismo en América. la implantación de sus

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primeros mecanismos económicos en nuestro continente, así como las concepciones ideológicas y jurídicas que disfrazan, racionalizan y justifican la explotación del indio y el negro, como es el caso de la institución de la "encomienda" que Ortiz denomina acertadamente "forma alotrópica" de la esclavitud. Así, escribe Don Fernando: "La esclavitud, que deshumaniza jurídicamente al trabajador y lo convertía en una máquina o cosa, en una "pieza" del aparato productor, económicamente lo reducia a una inversion de dinero, a un valor monetario como la tierra, la siembra, el buey, el trapiche o el producto. Minas de oro, ingenio de azúcar y dotación de esclavos, todo fue como moneda o dinero; todo fue capital. Así se estableció el capitalismo en América; pero su epicentro dinámico estaba al otro lado del Atlántico. No en Africa que daba los esclavos ni en España que proporcionaba la estructura política de la explotación, sino en la Europa ultrapirenaica, que entregada al comercio, a la navegación, a las industrias y a la banca, movía las palancas del capitalismo y recibía sus acumulativos provechos. En ese nuevo sistema geoeconómico, que nació en las antillas, Africa fue la trabajadora; España fue la terrateniente que cobraba la renta y la mayorala que mantenia el orden; pero fueron otras naciones las industriosas, mercantiles y financieras que sobre aquellas otras medraron y crecieron". De seguro que los economistas e historiadores de la economía latinoamericana encontrarán aquí un material virgen y de inapreciable valor para sus investigaciones, que no debe permanecer por más tiempo en la fría oscuridad de los archivos. Los que hoy vuelven a hablar de las ventajas del capitalismo, supuestamente evidentes ante los esfuerzos y las dificultades con que se construye el socialismo, deben extraer de estas páginas la lección de que ningún sistema social ha venido a la historia sin encontrar a su paso asperezas y tropiezos, y nada permite suponer que en este último sentido, el socialismo haya dejado atrás al capitalismo.
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primeros mecanismos económicos en nuestro continente, así como las concepciones ideológicas y jurídicas que disfrazan, racionalizan y justifican la explotación del indio y el negro, como es el caso de la institución de la "encomienda" que Ortiz denomina acertadamente "forma alotrópica" de la esclavitud. Así, escribe Don Fernando: "La esclavitud, que deshumaniza jurídicamente al trabajador y lo convertía en una máquina o cosa, en una "pieza" del aparato productor, económicamente lo reducia a una inversion de dinero, a un valor monetario como la tierra, la siembra, el buey, el trapiche o el producto. Minas de oro, ingenio de azúcar y dotación de esclavos, todo fue como moneda o dinero; todo fue capital. Así se estableció el capitalismo en América; pero su epicentro dinámico estaba al otro lado del Atlántico. No en Africa que daba los esclavos ni en España que proporcionaba la estructura política de la explotación, sino en la Europa ultrapirenaica, que entregada al comercio, a la navegación, a las industrias y a la banca, movía las palancas del capitalismo y recibía sus acumulativos provechos. En ese nuevo sistema geoeconómico, que nació en las antillas, Africa fue la trabajadora; España fue la terrateniente que cobraba la renta y la mayorala que mantenia el orden; pero fueron otras naciones las industriosas, mercantiles y financieras que sobre aquellas otras medraron y crecieron". De seguro que los economistas e historiadores de la economía latinoamericana encontrarán aquí un material virgen y de inapreciable valor para sus investigaciones, que no debe permanecer por más tiempo en la fría oscuridad de los archivos. Los que hoy vuelven a hablar de las ventajas del capitalismo, supuestamente evidentes ante los esfuerzos y las dificultades con que se construye el socialismo, deben extraer de estas páginas la lección de que ningún sistema social ha venido a la historia sin encontrar a su paso asperezas y tropiezos, y nada permite suponer que en este último sentido, el socialismo haya dejado atrás al capitalismo.

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La "levenda negra" de Fray Bartolomé de las Casas no es la que, según sus contradictores el origino contra España, sino la que aquellos inventaron y aun mantienen para amenquarle su gloria.
¿Levenda negra la de la "destrucción de las Indias"? ¡Ni tan levenda ni tan negra! La conquista del Nuevo Mundo, aún llamado "nuevo" no obstante su vetustez de milenio, fue una realidad científica crudelisima. Sin duda que aquella subyugación de grandes pueblos y territorios realizada por unos puñados de corajudos hombres, las inquietades que en ella se hicieron y las mortandades que se causaron, dejan atónito el ánimo y alquna vez inclinan la mente a tenerlas por inverosimiles. Ya lo previo el mismo Bartolomé de las Casas: "Esto quién lo creerá de los que en los siglos vanideros nacieron? Yo mismo que lo escribo y vide y se lo más dello, agora me parece que no fue posible" (1). Pero aquellas históricas atrocidades se comprueban con documentos
(1) Las Casas, Historia Tomo II, p. 346.
españoles y muchos de ellos oficiales, sin acudir a un solo escrito de Fray Bartolomé. Por otro lado, la negrura de la crueldad no fue exclusiva de España, ni más tenebrosa que la humanisima inhumanidad de todos los otros democidios, penocidios y sojuzeamientos de unas gentes por otras, realizados brutalmente a hierro y fuego o con las más refinadas técnicas mortiferas, cuando los infrenados afanes de poder y codioia entenebrecen las conciencias aunque se encubran con alardes de fatalismos biológicos, destinos manifiestos,designios sobrenaturales o servicios a Olos, Cuando un célebre ministro ha confesado, después de su victoria, que la Guerra Mundial Segunda, donde perecieron millones de personas, no se hizo por ideología alguna ¿Podemos asombrarnos de que en aquella acometida conquistadora de las Indias no hubiera una razón realmente ideológica y de Justicia, sino la impetuosa ambición de riquezas y poderios? ¿Nos puede parecer inverosimil, por ejemplo, que en 1503 Fray Nicolás de Ovando en Xaraquá quemara vivos a 80 caciques inofensivos que a traición encerró en un caney, sólo por aterrorizar a los indígenas y poder expoliarles sus tierras y tribus, cuando más de cuatro centuries después hemos sufrido el horror de las cámara de gases asfixiantes, donde se hicieron morir millares de inocentes
para robarles sus riquezas y fundar tiránico imperio; en uno y otro caso pretexto de predestinaciones divinas o raciales? ¿Por qué iba la España de los siglos XV y XVI,tras de las

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hazañas de los descubrimientos transoceanicos, a librarse de esas fiebres atropelladoras tan frecuentes en la historia? ¿No están aun sangrantes los negros episodios de la reciente e intestina contienda española? A lo fiero y cruel se le dice "inhumano" o "deshumano" porque no debiera ser propio de los seres que han logrado la Jerarquia zoológica de "homo sapiens" y
a menudo se vanaglorian de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien luego encarnó en su especie; pero la crueldad, aun la más encarnizada, sigue siendo condición del homo, abestiado por el rugido de las atávicas pasiones que siempre acechan en las cavernas de la subconsciencia.
Desde sus inicios la historia de la invasión y sometimiento de América por España ha sido escrita en polémica. Dos apologéticas y dos invectivas, entre sí cruzadas. Una apologética, la del blanco conquistador que realiza "el hecho más importante desde la Creación"
del mundo salvo el Nacimiento de Jesucristo", y la epica de alzar un cristiano imperio, el mayor de la historia, "do nunca se ponia el sol" y sobre gentes bestiales, condenadas a la servidumbre por naturaleza o por una biblica maldición de Noé. Contra esta interpretación arquivo Las Casas, con acritud: "Cierto, fueron hazañas y tan grandes y tan señaladas que, después que Dios crió a Adán y permitió en el mundo pecados, otras tales ni tantas, ni con tan execrables y creo que inexplicables ofensas de Dios, ni fueron hechas ni pudieron ser pensadas ni aun sofadas" (1); pues los españoles fueron tan injustos agresores de los indios y tan "desconcienciados" como "encarnizados en oprimirlos y consumirlos", aun a costa de "padecer trabajos infernales", que por sus obras "en deservicio de Dios, no uno sino dos infiernos merecian".
Otra apologética, la del cobrizo conquistado. Los indios son "Gentes muy sin mal (...), de su innata y natural condición, humanas, benignas, hospitales, compasivas",
(1). - Historia de las Indias. Tomo II. México, 1951. p. 391.
mansas, pacíficas y dignas de tener en mucha estima y de avudarse a salvar, y como con ovejas mansas, conversar y tratar con ellas". "Venid a ver gente del cielo", le escribia Colón a Luis de Santangel 15 de febrero de 1493, al retorno de su primer viaje. Colón dijo más: "Son buenos para les mendar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo otro que fuese menester". (1) Para Las Casas los indios por su vida simple y sin codicias, parecian haber vuelto al Paraiso Terrenal, donde estuvo Adán "nada más que seis horas". De los indios de las islas de Cuba, Jamaica y Lucayas [:] "parecia que Adán en las gentes de ellas no habia pecado", "bien que ellos sean desnudos de ropa, en saber sin letras, ninguna otra generación no les alcanza". Contra esta panegirico sus impuenadorespondían

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inmisericordes que los de piel bermeja eran "sin arte ni maña de hombres" seres bestiales, "como esnos abobados" sin razón, incapaces de bautismo, "sin Justicia entre ellos", haraganes, ladrones, viciosos y hasta canibales y "sodométricos más que generación alguna"; mientras los de piel clara eran como apóstoles, los cuales pese a las encomiendas, extorsiones y abominables tropellas con que afligían y aniquilaban a los indios sopeados, siempre les sobrepagarian a estos, según declan, con la suprema merced de enseñarles la religión verdadera y el camino de una eterna felicidad.
En verdad, los indios y los espafoles eran gentes en hemisferios separados, en distintas culturas, en (1).-Fray Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias. Tomo I.p.263.
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niveles muy distantes entre si y en muy dispares estructuras sociales. Por un extremo en la primitividad paleolitica, recolectora, selvática, tribal, comunitaria e iletrada; por el otro, en el renacentismo, ganadero, cosechero, urbano, tipográfico y de capitalismo mercantil e internacional. Pero unos y otros eran hombres de un solo mundo, aunque en continentes reciprocamente desconocidos y asombrados por su mutuo descubrimiento; igual e integramente hombres, capaces de intercambiarse valores de cultura, racionales y fanáticos, religiosos y mágicos, sabedores de unas cosas e ignorantes de otras, pensadores y brutos, con vicios y con virtudes, ferocidades y ternuras, ambiciones y favores, libertades y servidumbres, Justicias y tiranías. Todos eran valientes, con patrias, familias y singulares personalidades. Unos pocos pero bien armados y otros muchos pero casi inermes. El conflicto fue inevitable y sin precedentes en la historia, el impacto fue terrible. Los menos vencieron a los más; pero ¿cómo asegurar la victoria, someter a los paganos gentios y fruir de su vencimiento? Además, ¿cómo defenderse los gananciosos de los otros reinos cristianos, así mismo muy armados, depredadores y envidiosos que aspiraban a compartir el botín indeano, también so capa de Justicia y religión? El mar Atlántico se cruzó de aventureros, esclavos.
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y de oro.
El debate de las indias fue muy enconado y la imprenta sostuvo la primera, más original y transcendente polémica política y social de la historia. Ya en 1500 el papa español Alejandro VI, padrino de bodes de los Reyes Católicos, a quienes hizo "donación" de las Indias, había establecido la censura previa de la Iglesia Romana contra todo escrito y en 1511 ya se amenazó con excomunión a unos frailes que predicaban el Nuevo Mundo doctrinas cristianas y por tales, muy perturbadoras; pero aquellas no fueron fulminadas. De Las Casas y de sus contrincantes Oviedo, Sepdveda, Palentino, etc. se prohibieron y quemaron alegatos y libros; pero ello no hizo sino encender la controversia entre las "historiaes verdaderas" y las "historias falsas". Ya desde el 1556, el rey establece la censura previa de los libros acerca de las Indias y reiteradamente prohibe su

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estampa so pena de confiscación. Las Casas sostuvo la controversia hasta su muerte, a los 92 años. La llevó hasta su vida póstuma. Quiso que su Historia de las Indias se publicara 60 años después de el fallecido y sus adversarios
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la retuvieron inedita hasta que, ya perdida América para España, fue editada oficialmente en 18 por gestiones de un historiador cubano.
Bien puede asegurarse quel treintienio que corre desde Colón a Pizarro, del año 1492 al 1522 fue uno de los más sorprendentes y decisivos de la historia humana. Porque el llamado "debate de las Indias", que entonces fue abierto, no estaba cefido a la manera de articular las gentes y culturas de América con las de Europa. Fue el debate de todo el Atlántico. En rigor, los tiempos de Las Casas presenciaron el choque no sólo de dos mundos, pues con Europa y América emergieron otros dos mundos más, también nuevos: el Africa hasta el Lejano Mediodía y el Asia hasta el Lejano Oriente. Había que coordinar cuatro mundos en un mundo solo y todo en el fue Nuevo. Aquel conflicto social e internacional no fue sólo de las Indias. Keller diJo que fue "el primer encuentro en gran escala entre dos subespecies del genus homo". (1) Por él se cambió radicalmente la historia de América y la de Europa; pero también y en seguida la del Africa subsahariana y la del Asia remota. No sólo el Atlántico se cubrió de espeso humo de polvoras (1) A.G. Keller. Colonization, p. 257.
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y filosofías teológicas y Jurídicas. Durante siglos se nublaron las tierras de sus tres continentes litorales: Europa, América y Africa. Fue una revolución tricontinental, con inauditos oleajes de mar, sangre, oro y tinta.
Aquellos tiempos lejanos se prolongan en los presentes. No ha cesado la polémica que ha más de cuatro siglos fue iniciada, porque perduran sus contradictores y la voz del P. Las Casas aun resuena desde otro mundo más, como si la transmitieran unas misteriosas ondas intermundanas. Sus alegatos todavía se escuchan, en los congresos indigenistas y en las promesas políticas de todas las naciones de América; y cuando sus obras sean al fin traducidas a los modernos lenguajes internacionales, su ardiente espíritu de nuevo dará luz y fuego a la dialéctica de la liberación mundial.
Las Indias no fueron totalmente destruidas, aunque en muchas de sus óptimas
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regiones más que poblamiento hubo despojación y necesidad de repoblar. Pero aquellas se siguen destruyendo; y tras cuatro siglos de acometividad no ha terminado ni su descubrimiento ni su conquista. Esta y sus iniquidades sigueron durante siglos, y no sólo por los españoles. En el Norte, desde 1606, los advenedizos también firman paces y hacen casorios con los indigenas; pero asimismo los traicionan, expolían y matan, cuando no los capturan y venden como esclavos hasta en Marruecos y

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Berberia. Los siglos XVII y XVIII son de incesante guerra. Los mismos misioneros acusan a los colonos blancos de envenenarles a los piejes rojae sus agua y comidas, de propagar adrade entre estos la viruela, de alcoholizarlos y de cazarlos; y la frontera de los "pieles blancas" se mueve sin cesar hacia el oeste durante tres siglos. Los indios fueron acorralados en "reservas" y ahi están todavía, cada año más miseros y con menos tierras propias. Leyenda y realidad negruzca en todas partes. En el Sur, a fines del siglo XIX, cuando
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la conquista de la Tierra del Fuego, todavía acontecen peripecias atroces. En 1895 un gobernador de Magallanes exterminó a la mayor parte de los indios alcalufes y en Punta Arena a los supervivientes los vendió en subasta como esclavos. En las tierras intertropicales la esclavitud dura hasta el esplendor del siglo XIX; en Cuba y el Brasil hasta los años ochentenos. Aun nos conmovemos ante las cabezas humanas que los Jibaros resecan y se venden a los turistas y museos; pero olvidamos que apenas hace un siglo en Patagonia, Brasil y otros países de Iberoamérica se compraban como trofeos las orejas de los indios huidos y de los esclavos cimarrones; y que en Angloamérica se pagaban a buen precio los cueros cabelludos de los indios asesinados, práctica salvaje que de los indios pronto se transculturo a los ingleses, con el público encomio de Lord Suffolk en el Parlamento británico.
Aun imperan en las Américas los Fonsecas, adoctrinan los Sepulvedas, rapían los
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Pedrarias, intrigan los Conchillos y Pasamontes, tiranizan los Ovandos, se afincan los Porcayos, traicionan los Aguirres y se enriquecen los Fúcares y los Belsares hasta una opulencia antes no vista. Obispos autoritarios, tedlogos aristotélicos, caudillos de aventura, dictadores desaforados, burócratas malversadores, feudales encomenderos, soldados infieles y muy adinerados banqueros del Emperador. Así es en toda América, donde caribes, naborias y guatias, (y los negros que son "los indios subrrogados") se resisten como el cacique Hatuey a entrar en los cielos que les son prometidos por los pálidos adores de la Jaba de Oro.
No, no terminaron en América ni la conquista, ni los horreres ni las expoliaciones de sus gentes. Sus riquezas, apenas tocadas, aun son inagotables, todavía se saca oro, y sus gentios, indigenas y alienígenas, siguen desamparados y están por redimir. Hogaño como antaño, más despotismo que Justicia, más iglesia que religión
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más adineramiento que consumo, más codicia que solidarismo, más miseria que bienandanza, más opresión que libertad.
De aquella época, alborada de la occidentalización del Nuevo Mundo, sobreviven dos personajes épónimos: Cristóbal Colón y Bartolomé de las Casas; el realista penovés en busca del oro, nuevo patrón monetario de los banqueros pontificios y signa de

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las riquezas, y el idealista sevillano tras de una utopia social que asegurara a la vez la prédica de la cristiandad, la transculturación indocastellana y el aprovechamiento del imperio indiano español. Ambos fueron grandes hombres del Renacimiento; geniales, pensadores, enéroicos, tenaces, atrevidos y victimas de los poderosos injustos. Distintos en los propósitos, medios y conductas de sus vidas; también lo han sido en sus famas póstumas. Al mercader codicioso y promotor de riquezas, esclavitudes y dominaciones, al capitalista, se le ha querido canonizar y su nombre se toma para cofradias; al religioso, pio, austero, apóstol de paz y Justicia, al reformador, aun se le persigue con oprobios, como a un renegado, pese a sus heroicas virtudes.
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Si en la conquista de América hay una cierta levanda negra, esa es la que envolvió a Fray Bertolomé de las Casas, a quien se acusa de haber originado la "levenda negra" contra España. Sus enconados adversarios han levantado una "levenda negra" contra el Levanda por la irrealidad de sus imputaciones, y negra porque se quiere oscurecer su gloria de Protector de los Indios, denigrándolo como Esclavizador de los Negros. Acaso ésta sea la mayor incomprensión que Las Casas aun viene sufriendo. El conquistador, el colonialista, el plutócrata, el dinerista (como diría Quevedo), el imperialista (como hoy se dice), no le perdonan a Las Casas su ardorosa y emocionante defensa de los gentios de América, que él hizo como antropólogo, historiador, economista, Jurisconsulto y sobre todo como religioso que dice invocar la palabra de Dios. Aquellos creen, con tal levenda, poder negarle a Las Casas lo sincero de su piedad, de su humanismo, de sus fervores libertarios y de sus inflexibles criterios.
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de Justicia social y de paz.
La levanda negra de los antilascasianos se forma con imputaciones distintas. Las Casas, se asegura, fue esclavista, que para América inició la introducción de la esclavitud de los negros y originó la trata negrera o, por lo menos, tuvo una gran influencia en ella. Además, se dice que él fue racista; que en su utopia, por favorecer a los cobrizos indígenas de América, causó la subvugación de millares de negros arrancados de Africa. Pero nada de esto es cierto. Las Casas se arrepintió de tener indios encomendados a su servicio y de creer que era Justo su aprovechamiento, y por la virtud de su ostensible y sincera rectificación se le exonera de culpa; pero también el fue arrepentido de haber creido aceptable la traída a Indias de ciertos esclavos, blancos y negros, lo que luego combatió con los mismos argumentos a favor de los indios pero, ello no obstante, no se le quiere disculpar en este caso y se recuerda siempre, a veces con safuda inquina su transitorio y por él mismo corregido error y su intervención marginal en ese problema para manchar su fama con vituperio. Es verdad que el más glorioso de los sevillanos se acusa a sí mismo y se arrapiente de algo; pero ¿de qué? ¿Las Casas fue esclavista? Si; pero ¿quién no lo fue en aquellos siglos? Todos los pueblos eran entonces esclavistas.
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sin discriminación de colores ni de edades, sexos, creados ni naciones. Los indios y los blancos, como los negros y los amarillos, dentro y fuera de sus mismas patrias, tuvieron esclavos y sufrieron esclavitud
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durante milenios. Donde quiera se tenia por legítima la esclavitud a perpetuidad del vencido en Justa guerra, a quien a cambio de aquella se le perdonaba la vida y también la originada por pena, por herencia o hasta por venta del hijo o de si mismo. Ya en el siglo XVII todavía Cayo Gratio en su obra De Jure belli a pacias reconocía el derecho de esclavizar a los enemigos en guerra. Hay que llegar al humanismo iluminado del siglo XVIII para encontrar los enemigos de la esclavitud por sé y sus abolicionistas de raiz.
En los tiempos de Las Casas esclavista era la filosofía, apoyándose en Aristóteles y en su exegesis. Esclavista era la teología que, tras de San Agustín, Justificaba la esclavitud humana como una derivación del pecado original. La Epistola de San Pablo a los Colosenses, (Capítulo 3:22) dice: "Siervos, obedeced en todo a vuestros amos carnales..."; y la Epistola del mismo apóstol a Tito, (Capítulo 2:9) dice: "Exhorta a los siervos a que sean sujetos a sus señores". "Del Señor recibiréis la compensación" (Colos 3:24), "esperando aquella esperanza bienaventurada" (Tito 2:13). San Ignacio, que fue discipulo directo de los Apóstoles prohibía a los siervos cintranos que desearan su libertad legal, enseñándoles que la más grande libertad era la que tenían por su fe (Ad Policare, V). Los primeros Padres de la Iglesia, según dice un padre Jesuita: «llevados de su espiritu de sacrificio para con Dios y de sus ansias de perfección, recomienda a los siervos que continden siéndolo. San Jerónimo escribe: servi dominis subditi sint in omnibus: sint placentes, non contradicentes, non furantes; sed omnem fidem ostendentes bonam ut doctrinam Salvatoris nostri Del ornent inomnibus (Ep. ad Titum, cap. II); san Agustín dice al esclavio de su pagano, que no debe desear la libertad, sino seguir sirviendo (Enarr. in Psalm., 124,5) y escribe que Jesucristo no llama a los esclavos a libertad terrena, sino que cambia los malos en buenos y les enseña a someterse al dueño, si bien afade que esto debe hacerlo el esclavo no tanto por la necesidad de su condición, como por el placer de cumplir un deber. Considerando la esclavitud como pena del pecado (Servitus de poena paccati exorta, dice según San Agustín), sólo se promete a los esclavos la "libertad interior", y Origenes, Tertuliano, San Crisóstomo y San Ambrosio, dicen que el esclavo si es cristiano ya será libre, porque aunque su cuerpo dependa del amo, su alma no será sino de Dios>>. Esa fue la doctrina, entre otros, "del último Padre de la Iglesia", San Isidoro y del Rey Alfonso X el Sabio en su famoso código de las Siete Partidas, que regulaba la esclavitud. Ciertamente, como dice el P. J. Pohle, S.T.D. en la Catholic Encyclopaedia, "la esclavitud, aún en su más suave forma, dificilmente puede reconciliarse con el espiritu del Evangelio y la doctrina de la fraternidad de los seres humanos, por ser todos hijos de Dios"; pero lo cierto es que la Iglesia, pese a esa difícil reconciliación, Jamás se opuso.

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a la esclavitud ni la declaró anticristiana. Karl Kautsky ha llegado a decir: "la presunción de que el cristianismo abolió la esclavitud es errónea; al contrario, fortaleció la esclavitud con un nuevo apoyo, pues en la antigüedad, el esclavo se mantenia en ese estado por temor. Al cristianismo le estaba reservado predicar la obediencia ciega del esclavo como a un deber moral".
Todos los padres de la Iglesia, en particular San Gregorio el Grande, como más tarde todos los canonistas de la Edad Media, hasta Gregorio IX e incluso este, y los teólogos como Santo Tomás de Aquino, admitían la esclavitud en el derecho de gentes, tal como lo habían hecho los Juristas romanos. Declan, como éstos que en derecho natural todos los hombres nacían libres, pero que por derecho civil había entre ellos esclavos dominados por la fuerza.
La misma Iglesia se convirtió en duda de esclavos y sostenía enérgicamente sus derechos. La Iglesia Jamás ha combatido la esclavitud en su esencia, en la institución social, aunque con frecuencia haya tratado de amenguar sus dolores y prohibirla en determinados territorios y épocas y contra ciertos pueblos, por razones políticas y circunstanciales. Antes al contrario, repetidas veces los papas la autorizaron mediante bulas. Recordemos una que el papa Nicolás V otorgó en el siglo XV al rey
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Alfonso V de Portugal y sus sucesores para apoderarse de cualquier territorio de sarracenos o de paganos y reducir sus personas a perpetua esclavitud, la cual sirvió precisamente de base Jurídica para el monopolio de la trata negrera en Africa. Algunos pontifices, fulminaron desde su altísimo solio como Vicarios de Cristo la pena de esclavitud contra ciudades y países enteros; por ejemplos de aquella época Julio II contra Bolonia y Venecia, Gregorio XI contra Florencia y Paulo III contra Inglaterra. Los clérigos y las ordenes religiosas tuvieron esclavos por vida y herencia a su servicio, en sus templos, conventos, fincas y plantaciones, y los compraron y vendieron o recibieron como donativos o en pago de diezmos. Hasta las iglesias y los santos y sus imágenes
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fueron dueños de esclavos. No falta teólogo que todavía sostenga la cristiandad de la esclavitud legal y perpetua del hombre, aún el caso de la voluntaria venta de sí mismo.
La pirateria, el corso y la guerra eran fuente inagotable de esclavos. Negocio de esclavos hacían todos los estados del Mediterráneo; sobre todo las repúblicas de Italia y las Ordenes Militares. R. Livi dice que hasta el siglo XV todo buque cruzaba el Mediterráneo ejercía la trata de esclavos. También los Reyes Católicos fueron esclavistas, como sus antecesores y contemporáneos. Como los demás, cristianos o moros esclavizaban a los cautivos de sus guerras y los vendían. En 1487 después de la toma de Málaga a los moros, Isabel y Fernando enviaron cien esclavos al Papa Inocencio VIII como regalo y este en Roma los exhibió en procesiones para celebrar la victoria cristiana. Los

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espafoles hacían rapífias y tratas de esclavos en Canarias y en las costas de Africa para venderlos en los mercados de Sevilla, Valencia, e Ibiza, aparte del comercio de hombres que sostenían con tratantes moros y Judios. Muy sonadas fueron las represalias que tomó Pedro de Vera contra los canarios que [se] rebelaron en las islas de Hierro y Gomera. Un historiador contemporáneo, Pedro Gómez Escudero, las refiere así:
[Ortiz refiere en la ficha:Rafols 373]
Todo lo cual está confirmado por Fray Juan de Abreu Galindo, otro historiador cercano (1). Cuando, en 1480, los Reyes Católicos celebran un asiento de conquista con Alonso de Quintanilla y Fernández Cabrón para la "pacificación" de la Gran Canaria, los monarcas seden a aquellos conquistadores su derecho sobre los esclavos que se hicieron (2). Por otra parte, consta fehacientemente que el rey Fernando el Católico [en carta] con fecha 23 de Julio de 1489 a su gobernador de la isla de Ibiza, donde habia un gran mercado de esclavo[s], le decía que unos 90 canarios sobre los cuales le consultaba eran efectivamente esclavos porque el rey y la reina los habían declarados cautivos por haberse rebelado. Poco después (1492 y 1494) los Reyes Católicos, en sus capitulaciones para la conquista de dos islas de las Canarias con el Adelantado D. Alonso de Lugo, le conceden a este los quintos
(1) Historia de la Conquista de las Siete Islas, Cita de Elias Serra y Rafols -Revista de Catalunya. Barcelona, 1928-. No.52.
(2) Navarrete. Col. Dip. Apéndice, No.7. Cita de Sielle.
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de cautivos hechos en La Palma y la mitad de los que tomase en Tenerife y Berberia, quedando el resto para los reyes. Este capitán, al conquistar La Palma en 1495 hizo unos 1200 esclavos y más aún el año siguiente al tomar con grandes dificultades a Tenerife, los cuales se vendieron en los mercados peninsulares. Un viajero alemán de esos años atestigua que en Valencia habió con un tratante de esclavos que para vencerlos había sacado 87 de Tenerife, de los cuales 14 habían muerto en la travesia, y vio a numerosos esclavos, encadenados y con grilletes, forzados en trabajos durísimos (1). Se cree que esos infelices eran parte de los cuanches o indigenas tinerfeños del reino de Gúimer, aliados de los españoles a los cuales traicionó Alfonso de Lugo después de su derrota en Acentejo, metiéndolos con engaño en las naves para allí cautivarios y venderlos con el objeto de resarcirse en parte con su precio de las grandes perdidas sufridas por el en el fracaso de su expedición. Pero de todos modos esclavos eran y fueron vendidos sin impedimentos regios ni piadosos. Y además esos mismos Reyes Católicos también otorgaban licencias para trata de esclavos negros y cobraban impuestos a tanto por "pieza".
Colón fue asimismo esclavista por Lucro, más, fue mercader de esclavos. En su primer viaje al Nuevo Mundo hizo para llevar consigo 10 o 12 indios cautivos. Apenas Colón descubre a Guanahani, la primera isla, ya en ella hace cautivos a algunos de sus inofensivos habitantes. El día 14 de octubre de 1492 hace <<siete, que hice tomar, dice el para los llevar y deprender nuestra habla y volverlos, salvo que V.A., cuando mandaren, pueden los llevar a Castilla o tenerlos en la misma captivos porque 50 hombres los tendrá a todos sojuzgados y les harán hacer todo lo que quisieren >>. Otros cautivos hizo de Cuba y de otras islas. Y no fueron a Castilla por su ganá, como alguien ha querido decir, sino contra su voluntad, pues algunos de esos esclavizados huyeron y Colón no se fiaba de ellos y los tenía en custodia pues, como el escribió "muchas veces han probado a fueir". También ese primer viaje Martin Alonso Pinzón, mientras con su carabela Pinta estuvo apartado de Colón, por la isla Española, "tomó por fuerza captivos cuatro indios hombres y 2 mozas"; pero al saberlo, el día 10 de enero, Colón hizo que los restituyera en seguida a tierra, no por caridad sino porque no convenia sino tratar bien esos pueblos "mayormente habiendo en esta isla tanto oro". Lo cual no impidió que pocos días después, el mismísimo Colón, el 15 de enero cautivo en la misma isla a cuatro mancebos indios que fueron a la carabela Niña en paz y sin desconfianza y a la fuerza se los llevó para Castilla, lo cual dice Las Casas fue una "cosa indignisima" e inducible "violación del derecho natural". Así Colón abre y cierra en las Indias su primer viaje, haciendo esclavos entre sus inocentes indios en la primera isla que visita y volviéndolos a hacer en Cuba y en la Española, la última, el día en que de ella se despidió.
Por estos cautivos indios, Colón no tuvo regalo ni de los reyes ni de nadie. Pero muchos años después, el P. Las Casas comentará con Justicia ese primer atentado de los blancos occidentales de Europa contra libertad humana en América.
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Fue, dijo el clérigo: "cosa, clerto, que antes debiera padecer cualquiera trabajo y peligro que hacerla, porque en la verdad, no fue otra cosa que violar táctica o interpretativamente las reglas del derecho natural y derecho de las gentes, que dictan y tienen que al que simple y confiadamente viene a contratar con otros, mayormente habiéndose ya confiado los unos de los otros y tratado amigablemente, lo dejen tornarse a su casa, sin daño de su persona ni de sus bienes, libre y desembargadamente. ¿Qué sintiera el Almirante si los dos cristianos que envió la tierra adentro, por fuerza los detuvieran, o en qué crimen creyera que habían incurido? La misma Justicia tenían y tuvieron los vecinos de aquella isla contra el Almirante y sus cristianos, por recuperación de sus convecinos y compatriotas, moverles justa guerra; y añade mucho a la fealdad de este hecho, darse cuenta, causa de perder los cristianos tanta autoridad, como de su bondad y rectitud y mansedumbre los indios habían concedido, y tanto crédito; y no lo excusa el buen fin que tuvo el Almirante, cuanto bueno y provechoso para después quiera que fuese, (el llevar los indios cautivos a Castilla para que aprendiesen la lengua y saber de ellos, los secretos de la tierra, y para instruirlos en las cosas de la fe), porque nunca hemos de hacer cosa mala, por chica y minima que sea aunque por ella o de alla haya de salir, o havamos de sacar, inestimables bienes". Ese rigido concepto es el meollo teológico de toda la doctrina lascasiana. El capitulo XCIV de su obra se titular: "cómo no se han de hacer males por algún fin bueno, aunque salgan dellos bienes". Para Las Casas los medios no se podían Justificar por los fines.
En su segundo viaje, Colón se propuso financiar sistematicamente los gastos de su costosa empresa y henchir las arcas reales con el precio de numerosos esclavos indígenas y regaló un indio por esclavo a cada hombre de los 300 que entonces retornaron a España. Cuando Colón, en marzo de 1494 regresó a la Isabela, después de su excursión exploradora por Jamaica y el sur de Cuba, encontró un gran descontento en la Española. Así los cristianos como los indígenas estaban irritados. Según afirma Fernando Colón en la biografía de su padre Don Cristóbal: «los más cristianos cometian mil excesos (...) robándoles las haciendas y tomándoles las mujeres y haciéndoles tales desaguisados (...) por lo cual los indios les tenían entrañable odio y rehusaban venir a su obediencia». El cacique Caonabo y sus indios estaban amenazadores y Colón ordenó el 9 de abril que Hojeda saliera en son de guerra "con las fuerzas y poder de los cristianos para que los indios temiesen y comenzasen a enseñarse a obedecer". LA obedecer! La agresión partió de Hojeda quien prendió a un cacique con su gente y a un indio le cortó las orejas. Llevados los prisioneros a la Isabela, Colón los condenó a muerte, pero luego les perdonó la vida. Las Casas señala que esa ofensa dio a los indios "Justo título para contra los cristianos mover y sostener Justa guerra". Agresión fue, sin duda, "y no hay gente hoy en el mundo ni la hubo entonces que por injuria no lo tuviera y de Jurc gentium resistir y contrarlar por derecho natural no lo pudiera o debiera". En febrero de 1495, Colón abrió guerra contra el cacique Guatiguara y "le tomó a vida mucha gente de la cual

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envió a vender a Castilla más de 500 esclavos en los cuatro navios que trajo Antonio de Torres". Por marzo del mismo año Colón con su hermano Bartolomé y el cacique traidor Guacanagari hizo guerra, contra los indios de la Vega, que duró nueve o diez meses de estragos y matanzas, y "todos los que le plugo tomar a vida, que fue gran multitud, condenaron por esclavos".
Para Las Casas el derecho de los indios para defenderse era incuestionable. "Los que no son subditos ¿cómo pueden ser rebeldes?" Solamente por los tratos pacíficos y la persuasión podían los españoles entrar en las tierras de los indios, y cuando no pudieran por estas vías "están obligados a irse a otra parte y dejarlos, porque los indios tenían Justo título y Justicia para defender su tierra de toda gente". Y no parece que este argumento de Las Casas haya perdido su valor con los siglos. Pero Colón y sus cristianos no querían entenderlo así. Dice Las Casas que cuando los indios se negaban a los crueles tratamientos que les imponían "luego los tenían por rebeldes y que se alzaban, y por consiguiente, luego era la guerra tras ellos; y muertos los que en ella con increible inhumanidad se metaban, todos los que se podían tomar a vida se hacían esclavos, y esta era la principal granjería del Almirante con que pensaba y esperaba
(1) J. Münzer. Itinerarium hispanicum Hieronymi Monetarii. (1494-95) Ed. de L, Pfandl(?). Rev. Hispanique. V 48, p.23.
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suplir los gastos que hacían los reyes sustentando la gente española acá, y ofrecia por provechos y rentas a los reyes, y por manera de que se aficionasen mercaderes a venir con mercadurias y gente a vivir acá, sin que quisiesen sueldo del rey, ni de darlo alguno hobiese necesidad". Colón le propuso a los reyes enviarles millares de indios esclavos: "De acá se pueden, con el nombre de la Santa Trinidad, enviar todos los esclavos que se pudieren vender". "Acá no falta para haber la renta que encima dije, salvo que vengan navios muchos para llevar estas cosas que dije, y yo creo que presto será la gente de la mar cebados en ello, que agora los maestros y marineros (de los cinco navios había de decir), van todos ricos y con intención de volver luego y llevar los esclavos a 1500 maravedis la pieza, y darles de comer, y la paga sea dellos mesmos de los primeros dineros que dellos salieren; y bien que mueren ahora, así no será siempre desta manera, que así hacían los negros y los canarios a la primera, y aun aventajo
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en estos (quiere decir que los indios hacen ventaJa a los negros), que uno que escape no lo venderá su dueño por dinero que le den, etc." Las Casas reprocha a Colón su ceguería en "poner todo el principal fundamento de las rentas y provechos temporales de los reyes y suyos, y de los españoles, y la prosperidad de este negocio de las Indias en la cargaón de indios inocentes malisima y detestablemente hechos esclavos, como si fueran piezas, como el los llama, o cabezas de cabra..." y lo acusaba de no tener escrupulos de que se muriesen al presente algunos, asegurando que de cada cien al cabo de un año

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no escapaban de la muerte ni diez. Colón es muy explicito en la proposición para establecer en gran escala el negocio de la trata de indios esclavos, fiJando los gastos y las ganancias, y aludiendo a su directo conocimiento del tráfico negrero, que él estudió en San Jorge de la Mina y en las Islas de Cabo Verde. Dice Colón en su mal castellano: "en Castilla y Portugal, y Aragón y Italia y Sicilia y las islas
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de Portugal y Aragón y las Canarias gastan muchos esclavos, y creo que de Guinea ya no vengan tantos; y que viniesen, uno destos vale por tres, según se vé; e yo estos días que fui a las islas de Cabo Verde, de donde las gentes della tienen gran trato en los esclavos y de continuo envian navios a los rescatar y están a la puerta, yo vi que por el más ruin demandaban 8000 maravadis, y estos, como dije, para tener en cuenta, y aquílos no para que se vean". El gran negocio es seguro, sostiene Colón, "si no hobiese falta de navies que viniesen por esto, los cuales creo, con el ayuda de Nuestro Señor, que no habrá, si una vez se ceban este viaje" (1). Y Colón, el primer business man de América, les advierte a los reyes que la rapiña y venta de esclavos hechas en las Indias habrian de ser mejores que las usuales en Africa, es decir, en territorios pestilentes y no dominados. "Si se cuenta la gente del reino
(1) Las Casas, Historia de las Indias. Tomo II. 1951. p. 71-72.
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de Portugal y las personas de los que son muertos en esta empresa de Guinea, se fallaria que son más de la mitad del reino; y, cierto, fuera grandisima grandeza atajar una renta en España que se gastase en esta empresa, que ninguna cosa de Jarán Vuestras Altezas de mayor memoria, y miren ello; y que ningún principe de Castilla se halla, y yo no he hallado por escrito ni por palabra, que haya ganado Jamás tierra alguna fuera de
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España, y Vuestras Altezas ganaron estas tierras tantas, que son otro mundo, y adonde habrá la cristiandad tanto placer y nuestra fe, por tiempo, tanto acrecentamiento. Todo esto digo con muy sana intención y porque deseo que Vuestras Altezas sean los mayores sefores del mundo, digo sefores de todo él; y sea todo con mucho servicio y contentamiento de la Santa Trinidad, porque en fin de sus días hayan la gloria del Paraiso" (1). Todo lo cual hizo escribir a Las Casas que "deste paso y de otros muchos en esta materia y granJeria de esclavos que sé del (de Colón), tuve para mí por averiguado que deseaba que los tristes inocentes indios deJasen de acudir con los tributos y servicios personales que les imponian, o se huyesen o alzasen, como él y los demás declan, y hoy dicen los españoles, o resistiesen a él y a los demás cristianos, como Justisimamente podían y debían hacerlo, como contra sus capitales hostes y manifiestos enemigos, por tener ocasion de hacerlos esclavos y cargar todos los navios dellos,
(1) Bartolomé de las Casas, Tomo II. p. 73.

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y engrosar y prosperar su granjería" (1) Y observó que sin duda Colón estaba en lo cierto cuando les escribió a los reyes diciéndoles con Juramento: "yo he puesto más diligencia a servir a Vuestras Altezas, que no a ganar el Paraiso".
Verdad es que los Reyes Católicos no aprobaron el plan comercial de Colón. Refiere Las Casas: "como supiese la reina, de gloriosa memoria, que el Almirante había dado a cada uno de los que allí venían un indio por esclavo, hobo muy gran enojo, diciendo estas palabras: «¿Qué poder tiene mío el Almirante para dar a nadie mis vasallos?» y otras semejantes; y mandó luego a pregonar en Granada y en Sevilla, donde ya estaba la corte, que todos los que hobiesen llevado indios a Castilla, que les hobiese dado el Almirante, los volviesen luego acá, sólo pena de muerte, en los primeros navios". Pero esta resolución libertadora no fue hija de la ofendida piedad de una reina. Si fue así, entonces ¿por qué la piedad Isabelina no la indujo también por igual fervor de sensibilidad cristiana, no ya a suprimir la esclavitud en su reino, sino al menos a impedir que en tierras de Castilla en lo sucesivo se hicieran o importaran nuevos esclavos, así blancos como negros o de "color de codofate", españoles, beres, grimeos, congos y canarios?
Lo cierto es que el 12 de abril de 1495 se despachó en Madrid una R.C. (2) advirtiendo al Obispo de BadaJoz, el intrigante y codicioso Fonseca, que los indios que venían en las carabelas se vendan en Andalucía, y al día siguiente, esto es, el 13 del mismo mes y año, se envió carta (3) mando al referido Obispo afianzar el producto de la venta de los indios que envió el Almirante "fasta consultar y estar siguros de si podrian o no vendellos". No era, pues, una muestra de piedad, sino de derecho, según la ley y la doctrina; y referente a esos casos específicos no para Jurisprudencia generica.
Como ha observado Zavala: "El destino de los indios enviados por Colón no fue resuelto de
(1). -Bartolomé de las Casas, Tomo II.p.73.
(2) Publicada en la la. serie, t. XXX, pág. 331.
(3) Publicada en la la. serie, t. XXX, pág. 335.
inmediato. En el tiempo que transcurrre entre su llegada a España y la sentencia final se encuentran algunas disposiciones que les conciernen: el 22 de Junio de 1495 los Reyes mandaron entregar a Xoanoto Berardi nueve de los indios esclavos y le negaron los que solicitaba como parte correspondiente al Almirante; (1) el 13 de enero de 1496 dispusieron la entrega a Juan de Lezcano de cincuenta para las galeras, de edad entre veinte y cuarenta años, y el Obispo de BadaJoz tomaria carta de pago para que si dichos indios fueran declarados libres, Lezcano devolviera los que le quedaran vivos, y si cautivos, los conservara en cuenta del sueldo que habia de haber en la armada, tasando el precio de cada indio de acuerdo con su edad". (2) La solución Jurídica no llegó hasta años después, cuando evacuada la consulta, por R.C. de 20 de Junio de 1500 se dispuso declarar libres a aquellos indios enviados por Colón y que se devolvieran a su país de origen.
Sin duda, los enemigos cautivados en Justa guerra podían entonces ser declarados en servidumbre y hasta como esclavos

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repartidos entre los vencedores. Repartimiento era voz de viejo usada en Castilla, que significaba la distribución del botín, de los bienes, tierras y cautivos ganados al vencido después de una victoria o conquista. Célebre fue, por ejemplo, el repartimiento de Sevilla hecho por Fernando III a la toma de aquella capital andaluza, de los moros. Recientes y aún contemporáneos eran los repartimientos de esclavos y de tierras tras las conquistas de las islas Canarias. Podían legalmente y "sin cargo de conciencia" ser repartidos por los españoles los indígenas de las Indias halladas por Colón? Podían tales indios ser considerados como vencidos en guerra Justa? Eran vencidos? En guerra? En Justicia? Estos problemas llenan toda la historia de la conquista, población y reorganización social del Nuevo Mundo.
Esa resolución tan meditada, de 1500, debióse a que la corona de Castilla con más visión de estadista que de mercader y con las conocidas experiencias de Canarias, quiso incorporar provechosamente a su
(1). -D.I.I., XXX, 366-367 y Fdez. de Navarrete, II, 177.
(2). -Silvio Zavala, Estudios Indianos. México, 1948. p. 101-102.
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reino como conquistas las islas recién descubiertas para lo cual era preciso que sus naturales fuesen trabajadores pero convertidos en vasallos y pecheros de Sus Altezas y diezmeros de la Iglesia, y no en esclavos para beneficio de particulares. Los esclavos no tributaban; los vasallos sí. Los reyes entonces no quisieron numerosos esclavos que no pagaran tributos, ni siervos de gleba que sostuvieran a los señores feudalescos, ni comuneros que fortalecieran las ciudadas libres, ni Judios que seforearan el comercio y la banca internacional, ni, al fin, moriscos que menguaran la catolicidad de la fe. No fue sino criterio interesado del predominio monárquico y eclesiástico, de una política económica, superior a la esclavitud antigua y a la servidumbre medieval. Esto aparte de los recelos que en seguida sintieron los reyes del inesperado y peligrosismo poderio seforial de Cristóbal Colón si se dejaban en sus manos tales riquezas. Aquel criterio fundamental fue el básico de toda la programática política del
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P. Las Casas en su larga vida.
Con razón Las Casas comenta dicha disposición de la reina Isabel, sabiendo que esta era tan esclavista como su esposo y los demás reyes de la época: "Yo no sé por qué no más estos 300 indios quel Almirante habla dado por esclavos mandó la reina tornar con tanto enoJo y rigor grande, y no otros muchos que el Almirante habla enviado y el Adelantado; no hallo otra razón sino que los que hasta entonces se habían llevado, creía la reina, por las informaciones erradas que el Almirante a los reyes enviaba, que eran en buena guerra tomados". Pero Las Casas exculpa a Colón y a la reina, como siempre hizo, alegando que "esta ceguedad del Almirante y suponer la reina que podía el Almirante hacelles guerra, procedía y siempre procedió de la del Consejo y letrados que en él los reyes tenían, la cual en ellos era intolerable y más que culpable, porque no les era licito ellos ignorar el derecho y Justicia de estas gen-

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tes, que consistía en ser pueblos libres que tenían sus reinos y reyes y señores, dominios y Jurisdicciones, y que les pertenecían de derecho natural y de las gentes; y que no los perdian solamente por carecer de fe y no ser cristianos, ni los podían los Reyes de Castilla dellos privar solamente por habellos descubierto el Almirante, ni tampoco porque la Sede apostólica se los hobiese encomendado para convertillos; y que vivian en su paz, en sus tierras y casos sin ofensa de nadie, y por consiguiente que no debían por guerra o daño o injuria que, fuera de si mismos, hobiesen a otros hecho algo a alguien. (...)
Y si por 300 indios que dio el Almirante injustamente a los españoles que por entonces vinieron por esclavos, la reina, de buena memoria, tanto enojo recibió y tan grave pena como la de muerte mandó poner, porque todos los tornasen, y aún quizás fue aqueste enojo de indienarse más contra el Almirante harta causa, lcómo sintiera y cómo sufriera y qué indignación recibiera y qué penas pusiera cuando
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llegara a su noticia que se hacían y se hicieron inquisimamente sobre más de seis cuentos de animas esclavos?"
Pero ser esclavista y aceptar la esclavitud como una institución nacional o legitima en determinados casos, según la tradición universal y milenaria, no significaba ser partidario de considerar las nuevas Indias como otras Guineas, sin anexionarse las poblaciones ni convertirlas, y solo para explotarlas por medio de factorias, trabajos forzados y trata trasatlántica de sus indigenas como esclavos, tal como primeramente hicieron los portugueses y pretendió Colón. Bórrese de los escritos de Las Casas toda motivación piadosa, toda invocación de cristiandad, toda exaltada inflexible Justiciero (sic) [inflexibilidad Justicieral] y en su defensa de la indiada aun queda el Juicio claro de un estadista atento a las reales conveniencias de España: "Las Indias son los indios". Sin la conservación de su fuerza de trabajo en las Indias no habría provechos ni gloria.
Esto no obstante, la esclavización plena e inequivoca de ciertos indoamericanos fue luego autorizada por la misma reina Isabel, en R.C. dada en Segovia el 30 de octubre de 1503, por la cual se podía cautivar a los caribes y demás indigenas rebeldes, "a los que se defendieran para no ser doctrinados ni enseñados en las cosas de la santa fe católica".
Según dice la reina Isabel, "para que los puedan vender e aprovecharse dellos, sin que por ello caigan nin incurran en pena alguna, porque travendose a estas partes e sirviéndose dellos Cristianos, podrán ser más ligeramente convertidos e atraídos a nuestra fe católica". A virtud de cuya ley isabelina, los cristianos asaltaron las islas y las costas de Tierra Firme, tachando cierta o falsamente de antropófagos a sus habitantes, provocándolos a guerra por causas de sus tropellas y considerándolos enemigos apenas se negaban al sometimiento y hulan o presentaban resistencia. Los mismos sucesores de los Reyes Católicos reconocieron décadas después cuan falsa fue por lo general esa acusación de caribes que se hacía contra todos los indios que se resistían a la conquista. Como decía el P. Juan de Castellanos en unos versos de sus famosas Elegias:
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"que llamaron caribes, tierra rasa,—nó porque allí comiesen carne humana,—más porque defendían bien su casa". (1) Así se estableció una abundante trata de indios, que en América antecedió a la trata de neeros, la cual duró mucho tiempo. En las Antillas Mayores la trata de indios, caribes o no, para sus minas fue muy activa y por ellas fueron arrasadas las Lucayas y otras islas, cuyos indigenas Jamás fueron acusados de canibales. En Tordesillas, el 21 de Julio de 1511 el Rey expidió una Real cédula eximiendo a los vecinos de la Española del pago del quinto de los indios que llevasen a ella de otras islas señaladas por el Gobierno o por los Oficiales Reales.
En otra R.C. de la misma data se prohibió que desde la Española pudiesen llevarse indios esclavos a Castilla, para evitar la despoblación. Otra R.C. del 25 de Julio de 1511 dispone que lleven a Puerto Rico indios de las isletas carvacanes (?) para que trabajen como en la Española. En esa misma fecha, se dispone la expedición de Diego Velázquez à Cuba, para su conquista y población. De Cuba se habían estado llevando indios a las minas de la Española. Los indigenas sufrian una "triste vida y asperrimo captiverio"; las islas se despoblaban pese a las forzadas inmigraciones de esclavos se "destruían" rápidamente.
(1) Juan de Castellanos -Elegias de Varones Illustres de Indias. (Parte II, Canto III).
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Al primer tornaviaje de Colón, ya se habia planteado el problema social del Nuevo Mundo por los numerosos intereses contradictorios. Colón dejó establecida en la Navidad una factoria, que aspiraba a ser como la guinea de S. Jorge de la Mina, que él conocía, para extracción de esclavos y rescate de oro y pimienta malagueta. Pero los reyes pensaron diversamente: que debían ocuparse todas las islas, como se hizo con las canarias, por la fuerza, y con bula del papa, población, plantaciones de azúcar, crianza e indigenas sometidos al trabajo como vasallos de Castilla y sin otros esclavos que los así declarados por causa de guerra; y para decidir con plena conciencia enviaron al P. Buil. Colón persistió en su negocio de esclavos y al impedirselo
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la corona optó por convertirse en un gran señor feudal con los indios como siervos. Esto constituyó un gran peligro para los reyes, pues Colón habría sido demaslado poderoso, y nocivo para los pobladores, los cuales como los reyes estaban sedientes de riquezas y no querían ni podían reproducir en las nuevas islas ya caducas instituciones sociales de Castilla. Acabaron pronto y violentamente con ese desgobierno, la primera revolución social y la primera arbitrariedad monárquica que se dieron en la América Española, acaso urdidas ambas conjuntamente y con aprobación de Sus Altezas, para derrocar de su poderio a Colón, el genovés. El cabecilla Francisco Roldán, con su rebelión de pobladores, y el regio comendador Francisco de Bobadilla, con el subito desposeimiento y la ignominiosa destitución del Almirante y Virrey hechas a nombre de los reyes. Después, ya sin el señorío único de Colón, fueron los indios obligados a modo de servidumbres medievales, pero más opresivas que estas, y como

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esclavitudes encubiertas a favor de los adelantados, conquistadores, oficiales, clérigos y privados de Sus Altezas. Pero ese régimen llevaba a la "destrucción de las Indias".
Lo grave de la situación no estaba solamente en las truculencias y bárbaros tratos inferidos a los indígenas, y en la esclavización ilegítima de indios so pretexto de guerra; sino en que todos los indíos, aún los "libres y vasallos", habían sido sometidos a una condición Jurídica no llanamente vasallal, sino muy semejante a la esclavitud, disfrazada con el nombre de encomienda. Isabel la Católica por R.C. del 20 de diciembre de 1503, poco antes de morir le ordenó a Fray Nicolás de Ovando, su gobernador de la española que "del día que viese aquella carta en adelante, compeliase y aeremiase a los indíos que tratasen y conversasen con los españoles y trabajasen sus edificios, en comer y sacar oro y otros metales y en hacer granjerías y mantenimientos para los cristianos, vecinos y moradores de la isla, y que le hiciese pagar a cada uno, el día que trabajase, el Jornal y mantenimiento, que según la calidad de la tierra y de la persona y del oficio, la pareciese que debía haber; mando a cada cacique tuviese cargo de cierto número de los indíos, para que los hiciese ir a trabajar donde fuese menester, y para que las fiestas y días que pareciese Juntasen a oír y ser doctrinados en las cosas de la fe, en los lugares deputados, y para quel cacique acudiese con el número de indíos que le señalase a la persona o personas que él nombrase, para trabajar en lo que las tales personas le mandasen, pagándoles el Jornal que por el fuese tasado, lo cual hiciesen y cumpliesen como personas libres, como lo eran, y no como siervos; y que hiciese que fuesen bien tratados, y los que dellos fuesen cristianos mejor que los otros, y que no consintiese ni diese lugar que ninguna persona les hiciese mal ni daño, ni otro desaguisado alguno". Las Casas dice: "Todas estas palabras son formales de la reina doña Isabel" (1). Y basado en esa disposición de Isabel la Católica que sometía a los indíos a trabajar forzados, Ovando inventó encomendar a los indíos como tales trabajadores forzosos, haciendo repartimiento de ellos, "de cincuenta en cincuenta y de ciento en ciento", y en menos y aún en mucho mayor número, entre los españoles, sin exceptuar al rey, a los magnates de la corte, a los oficiales de la Española y a sí mismo. Según dice Las Casas, en rigor fue de Cristóbal Colón, por su repartimiento de labranzas y tierras de los indíos, "de donde comenzó la tiránica pestilencia del repartimiento, que después llamaron encomienda". Quizás, con más rigor, pudiera pensarse que el Nuevo Mundo, todo él, fue como una encomienda y un repartimiento del orbe, que hizo el papa Alejandro VI con sus bulas famosas de 1493, de donde se derivaron las ulteriores mercedes. Pero, de todos modos, esa R.C. de los Reyes Católicos les dio su base institucional. Se alegó para ello, amen de otras razones, que los españoles no hacían sino copiar de los indíos la institución del naboría, o sea cierta manera de forzada prestación personal de trabajos, a que ciertos indíos estaban sometidos, acaso por viejos derechos de guerra o de pena; y a los indíos encomendados se les llamó a veces "naborias por fuerza", por eufemismo según Las Casas (2), "habiendo vergüenza de llamarlos esclavos". Como escribió Las Casas: "Había en estas islas entre los españoles dos maneras de esclavos perpetuos; la una, los que podían vender publicamente."

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(como los que tomaban en las guerras), y la otra, los que no se podían vender que supiese, y estos llamaban naborias, puesto que para vendellos también secretamente buscaban y tenían mil mañas y cautelas; comúnmente llamaban los indios en su lengua naborias los criados y sirvientes ordinarios de casa". (3)
Según Ots Capdequi: "A través de las encomiendas y de otras instituciones que consentían la imposición a los indios de ciertos servicios personales, se llegó a crear para los sometidos a tales prestaciones que si no era precisamente la esclavitud producida efectos muy semejantes". Una y otra vez, dice Ots, en disposiciones legales explicitas se insistía en ordenar que los indios fueran considerados como personas libres, vasallos de la Corona de Castilla. No deja de ser significativa por si misma esta reiteración (...) Los indios encomendados, a pesar de su condición de hombres libres, podían ser sometidos a la prestación de multiples servicios personales en beneficio de sus encomenderos. Precisamente era a través de estos servicios como conseguía obtener sus pingües rendimientos económicos el propietario de la encomienda. Es, por consiguiente, incuestionable que, en la primera época de esta institución, el indio encomendado, no solamente de hecho, sino también de derecho, gozaba de una condición Jurídica muy semejante a la de los últimos semilibres de nuestra Edad Media; y que, por tanto, desde un punto de vista patrimonial, puede ser considerado como formando parte del conjunto de bienes de su encomendero, aunque este no haya podido ejercer nunca sobre aquel la plenitud de derechos dominicales que habría podido ejercitar si se tratase de un verdadero esclavo". (4) Y así se dispuso por Isabel la Católica la explotación de los indios a beneficio de sus avasalladores; los caribes y los de guerra como esclavos, los pacíficos o guatias como encomendados; de una y otra manera, como trabajadores forzados. La esclavitud y la encomienda fueron, como el diamante y el carbón, formas alotrópicas, distintas cristalizaciones sociales de una misma servidumbre esencial. ¡Vae victis! ¿Para quiénes hubo libertad?
(1) Las Casas: Historia, Tomo II. p.246.
(2) Tratado de la esclavitud de los indios. -Biblioteca de Art Esp. T 65 p.208.
(3) Las Casas: Historia, Tomo II. -p.551.
(4) Ots Capdequi, 99-100.
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Un biografía de Las Casas (1) apuntó con agudeza cómo ese espíritu creador de la encomienda aun alentaba en las Antillas durante el siglo XIX.
(1) Carlos Gutiérrez. Fray Bartolomé de las Casas, sus tiempos y su apostolado. Madrid 1878.
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Aquel repartimiento se asemejaba mucho al repartimiento de negros emancipados que todavía por los años 1860 a 1868 se practicaba en Cuba estando ya prohibida y perseguida la trata de esclavos, aunque no la esclavitud.
Los negros bozales africanos que calan en poder de las autoridades españolas, antes o después de su alijo clandestino en Cuba, quedaban libres, pero bajo la tutela del gobierno con el nombre de emancipados. Alegando no saber qué hacer con ellos,

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pues era imposible dejarlos libres en el desemparo, la autoridad colonial los alquilaba para trabajar por cierto número de años, mediante el pago de una prima para el gobierno al firmarse el contrato y el de un
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modestísimo Jornal negro que así, mediante ciertas condiciones coactivas, quedaba forzado al trabajo por un largo término, a beneficio de su alquilador, el cual, por la pingüe retribución de unos 500 pesos traspasaba casi siempre a un hacendado los derechos que habla adquirido por favoritismo gubemastioso (?), sobre el emancipado. Una vez llevado el bozal así emancipado a un ingenio o cafetal abondaban las tretas fraudulentas para plagiarlo, simulando su muerte y entierro cuando fallecia otro esclavo cualquiera a quien él sustitula; o vendiéndolo con falso nombre como esclavo a otro ingenio, o por simple cohecho.
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Indio Encomendado del siglo XVI o negro emancipado del XIX, uno y otro de hecho eran esclavos por un tiempo y también uno y otro pasaban como si lo fueran a perpetuidad.
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¿Era Justo,cristiano,conveniente y duradero ese régimen de grandes masas de indios esclavos y encomendados,tan distinto del que entonces tenía Castilla? ¿Cómo podía y debía reformarse? Así fue como en 1510,por obra de los frailes dominicos,recién llegados a la Española,que planteado definitivamente el gran debate doctrinal,social,economico, Jurídico,politico e internacional de las Indias,el del "renacimiento" y la "reforma" de un Nuevo Mundo,que había de llenar el siglo XVI de sangre y de ideas,cuyas resonancias no han cesado todavía.
Entre los dominicos de la Española se contaron letrados muy sabidos:El prior Pedro de Córdoba,era Joven pero "de muchos dones espirituales",austero,"prudentísimo",muy discreto y orador excelente,"que salió de esta vida tan limpio como su madre lo parió";este Padre Córdova (sic) tenía además fama de tan virtuoso que amedrentaba a los diablos como exorcista y en Cumana logró hablar con un demonio que estaba en el cuerpo de un energúmeno o arrepticio,quien le confesó sus perfidias con los indios.Además allí estaban Antón Montesinos,"muy religioso y buen predicador";Bernardo de Santo Domingo "poco o nada experto en las cosas del mundo,pero entendido en las espirituales,muy letrado y gran religioso".Luego llegaron otros "muy buenos frailes","religiosos muy aventajados";entre estos Fray Domingo de Mendoza,hermano de Fray Garcia de Loaysa que luego fue
General de la Orden,confesor de Carlos V,cardenal y Presidente del Consejo de Indias.Aquel "fue muy gran letrado,que casi sabía de coro las partes del Sancto Tomás,las cuales puso todas en verso para tenerlas y traerlas más manuales y,por sus letras y más por su religiosa,y aprobada y ejemplar vida,tenia en Españla gran autoridad".Los primeros dominicos de la Española eran,pues,de los más granados de Castilla y es muy explicable que,dadas sus condiciones personales,la austeridad y el espiritu de reforma que ejercitaban el Santo Oficio y el gran poderio de su Orden aquellos tiempos,expulsados ya de Españla los moros y los Judios,los padres predicadores tuvieron mucho qué pensar,decir y proponer en aquella isla "tan pervertida de costumbres cristianas",ante aquella catástrofe social de un Nuevo Mundo descubierto por "voluntad de Dios" y donado por su Vicario a los Reyes Católicos para expansión de la fe.Si ellos vinieron como misioneros de los indios para atraerlos al
cristianismo,se hallaron que antes tenian que ser misioneros de los mismos españoles para convertirlos a la fe de Cristo,pues de esta lo eran casi todos en el hablar,pero menos en el creer y sólo pocos en el vivir.No hay por qué dudar de que aquellos frailes obedecían a exigencias de su Teología,tomista,acaso con aquellas intolerancias que se traducian en los procesos y hogueras en la Inquisición,entonces en manos de los dominicos;y con aquellos fervores que llevaron a la exaltación y el

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martirio por sus creencias a frailes tan austeros como Savonarola, esto aparte de cuanta insinuación pecaminosa pudieron hacer contra aquellos predicadores los encomenderos movidos por su malquerencia, y aun aceptando que los actos humanos pocas veces están libres de motivaciones circunstanciales e inconfesas.
Aquellos hijos de Santo Tomás, pobres e inermes pero bien nutridos de teología y armados con la Summa y el De regimina principi del aquinatense, tuvieron que abarcar en su misión la entera vida social, Juridica y económica, de la isla, aun la de los españoles entre si. Lo prueba, entre otras cosas, el haber combatido tesoneramente la introducción de los préstamos a interés, prohibidos entonces por la Iglesia y solo habituales entre los Judios; de los cuales debió de haber no pocos en la Española. "Había esomesmo gran corrupción de logros y usuras; también los desterraron e hicieron a muchos restituir". Cuando Las Casas en sus Remedios de 1516 dice que ya en las islas habían sido quemados herejes y aun
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había impunes más de catorce, y pide que se establezca la Santa Inquisición, pensaba, con su medioevalismo teológico, cuán perjudiciales podrián ser para la futura cristiandad del Nuevo Mundo los negocios usurarios y la anticristiana codicia que los inspiraba, y solicitaba que se impidiera la entrada en Indias de los Judios conversos, entonces llamados marcanos, y de los cuales tantos y tantos vinieron a estas islas, ya con Cristóbal Colón. El problema religioso de la usura no era entonces baladi. Hoy se cree que por usura debe entenderse tan solo el "préstamo de dinero a excesivo interés". El enfasis semántico está ahora en el exceso no en el interés de la prestación. Pero en aquellos tiempos no ocurría así. "Usura, según la doctrina de los teólogos y Jurisconsultos, es ganar sin causa, y quien esto hace usurpa la hacienda agena: cosa en verdad reprobada por la ley natural y divina. Una definición tan vaga abria la puerta a mil distintas interpretaciones. Comprer el flado, vender por más del Justo precio, arrendar adelantando el alquiler, interesarse en los cambios, dar a censo con sobrada hipoteca y otros contratos del mismo tenor, eran habidos por usurarios. Entre todos ellos se levanta el préstamo, acto que los moralistas pretenden que sea de liberalidad y misericordia, y como tal enemigo de toda ganancia". (1) Por eso los cristianos no podían ser usureros o sea dar préstamo a interés, y solo eran prestamistas los Judios, a quienes su religión no les vedaba ese tráfico con el dinero.
La doctrina venía de lejos y se puede encontrar bien precisada en las obras Summa de Santo Tomás de Aquino, que es el principal luminar de la Teología. Pero conténtese el lector con que le demos su expresión en los textos del siglo de Las Casas. El dominico P. Tomás Mercado declía: "es vicio contra ley natural hacer fructificar lo que de suyo es esterilisimo, y todos los sabios dicen que no hay cosa más estéril que el dinero, que no dá fruto ninguno. Todas las demás se multiplican, y como dicen, para: el trigo, si se siembra, multiplica doca y quince por uno, y si no se puede sembrar, ni tornar de nuevo á nacer, á lo menos hay esperanza crecerá con el tiempo su valor. El vino,

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aceite y trigo que ahora están baratos, de aquí a cuatro meses
valdrán caros: en fin, son variables su estima y precio que es un
género de multiplicación. Mas el dinero (inegocio es de
espantol) nadie puede ganar con él mientras en dinero lo
tiene, ni fructifica sembrado, ni su valor se muda con los días,
siempre tiene una ley, Jamás medra con él su amo, mientras en
dinero lo posee". (2) "El dinero (repetia otro escritor del
siglo XVI) no engendra de si algún fruto, como hacen todas las
naturales simientes". (3) <<Los hombres (declia otro) con
diabólica invención han abusado del dinero, como si fuese cosa
que se compra y dinero con que se compra, sacando de él lo que
no tiene, y multiplicándole en muchos con ilusión infernal
siendo él uno solo, y siembran dinero y cogen fruto de él, y
después de cogido lo encierran y transportan à otro reino ó
parte donde el pobre necesitado à quien faltan frutos para
trocar ó vender por este dinero, sea forzado à comprar el uso
del dinero por dinero, multiplicado en ideas (sic) [idas] y
vuelta de sus fingidas ferias. De aquí ha nacido tanto logro y
usura, tanto cambio y recambio, tanta mohatra y venta de frutos
anticipados y de posesiones mal empleadas. De aquí tantos
hombres ocupados en estos tratos: de aquí tan pocos dados al
trabajo de cosas convenientes y forzosas para la vida humana; de
aqui tantos tesoros acumulados en las arcas de los usureros y
tanta hambre en las casas de los principes y de los nobles y
virtuosos; de aquí tantas riquezas transportadas a otros reinos
y tanta falta en los de España; de aquí tan poca copia de
vitualas y tanta ociosidad y malicias" >>. (4)
Esa era la ortodoxa y tradicional doctrina Teológica de la
usura; pero en la realidad ya no se respetaba. Un gran pensador,
que con Tomás Moro, Erasmo y Las Casas, forma el cuadrilatero de
la cultura humanista de aquella primera mitad del siglo XVI, el
valenciano Juan Luis Vives, así reflejaba en un sermón la
irrupción de herética usura en las costumbres de entonces: <<El
manjar de los ricos -dice Salomón- es la sustancia de los
pobres. Eso fue siempre así; pero ahora, en nuestros días,
inventó una tal manera de negociar y de manipular, que los
ricos aumenten sus riquezas indefinidamente, y todas se
concentran en unas pocas manos, pues cada cual, según sean sus
posibilidades, tiende y alarga sus redes hasta donde puede y los
pobres en muy corto tiempo no tengan nada, y quien una vez
hubiere empezado a despeñarse, no hay fuerza humana que lo pueda
detener. No hay moho, no hay gangrena que carcoma tanto como la
fiebre de negocios actuales, una vez que hubiese comenzado su
faena corrosiva>> (...) "Ya no es la mercancía sola que pare
dinero, sino que el dinero pare dinero, lo cual es contra la
Naturaleza, como lo dice a gritos la misma cosa y así lo
entendieron los filósofos gentiles. De un tiempo acá que se van
buscando nombres para cubrir tan insolente desvergüenza, como si
Dios fuese de vista tan roma que, disimulada así, no le
identificara. Paulatinamente, tomando brios el hambre del oro
hechóse por la borda todo pudor y los nombres quedaron al
descubierto: el pan se llamó pan, y el vino, vino. El padre ya no
presta al hijo ni un dinerillo sin esperanza de interés y exige
que las condiciones del préstamo queden bien clara[s] y
puntualizadas en albalanes competentes. Esas cosas que algunos

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osaron hacer, no faltaron quienes manifestasen el deseo de que fuesen licitas; de los que manifestaron ese deseo, los hubo quienes declararon su licitud. De esta manera y por esta deplorable gradación, todas las opiniones malas y perversas tienen los deseos su nacimiento". (5) La doctrina contra la usura como pecado se siguió predicando en el siglo XVII y aun el siguiente; si bien las nuevas orientaciones de los Jesuitas y de los economistas llevaron a pensar que el dinero no es estéril y se multiplica, aunque no sea como las sementeras y los rebaños. Desde entonces ha tenido via libre el capitalismo como arte de hacer dinero por medio del dinero mismo. Hoy día, como lo dice el proverbio criollo, "dinero saca dinero". Los frailes tomistas de la Española creían que eso era una ofensa contra Dios, y obligaban con penitencia confesional a restituir lo que con la usura era mal habido. Restituir el fruto del pecado...ese fue otro de los graves problemas teológicos y éticos que siempre tuvieron en sus conciencias los eclesiásticos que pretendían cuidar de la moral del Nuevo Mundo.
Pero algo era más apremiante que los pecaminosos préstamos a interés, que el ya pujante capitalismo mercantil iba imponiendo en los costumbres. En
(1) Manuel Colmeiro: Historia de la Economía Politica en España. Tomo II.-Madrid, 1863. T. II p.511.
(2) P. Tomás Mercado, Tratos y contratos de mercaderes, part. III, cap. VI.
(3) Villalon, Provechoso tratado de cambios y contrataciones de mercaderes y reprobación de usura. Véase además Saravia de la Calle, Instrucción de mercaderes. Citas de Colmeiro: Historia de la Economía Politica en España.-Tomo II.-Madrid, 1863. T. II, p.511.
(4) Valle de la Cerda, Desempeño del patrimonio de S.M. y de los reinos, cap. XXI. Cita de Colmeiro.
(5) Juan Luis Vives: Diurno del Sudor de Jesucristo.-Sermón.- En sus Obras Completas.-Madrid, 1947, Tomo I. p.420.
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aquella terrible y radical subversion, cual Jamás habia experimentado la humanidad, lo urgente era lograr una estable organización social, terminar con aquel régimen truculento e imprevisor que aniquilaba la básica fuerza del trabajo de la masa indígena y articular en un novísimo sistema los intereses de los conquistados con los de los conquistadores, y con los del rey, la Iglesia y demás poderes de España.
Las Nuevas Indias se iban destruyendo. España había ganado las islas pero estaba perdiendo sus gentes, que rápidamente emigraban a otro mundo sin retorno. Para todo el orbe cristiano, cansado, podrido, inquieto y en el hervor de las ideologías y economías del Renacimiento, eran tiempos de "reforma". Unióse que un tal Juan Garcés, conquistador de los más execrables, "otro diablo" y hasta asesino de una gran nitaina, su mujer, el cual andaba hacia años fugitivo por los montes, se acogió arrepentido al sagrado de los dominicos y se hizo fraile lego hasta que años después fue misionero en Tierra Fir-

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me donde murió martir. Este novicio, testigo de mayor excepción, descubrió detalladamente a los recién llegados religiosos las matanzas y estragos que él y los demás habían cometido contra ley de Cristo y les comunicó su exaltación pla. «Asi que, viendo y mirando y considerando los religiosos dichos, por muchos días, las obras que los españoles a los indios hacían y el ningún cuidado que de su salud corporal y espiritual tenían, y la inocencia, paciencia inestimable y mansedumbre de los indios, comenzaron a Juntar el derecho con el hecho, como hombres de los espirituales y de Dios muy amigos, y a tractar entre sí de la fealdad y enormidad de tan nunca oida injusticia, diciendo así: ¿Estos no son hombres? ¿Con éstos no se deben guardar y cumplir los preceptos de caridad y de la Justicia? ¿Estos no tenian sus tierras propias y sus señores y señorios? ¿Estos hannos ofendido en algo? ¿La ley de Cristo, no somos obligados a predicarse la y trabajar con toda diligencia de convertillos? Pues, ¿como siendo tantos y
tan innumerables gentes las que habia en esta isla, según nos dicen, han en tan breve tiempo, que es obra de 15 o 16 años, tan cruelmente perrecido?" Estos frailes, unos 12 a 15, por orden del P. Córdoba, el más Joven de ellos y su vicario, estudiaron con mucho detenimiento la gravisima cuestión y como "impugnar el principio y medio y el fin de aquesta la más horrible y nueva manera de tiránica injusticia" que pesaba sobre los indios y "la infamia de su fe (católica) que entre las naciones indias hediia"; y tras de "maduro consejo" deliberaron publicar en los palpitos su opinión sacerdotal acerca del "estado de pecado en que estaban por sus inhumanidades y codicias" los opresores de los indios. Los frailes más letrados redactaron el primer sermón y "firmaron todos de sus nombres para que pareciere cómo no sólo del que lo hubiere de predicar, pero que de parecer y deliberación y consentimiento y aprobación de todos procedía". Y el vicario mandó que lo dijera en la sagrada tribuna "el principal predicador dellos", Fray Antón Montesinos. Este "tenia gracia de predicar, era aspérimo en reprender vicios,
y sobre todo en sus sermones y palabras muy colérico, eficacísimo, y así hacia, o se creía que hacía, en sus sermones mucho fruto". La materia del sermón era "nueva para los españoles desta isla, y la novedad no era otra sino afirmar que matar estas gentes era más pecado que matar chinches". El lema del sermón fue del Evangelio Juanino del día. "Ego vox clamantis in deserto"; realmente sugestivo. Montesinos dijo: "yo que soy voz de Cristo en el desierto desta isla (...), la cual voz os será la más nueva que nunca oiste, la más aspera y dura y más espantable y peligrosa que Jamás no pensastéis oir". "Esta voz, dijo el, que todos estáis en pecado mortal y en el vivís y moris, por la crueldad y tirania que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué Justicia tenéis en tan

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cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca
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oidos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dáis incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidados tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y criador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tener por cierto, que en el estado que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo". Finalmente, de tal manera se explícito la voz que los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, y otros más empedernidos y algunos algo compungidos, pero a ninguno, a lo que yo después entendi, convertido. >> El predicador fue tan elocuente "con palabras muy pugnitivas y
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terribles, que les hacía estremecer las carnes y que les parecia que ya estaban el divino Juicio". El sermón de Jóo estupefactos e iracundos a los oventes, desde el Almirante Don Diego Colón, (hijo de Don Cristóbal, ya muerto, que también se habria asombrado y enfurecido), a "los oficiales del rey, letrados Juristas que había" y a "toda la ciudad de Sancto Domingo".
A Fray Antón Montesinos se le acusó de "hombre escandaloso, sembrador de doctrina nueva, nunca oida (...) y en gran deservicio del rey e perjudicial a todos los vecinos de la isla". "El padre vicario respondió que lo que había predicado aquel padre había sido de parecer, voluntad y consentimiento suyo y de todos, después de muy bien mirado y conferido entre ellos, y con mucho consejo y madura deliberación se habían determinado que se predicase como verdad evangelica y cosa necesaria a la salvación de todos los españoles y los indios desta isla, que velan perecer cada día,
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sin tener dellos más cuidados que si fueran bestias del campo; a lo cual eran obligados de precepto divino por la profesión que habían hecho en el bautismo, primero de cristianos y después de ser frailes predicadores de la verdad, en lo cual no entendían deservir al rey, que acá los había enviado a predicar lo que sintiesen que debían predicar necesario a las ánimas, sino serville con toda fidelidad". Montesinos al domingo siguiente dijo otro sermón sin retractarse, y les afladió a los empedernidos que "a hombre dellos no confesarian, más que a los que andaban salteando". (1) Con lo cual todo el pueblo en la iglesia quedó alborotado, grufiendo y, muy peor que antes, indignado contra los frailes.

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(1) En aquellos tiempos la privación de los sacramentos era tenida en España por cosa muy grave. Cuando el 20 de Mayo de 1504 ciertos castellanos rebeldes se rindieron en Jamaica al Almirante Cristóbal Colón, prometiéronle "tomar a su obediencia y servirle fielmente desde adelante; lo cual Juraban y Juraron sobre un crucifijo y un misal, con pena que, si lo quebrantasen, que ningún sacerdote ni otro cristiano los pudiese oir de confesión y que no les valiese la penitencia, y que renunciaban los Sanctos Sacramentos de la Iglesia, y que al tiempo de su muerte no les valiesen bulas ni indulgencias y que se hiciese de sus cuerpos como de malos y renegados cristianos, no enterrándolos en sagrado, sino en el campo como herejes; y renunciaron y quisieron que el Santo Padre no les absolviese, ni cardenales ni arzobispos, ni otro sacerdote, etc; a todas estas excecrables penas los pecadores se obligaron, si este Juramento quebrantasen". Este Juramento parécenos herético y derogatorio de la bondad divina y de la autoridad ecclesiástica, que son dogmas católicos; pero demuestran el enfasis que se ponia por los creyentes en la importancia de la confesión sacramental.
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Las Casas, recordando muchos años después los sermones de Montesinos, observaba con sutileza psicológica cuán penoso es para los pecadores, "mayormente los que con robos y daños de sus prójimos han subido a mayor estado del que nunca tuvieron, porque más duro les parece y aún lo es, de caer del que echarse de grandes barrancos abajo". "De aquí, añade Las Casas, es tener por muy aspero y abominable oirse reprender en los pulpitos, porque mientras no lo oyen paréceles que Dios está descuidado y que la ley divina es revocada, porque los predicadores callan. Desta insensibilidad, peligro y obstinación y malicia, más que en otra parte del mundo, tenemos ejemplos sin número y experiencia ocular en estas nuestras Indias padecer cada día la gente de nuestra España. Los furibundos encomenderos y el mismo Diego Colón escribieron "al rey en las primeras naos, cómo aquellos frailes que a esta isla habian venido habian escandalizado al mundo sembrando doctrina nueva, condenándolos a todos para el infierno, porque
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tenian los indios y se servían dellos en las minas y los otros trabajos, contra lo que Su Alteza tenia ordenado, y que no era otra cosa su predicación, sino quitalle el señorio y las rentas que tenía en estas partes. Estas cartas llegadas a la corte, toda la alborotaron".
El rey Don Fernando contestó al Virrey Don Diego y su carta es muy expresiva porque sin ambages responsabiliza su conciencia con el régimen de servidumbre personal que la reina Isabel subyugó a los indoantillanos por su R.C. de 1503.<<
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Y hasta el también dominico Fray Alfonso de Loaysa, su Provincial, los prohibió a sus hermanos de La Española que

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fuesen osados en predicar más de esa materia, en virtud de santa obediencia y bajo pena de excomunión latas sentias; pero los dominicos no hicieron caso, por escrupulos de conciencia.
En la batalla que se abrió en Santo Domingo y Cuba, los privilegiados y combativos próceres acudieron a "otra industria harto eficaz para contra los frailes, y ésta fue la que los demonios tienen muy usada para que su reino prevalezca y el de Cristo y la verdad estén siempre combatidos y amortiguados yanden bambaleándose"...Azuzaron a "frailes contra frailes".Y así contra el prior fray Pedro de Córdoba y sus dominicos se enfrenteron el prior Fray Alonso del Espinal y sus franciscanos. Y ambos partidos enviaron voceros a Castilla; por aquéllos frailes, Montesinos, por éstos, Espinal. "Cada uno en su navio, el uno con todo el favor del mundo que por hombres se le podía dar, y el otro quesfavorcido de todos, pero puesta su
confianza en Dios".
En la corte, a más del P. Espinal, estaban Pánfilo de Marváez y Antonio Velázquez como procuradores de Diego Velázquez, y Francisco de Garay, Ponce de León y otros privilegiados caudillos y mercaderos de la conquista,pidiendo que los indios que los españoles tenían encomendados se los dieran a perpetuidad. Montesinos, después de vencer muchas intrigas en su contra, loerro leerle un memorial rey, "un pliego de papel, escrito por capitulos", en el cual le exponia clara y pormenorizadamente lo que ocurria en las Indias en su detrimento y en ofensa de Dios. Su contrincante principal fue el también dominico Fray Bernardo de Mesa, nombrado obispo de Cuba, quien sostuvo que los indios eran vasallos; y para defender con sofismas las encomienda[s], alego el principio filosófico de "la servidumbre natural", por sus vicios, su falta de constancia y depravada ociosidad, "quienes por ser insulares, que naturalmente tienen menos constancia, por ser la luna señora de las aguas"
por la cual era necesaria "alguna manera de servidumbre". Con este criterio subyugador se promulgaron las llamadas Leyes de Buceros, el 27 de Diciembre de 1512. Teóricamente triunfaba el principio de los "indios libres y vasallos", pero en la realidad se legalizaba el trabajo forzado como "cierta manera de servidumbre", sin llamarlo esclavitud. En esas leyes se ordena, como ya antes había hecho la reina Isabel, que los indios "sean bien tractados", lo cual, dice Las Casas, fue "palabra fingida y colorada, muchas veces repetida en las leyes (...) y nunca falta hasta hoy (...)", cuyo trato "siempre fue aquel con que a todos los extirparon".
Mientras estas cosas ocurrián, Bartolomé de las Casas nada tuvo que ver con ellas. Es en Cuba, el año 1516 cuando él "entra en historia" iniciando su "carrera de humanidad". Su abolengo, su patria y su Juventud lo habían preparado para ser gran figura histórica en la creación del mayor imperio que tuviera el mundo. Era Sevillano, nacido en 1474, de la estirpe francesa de los Casaus, que con los Bethancourt, los Bracamonte y otros caballeros normandos, habían pasado los Pirineos para unirse a

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las huestes del rey Fernando III el Santo, para la conquista de Sevilla, el año 1247. Allí afincaron y se distinguieron empresa de conquistas ultramarinas que hoy diríamos coloniales. Según Juan II de Castilla le escribiera en 1454 al rey Alfonso V de Portugal: «Las Canarias fueron a manera de colonias Sevillanas pues "cada que dichas islas pasaron sucesivamente a los otros que las tuvieron, siempre aquellos eran vasallos nuestro[s] e naturales de nuestros reinos e vecinos de la nuestra ciudad de Sevilla». Y en la historia de la Canarias figuraron los Las Casas, a fuer de Sevillanos. Ya a comienzos del siglo XV, (1406 al 10) surge en las Canarias un P. Alberto de las Casas, el cual se distinguue por sus acres censuras contra el gobernador de aquellas islas Maciot Bethencourt porque vendía como esclavos a los indigenas isleños; tal como un siglo más tarde protestaría por igual motivo en las islas Antillas nuestro P. Bartolomé de las Casas, que también fue Sevillano y obispo. En 1432 otro sevillano P. Las Casas, este llamado Martin, es obispo de Málaga. Por esa época (1430 al 42), Guillén de las Casas, casado con doña Inés de Bracamonte y Jurado del municipio de Sevilla, es señor de unas islas de las Canarias, cuya hija Inés de las Casas se marida con Hernán Peraza el Viejo, veinticuatro de Sevilla, a quien pasó el señorio, entonces poco efectivo, de aquellas islas. En las guerras de los Reyes Católicos que culminaron en la toma de Granada en 1492 estuvieron Alonso de las Casas y Fernando de las Casas. (1) Otros sevillanos del mismo linaje brillan en aquel siglo XV, como el humanista P. Cristóbal de las Casas, muerto el 1506; y el dominico Fray Domingo de las Casas, muerto el 1524, a quien algunos atribuyen ser hermano carnal de nuestro Fray Bartolomé. Un Francisco de las Casas, militar sevillano, es compañero de Hernán Cortés en su aventura de Nueva España, y en el mismo siglo XVI el sevillano P. Luis de la Casas, graduado de Salamanca in utroque se prestigia como escritor. Ignoramos los abolengos femeninos de nuestro Fray Bartolomé, pero debemos suponerlo emparentado con los Peraza, los Bobadilla y los Herrera de Canarias. Su padre fue Don Pedro de las Casas, quien acompañó a Cristóbal Colón en 1493, a su segundo viaje descubrimiento, con su tío Francisco de Peñalosa, quien vino como Jefe de las fuerzas armadas de dicha expedición. Fray Bartolomé tenía pues antecedentes familiares, desde hacía más de un siglo, relacionados con los problemas teológicos, Jurídicos y políticos que surgían del gobierno de las poblaciones coloniales y hasta tuvo entre sus antepasados un obispo, "protector de los canarios", que pudo servirle de modelo a quien seguir.
Nuestro P. Las Casas de Joven fue a la Universidad de Salamanca, pero si alli el estudio teología y leyes, antes aprendió de las Indias y de la fácil y provechosa esclavización de sus indigenas, viendo de paso por Sevilla los cautivos que llevó consigo Colón en su primer
(1) Ortiz de Zúñiga. Anales de Sevilla Lib XII, Cita de J. Durán y Lerchundi. La toma de Granada y Caballeros que concurrieron a ella. Madrid 1893. T. I p. 252.

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viaje; por las narraciones de sus antepasados, de su padre y de su tío. Ellos le contarian de la trata de indios esclavos que Colón inició y quiso establecer directamente con España.
Las Casas, como sus teólogos y filósofos, como sus prelados y sus Reyes Católicos, sus mercaderes y parientes, fue sin duda esclavista. Las Casas tuvo esclavos indios. De Joven y todavía en Castilla tuvo uno, indito de la Española, que su padre había recibido de Colón y al regresar en 1498 le llevó como regalo. Este le duró solo unos días, pues por mandado de la reina hubo que devolverlo a la Española, donde luego lo vió y trató de nuevo. iCuánto hablarían el estudiante Las Casas y su Joven paje de la tierra de éste, de Quisqueya, de su gente y de sus cosas, de sus costumbres[,] lenguas y creencias! iY de sus virgenes, hermosas y desnudas, "de color de codoñate"; quizás de la famosa y "patanciana" Anacaona, del valor de Caonabo y de otros caciques; y seguramente del dolor que sintiera el niño indigena cuando a la fuerza fue arrebatado a sus padres y a su país y reducido esclavo de uno de los blancos y barbados intrusos que habían atropellado a su gente a terror de espada, de perro y de Caballo! iBien habría escuchado el Licenciado por Salamanca las primeras lecciones de lo que eran las Indias, de los indios y su esclavitud!
Las Casas, en la Española a donde vino en 1502, a los 28 años de edad tuvo después al menos un esclavo "que le dieron como tal" de aquellos infelices que "se huyeron de la muerte" a la isleta de Guanabo para escapar de la matanza que organizó a traición
el guamiquina de los españoles, Fray Nicolás de Ovando en Xaraguá, ahorcando a la reina Anacaona, quemando vivos a sus 80 caciques y acuchillando a la inerme indiada (1) Allí tuvo también indios "encomendados" y heredad en una sabana del Cibao, al pie de la fortaleza de Santo Tomás y Junto a un arroyuelo del río Xanique, donde "hizo coger algún oro". Más tarde los tuvo en Cuba, a donde llegó en 1512, llamado a su conquista por Diego Velázquez y "aunque eclesiástico, dice él, entendiendo en asegurar toda la mayor parte de las provincias y gentes de aquella isla (...) para mal de toda ella (...) cerca de dos años".

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La conquista de Cuba no fue pacifica. Ya sabían los indocubanos por Hatuey o Yahatuey, el heroico cacique de Guajabá, escapado de la Isla Quisqueya o Española, cuán crueles eran los invasores para subyugarlos y cuán inmisericordes en la busca de su dios, "la Jaba de Oro", y defendieron su
(1) Las Casas. Historia II. Cap. IX.
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independencia contra los conquistadores que injustamente los agrédian alegando mentidos derechos. En un sencillo despacho del rey a Diego Colón, el año 1512, al iniciarse la ocupación de Cuba, se comprueba cuál era el espíritu de la conquista, lo premeditado de su bárbaro terrorismo y el pérfido propósito de sojuzgar a los indios como esclavos a perpetuidad o como encomendados en repartimientos. Ese despacho de Fernando el Católico, entre otras cosas, decía: "Vos tengo en seruicio la Relación que me enbiays de la isla de Cuba e de cómo los indios se van pacificando poco aunque algunos dellos están muy recios en no querer venir a seruir. Debeys escribir a Velázquez que procure de los apaciguar todos con el rigor de gurra que ser pudiere, haciéndoles primeramente sus requerimientos muy en forma como lo tenemos mandado a los indios que se rebelan contra nuestro
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seruicio en las partes, porque haciéndoles los dichos requerimientos si no se quisieren venir a seguir como derecho son obligados, se puedan despues tomar por esclavos y tenerlos por tales; y esto mismo se deve hacer en todas las Indias donde oviere indios rebeldes; y para que de las dichas islas se sepa el secreto que en ellas ay y se pacifiquen los indios poned todo el recaudo y buena diligencia que vierdes que conviene como de vosotros confio"(1). El rigor de guerra comenzó con una matanza en Maici y el suplicio en hoguera de Hatuey, como reo de lesa majestad. Así solían comenzar las conquistas, por un estratégico terrorismo. Con "una obra por los españoles en esta isla principiada y en todas las Indias muy usada y ejercitada; y ésta es, que cuando llegan o están en una tierra y provincia donde hay mucha gente, como
(1) Academia de la Historia de Cuba. Papeles del Archivo General de Indias relativos a Cuba y particularmente a la Habana, Tomo I. (15112 (sic)-1578). [1512-1578] Habana, 1931. pag. 3.
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ellos siempre son pocos al número de los indios comparados, para meter y entrañar su temor en los corazones y que tiemblen, como los mismos diablos, en oyendo el nombre de cristianos, hacer una muy cruel y grande matanza"(1). Una blitzkrieg. Los mismos P. Las Casas y Pánfilo de Narvaez refieren como testigos presenciales de ella y con detalles horribles, algunos de los episodios trágicos de esa invasión de conquista a lo largo de toda la isla. Bayamo, Camaguey, Guamuhaya, Caonao (donde "no quedó ni piante ni mamante", carahate, Habana y Haniguanico. Las Casas dice que en tres o cuatro meses fueron muertos unos 100,000 indios, de ellos unos 7,000 niños. Estas

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pueden ser cifras hiperbólicas, pero indudablemente fueron feroces, entre otros, el asalto y el saqueo de la "provincia de Maniabón", que debía de ser la más rica de Cuba, según hoy parece probarlo la arqueología.
Las tropellas allí cometidas fueron tales que indignaron al rey Fernando
(1) Las Casas: Historia. Tomo II, p.237.
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el Católico, sujeto duro y poco impresionable; y por despacho fecha en Lagroño el 10 de diciembre de 1512 le escribió a Diego Colón haber sido informado de que "un Francisco de Morales, teniente que fue por Diego Velázquez a la provincia de Maniabón, ha hecho muchos excesos y robos dignos de mucho castigo, especialmente atando y tratando con muchas asperezas a los indios e a esta causa diz que se alzaron los indios y mataron algunos cristianos"; por lo cual manda el rey a Diego Colón ordenarle a Velázquez que castigue "por todo rigor de Justicia al tal Morales, para ejemplo de los estantes y pobladores de la isla". Quizás en esas acusaciones influyeron la inquina de Velázquez, queriendo deshacerse del Morales, quien, aunque su segundo, era a modo de un comisario superior que le pusiera el Virrey Diego Colón, con razón desconfiado, y también, por otro lado, el cinico maquiavelismo del rey Fernando que siempre trato de mermar la Jurisdicción
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virreinal y favorecer a Velázquez de Cuellar, cuya familia tenía gran influencia en la corte; pero el astuto rey debió de quedar muy contrariado de que en esa "pacificación" de Cuba, como en otras pasadas, los conquistadores agraviaran adrede a los indios pacíficos para hacerles guerra y tomarlos por esclavos con perjuicio del rey; pues poco después, en la instrucción de 4 de Agosto de 1513 a Pedrarias Davila, aquel le ordenaba: "habéis de estar sobre el aviso de una cosa, que todos los cristianos porque los indios se les encomienden, como lo han sido en las otras Islas que hasta aquí se han poblado, tendrán mucha gana que sean de guerra, e que no sean de paz, e que siempre han de hablar a este propósito.(1)
Aun años después, en 15, Manuel de Rojas, "capitán general repartidor de los caciques e indios" de Cuba, nombraba capitán a Rodrigo de
(1) Serrano Sanz, Origenes de la dominación
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Tamayo para que vaya contra los indios cayos (Yucayos) y los naturales de la isla alzados y rebelados desde la villa del Bayamo al río Zaza que es en Camagüey y les "hacer guerra" y "si se os defendieran los podais herir y matar", y los que se capturaren serian esclavos y los podrias "repartir, vender, trocar, cambiar o enajenar" después de "herrarlos en el rostro con un hierro" exprofeso "que ha de quedarse en el arca del cabildo" y "desgobernarlos de un pie" o sea desJarretarlos como a los toros bravos; aparte de la pena de muerte a los caudillos para escarmiento (1). Lo cual concordaba con el contenido del

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famoso requerimiento, inventado por el gran Jurisconsulto y catedrático de Salamanca Dr. Juan Lopez de Palacios Rubios y promulgado por el rey Fernando el Católico [y] su hija Doña Juana, la reina "santochada", a tenor del cual, si los indios después de requeridos no reconocían plenamente el señorio de aquellos monarcas, el conquistador les anunciaba así: "les tomaré vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos y como tales los venderé y dispondré". Y así se hacía.
El repartimiento de indios cubanos entre los conquistadores también fue borrascoso. El repartidor era Velázquez; pero también el Virrey Diego Colón quería repartir como Jefe que era de Velázquez, tanto que el rey
(1) Academia de la Historia de Cuba. Papeles. I. p. 91.
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tuvo que ordenarle (R.C. de Valladolid, 13 de abril de 1513) que no se entrometiera "a cosa ninguna tocante a los repartimientos de indios de la isla de Cuba"; y a su vez el rey desde la corte (R.C. de 22 de abril de 1513) repartía indios a sus favoritos y también repartía los indigenas de las Canarias. Así vemos que por R.C. de 28 de julio 1513 (sic) en Valladolid, le ordena al gobernador de aquellas islas que a Pedrairas Dávila "le repartais 50 canarios que sean los más sueltos e mejores nadadores que se hallasen". Y además el rey le da a Pedrairas 10 indios esclavos o naborias de Tierra Firme para "lenguas" y 50 naborias de la Española para cargadores (1). Nadie se cuidaba entonces de proteger a los indigenas de las islas atlánticas.
En Cuba el P. Las Casas contó con más de cien indigenas, que le fueron repartidos como recompensa de conquistador. Camacho, un viejo nitaino de Haiti, fue su capataz; un Joven cubano de Caonao, Adrianico, fue su preferido. El clérigo se aprovecha de los indios y la explotación de su trabajo en labranzas y lavajes, de conformidad con las leyes de Burgos, que él años después calificó de "iniguas", y la comparta (sic) indivisamente con un socio, Pedro Renteria, en un pueblo llamado en lengua de indios Canareo, por el río Arimao, cerca de la bahía de qawa, Xagua o Jagua, hoy Cienfuegos. El eclesiástico recuerda "las (1) Serrano - CCCXXIV
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muy ricas minas y de oro muy fino, como el de Cibao, y aun es harto más blando y por esto es más de los plateros tenido". Hasta fletaron una carabela en 2,000 castellanos o pesos de oro para ir a Jamaica a traer puercos y
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puercas de crianza, maíz de siembra y otras cosas "que en Cuba no habia". El clérigo confiesa que "andaba bien ocupado y muy solicito en sus gran Jerias, como los otros, enviando indios de su repartimiento en las minas a sacar oro y hacer sementeras, y aprovechándose dellos cuanto más podía, puesto que siempre tuvo respecto a los mantener cuanto le era posible, y a tratallos blandamente y a compadecerse de sus miserias; pero ningún cuidado tuvo más que los otros de acordarse que eran hombres infieles y de la obligación que tenía de dalles doctrina, y

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traellos al gremio de la Iglesia de Cristo"(1).El mismo Las Casas, en su Apologética (Cap. CLXVI) recuerda que "por aquellos tiempos (para mi confusión lo digo) no me había hecho Dios la gran merced que después me hizo, dándome conocimiento de las necesidades que aquestas gentes de su salud temporal y espiritual padecían, habiendo en ellas disposición para ser traidas a Jesucristo prontisime y admirable, y también de la estrecha obligación que los cristianos a estas tierras venidos tenemos de socorrer a prójimos mal necesitados".
Las Casas era clérigo desde fines del 1510, el primer misacantano de América, pero también enriquecido encomendero. Indios esclavos y encomendados los tuvieron sin reparo los sacerdotes mientras duraron esas formas de servidumbre, a veces con el disgusto de los seglares, más por razones de envidia y codicia que de caridad. Por R.C. de 20 de abril de 1508 opúsose el rey a la pretensión de los procuradores de la Española de que no se diesen indios a prelados y clérigos "porque no habían de ser de menor calidad que los otros vecinos, sino de más" (2) y centenares de ellos tuvieron [tuvo] el obispo Fonseca, quien Jamás estuvo en Indias y Las Casas entonces ni siquiera tenía escrituulos en confesar y absolver a quienes como él, por tener indios, marchaban hacia el infierno. El mismo refiere que no aceptaba los sermones de Montesinos. "Queriéndose una vez con un religioso de la dicha Orden, que halló en
(1) Historia de las Indias, México, Tomo III.p.92
(2) Col. de Doc. T. XXXII p.5
A. Fabié p. LXXIV
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cierto lugar confesar (teniendo el clérigo en la Isla Española indios, con el mismo descuido y ceguedad que luego en la de Cuba) no quiso el religioso confesalle; y pidiéndole razón por qué, y dándosela, se la refutó el clérigo con frivolos argumentos y vanas soluciones, aunque con alguna apariencia, en tanto que el religioso le dijo: "La verdad tuvo siempre muchos contrarios y la mentira muchas ayudas". El clérigo (...) cuanto a dejar los indios no curó de su opinión". Para el clérigo Las Casas entonces "Dios estaba descuidadado"; hasta que en Cuba él "oyó la voz" y se unió a los cruzados, precisamente con otro sermón famoso que él mismo predicó en la recién fundada villa cubana de Sancti Spiritus.
Un día a Las Casas y a Renteria Dios les "tocó el corazón y ambos renunciaron piadosamente a sus indios y provechos y resolvieron dedicar sus vidas a la defensa
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de aquellos infortunados insulares. Así Las Casas inició en Cuba su "carrera de humanidad". No fue resolución improvisada, sino decidida tras años de meditación y "conociendo que se ponía en contienda contra todo el mundo, en que había de ser odiosismo". Ni fue tampoco por interés, pues empezaba por un cristiano renunciamiento de riquezas y la restitución de lo mal habido; en contraste evidente con quienes eran y fueron... y son... sus obstinados impugnadores. Era el año 1514.

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El sermón de Las Casas en Sancti Spiritus fue tema tan teológico y vivo como el de Fray Montesinos. Se basaban en unos versículos del Ecclesiástico (): "Quien quita el pan ganado con el sudor es como el que mata a su prójimo", "quien derrama sangre humana y quien defrauda al Jornalero, hermanos son", "la vida de los pobres el pan que necesitan; aquél que lo defrauda es hombre sanguinario", "el que a Dios ofrece sacrificios tomados de la hacienda de los pobres, es como el que deguella a un hijo delante de su padre", y, en fin, "el Altísimo no recibe los dones del impio, ni mira a los sacrificios que le ofrecen los malos, porque mancillada es la oblación que se hace de lo injusto". Siguió sermoneando en Cuba el P. Las Casas. El refiere que hizo por escrito varios sermones que predicó; pero por desgracia no se conocen sus textos, que fueron los primeros escritos de Las Casas en pro de los Indios. Por esos días, a media cuaresma del año 1515, pasaron de la Española a Cuba como misioneros ciertos dominicos, "señalados en vida y letras", fray Gutiérrez de Ampudia, Fray Bernardo de Sanc-
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to Domingo, fray Pedro de San Martin y fray Diego de Alberca, quienes se encontraron con el P. Las Casas, ya convertido. Aquí fue, en Cuba, cuando este se incorporó a la cruzada, gozoso de que los dominicos predicaran a los españoles lo mismo que ya él les decía. Quizás se exceda un tanto de lo Justo el P. Venancio D. Carro cuando dice que el iniciador del movimiento no fue Bartolomé de las Casas y que "no había pensado él ingresar en la Orden de Predicadores y la defensa de los indios era norma general entre dominicos". Cierto que Las Casas no inició la brega a favor de los indios, ya lo hemos dicho; pero no es menos cierto que ese "movimiento" nació en las Indias, que aquí se le incorporó el P. Las Casas en 1514, ya clérigo pero aún no fraile de Santo Domingo, cuya cogulla no tomó hasta 152, según el P. Remesal, que en aquella época como después hubo dominicos contra los indios, y que los sermones de los dominicos en la Española y del P. Las Casas en Cuba fueron los chispazos que prendieron el fuego doctrinal que luego había de fulgurar en las obras y catedras universitarias de Fray Domingo de Soto y Francisco de Vitoria. Ellos reflejan las ideas de aquellos que fueron sus precursores. Según el P. Carro: "Los teólogos explanan su pensamiento con la serenidad y mesura propia del aula universitaria; Las Casas y los misioneros defienden sus ideas con la viveza y el vigor que nacen de la lucha real y efectiva. Los excesos del lenguaje y los negros colores con que Las Casas recarga el cuadro se explican perfectamente, teniendo en cuenta que son escritos de batalla". (1)
Pero los sermones de aquellos batalladores misioneros que predicaban a los cristianos eran voces en el desierto. Alguna vez los pecadores se espantaban... pero no se corregían. El clérigo sevillano nos ha dejado el breve relato de un "terrible caso" acaecido en Cuba, con ocasión de una corrida de toros, la primera que se celebró en América; al menos la primera de que se tiene noticia: "El día de corpus christi siguiente, que es cuatro días después del domingo de la Santisima Trinidad, lidiaron un

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toro o toros,y entre otros españoles había uno alli,llamado Salvador,muy cruel hombre para con los indios,el cual fue vecino de una villamada el Bonao,en esta isla,(la Española),y tractaba tan mal los indios que tenía,que lo tenían por diablo,del cual se dijo que estando un fraile de Sant Francisco predicando a aquellos sus indios o a otros,de cómo Dios era Salvador del Mundo y que era bueno y hacia bien a los hombres,comenzaron a escupir e blasfemar del Salvador,afirmando que no era sino muy malo y cruel hombre que los afligía y mataba,estimando que el religioso les loaba a aquel pecador, Salvador. Así que aqueste Salvador pasó a la isla de Cuba,donde también comenzó a usar de sus crueldades con los indios,y se halló aquel día de Corpus Christi con los otros que dije haber lidiado los toros;y viniendo,después de lidiados,todos Juntos saltando y holgándose,y él entrando en su posada echose hablando y riendo a descansar sobre un arca,y así como se echó dió un grito diciendo layl,y subitamente expiró.Muerte fué que espantó a muchos,pero ninguno se enmendó,y algunos la tuvieron por misterio y señal que quiso Dios mostrar aprobando la protestación del padre fray Bernardo,que el día de la Santísima Trinidad había hecho,por la sangre humana que había aquel derramado,y que en día del cuerpo y sangre de Jesucristo fuese castigado".Pero,repitamos a Las Casas,"ninguno se enmendó".(2)
Viendo Las Casas "que aquella isla llevaba el camino que llevó la Española para ser en breve destruida,y que maldad tan tiránica y de tantas gentes vastativas no podía extirparse sino dando noticia al rey,deliberó,comoquiera que pudiese,aunque no tenía un solo maraveli,ni donde habello,sino de una yegua que tenía que podía valer hasta 100 pesos oro,ir a Castilla y hacer relación al rey de lo que pasaba y pedirle con instancia el remedio para obviar a tantos males".(3) Si aquí dice el P. Las Casas "no tenía un maraveli" y contaba sólo con el valor de una yegua,en el mismo capitulo de su Historia (Lib.III Cap.LXXX) poco después refiere que al regresar de Jamaica su socio Pedro de Renteria,"traía en la carabela muchos puercos y puercas y pan cacabi,de que había entonces en aquella isla (Cuba) gran necesidad,y de maíz y otras cosas que valían harto,de lo cual y de lo que más tenían presente se hicieron algunos dineros que llevó el padre en buena cantidad,conque pudo estar en la corte los años que abajo parecerá "si bien añade que esto era mucho menos de lo que después se habría necesitado,cuando "sucedió la careza (caestía) en aquellos reinos",o sea lo que hoy diríamos "infilación" por la abundancia excesiva de oro llevado de las Indias.En esto se ha querido ver una flagrante contradicción,pero no hay tal.El P. Bartolomé estaba personalmente sin dineros,y los que se hicieron del cargamento que vendió Renteria eran de este y él los ofreció,lo dice claramente el texto,para que Las Casas fuese a la corte "a remediar estas gentes".Y así se hizo.
Las Casas llegó a Sevilla en septiembre de 1515 y por la Navidad hablo al rey Fernando y luego al obispo Fonseca "el que todo lo destas Indias gobernaba",entregándole a este una memoria.Esta no se conoce aunque es de suponerse que fuera semejante a la representación de que luego hablaremos.Poco después,el 23 de Enero de 1516,murió Fernando V y ocupó el

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trono de su loca madre D. Juana 39 años antes de que esta muriera, el flamenco Carlos de Gante, luego emperador Carlos V de Alemania. Hasta que en 1517 llegó este de Flandes, gobierno a Castilla como regente el octogenario Cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, en colaboración con Adriano de Utrecht, de Lovaina y luego obispo de Tortosa, cardenal y papa, El P. Las Casas se puso inmediatamente en contacto con estos prelados y les dirigió sendos alegatos y como consecuencia de estos escritos se comprendió en ultramar por los gobernantes que las llamadas Leves de Burgos [de 1512] promulgadas para la organización y explotación de las Indias, de 1512 (sic) no eran aquí eficaces y en 15 [tachado: el gobierno del España nombró una Junta oficial de tres frailes Jerónimos que vinieron a las Indias como sus "reformadores", y en la España estuvieron varios años, hasta 15, con el resultado que iremos diciendo.
Los alegatos iniciales del Padre Las Casas presentados en la primavera del año 1516, sus primeros escritos llegados a nosotros, son dos: una Representación de los agravios y una Relación de los remedios. Estos escritos de 1516 son fundamentales porque en ellos se plantea ante el gobierno de España el problema de la organización del Nuevo Mundo. En la Representación de agravios se examina el desastroso estado de las Indias, en la Relación de los remedios se trazan las rutas para su reforma. En esa fecha las Indias conquistadas eran solamente las Antillas y una pequeñísima parte littoral de Tierra Firme, pues aun cuando Vazco Núñez de Balboa ya había visto el Mar del Sur, luego llamado Océano Pacifico, todavía no habían sido descubiertas siquiera ni Yucatán, ni México, ni Florida, y solo de oídas se sabía de un riquísimo pueblo que luego se llamó Perú. Los indios hasta entonces hallados y sometidos eran de culturas inferiores y débiles y su impacto con la España del Renacimiento fue tremendo y de horribles consecuencias traídas por un determinismo históricamente inevitable. Después, los choques de España con las mucho más elevadas e imperiales culturas de los aztecas, los mayas y los incas fueron distintos, y aun cuando en lo esencial eran idénticos los agravios tuvieron que ser diferentes los remedios y los resultados. El problema de la reforma de las Indias en los tiempos siguientes tuvo nuevos aspectos que no pudieron preverse en esos escritos las casianos de 1516, pero en estos todo aquel ya está expuesto en su honda tragicidad, con sus negruras nada legendarias, con sus racionales luces y sus nobles utopias. Por eso hemos de detenernos un tanto en esta encrucijada histórica de las Indias desde afuera como en impetuoso remolino cuando en la historia aparece Las Casas y como dijo inicia en Cuba "su carrera de humanidad" [tachado: cuando sobre las ruinas de las muy diversas culturas indigenas todas ellas sobrepasadas confluyen impetuosamente el Joven y pujante capitalismo mercantil, la medieval servidumbre y la antigua esclavitud, el caduco feudalismo señorial y monástico y el pujante imperialismo absolutista.
Del primero de esos escritos de Las Casas sólo tenemos un extracto bastante pormenorizado. Aparece con el título de Representación hecha al Rey por el clérigo Bartolomé de Las Casas, en que se manifiestan los agravios que sufren los indios

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de la isla de Cuba de los españoles (4).Esta Representación debe de ser un resumen del informe que Las Casas hizo en romance para el Cardenal Cisneros y en latín para el Embajador Adriano. Es meramente descriptiva, se refiere a los equivocados y crueles tratamientos que reciben los indios; hambre producido por el forzado abandono que hicieron los indios de sus plantaciones de yuca y maiz; trabajo durísimo y de sol a sol en las minas de oro, con escasa comida de sólo cazabi, durmiendo las noches en el suelo, todo lo cual los enfermaba y destruía; acarreos al hombre de insufribles cargas de dos y más arrobas por distancia de 40 y 50 leguas y con escaso mantenimiento; trabajo penosos al remo en viajes de canoas por mar de 50 o 100 leguas; acampamento de los indios en las minas sin darles casas y dejados a la voracidad de los mosquitos; falta de descanso pues los días feriados los indios tenían que trabajar en las faenas de buscarse su propia comida; desamparo de los nífos, las mujeres y los viejos, los cuales, por estar los varones encomendados y ausentes, no podían sustentarse y fallecian por desnutrición; violación y abuso de las mujeres indias como mancebas; castigos crudellísimos de prisiones, azotes, humazos a narices y otros tormentos, y desbaratarles sus pueblos y tribus, rompiéndoles su estructura social. Las Casas ya se refiere en este documento de 1516, "a la destrucción de las islas", cuyas causas dice "se reducen a dos; el trabajo demasiado que a los indios les ha sido impuesto por la mucha codicia de los que de España iban, y su mal trato, no teniendo cuidado de les dar de comer ni vestir como habían menester, según el trabajo pasaban". Acaso pudieran reducirse las dos a una sola: codicia desenfrenada, que "mataba la gallina de los huevos de oro" según la expresión castiza. ¡La codicia! Esa es la palabra Justa.
Este cuadro esquemático, extractado así, como simple apuntamiento de un curial, sin los inflamados adjetivos y éticas fulminaciones, que entonces eran características del juego dialéctico de los Domini canis, aunque bien expresivo y frío, es impresionante. Pero nada tiene de extraordinario ni de excesivo, salvo en lo rápido e inesperado de los ácontecimientos y de Jando fuera lo controvertible de si por esas causas murieron tantos o cuantos [tachado: 100,000] indios. Pero no hay por qué entretenerse en averiguar si las cifras que da Las Casas son exageradas; probablemente lo eran. Hipérboles corrientes en aquella época de exaltaciones políticas y portentosas novedades. Lo fueron por ejemplo las que solía dar Cristóbal Colón para encomiar sus servicios a España; las del P.C. Cayetano al decir que el P. Buil en menos de un año había el solo quemado 170,000 idolos o cemis de los indios de la España y puesto en cada sitio una cruz; (lo cual no era en realidad sino un atropello más que mucho debió de herir el ánimo de aquellos infelices) las de ciertos misioneros al alardear de haber bautizado indios y las de los panegiristas de los reyes de España aludiendo a los millones de almas que estos habían hecho entrar en el cielo; quienes cuentan que fueron 100,000 los Judios expulsados de España por los Reyes Católicos, quienes dicen que llegaron a 2,000 los comprendidos en la diáspora sefardí; unos graves autores dicen

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que el Cardenal Cisneros hizo quemar en la granadina Bibarambla un millón de libros arábigos, otros dicen que solo fueron cien mil. Y no faltan quienes digan que fueron 8,000 los condenados a muerte en hoguera por la Santa Inquisición solamente en los tiempos del gran inquisidor Torquemada. ¿Qué la población de la Española no podía tener tantos cientos (?) como supuso Las Casas? Hoy los tiene y la vida económica de los actuales insulares no es en toda ella mucho mejor que hace siglos. Además ¿no dicen unos historiadores que en los días de Colón España tenía unos 8,000 de habitantes y otros los hacen subir a una suma más que triple?
En sintesis dice Fray Bartolomé de las Casas que "con las matanzas de las guerras y por las hambres y enfermedades que procedieron por causa de aquéllas y de las fatigas y opresiones que después sucedieron y miserias y sobre todo mucho dolor intrinseco, angustia y tristeza, no quedaron de las multitudes que en esta isla de gentes había desde el año de 1494 hasta el de 1506, según se creía, la tercera parte de todas ellas. ¡Buena vendimia y hecha harto bien apresala! (5) Sin duda los sucesos denunciados por Las Casas, que producian el exterminio de los gentios indígenas, eran cliertos y fueron corroborados por otros clérigos y por altos funcionarios reales, no amigos del dominico. Citemos unos testigos de esos mismos años. En 22 de enero de 1518 el Lic. Alonso Zuazo le informaba a Mons. Xevres, de los millones de inocentes indios matados a sangre fría por orden de Fray Nicolás de Ovando, y "de haber muerto infinito número de ellos, del muy inmenso trabajo de fatiga que les han dado tratándolos mal" (6) [tachado; y del mortal efecto que producia en los indios el mudarlos a veces a cien leguas de sus lugares (pueblos) donde: bebían aguas de jagueyes, que son bolsas de agua llovediza e otras aguas gruesas" a otros lugares "de aguas delgadas y de fuentes e ríos fríos".] Zuazo le decía a Xevres que en 1492, al descubrir Colón la Española había un cuento y 130,000 indios y que en 1518 "no llegan a 11,000" y añadiale que de seguir las cosas como iban "dentro de tres o cuatro años no habría ninguno". El Jerónimo Fray Manzanedo en su memorial de febrero de 1518 le informaba al Cardenal ser tal la despoblación de sus indígenas que "la isla Española y la de San Juan en breve tiempo se acabarán", para evitar lo cual proponía varias reformas, entre ellas de que "no trabajen los viejos, los niños y las mujeres paridas y preñadas, porque las ordenanzas no se cumplen y va mucho en esto para que los indios no mueran como mueren"; y sobre todo que los nativos se libertaran completamente porque, decía el, "de cualquier manera que se pongan en poder de españoles han de ser disminuidos e mal tratados". Los otros Jerónimos, el P. Figueroa y el P. Santo Domingo le escribian ese mismo año 1518 al emperador que cuando llegaron los conquistadores a la Española había cientos de miles de indios y que cuando aquellos frailes arribaron a la isla en 1517 "los que hallaron eran tan pocos cuanto es el redrajo queda en los árboles después de cogida la fruta". (7) Se pensó que en ese exterminio había algo de fatal predestinación. En 1534, a los 20 años de la conquista de Cuba, Rojas, su gobernador, le decía al rey: "los indios son casi acabados. Solo quedaban escondites de cimarrones. En 1553, el

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historiador Francisco López de Gómara dice que ya en esa fecha no quedaba en Cuba un solo indio.
Algunos quedarian, aislados por las ciénagas y serranias, sin formar grupos tribales. Todavia dicen que los hay por Baracoa, Maisi, Yateras; pero no es cierto. Los mestizos aindíados que se encuentran en la Sierra Maestra no son sino descendientes de los indios yucatecos que, a mediados del XIX fueron traídos a Cuba "contratados" para trabajar, prácticamente como esclavos, los cuales se huveron a las montañas con sus exóticos metates a "poblar libres".
(1) Venancio D. Carro: Domingo de Soto y el Derecho de gentes. - Madrid, 1930. - p.24.
(2) Las Casas: Historia. - Tomo III. - p.101.
(3) Historia de las Indias. México. Tomo III. p.96.
(4) En la Col. de D. I.I- 1867. T.VII, págs.5 a 11.
(5) Las Casas: Historia. - Tomo I. - p.419.
(6) Doc. In. T.I p.310.
(7) Doc. In. T.I p.300.
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II. Destrucción de Indias.
1. La "destrucción de las indias" fue innegable. ¿Por qué habrá pasado?
2. Sin duda la conquista fue acompañada por la crueldad. Desde los días en que Cristóbal Colón en su primer viaje, a la fuerza cautiva indios de Cuba y de Quisqueya para llevarlos consigo a España, hasta las entradas y correrías que luego se verificaron el territorio continental. No acierta Marcel Brion cuando dice que "los conquistadores fueron, no se discute, avidos e implacables, pero sobre todo en la segunda época de la conquista. Las acusaciones de que se han hecho acreedores, caen menos sobre los primeros exploradores que sobre los gobernadores que los sucedieron y parece que fué en el momento en que las dificultades del comienzo ya habían sido superadas cuando comenzaron los excesos más culpables y más graves". (1) La avidez despiadada de los agentes de la ["civilización occidental"] en el primer periodo no fue luego superada en la conquista continental. Los episodios de la reina Anaconda en la España o del cacique Hatuey en Cuba vale (sic) lo que el del emperador Guatemoc (sic) en México y el del inca Atahualpa en Perú.
(1) Marcel Brion: Bartolomé de las Casas, padre de los indios. - Buenos Aires. - p.19.
3. Los casos de atrocidades referidos por otras plumas que la de Las Casas son numerosisimos y fehacientes. La Brevisima relación de la destrucción de las indias, escrita por Fray Bartolomé y publicada en Sevilla el año 1552, fue
4. Indudablemente el más resonante instrumento de la propaganda contra España, sobre todo después de las varias traducciones que se hicieron a distintos idiomas por las naciones enemigas de España. Pero, sin la Brevisima, aún sobran documentos para atestiguar las iniquidades de la conquista de las infieles Indias desde las islas a la tierra firme" (sic) hecha por los cristianos, "puenando por la fe" como ellos declan.
5. Valga por ejemplo el testimonio de un franciscano, enemigo personal y enconadísimo de las Casas. El Padre Toribio de Benavente, conocido por Motolinia, en su "Historia de los indios de la Nueva España", dice y repite, en muchas páginas las atrocidades que agobiaban a los indios, empleando expresiones tan patéticas como las de Fray Bartolomé: "a doquiera que están (los españoles) todo lo enconan y corrompen, hediondos como carne dañada, y que no se aplican a nada sino a mandar; son zánganos que comen la miel que labran las pobres abejas, que son los indios" (...) "los esclavos indios que hasta hoy en ellas (las minas) han muerto, no se podrian contar". Aquí podrian aducirse otras innumerables citas documentales.

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Pero no hay por qué entretenerse en reproducir las relaciones acusatorias. Y no puede sorprender la brutal conducta de los subyugadores de América cuando idénticas crueldades se vieron el Viejo Mundo, no solo contra el Islam cuando Las Cruzadas y las guerras de los reinos ibéricos con los "perros de Mahoma["], sino también en las tenidas entre los mismos cristianos y aun en las habidas por los católicos unos contra otros y hasta contra el Papa. De las iniquidades que se hacían
en aquellos tiempos los católicos y en especial los triunfantes españoles por ambiciones dinásticas y de imperial poderio puede uno formarse Juicio por los siguientes párrafos de un gran pensador y teólogo valenciano Juan Luis Vives, contenidos en su disertación De la insolidaridad de Europa, escrita exclusivamente para atajar, aunque sin lograrlo, las incesantes guerras y atrocidades, en que se ensañaban los cristianos y en especial sus compatriotas.
Cual era entonces la falsa religiosidad de los cristianos lo entendía Vives, desahogando su "Justo dolor por las calamidades de esta edad nuestra, en que el pueblo cristiano, desechando todo asomo de caridad evangélica y olvidado de su Cristo, abusa de sus fuerzas en su propia perdición (...) "AJenado Cristo de un pueblo desertor y fiero, y que, abandonadas sus santisimas banderas, corre a refugiarse en los campamentos de todos los vicios y de la idolatria, que traslado el culto debido a Dios[,] a los hombres y a los metales, puesto que con celo mayor cuidamos los intereses de los hombres mortales que los de Dios, que vive por los siglos de los siglos. Por eso vivimos y obramos como hijos que han abdicado de su filiación, por manera que parecemos excluidos de la tutela y del cuidado de Dios, abandonados a nuestra mentecatez,
cuya obra única son las calamidades, y la ruina, y la miseria de toda Europa. Y en medio de tantas catástrofas, con los labios honramos al Dios de paz, mientras nuestros corazones están envenenados de sañudo y sangriento odio. (...) Ahora con más triste verdad que en cualquier otra época puede decirse: Todo hombre es mentiroso (...) Hablamos el lenguaje de los hijos de Dios, pero la vida es como de enemigos suyos"(1) Vives. - Carta sobre los obstáculos para la paz. - Obras Completas. - Tomo II. - p. 21.
Y refiriéndose a los soldados españoles de aquella época Vives dice por boca de Tiresias, un personaje de su escrito "De la insolidaridad de Europa": "todos los soldados son enojadizos, altaneros y el colmo del descomedimiento. ¿Qué soldado puede sufrirlo su propio padre? El soldado español a ningún otro cede en bella quería, en descaro, en atrocidad de palabra y de obra, no sé si por una tan continuada serie de victorias. Por ello, yo no dudo que se portaron violenta y desapoderadamente, y que perpetraron hazañas copiosas feas y

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abominables, en especial cuando se les difería la soldada... Por todas estas causas, concitaron en Italia y en algunas otras
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naciones un odio feroz contra su principe y contra todo nombre español". (1) Eran las décadas del apogeo imperial, cuando las armas españolas siempre "al servicio de Dios" aplastaban con igual saña a los indios de América, a los turcos del Egeo, a los herejes protestantes, al "cristianismo" rey de Francia y al misimo Vicario de Cristo y Sumo Pontifice de Roma, cuya ciudad Eterna saqueaban y a él sometían a prisión el castillo Santi Angelo
(1) Vives. - De la insolidaridad de Europa.
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¿Cómo no iba a ocurrir lo mismo en Indias, cuyas gentes eran "infieles pero inocentes, hospitalarias pero insumisas, pugnaces si ofendidas pero siempre inermes, tenidas por bestiales y malditas, y brindaban un pronto y rico botín tanto codiciado cuanto a veces fabuloso? Que así ocurrió en realidad nada debe de extrañar. Lo inexplicable seria que las operaciones de la conquista de América, contra la voluntad de sus hijos, hubiesen sido ejecutadas con una anestesia de milagro y una asepsia de tal portento cual nunca se vieron en la historia. La hipocresia de acusar a España de las atrocidades de la conquista como si ella sola hubiese tenido el menopolio de cometerlas, Jamás podrá ser combatida con la necesidad de negarlas. Contra ambas inverosimilitudes contradictorias solo cabe la realidad verdadera, que
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se basta para repartir Justamente entre España y sus enemigos las brutalidades y las glorias. Pero explicar la "destrucción de las Indias" por sólo efecto de crueldad es harto simplismo.
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La "destrucción de las Indias" fue consecuencia de un terrible choque de culturas antagónicas, de cuyo impacto las culturas inferiores o débiles resultaron aniquiladas.
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Las culturas indias de las Grandes Antillas eran al menos tres [Tachado: como claramente precisó el P. Las Casas]. En Cuba la de los guana Jatabíbes, la de los ciboneyes y la superior de los haitianos que ahora decimos tainos; en la España la de los más atrasados en la de los medios en el cibao y la dominadora del resto de la isla centrada en (Nota: Ortiz no terminó la frase, evidentemente pretendía buscar el nombre del lugar). La arqueología ha comprobado la exactitud de esos tres estratos culturales y su distribución; Jaun cuando algunos arqueólogos norteamericanos, como Irving Rome han introducido recientemente una nomenclatura caprichosa [tachado: y antihistórica] que los antillanos no podemos aceptar porque va contra nuestra documentación histórica.

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De la cultura más arcaica, sobre todo la de los guana Jatabibes (de guana-Jata-abo-ibes, que significa "natural de los bosques de palmas de guano y Jata, o sea "de los palmares" o "selváticos"; en rigor "salvajes") perfectamente precisada en Cuba por Las Casas, Diego Velázquez y Bernal Díaz del Castillo poco se dijo entonces, por razón de su misma insignificancia y de su habitat marginal; de los yucayos se dijo más porque fueron salteados en masas para esclavizarlos, pero pronto desaparecieron y no se habló más de ellos. Desde el primer momento se advirtieron por los españoles dos grandes camadas culturales que ostensiblemente integraban la estructura social de las Grandes Antillas, una como dominadora, la que ahora por cómo convencionalismo se llama de los tainos, (de sirtaynos, que era como "noble" o cierto o título Jerárquico (sic)), y otra como dominada, la que los españoles denominaban ciboney, o siboney, de Cibao.
(Ciboney, de Cibao-ona-ax) que quiere decir natural de la Gran Piedra o de las montañas, o sea "montuno" o "montaraz")
La cultura dominadora imperaba sobre todo en Puerto Rico (Boriquen) y la Española (Quisqueya o Haiti); pero en Cuba sus poblados más acentados sólo ocupaban la parte oriental de Cuba, particularmente la costa norte de Maisi, como ha confirmado la arqueología y el resto de la isla era de los dominados ciboney, y más a occidente de los guana Jatabibes. Por eso Cristóbal Colón advirtió esos dos correlativos niveles culturales entre los indios de Cuba y los de la Española. Según las Casas,
"Dice el Almirante que los indios de Cuba tenian gran miedo de los de la Española, porque diz que comían los hombres; y otras cosas maravillosas le contaban de aquella gente, las cuales diz que no creía él, sino porque debían ser hombres de mayor astucia y mejor ingenio y más esforzados los de la Española que ellos, y los captivaban y ellos eran flacos de corazón, por eso los captivaban: y así fue cierto, verdad, y parecia que Almirante por su prudencia presumía lo que debía ser" (1) Todavia Colón destaca más la diferencia cultural entre los indios cubanos y los de Haiti, diciendo en su diario, cuando se (1) Las Casas: Historia.- T.I.- p. 250.-
encuentra con éstos: "he hablado en superlativo grado de la gente de la tierra de Juana, a que ellos llaman Cuba, más hay tanta diferencia dellos y della a esta en todo, como del día a la noche". La arqueología ha confirmado esa diferencia, aunque sin la extensión hiperbólica con que lo hace Colón.
Entre dichas culturas indoantillanas habia diferencias topográficas, lingüísticas, económicas y sociales. Las más

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arcaicas eran simplemente recolectoras y las otras ya hortelanas con plantaciones de yuca y maiz. Aquellas con caza y pesca, estas con animales domésticos y corrales de peces. Unas desnudas y selváticas, con ajuar de concha y güiras y armas de palo y piedra bruta; otras tribus sedentarias con casas y poblados, cerámica, tejidos, redes, ornamentos, idolos y muebles tallados, armas de sin par pulimento, complejos ritos de religión y magia, caciques, sirtainos, behiques, plebeyos y naborias.
Con esos incolas indoantillanos que aun no habían salido de los horizontes selváticos de la primitividad, ni sobrepasado una modo de edad de piedra, pulida y aun iletrada, chocaron los conquistadores con todo el equipo cultural del Renacimiento: las armas de acero y de fuego, el caballo, el arado, la rueda, el carro, la máquina, la carabela, el velamen, la brújula, el reloj, la moneda, el salario, el capital, la escritura y el libro, apoyados en una nación poderosa y gobernados por un rey soberano, entonces el primero de ese continente llamado "cristiandad" que dirigía un Vicario de Dios.
El choque fue irresistible para los indoantillanos. No fue sólo por el cruce de las armas de palo con las de hierro y de las flechas con los arcabuces, ni por la lucha de la con la azada y la canoa con la carabela, ni por la prepotencia de la rueda, la vela, el caballo y demás bestias de carga; ni tampoco debido al cruzamiento de enfermedades infecciosas reciprocamente ignoradas, las cuales causaron gran mortandad en ambos bandos contendientes. Lo insuperable y decisivo fue la imposibilidad de ajustar perentoriamente la simple organización social y económica de los indios, sin codicias, monedas, capitales ni salarios, con la propia de los europeos, movida principalmente por la avidez del ya triunfante capitalismo mercantil, que había establecido desde 1447 el patrón oro internacional y cuyos banqueros, así los pontificios como los Judios, buscaban ansiosos aquel amonedable y omnipotente metal por medio de Colón, Vespucio y otros audaces que exploraban por
todos los mares.
Aquel conflicto indiano estaba precisa y fundamentalmente en el contraste irreductible entre la cultura económica y social del conquistado y la del conquistador.
Según escribe Las Casas en su Apologética, los indios "no quieren tener ni poseer más de cuanto tengan para pasar y sustentar la vida lo necesario; y esto en ellos no es vituperable ni por defecto de razón, sino fuere según el Juicio corrupto de los hombres mundanos, pues doctrina de Jesucristo no tesaurizar ni ser solicitos los hombres sobre lo supérfluo, antes nos manda dar a otros lo que nos sobrare, como parece por San Mateo y San Lucas cap. 6to. y 11no. (1) Apologética, p. 121.

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En cambio, los cristianos tenían la codicia por primum movens de su aventura indiana. No fue sólo Las Casas quien lo diJo. El regente cardenal Francisco Ximenez de Cisneros y Adriano de Utrecht, el embajador del rey Carlos I, en una carta al P. General de los Jerónimos, datada el 8 de Julio de 1516, le declían: "ninguna persona se ha enviado hasta ahora a las dichas Indias en quien no haya reinado la codicia más de lo que fuera de razón".
"Már de lo que fuera de razón". Es decir, cuando la codicia se hace vicio, degenera y embrutece a los mortales, en esos a quienes el P. Las Casas llama
"los hombres insensibles a quienes la codicia y la ambición han disminuido su condición humana". Pero no era solo una conducta de virtus post nummos, a que ya aludía Horacio,
contra un régimen austero de sobriedad virtuosa, del lado de los indios. Fué un conflicto de éticas, pero más lo fue de economías.
El eje de la cuestión no estaba precisamente entre virtudes y vicios sino más bien entre dos socio-economías opuestas e inajustables.
He ahí los dos polos: en pasar, sustentarse y no tesaurizar vivian los indios, sin codicia; en hacer tesoro, enriquecerse y sobrepasar se desvivían sus conquistadores, "codiciosos más de lo que fuera de razón".
Hoy sabemos que el conquistador se movía por el espiritu competidor y acumulativo de oro y dinero, como un ferviente y fanatizado neófito del capitalismo, mientras el indio no comprendía sino su economía natural, colectivista, de recolección y consumo. Para que los indios pudieran "vivir con policía", que era entonces como decir "civilizados", habia que "acodiciarlos". Así diJo Las Casas, con palabra precisa e isustituible, en una de sus más penetrantes observaciones acerca de la transculturación de indios a castellanos; y lo ratificaron otros, como los frailes Jerónimos enviados de Cisneros, quienes
al interrogar a los pobladores de la Española oyeron repetidamente que en el complejo cultural de los indígenas la carencia de tal resorte económico era lo más decisivo: "no tenían sentido de los valores de las cosas", decía uno: "no sabían guardar", notaba otro: "a veces dan por nada", declaraba un tercero, y así observaban otro[s] (sic). Muchos años después el Jurisconsulto P. Solórzano escribiría lo mismo: "tienen poca codicia". Y no cabe duda que "acodiciarlos" es aún lo más importante para la transición de las culturas primitivas a las más "adelantadas", sobre todo a la cultura "occidental".

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No "acodiciarlas", como se ha hecho y hace, con baratijas, relumbrones, utensilios, armas, alcoholes ardientes y otros dispendios vicios y satisfacciones marginales; porque entonces pasan a "tener policía", a estar dominadas y perdidas, como aconteció a los ingenuos aborigenes de las Indias Occidentales. [tachado: El problema sigue vigente como en esencia lo vio Las casas; acaso sea el de "acodiciar" a las gentes pero "en lo que fuere de razón"; es decir, en racionalizar la vida en sus móviles, sus medios, sus relaciones y sus fines.]
Las Casas [tachado: no era comunista,] aceptaba que a los indios para "civilizarlos" como los castellanos, había que "acodiciarlos"; pero en sus doctrinas y remedios no pensaba que hubiese que individualizarles su codicia hasta los excesos propios de su época y de su gente, ni que había que descolectivizarlos totalmente, sino que la codicia, recomendable en lo que significaba de resorte humano así en lo personal como en lo social, tenia que ser racionalizada o "puesta en razón". Economía a la tomista
:acodiciar para lo vital, necesario y útil, pero no tesaurizar, que es el acodiciamiento [parece decir "acumulativo"] e insocial de lo superfluo, de lo que no debe ser retenido sino pasado "a los demás", es decir, a la colectivización. El problema económico sigue vigente como en su estructura distributiva lo vio Las Casas: "Acodiciar" a las gentes pero "en lo que fuere de razón"; es decir, racionalizar la vida, en sus móviles, sus medios, sus relaciones y sus fines.
Bien podían comprender los españoles de entonces esos contrastes socio-económicos existentes entre ellos y los indios. Del espíritu que imperaba en la vida económica de su propia España decía Juan Luis Vives:
"Por el dinero, el padre reniega del hijo; el hijo, del padre; el marido, de la mujer; la mujer, del marido. No hay prenda de caridad, no hay nombre alguno de benevolencia que no lo separare, que no lo rompa, que no lo descuaje este orin infecto de la tierra, en que el dinero marca su cuño. Quien tiene vasallos, los desJuga, los sorbe y, cuando puede, los traga. El propietario de un campo exprime y veja a su colono, el colono agota al aldeano; el mercader se a quien fuere, como la sanguijuela, y no deja la piel hasta que regüelda sangre, como dice el poeta. Y aun el mismo, para llenarse, no solamente come y devora, sino que expulsa al otro de las hierbas y de los pastos comunes, como el caballo Joven y robusto al caballo viejo y achacoso."
Y ya copiamos lo que Vives decía de la usura y de como en su mundo europeo "el dinero paria dinero".

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Ni tenian los conquistadores por qué sorprenderse mucho de esa economía colectivista de los indios que aseguraba paz y satisfacciones suficientes sin irracionales codicias, porque en aquéllos tiempos en que nacía el imperio español tuvo España en su propia peninsula ciertos núcleos de población con instituciones colectivistas,
[tachado: Los inmigrados pobladores de Indias podían alegar que todas esas formas políticas que pedían para el Nuevo Mundo aun tenían vigencia en la Peninsula. Si bien allí se estaba desvaneciendo la servidumbre rústica al caer el feudalismo y despoblarse el agro para acudir a las guerras, a las Indias y a las ciudades enriquecidas por el oro indiano; se revigorizaba la esclavitud personal, sobre todo la de negros africanos, para repoblar los campos y sostener los boatos; se acrecentaba el salariado a medida que se fortalecía el poder regio y se acentuaba la desintegración social, con la tipica vida picaresca. Hasta ciertas organizaciones indígenas comunales, que hace siglos se proponían como autónomas o conexas con el régimen conquistador, tenían también sus análogas en la España de aquellos tiempos], sostenidas por fueros y costumbres seculares. [tachado: y por esa "singular florescencia", recordada por Altamira en su Historia de España]
[Esta ficha tiene un problema de redacción que el autor no llegó a resolver, por eso copiamos el texto integro]
y de la civilización española,"que durante los siglos XVI y XVII tuvieron en España las ideas contrarias a la propiedad individual, es decir [,] al principio romanista. Representantes de ellas fueron, bajo diferentes formas y con más o menos radicalismo, Fr. Alonso de Castrillo, comunista; Luis Vives, que en uno de sus escritos (1526) aboga por la igualdad en el goce de los bienes naturales y por una nueva distribución de ellos; el Jesuita P. Mariana, que proclama la ilicitud de la propiedad individual y pide la intervención del Estado en la distribución de la riqueza natural y en otros particulares de la vida económica; Pedro de Valencia, que pide la reducción de los bienes particulares de modo que todos tengan un pedazo de tierra; Polo de Ondegardo, el P. Acosta y Murcia de la Llana, que recomienda la adopción en España del colectivismo inca, y otros que proclaman ideas
tendentes a desviar la dirección de las instituciones en un sentido anti-individualista y anti-capitalista, que era ya el dominante en la legislación general y en la vida de los grupos importantes de población". Algunas de esas instituciones comunitarias peninsulares llegaron al menos hasta 1898 cuando murió el imperio español.
Algunas de las ideas de esos reformadores evocaban directamente las instituciones indoamericanas, otras reflejaban esas del derecho consuetudinario en ciertas poblaciones

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españolas [tachado:casi pudieran decirse con metáfora:cacicazgos o tribus de los Cibaos españolas(sic)] Las Casas en algunos de los remedios de su Relación del 1516? (la frase interrumpe y al final hay un signo de interrogación.)
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La llegada de Cristóbal Colón fue la irrupción del capitalismo en América[,] la economía agresiva,individualista y de privilegio,la acumulativa,usuraria y adineradora[,] contra la defensiva colectivista y equiponderada,la consumidora,usuraria y distributiva.
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Sucedió lo que fatalmente tenía que suceder.
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No se podía transplantar a las Indias el sistema económico-politico de Castilla;ni era posible mantener el indigena[,] Había que crear uno nuevo;
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pero la instauración de un novel sistema económico-social se quiso hacer de repente y,aprisa,improvisadamente,sin preparación,sin plan,sin organización adecuada,sin capataces ni técnicos preparados,sin capitales suficientes,sin banqueros que financiaran la novisima,grande y compleja empresa.
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Los indios no se sometieron buenamente al exótico régimen social que los españoles quisieron imponerles y fatalmente sobrevino la guerra,guerra "totalitaria",politica,étnica,religiosa,politica(sic),economica y social.Los indios la perdieron;mejor dicho,la perdieron todos.
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En aquel súbito y violento impacto de sus antagónicas culturas,fracasaron así los conquistadores como los conquistados;no pudieron ajustar sus estructuras económicas ni combinar sus engranajes sociales y ocurrió "la destrucción de las Indias",que a todos asombró.Donde los indios vivian en selvatiquez España no tuvo victoria;se adueño de las tierras,pero se le fueron los indigenas a otro inconquistable mundo,y para explotarlas tuvo que repoblar.
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El espiritu impulsor de la conquista,el de la codicia atesoradora,desde sus inicios,antes de que hubiera bulas papales de donación,antes de verificarse el descubrimiento mismo,estuvo representado en el oro como fin y en la fuerza como medio.
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Cuando Colón sale de Castilla sus carabelas se mueven al soplo de la codicia que sopla de todos los cuadrantes.Va en busca de negocio,pero también en aventura de conquista y avasallamiento de gentes,como ya se hacían esas cosas por los portugueses en las islas del océano y en las tierras firmes de Africa.

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En las capitulaciones, firmadas en Santa Fe el 17 de Abril de 1492, los Reyes Católicos pactaron con Cristóbal Colón lo que sigue: "Primeramente, que sus Altezas, como señores de los mares Oceanos, hazen desde ahora á don Christoval(sic) Colón su almirante, en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano é industria se descubrieran ó ganaran en las dichas mares Oceanas, para durante su vida y después de muerto á sus herederos y sucesores de uno en otro perpetuamente, con todas aquellas preeminencias y prerrogativas pertenecientes á tal oficio, y según que don Alonso Enriquez, Almirante mayor de Castilla, y los otros predecesores en el dicho oficio lo tenían en sus destritos. Otrosi, que sus Altezas hazen al dicho don Cristoval su Visorrey y Governador general en todas las islas y tierras firmes que (como dicho
es) él descubriere ó ganare en las dichas mares, y que, para el regimiento de cada una, ó cualquier de ellas, haga elección de tres personas para cada oficio, y que sus Altezas tomen y escojan uno, el que más fuere su servicio, y así serán mejor regidas las tierras que nuestro Señor le dejara hallar ó ganar á servicio de sus Altezas".
En tales capitulaciones ya los Reyes Católicos se declaran nada menos que "señores de los mares océanos" y le conceden a Colón prerrogativas perpetuamente hereditarias de Almirante y de Visorrey de Gobierno General "en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano e industria se descubrieran y ganaren" y hasta disponen la forma de gobierno de tales islas y tierras cuando fueren ganadas.
Colón zarpa el 3 de agosto de 1492 de Palos de Moguer con las credenciales de un conquistador potencial de islas y tierras firmes. Con solo ganarlas será su virrey, gobierno y almirante de su mar, y sin necesidad de ratificaciones pontificias. Y vino armado, como era suficiente para las correrias entonces usuales por las costas africanas.
Cristóbal Colón no tiene en ello vacilaciones; sabe que viene a ganar islas y tierras. El mismo día del descubrimiento, el 12 de octubre de 1492, sin tratos ni guerras, por su autárquica voluntad.
"tomó posesión" de la isla de Guanahani a nombre de los Reyes Católicos, ante el escribano Rodrigo de Escobedo quien para dar testimonio iba en la expedición, y la denomino San Salvador, y observa donde se podría hacer una fortaleza. El 16 de octubre Colón toma posesión de la 2a, isla con igual solemnidad y la llama Santa María;] aunque "dice el, no había necesidad de tomar posesión más de en una, porque es visto tomarla en todas" [.] Ya Colón ha "ganado" dos islas y ganará otras sin mas ceremonia.

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Colón en cada puerto coloca una cruz como signo de posesión y señorio. "En señal, dice Colón, que Vuestras Altezas tienen la tierra por suya"
así como los portugueses colocaban por los promontorios y ríos de Africa sendos padrones de piedra esculpida con sus grimas azules, en cruz y cada una con sus cinco dineros de oro en aspa.
También estando en Cuba, después de haber aparecido caprichosamente, a unos indios pacíficos con el propósito de llevárselos a España, escribe que bien pudiera hacerse una fortaleza en Baracoa o Rio de Mares, y dice que
en poco tiempo los reyes podrán haber "cobrado grandes señorios y riquezas y todos sus pueblos de España"; y concluye que "a la España debe de estar sujeto todo".
En Haiti, el 16 de diciembre dice Colón de sus indios que son "la mejor gente del mundo y más mansa" y le escribe a los reyes que "serán todos suyos, que por suyos los tengo". Y poco después añade sin reboso
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Tan desenfadado es en esto Cristóbal Colón que Las Casas cop.
También en Haiti, el 18 de diciembre dice Colón que a los indios "los tiene por cristianos y por los reyes de Castilla más que las mismas gentes de Castilla".
En fin, en la isla España edifica la primera fortaleza titulándola Navidad y da comienzo a las conquistas de Europa en tierra y pueblos de América.
Este propósito de conquista y avasallamiento de pueblos será después beatificado y protegido por el papa y discutido y regulado con solemnidades, fórmulas y teorías teológicas y Jurídicas, nacidas para defensa contra los enemigos de España, rivales en codicias y envidiosos de glorias, pero no abandonará a los invasores del Nuevo Mundo.
Apenas realizado el descubrimiento y establecida la factoria de la Natividad, los reyes acometen la ocupación de las nuevas Indias, que dan por ganadas y ordenan en cuanto a su futura organización inspirándose especialmente [en] la que estaba en vigor en los pueblos realengos de Castilla. Así vemos que en las instrucciones de 1493 que dieron a Cristóbal Colón, se manda que "el Almirante do poblare nombre Alcalde é Alguaciles que
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Colón en cada puerto coloca una cruz como signo de posesión y señorio. "En señal, dice Colón, que Vuestras Altezas tienen la tierra por suya"
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asi como los portugueses colocaban por los promontorios y ríos de Africa sendos padrones de piedra esculpida con sus grimas azules, en cruz y cada una con sus cinco dineros de oro en aspa.
55[g]

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administren Justicia, e el oiga las apelaciones y primeras instancias, según viere que cumple". Colón ya actúa como conquistador logrado; viene de virrey y gobernador por los Reyes Católicos, que ya se erigen a sí mismos en "sefores de las islas y tierras firmes del mar oceano". Conoce su poderio y la flaqueza de los indígenas y no se preocupa de reconocimientos, pleitesias ni tratados.
55[n]
Pero Colón, como sus maestros los portugueses, era sobre todo un negociante, un promotor mercantil. Por eso en las capitulaciones de 1492 hay cláusulas que articulan un contrato de compañía. Dice así:
55[p]
que de todas y qualesquier mercaderias, siquiera sean perlas, piedras preciosas, oro, plata, especerias o otras cualesquier cosas o mercaderias, de cualquier especie, nombre o manera que sean, que se comprasen, trocasen, fallasen, ganasen o ouiessen, dentro de los limites del dicho almirantazgo, que dende ahora sus Altezas hazen merced al dicho don Christoval, y quieren que aya y leue para si la décima parte de todo ello; quitadas las costas que se hizieren ello: por manera
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que de lo quedare limpio y libre, aya y tome la décima parte para si mismo y faga de ella a toda su voluntad, quedando las otras nueve partes para sus Altezas". Por esta cláusula, Colón como gerente de la expedición tendrá el diez por ciento del beneficio liquido. Además se le concede un muy importante y perpetuo privilegio para el comercio ulterior con las islas y tierras firmes que ganase, el de que en
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"todos los navios que se armaren para el dicho trato y negociación, cada y quando y cuantas veces se armaren, pueda el dicho don Christoval Colon, si quisiere contribuyr en pagar la octava parte de todo lo que se gastare en el armazón, y que también aya y lleve del prouecho la octaua parte de lo que resultare de la tal armada". Por estas capitulaciones, sólo en lo mercantil ya Colón llevaría de provecho el 10 por 100, sin arriesgar un maravedi de su peculio, y el derecho de ir a la octava parte de gastos y ganancias en toda ulterior expedición de armada.
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Marcel Brion, nada sospechoso en tal sentido, piensa que "Los primeros navegantes que descubrieron a América no pensaban el oro. Buscaban una nueva ruta para el comercio de las especies de las Indias. Pero las Joyas que recibieron en homenaje cuando, creyendo haber llegado a las Indias o a China, desembarcaron el Nuevo Mundo, las que descubrieron en las tumbas, los tesoros que encontraron en los templos y en los palacios, todas esas riquezas inesperadas y repartidas en profusión transformaron absolutamente la orientación de la Conquista". (1) Mas no fue así.
(1) Marcel Brion: Bartolomé de las Casas, padre de los indios. - Buenos Aires, p. 35.

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Cierto es que los descubridores pensaron, si, en una nueva ruta para las Indias; pero ello fue porque en ella estaba el trato de las especies y del oro.
Colón escribió en su obra "Las Profecias: "Mi objeto era buscar el Levante por el Poniente", según las inspiraciones de Paulo del Pozzo Toscanelli, "Pasar a donde nacen las especies y a la fuente del oro, navegando al Occidente".
Ya en esas capitulaciones se mencionan las mercaderías preciosas que Justifican la atrevida expedición, y entre ellas está el oro.
En los años que siguieron al descubrimiento de América, los europeos buscarán (sic) todas esas mercancías y para haberlas forzaran a los indigenas: perlas, especias, oro y plata, pero el oro merecerá su preferencia.
Si se olvida el oro, no se explican el descubrimiento, ni la conquista, ni todo lo que vino después al Nuevo Mundo. Las Indias fueron de veras el país de El Dorado, no un mitico personaje de oro que no pudo ser localizado, que estaba en todas partes. El oro fue el rey de las Indias y la plata fue como su mujer, como una reina blanqueada. Oro y plata fueron durante siglos verdaderos reyes Católicos convenientes en las Indias "Tanto monta" el oro en las islas y la plata en el continente.
El oro fue el primum movens de la empresa de Cristóbal Colón y Cia [tachado: y fue el secreto de su éxito y de sus desgracias]. La conquista se acuñó en áurea moneda. Los reyes y el papa le dieron su cara y su cruz, pero los banqueros la acordonaron en su tórculos y la hicieron rodar a beneficio del capitalismo mercantil de Europa.
Al oro se entregaron enseguida los recién llegados del continente blanco por lo muy hacedero que en los comienzos les fue conseguirlo por simples rescates con baratijas o por nuevo abuso y saqueo; pero sobretodo por la significación que como supremo signo de riqueza tenía entonces el oro en la Europa Occidental a que pertenecían los conquistadores y sus coparticipes en la empresa.
En el siglo XV a medida que iba debilitándose el feudalismo y fortalecióndose las monarquías iba menquando la anarquia monetaria, que fue muy común en la Edad Media, cuando los pequeños reinos y los señores feudales emitían su propia moneda y hasta cliertas villas privilegiadas por sus fueros tenían derecho a acuñar sus monedas toreras, lo cual ocasionaba una gran inestabilidad del valor de las monedas, con graves

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dificultades para el comercio. Por otro lado, el robustecimiento de los intereses económicos de la iglesia que en todos los países cristianos tenía una organización de recaudadores de sus diezmos, primicias y demás pingües rentas eclesiásticas, fue estableciendo, a medida que se fortalecían el sistema financiero del papado, una
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estructura bancaria internacional de base católica que competia con la banca judía, antes única beneficiaria del comercio internacional. El predominio que en el siglo XV ganara (sic) los banqueros italianos que eran los del papado, hizo posible la reorganización monetaria. En los tiempos de Colón ya se había impuesto la estabilidad monetaria, con el patrón oro
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como única medida estable que facilitara internacionalmente el negocio bancario de cambiadores y prestamistas. Quien tenía el oro tenía en sus manos la moneda madre, el crédito, la usura, el capital, la riqueza y el poder.
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A iniciativa del banquero Benedetto Centurione, de la familia de los Centurione[,] grandes banqueros genoveses, el año 1447 se estableció el patrón oro en la moneda para impedir en lo sucesivo las graves crisis en los cambios, y el florin se estabilizó tomando como base el florin de oro de 44 sueldos. Logrado ese acuerdo, los Centurioni se afanan por buscar oro. Al Sudan enviaron a un agente suyo llamado Antonio Malfante para explotar los yacimientos auriferos.
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y, obligados por la enemiga de los turcos, se van extendiendo por las naciones del Occidente. En 1447, los Centurioni se establecen Mallorca, luego en Lisboa, Brujas, Amberes, y Ruan; más tarde en las islas de Africa. Su negocio principal es la banca, está en el oro, pero también en las especies y el azúcar. El genoves Cristóforo Colombo trabaja para los Centurioni.
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En 1478 Cristóbal Colón va a la isla Madera, de los portugueses a comprar y cargar azúcar para la casa de los Centurioni, en Génova, y por el fracaso de la operación comercial se le ve luego en el gran puerto Ligur, defendiéndose en un pleito.
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Cuando Colón descubre las Indias ya ha viajado por todos los mares entonces conocidos por los marinos y mercaderes mediterráneos. Había estado en Tulé; pero, lo que es más importante en las islas azucareras de Portugal y en su factoria africana de San Jorge de la Mina, de donde sacaban esclavos y oro.
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En el financiamiento de la primera empresa colombina algunos hacen intervenir no solo a Luis Santangel y a Pinelo, funcionarios reales, sino a varios mercaderes italianos como los

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genoveses Doria, Catana, Riberol, Di Negro, Oria, Spinola, y el banquero florentino De Juanoto Berardi, del cual consta el crédito por la cantidad de ciento ochenta mil maravedies, y el nombramiento de Jerónimo Rufaldi y Amerigo Vespuchi, como albaceas que debían efectuar su cobro (1) "Autógrafos de Cristobal Colón y Papeles de América" Pao.7.
Los banqueros italianos y sus agentes seguirán en contacto con el descubridor del Nuevo Mundo. El nombre de un Luigi Centurione figura en su testamento, y los banqueros católicos, así los genoveses como luego los alemanes, seguirán financiando las aventuras de las conquistas, aún cuando con la astuta y pertinaz competencia de los mercaderes Judios, observantes o conversos, que desde los primeros viajes de Colón ya están en las Indias.
Apenas Colón llega a estas islas cisatlánticas, día tras día ensarta las noticias de sus descubrimientos con el hilo del oro que los inspira. Habla de la belleza de las islas, cada una es "la tierra más fermosa"; trata con insuperable elogio de sus puertos marítimos, de sus árboles y frutas[,] de sus animales y de sus gentes que califica de edénicas; pero es el oro lo que más le interesa; el rastro del oro desde la Joyuela hasta la mina.
Según el diario de Colón, en su día 13 de octubre [de] 1492, ya en la isla de Guanahani, la primera de las descubiertas aparecen el oro y su tentación.
Allí Colón ve que los nativos "traían en las narices unos pedacitos de oro"; y entendiendo que hacía el sur habla un rey con mucho oro "acordó el almirante ir allá en busca de oro y piedras preciosas". El perspicaz historiador que es Bartolomé de las Casas se da cuenta de la trascendente significación de este episodio. Ya estaba ahí el demonio del oro que arrastró a los españoles. Las Casas anticipa lo que va a ocurrir por causa del oro y explica como Colón, sintiéndose en la corte "hombre desfavorecido y extranJero"
"el almirante se dio mas priesa de la que debiera en procurar que los reyes tuviesen antes de tiempo y de sazón rentas y provechos reales". Colón, dice[,] no previo lo que iba a suceder por causa del maldito oro."Ignorando también lo que no debiera ignorar concerniente al derecho divino y natural, y recto Juicio de raza, introdujo y comenzó a asentar tales principios y sembró tales simientes que se originó y creció dellas tan mortifera y pestilente hierba, y que produjo de si tan profundas raices,
que ha sido bastante a destruir y asolar todas estas Indias, sin que poder humano haya bastado a tan sumos e irreparables daños impedir o ataJar" (Lib. I Cap. LXI)

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El día 16 está en la segunda isla descubierta, la Santa María. Los indios de Guanahani le habían dicho que en esa isla había mucho oro y que la gente della(sic) traía manillas en los brazos y piernas, de oro, aunque él no lo creía, sino que lo declían por huirse, como algunos dellos hicieron. Ya los indigenas habían advertido la fiebre de oro en los barbudos advenedizos. "Como vieron los indios que tanto se les preguntaba por oro, entendieron que los cristianos hacían dello mucha estima, y por esto respondían con su deseo". Pero Colón "desque vido que no habia oro se tornó a los navios".
Allí le dicen que en otra isla, la por el llamada Fernandina, hallaria manillas y axorcas de oro y creyó que allí habría la mina donde se cerraba(?) y cogía el oro; por lo cual fue para ella el día 17. En esta tercera isla hallaron "un indio que tenía en la nariz un pedazo de oro, como la mitad de un castellano, y parecióles que tenía una letra y dudo el Almirante si era moneda y riño[...] porque no se lo rescataron".
El día 19 Colón llega a su cuarta isla, la Saometo, que denomino la Isabela, donde según el entendió, residía "el rey della que andaba vestido de mucho oro". En su diario dice que no se propone explorar isla por isla, pero que "si hallaba oro o especiería en cantidad se detendría cuanto bastare para llevar a los reyes todo lo que pudiere". El Almirante tenía voluntad de rodear la isla en busca del rey "para probar si podía haber del oro que oía que traía o tenía". El 22 [de] octubre estuvo aguardando si el rey o otras personas traerían el oro, algunos oro en las narices, el cual daban de buena voluntad por un cascabel de los de pie de gavilán.
Al siguiente día Colón se fue de la Isabela "porque le pareció que allí no debía de haber mina de oro"; y ansiaba llegar a la isla de Cuba donde "creyó hallar en ella grandísima suma de oro y plata y perlas y especiería" pues penso que esa sería la isla Cipango que le señalaba Toscanelli, basado en cuyas cartas "muchas veces hace mencion el libro de su primera navegación el Almirante del oro y de especierias que creía hallar".
El día 28 [de] Octubre esta en Cuba que llamó Juana, por el principe D. Juán[,] en la cual los indios le daban a "entender que en ella habia minas de oro".
(...) "viendo los indios que tanto y tantas veces los cristianos nombraban el oro y piaban por oro, señalabanles la provincia de Cubanacán donde hallarian las minas de oro que deseaban".
(...) "estaba el Almirante atentísimo si via en alguno de aquellos hombres algún oro, y no lo vido, pero dice que vido traer a uno de ellos un pedazo de plata labrada colgada de las

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narices, de donde coligio haber plata en aquella tierra o isla". Pero no la hubo. Como dice Las Casas.
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"los indios no curaban de los metales generalmente", "si algún oro tenían era poco, y el que acaso hallaban en los ríos, porque el oro es más facil de hallar y sacar, por estar comúnmente más somero y menos hondas las minas del que las de la plata".
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El día Iro. [de] Noviembre el Almirante mandó que a los indios no se les rescatara cosa alguna "porque supiesen diz que no busca el Almirante sino oro, a quien ellos llaman nucay". ¡No busca sino oro! ¡Nukai! Las Casas cree que no debía ser así como dice Colón pues en la isla Española le llamaban caona y según el en "todas estas islas hablasen una lengua".
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Parécenos que nukai quería decir "pais de oro", como Maisi, "tierra de maiz" y que caona pudiera ser "mucho oro u oro grande", aumentativo de NUKA-ONA, como de sao (llanura) se deriva saona o "llanura grande" de que los españoles dijeron sabana. Por otro lado lo cierto es que en la Española se usaban varios lenguajes y no uno solo como el de todas las islas.
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De todos modos, ello revela el interés de Colón por el oro, del cual registra hasta su nombre indio.
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El 4 de noviembre Colón les mostró oro a unos indios cubanos y le "respondieron ciertos viejos que en lugar(sic) que llamaron Bohio habia infinito y que lo traían al cuello y a las orejas y en los brazos y piernas, y también perlas".
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El día 12 Colón escribe en su diario: "sin duda es en estas tierras grandísima suma de oro, que no sin causa dicen estos indios que yo traigo, que ha en estas Indias lugares adonde cavan el oro, y lo traen al pescuezo, a las orejas y a los brazos e a las piernas, y son manillas muy gruesas, y también piedras, y hay perlas preciosas".
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Va en crescendo entre los expedicionarios de Castilla sinfonia del oro.
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En la noche del 21 de noviembre Martin Alonso le hizo la grisqueta a Colón, se le separó en la carabela Pinta hacia el sur, islas de más calor, del cual argüla Colón que debía de haber mucho oro. Un indio le ofreció llevarlo a una isla donde hubiese mucho oro y quiso tomarle la delantera al Almirante. "Fue cudicioso para se apartar del pensando de hinchir el navio de oro".

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Por fin Colón abandona la isla de Cuba en busca de Bohio "donde la gente della diz que cogia el oro de noche con candelas en la playa y después con martillo hacían vergas dello". Lo cual comenta Casas diciendo que "los indios o les mentian y querian alejarles de su tierra o el Almirante no los entendía". Por eso y por el frío que ya experimentaba al ir hacia Poniente, toma rumbo a Bohio o Babeque, o sea a Levante
y se aleja de la punta de Maisi el Almirante, "teniendo siempre los pensamientos y deseos en hallar tierras ricas de oro, por dar placer a los reyes y cumplir a lo que se habia ofrecido".
Al arribar a la isla de Haity que el llamó Española Colón intensifica día su pesquisa de oro.
El 13 de Diciembre Colón anota que en el puerto donde esté "no ha visto oro". El día 16 observa que varios indios llevaban "granos de oro finisimo a las orejas y las narices, todo lo cual daban liberalmente". Al Joven rey de los indios uno de los intérpretes del Almirante le dijo "cómo venian los cristianos del cielo y que andaban en busca de oro"; a lo cual comenta Las Casas "harto improporcionable cosa es venir del cielo y andar buscando oro". Le dicen los cristianos al caciquerían ir a Babeque (sic) y él les señala el rumbo y les dice que "en la dicha isla lo habia mucho".
"El Almirante, dice Las Casas, en estos días que andaba por aquí descubriendo, no creía que en esta isla Española, ni en la Tortuga hobiese minas de oro, sino que lo traían de Baneque aquello poco que por alli habia, y que no le traían los de Baneque más, porque no tenían que dar por ello, aunque bien pensaba que estaba cerca de la fuente, conviene a saber, de donde nacía el oro, que eran las minas, y que esperaba en Dios que le habia de mostrar las dichas minas". (1) Las Casas: Historia. Tomo I.- p.265
El 17 de Diciembre "rescataron pedazos de oro labrado en hoja delgada". Vieron "un indio con un pedazo tan grande como la mano de aquella hoja de oro", el cual hizo muchos trocitos para así rescatarlo. Todo ello con grande alegría del Almirante. A este el rey le dice que en la isla de Tortuga había mucho oro, pero Colón no va a ella. El entonces "pensaba que estaba cerca de la fuente o sea de donde nacía el oro que eran las minas y esperaba en Dios que se las habia de mostrar".
El día 18 el reyezuelo le da a Colón "dos pedazos de oro labrado, que era muy delgado"; dice éste que poco más se rescató ese día. Pero añade que por un viejo supo de "islas comarcanas en las cuales nacía mucho oro y que lo fundían y hacían Joyas", por lo cual "determino ir alla". El 22 de diciembre llega al cacicazgo del rey Guacanagari quien le envía como regalo "un

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cinto que en lugar de bolsa traía una carátula, que tenía dos orejas grandes de oro de martillo, y la lengua y la nariz". Cinto preciso(sic) "de pedrería muy menuda, como de alJofar, hecho de huesos de pescado". En este cacicazgo Colón recibe nuevas de que
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en la Española habla gran cantidad de oro y que a ella lo venian a comprar de otras partes. Rescató en tres días buenos pedazos de oro, y conmovido ante el logro del oro, escribe: "Nuestro Señor, que tiene en sus manos todas las cosas, vea de me remediar y dar como fuese su servicio".
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En la noche de Navidad a Colón se le hunde la nao; pero se consuela al día siguiente por la visita de Guacanagari que todo lo puso en buen recaudo, por los indios que le truecan 25 castellanos o pesos de oro por un simple cascabel, y trozos de oro tan grandes como la mano, por las noticias del mucho oro del Cibao y del oro bajo que llamaban guanín. De Guacanagari obtuvo Colón otra carátula con grandes pedazos de oro a las orejas, los ojos y otras partes, y además nuevas Joyas de oro. Al fin, ahí estaba el oro! Para Colón, al encallar y perderse la nao en la restinga, ya no lo tuvo "por desastre sino por grande ventura".
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Colón decide regresar a Castilla, ya conocía "las mercedes que Dios le habia hecho en depararle tantas y tan felices tierras, tales y tantas gentes y aquella grande muestra de oro, lo cual parece prometer, sin duda, inestimables riquezas y tesoros (...) como el aquí dice ya el negocio parecia grande y de gran Tomo" (?)
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Colón determina entonces fundar la factoria de la Navidad por varias razones, siendo éstas, según dice, las principales: por haber hallado en la tierra muestra tan grande y tan rica de haber en ella mucha cantidad de oro y con prosperidad poder en ella hacer grandes poblaciones de españoles; para que investigaran los secretos de la tierra y las minas de oro y metales otros y especieria y para que los de Castilla no tuvieran miedo a los peligros de la mar "aunque esto no era mucho necesario, porque con decir que había oro y tanto oro, aun al cabo del mundo no temieran los de España irlo a buscar".
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Entre las instrucciones que deJa a los 39 españoles de la Navidad, les recomienda que rescaten todo el oro que puedan "buena y discretamente".
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Colón decide "hacer una torre y fortaleza"... no porque las crea necesarias, dada la mansedumbre de los indígenas, sino "porque con temor y amor le obedezcan (...)" Espera en Dios que a la vuelta que entendía hacer de Castilla, habría de hallar un tonel de oro que habrian rescatado los que alli entendía dejar y que habrian descubierto la mina de oro y la especieria;

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aquello en tanta cantidad que los reyes antes de tres años
emprendiesen y aderezasen para ir a conquistar la Cesi
Santa(?)
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Una torre de fortaleza, la conquista; un tonel de oro, la
codicia. Colón fundó la Navidad en la Española como los
portugueses San Jorge de la Mina en la Grimea.
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No termina ahí la obsesión del oro. Colón sigue inquiriendo
lugares donde hallar ese metal y apuntando tantos nombres "que
era diz que gran maravilla". El 28 de diciembre Guacanagari le
envía otra carátula de oro, "rogandole que le envie un bacin de
aguamanos" para mandar a hacer otro a semejanza de aquel, de
oro". El día 29, apoteosis. Colón es visitado por varios caciques
"todos con sus coronas de oro en las cabezas" y en una
ceremonia ritual, sentado él en un dujo sobre un estrado de
vaguas, recibió de manos del rey Guanagari(sic) su corona de
oro, quien se la puso en sus sienes, y de cada uno de los otros
cinco magnates sendas plastas de oro, no fundidas sino de granos
majados entre dos piedras.
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El 2 de enero Colón se despide Guacanagari. En esa ocasión le
dicen que éste "había enviado ciertas canoas a traer mucho oro
para darle, y que había mandado hacer una estatua de oro puro
tan grande como el Almirante mismo y que desde a diez días la
habrán de traer"
[A partir de aquí las fichas no están numeradas]
"todo eso no era desabrido al Almirante ni a los cristianos que
le oían".
Pero Colón ya no puede detenerse. Teme que Martin Alonso
Pinzón, quien se le ha separado con su carabela Pinta, haya
tomado el rumbo de España y se presente a los reyes como "el
descubridor". Y el día 4 de enero de 1493 zarpa Colón para
Castilla. Aun en su tornaviaje le seguirá deslumbrando el oro. El
día siguiente encuentra a Pinzon, que llevaba rescatado mucho
oro. Colón fondea en el puerto de Monte-Christi y en su río
Yaqui dice haber hallado a la boca "toda la arena llena de
oro", y "muchos granos de oro como lentejas". Cuando los
marineros río arriba recogieron agua "hallaban metidos por los
aros de las pipas y barriles granitos de oro", y lo denominaron
Rio de Oro.
Aqui los indios le nombran por primera vez los yacimientos de
oro del Cibao, cuyo cacique, dicen, "trae banderas de oro". Son las
sierras del "Cibao, donde habia y hay hoy las riquezas de oro
del mundo", según diJo Las Casas.
El 12 de enero, Colón echá anclas en una gran bahia habitada por
indios ciguavos. Pregutándoles por el oro, averigua que aquí al
oro se le dice Inob y no caona, ni nozan; pero allí no rescata
oro y los tratos terminan de mala manera, el día 13 de enero de
1493, con un combate entre 7 cristianos y más de 50 indígenas en

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que salen descalabrados indios por los españoles "que pocos desean ser martires", según Las Casas. "Y esta fue la primera pelea que hobo en todas las indias". Al siguiente día se restablece la paz, y como prenda y seguro de ella los indios entregan a Colón unas "cuentas de cierta especie de piedra" y después una corona de oro. El descubridor retorna a dar cuenta de su afortunada empresa.
El oro de Indias llegó a la cristiandad. El 4 de marzo de 1493 entró Colón de regreso en el río Tajo y le rogó al rey de Portugal que le permitiese anclar su carabela en Lisboa "porque algunos, hombres de mal vivir, pensando que traía mucho oro, estando en puerto despoblado, no se atreviesen a hacerle alguna fuerza y agravio". El oro Barros, el historiador portugués (Dec. I. Lib. III Cap. II) reseña el arrribo de Colón a Lisboa, consignando que este decía "que venha de l'isla cypango e trazi mucho ouro".
A mediados del mes de abril Colón llegó a Barcelona, con sus indios y sus papagayos, sus gnayzas (?) y su oro para los Reyes Católicos. Impresionante fue sin duda, "sacando la gran muestra de oro en piezas labradas, aunque no muy polidas, y muchos granos gruesos y menudos por fundir, como se sacaban de la tierra, que traía, y certificando la infinidad que se mostraba en aquellas tierras haber, y confianza que tenía que en sus tesoros reales se había de reponer, como si ya debajo de sus llaves lo dejara cogido".
Apenas se supo el descubrimiento de Colón, se renovaron los recelos entre los reyes de Portugal y de Castilla y estos, para ampararse, pideron a su paisano y amigo, el papa Rodrigo Borgia, conocido por Alejandro VI, que les reconociera el privilegio de la conquista y explotación no solo de las islas y tierras firmes descubiertas por sus expedicionarios[,] sino de aquellas que en su nombre se descubriesen lo venidero por aquella parte del Oceano. Y así se los concedio el Sumo Pontifice en una "plumbea bula" a la que se le puso la apócrifa y retroactiva data de 4 de mayo de 1493, por lo cual trazó aquél una raya imaginaria de polo a cien leguas al Poniente de las islas Azores y de Cabo Verde, que dividía este orbe en dos hemisferios.
y donó y asignó a los Reyes Católicos y a sus sucesores la "Jurisdicción y autoridad suprema, (...) como emperadores soberanos sobre todos los reyes y reinos de todas estas Indias" que no hubiesen sido poseidas por otro rey cristiano hasta el día de Navidad de 1492.
Además el papa por bula dispone que alli se propague la fé de Cristo y manda, "so pena de excomunion latae sentiae ipso facto incurrenda contra cualquier principe cristiano (...) o otra cualquiera persona de cualquier estado y condición que sea, que a estas dichas Indias, descubiertas y por descubrir viniesen por mercaderias o negociación o por cualquier otra causa que ser pueda, sin especial licencia de los dichos sefores reyes de Castilla o de sus herederos". Es decir, la

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Iglesia legitimaba a favor de Castilla conquista de las Indias y sus gentes y el monopolio mercantil de ellas. Y, claro está, el de su oro.
El primer oro sacado de Indias fue para la Iglesia. Con él se hizo la gran custodia del Corpus Christi para la primada catedral de Toledo, cuyo influente arzobispo, el cardenal Gonzaloz (?) de Mendoza, se dice "el tercer rey de España []; y el valenciano papa Alejandro VI doró lujosamente el artesonado de la basilica de Sancta Maria Maggiore en Roma.
Digasenos después de los minuciosos y precisos datos que anteceden y tomados del diario de Colón, si el oro no fue el principal móvil de su empresa [.]
En vista de dicha bula pontificia los Reyes Católicos en la confirmación que hicieron en Barcelona el 28 de Mayo de 1493 de las mercedes concedidas a Colón declaran rotundamente: "todo lo que es allende la dicha linea al Occidente es nuestro y nos pertenece". Ya tenían así un título de legitima soberania sobre el Nuevo Mundo descubierto y que se descubriera, reconocido por la suprema autoridad religiosa entre los cristianos. iPor el Vicario de Dios! Ahora solo faltaba realizar el efectivo avasallamiento de tantas gentes que, apenas conocidas y aún antes de las conocer, ya por los Reyes Católicos se tenían por legitimamente suyas.
Pero el oro todavía no habia iniciado en las Indias su nefasta influencia. Ahora comenzará su Tragedia. iSantiago y al oro!
El 25 de septiembre de 1493 zarpa Colón de Cádiz en su segundo viaje para las Indias. Lleva consigo en 17 naves 1500 hombres "todos o los más a sueldo de sus Altezas", con armas, bastimentos para alimentarse y mercaderias para los rescates "por oro y otras riquezas que los indios tuviesen". "Fue mucha parte de gente trabajadora del campo para trabajar, arar y cavar, y para sacar oro de las minas (...) y para todo lo que les mandaran". Vinieron copia de hidalgos y criados de la Casa Real, el benedictino P. Buyl, apoderado del papa y taimado diplomático del rey Fernando, y pocos frailes y 3 ó 4 clérigos "porque no se ofrecian (...)
o por la poca diligencia que en buscarlos y persuadirlos se puso (...) o por el poco fervor y celo que a la salud de estas infinitas animas entonces habla en el mundo", pues como dice Las Casas, "al sonido del oro (...) tantos se ofrecieron a venir en aquel viaje".
El 3 de noviembre la armada llegó a las Antillas y de la primera isla donde desembarca y que llamó Marigalante, sin demora toma ante escribano posesión de ella a nombre de los Reyes, como solla hacer en su primer viaje. No era la ocupación de unas islas, despobladas y nullius, como hicieron los portugueses en las islas Madera, Azores y Cabo Verde [,] sino la conquista armada de tierras habitadas por gentes desconocidas en Europa y sin que mediara guerra ni siquiera provocación. El 27 de noviembre surgió en el puerto de la Navidad, en la

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Española. Los indios lo recibieron con regalo de sendas guayzas o carátulas y con algún oro de parte de Guacanagari...; pero la fortaleza había sido quemada y muertos todos los 39 españoles que allí dejó Colón. ¿Qué había pasado? Lo mismo que tantas veces pasó después.
En cuanto los españoles se vieron solos rífieron unos con otros, se dispersaron, "tomaron las mujeres a sus maridos y los hijos a sus padres y fueron a rescatar oro cada uno de por sí". Dos de los Jefes con una partida de nueve fueron a la tierra del cacique Caonabo "que señoreaba las minas" y cuyo nombre indio parece significar "Mucho Oro", y este los mató a todos ellos y luego acudió a la Navidad y acabó con los restantes que allí quedaron. El oro se defendía. Los indios eran independientes y repelían los atropellos de los blancos advenedizos y la conquista de su tierra que
era suya y no de los españoles, a quienes nadie como soberano de ella se la había dado ni podido dar.
Al llegar Colón y observar aquel desastre, en medio de su disgusto, no descuidose y mandó limpiar el pozo de la fortaleza "para ver si los cristianos habían escondido allí algún oro "pero no se halló nada". Nada de aquel tonel de oro que para su retorno él se había prometido; mas pronto tuvo consuelo.
Parece que el cacique Guacanagari se opuso a la matanza de los españoles por miedo a las represalias y fué herido en la defensa. Miedoso aún al llegar Colón le hizo para calmarlo un gran "presente de ochocientas cuentas menudas de piedra, que ellos preciaban mucho y las llamaban cibas y ciento de oro, y una corona de oro y tres calabacillas llenas de granos de oro, que todo pesaría hasta cuatro marcos, que eran 200 castellanos o pesos de oro". Colón se dio por satisfecho[,] no hizo violentas represalias como el P. Buyl pedía, y dio al cacique muchas baratijas de Castilla, queriendo evitar la guerra porque "los reyes lo enviaban a poblar, en lo que tanto habían gastado".
"A poblar", es decir a conquistar y anexar las islas a la corona de Castilla. Para ello Colón abandona el puerto de la destruida Navidad y va hacia el Este, porque "era tierra más cercana a la provincia de Cibao (...) donde, según el viaje primero, había entendido estaban las minas ricas de oro", y allí decide fundar la villa que llamó la Isabela, también con malhadada suerte.
Los cristianos estaban muy descontentos con la fatiga del largo viaje, por "probarles la tierra y mudanza de los aires", por los grandes trabajos corporales, por la tasa o racionamiento de los comestibles de España y por su desapego de comer los de la tierra, tan diferentes de los de Castilla, mayormente el pan "de casabe. Por tales causas "la gente empezó tan de golpe a caer enferma (...) a morir también muchos de ellos que apenas quedaba hombre de los hidalgos y plebeyos, por muy robusto que fuese, que de calenturas terribles enfermo no cayese". Entonces les acometió "la gran angustia y tristeza que concebian de verse tan alongados de sus tierras (...) y "verse

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"defraudados del oro y riquezas que se prometió a si mismo, al tiempo que acá determinó pasar cada uno".
"No pensaban sino que a la costa de la mar habían de hallar el oro, para henchir sus costales arrollados".
Ni siquiera Colón se escapó de caer en cama. Probablemente fué la dolencia aquí endémica que atacó con gran virulencia a los invasores, no autoinmunizados contra ella. La fiebre de la sifilis contra la fiebre del oro.
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Mientras se construía con piedras la Isabela Colón "determinó de enviar descubridores que supiecen lo que todos tanto deseaban, conviene a saber, las minas de oro" y ordenó a Alonso de Hojeda a que "fuese a buscar y saber dónde eran las minas de Cibao. Hojeda tuvo éxito. Allí vio como los indios "cogieron muchas muestras de oro, que bastaron para creer y afirmar que era tierra de mucho oro, como en verdad lo fue después; de donde sacó, dice Las Casas, innumerable y de lo más fino que hubo en el mundo". Ante tal alegrón, Don Cristóbal, mercader realista, decidió "ir a ver la dicha provincia de Cibao por los ojos y a dar a todos motivos de creer lo que viesen y palpasen, como Santo Tomás". No el Santo Tomas teólogo y escolástico, sino el Santo Tomás, apostol y positivista, a quien santa devoción
tuvo el Almirante, después del hallazgo de los yacimientos auriferos. Colón despachó a Castilla 12 navios con el oro entregado por Guacanagari y por Hojeda y con esclavos. Otros españoles desencantados quisieron volver a España y acaudillados por el contador real y alguacil de Corte, Bernal de Pisa, se rebelaron contra Colón (la primera insurrección de españoles que hubo en Indias contra sus propias autoridades; pero abortó la conspiración, y el 12 de marzo de 1494 Colón salió de la Isabela para Cibao, con su gente "en forma de guerra, con las banderas tendidas, y con sus trompetas y quizá tirando espingardas (...) por poner temor en la tierra", es decir para amedrentar a los casi inermes indigenas, La conquista y el oro.
Apenas Colón entró en Cibao, que quiere decir "pedregal o muchas piedras o cibas" los indios saludaban el Jefe de los cristianos, que llamaban guamiquina, con presentes "de oro en grano, que habían cogido después que tuvieron noticia que aquella era la causa de su venida". Colón halló en la fragosa serranía "muchos mineros de oro", según escribió a los reyes, y para que "los cristianos seforesen aquella tierra de las minas "construyó una fortaleza o casamata en lugar adecuado, Junto al río Xanique era rico de oro, y pusole el nombre de Santo Tomás," dando a entender que la gente que no creía que en esta isla hubiese oro, después que lo vido con los ojos y palpó con sus mesmas manos habla creido".
El virrey de Jó allí una guarnición de 52 españoles, que luego aumentó a 300, y retornó a la Isabela, cuyos pobladores halló muy desesperados, "porque de muertos o enfermos pocos escapaban" y aun los sanos enflaquecian por causa de la poca comida, pues los bastimentos de España escaseaban y se podrian. Hasta los hidalgos, los palaciegos y los de capa prieta, tuvieron que trabajar. El descontento cundió y hasta el P. Guil se puso a disfavor contra Colón. Tantos murieron por desesperación de enfermedad y congoja de aforanza que mucho tiempo después, cuando ya la Isabela había sido despoblada, aparecian ella rengleras de espantosos fantasmas, bien vestidos como gente noble y de palacio, que al saludar se quitaban sus sombreros y al mismo tiempo sus cabezas, quedando descabezados.

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Otra desazón tan grave tuvieron los cristianos, pues avisaron a Colón desde la fortaleza de Santo Tomás que el cacique Caonabo se apercibía a atacar de nuevo para exterminar a los invasores de su patria. Colón envió al esforzado Hojeda con más de 400 hombres a que amedrentara a los indios y así lo hizo. Por otro lado Colón, deseoso de ir a descubrir la tierra de Cuba, formó un consejo de gobierno para la Española, encargó a mosén Pedro Margarite que con 400 hombres, "anduviese, hallase y sojuzgase la isla", y el 24 de abril partió con tres carabelas.
Varios meses pasó el Almirante por el Sur de Cuba, Jamaica y los Jardines de la Reina, hasta la Isla de Pinos. Ya en ruta de retorno, un día cayó desmayado como muerto y todos regresaron a la Isabela el 29 de septiembre de 1994. Cinco meses más estuvo enfermo Don Cristóbal y al sanar hallóse con la alegría de encontrarse con su hermano Don Bartolomé, venido de España, y con el dolor de que la isla "estaba toda alborotada, espantada y puesta en honor y odio y armas contra los cristianos". Ya desde entonces, desde este segundo viaje de Colón, es la guerra de conquista contra los indios y, guiadas por la codicia del oro las bestias del apocalipsis los van aniquilando.
La diabólica fiebre aurivora de los cristianos será la desgracia de Colón como de los indios. A fines de setiembre de 94 (sic), se fueron a Castilla el padre fray Buil y mosén Pedro Margarite y otros hidalgos frustrados en sus ambiciones y ellos, según Las Casas, "informaron y, con sus relaciones, atibiaron a los reyes en la esperanza que tenían de las riquezas destas Indias, diciendo que era burla, que no era nada el oro que habia en esta isla, y que los gastos que sus Altezas hacían eran grandes, nunca recompensables, y otras muchas cosas en deshacimiento del negocio y del crédito que los reyes tenían del Almirante (...) no considerando que el oro no estaba ya sacado y puesto en las arcas, o era fruta que habían de coger de los árboles (como se queja y con razón el Almirante), sino en minas y debajo de la tierra, y que nunca en parte del mundo plata ni oro ni otro metal se
sacó sin grande trabaJo, si no fuese a sus dueños de sus arcas robado. Para testimonio de lo haber, bastaba y sobrebastaba las grandes muestras de oro que el primer viaje había el Almirante llevado y lo que con Antonio de Torres, cogido de las minas por propias manos de los cristianos y de lo que le dió Guacanagari cuando tornó, habia enviado" (1) LAS CASAS: Historia Tomo I.- p. 421
Lo que pensaba Colón del fracaso económico de su segunda expedición y de sus causantes, tiempo después lo escribió a los reyes: "Muy altos principes, cuando yo vine acá, truje mucha gente para la conquista destas tierras, los cuales recibí todos por importunidad, diciendo ellos que servirían ello muy bien y mejor que nadie, y era al revés, según después se ha visto; porque no venian, salvo con creencia que el oro que se decía que se hallaba y especiarias, que era a coger con pala, e las especias que eran dellas los lios hechos liados, y todo a la ribera de la
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mar, que no habia más, salvo echarlos en las naos; tanto los tenia ciegos la cudicía; e no pensaban, que bien que hobiese oro, que seria en minas, y los otros metales, y las especias en los árboles, y que el oro seria necesario de cavarlo, y las especias cogerlas y curarlas. Lo cual todo les predicaba yo en Sevilla, porque eran tantos los querían venir, e yo les cognoscía su fin, que hacía decirles esto, y todos los trabajos que suelen
sufrir los que van a poblar nuevamente tierras de muy lejos"
(...) De otra parte estoy aliviado, porque la otra gente siembran y tienen ya muchos bastimentos e saben ya la costumbre de la tierra e se comienza a gustar de la nobleza della y fertilidad, muy al contrario de lo que hasta aquí se declía: que creo que no haya tierra en el mundo tan aparejada para haraganes como esta, e muy mejor para quien quisiere ayuntar hacienda. Así que nuestra gente que vino acá, visto que no podía henchir su cudicía, la cual era desordenada, y aún tanto que muchas veces he pensado y creido que ella haya sido causa que Nuestro Señor nos haya cubierto el oro y las otras cosas; porque luego que acá sali al campo hice experimentar a los indios cuánto dello podian coger, y hallé que algunos que sabian bien dello cogian en cuatro días una medida en que cabía una onza y media, y así tenia yo asentado con todos los de esta provincia de Cibao, y les aplacía de dar de tributo cada
persona, hombre y mujer, de catorce años hasta setenta, una medida destas que yo dije de tres en tres lunas, y lo cogi yo este tributo hasta que fuí a Castilla, así que esto tengo yo imaginado que la cudicía haya sido causa que se pierda. La codicia!(1) LAS CASAS: Historia. - Tomo II. - p. 110 y 111.
Los conquistadores, impulsados por su desenfrenado espiritu adinerador no respetaron la organización socioeconómica y cultural de los indios y la destruyeron.
El ritmo económico-social de la sociedad indigena fue trastornado y, al fin, paralizado totalmente.
La contradicción social indo-hispana se manifestó desde los primeros momentos, apenas los españoles se propusieron instalarse en el país y sacarle provecho. Uno de sus primeros contrastes fue en las comidas, pues en los comienzos de la colonización, antes de que los españoles hubiesen importado ganados y aves de corral y obtenido crianzas como luego las lograron abundantísimas, tuvieron los advenedizos que recurrir a los alimentos indigenas y estos no eran sobranceros. Así lo refiere Las Casas:
[A] margen escrito con lápiz "Aquí libro"] "Como estuviese plenisima de innumerables gentes, pueblos y grandes señores en ella, y la tierra fuese felicisima y delectabilisima y la gente sin armas y de su naturaleza mansisima y humilde, diéronse muy

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de rondón a la vida que suelen tener los hombres ociosos y que hallan materia copiosa y sin resistencia de sensuales deleites, no teniendo freno de razón ni de ley viva o muerta, que a tanta libertad absoluta como gozaban, orden ni limites les pusiese. Y, porque los indios comúnmente no trabajaban ni querían tener más comida de la que habían para si e para sus casas menester (como la tierra para sus mantenimientos fuese fertilísima, que con poco trabajo dondequiera tenían cuanto al pan cumplido y cuanto a la carne cabe casa, como en corral habían las hutias o conejos y del pescado llenos los ríos), y uno de los españoles comía más en un día que toda la casa de un vecino en un mes (¿qué harian
cuatrocientos?), porque no sólo se contentaban ni se contentan con tener lo necesario, pero mucho sobrado, y mucho que echan sin por qué ni para qué a perder, y sobre que los indios cumpliesen con ellos a su voluntad lo que les pedían, sobraban amenazas y no faltaban bofetadas y palos, no sólo a la gente común, pero también a los hombres nobles y principales que llamaban nitaynos, hasta llegar también a poner amenazas y hacer grandesacatos a los señores y reyes, parecióles que aquella gente no había nacido sino para comer, y que en su tierra no debían tener mantenimientos, y para salvar las vidas se vinieron a estas islas para se socorrer, allende sentierlos por intolerables, terribles, feroces, crueles y de toda razón ajenos. Esto fue lo primero porque comenzaron a sentir los indios la conversación de los cristianos series horrible, a saber, maltratarios y angustiarlos por comerles y destruirles los bestimentos". (1) LAS CASAS: Historia de las Indias. - México. - Tomo I. - p.398.
Recuerda Las Casas que "No habia cosa en aquellos tiempos que a la gente que acá estaba en tanto grado alegrase, aunque fuese abundancia de oro, como saber que venían navios y bastimentos en ellos de Castilla; porque todos sus principales males eran de hambre, mayormente los que no andaban por la tierra guerreando, sino que estaban de continuo en la Isabela en los trabajos en que allí los ocupaban, que comúnmente eran trabajadores y oficiales. Estas hambres y desventuras causaron los malos tratamientos y angustias, que desde luego que los cristianos entraron esta isla, comenzaron y prosiguieron siempre a hacer a los indios".
Ese régimen de sustentación sobre el país conquistado no fue sino uno de tantos episodios históricos que han sido repetidisimos en las guerras, más gravoso cuando un ejército triunfante ocupa poblados rústicos de gente campesina, pobre y sobria, de economía meramente sustentativa y no acumuladora, y más si de alimentación exótica o desacostumbrada, como en este caso eran los insulares en relación con los españoles, de los cuales muchos buscaban en las guerras ocasiones propicias para "sacar la tripa de mal año", en aquellos tiempos del s.XVI para ellos tan esquilmados.

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Este conflicto alimenticio, la guerra de los vientos, llevó a unos y otros al hambre. No había bastimentos preparados para sostener a la vez a los blancos invasores y a los bermejos indígenas, mientras estos tuviesen que abandonar sus cultivos; cacerias y pescas para dedicarse al laboreo del oro, forzados por los españoles.
Los indios subyugados para el trabajo eran sin duda los más agobiados.
Según Las Casas refirió, el hambre acompañó siempre al indio en los trabajos aun en años posteriores, "la comida que para sufrir tantos y tales trabajos les daban, era pan cacabi, el cual, puesto que con harta carne y otras cosas se pueden pasar bien los hombres, pero para sin carne o pescado y manjar otro que la acompañé tiene poca sustancia. Así que su comida era de aquel pan cacabi y mataba el minero un puerco cada semana; comiase él los cuartos y más, y para 30 y 40 indios echaba de los otros dos cuartos cada día y cocer un pedazo, y repartía entre los indios a cada uno una tajadilla, que sería como una nuez, y con aquélla, gastándola toda emprengando el cacabi, y con sopear en el caldo, se pasaban; y es verdad que estando el minero comiendo, estaban los indios debajo la mesa, como suelen estar los perros y los gatos, para en cayéndose el hueso, arrebatallo, el cual chupaban primero, y después de bien chupado,
entre dos piedras lo majaban, y lo que dél podian gozar, con el cacabi lo comían, y así de todo el hueso no perdian nada; (y esta tajadilla de puerco y los huesos dél, no lo alcanzaban sino solamente los indios que en las minas a sacar oro andaban, porque los de las estancias, que cavaban y tenían otros grandes trabajos, en su vida mujeres ni hombres nunca supieron, después de entregados a los españoles, qué cosa fuese carne, más del cacabi y otras raíces). Personas hobo en la isla de Cuba, que no teniendo por su avaricia qué dar de comer a los indios que les hacían las labranzas, los enviaban a pacer al campo y a los montes las frutas de los árboles que habia, dos y tres días, y con lo que traían en los vientos, les hacían trabajar otros dos o tres días sin comer otro bocado; yesta manera hizo una labranza que le valió 500 o 600 pesos de oro o castellanos, y
esto él mismo por su boca, en presencia de mi y de otro, lo contó por industriosa hazaña". (1) Pero los indios fuera de las labores también pasaban hambruna.
La cita, tachada: LAS CASAS. Historia de Las Indias. - Tomo II México. - p. 254.
Los indios "consideraban que ninguna esperanza de libertad ni de blandura ni remisión ni remedio de sus angustias ni quien se doliese delios tenían, y como ya habían experimentado que los cristianos eran tan grandes comedores y que sólo habían venido de sus tierras a comer, y que ninguno era para cavar y trabajar por sus manos en la tierra y que muchos estaban enfermos y que les faltaban los bastimentos de Castilla, determinaron muchos

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pueblos dellos de ayudarlos con un ardid o aviso, o para que muriesen o se fuesen todos, como sabian que muchos se habían muerto y muchos ido, no cognosciendo la propiedad de los españoles, los cuales, cuanto más hambrientos, tanto mayor tesón tienen y más duros son de sufrir y para sufrir. El aviso fue aqueste (aunque les salió al revés de lo que pensaron), conviene a saber: no sembrar ni hacer labranzas de su conuco, para que no se cogiese fruto alguno en la tierra, y ellos recogerse a los montes
donde hay ciertas y muchas y buena raíces, que se llaman guavaros, buenas de comer, y nascen sin sembrarlas, y con la caza de las butias o conejos de que estaban los montes y los llanos llenos, pasar como quiera su desventurada vida. Aprovechóles poco su ardid, porque aunque los cristianos, de hambre terrible y de andar a montear y perseguir los tristes indios, padecieron grandisimos trabajos y peligros, pero ni se fueron ni se murieron, aunque algunos morían por las dichas causas;antes toda la miseria y calamidad hobo de caer sobre los mismos indios, porque como anduviesen tan corridos y perseguidos con sus mujeres e hijos a cuestas, cansados, molidos, hambrientos, no se les dando lugar para cazar o pescar o buscar su propia comida, y por las humidades de los montes y de los ríos, donde siempre andaban huidos y se escondían, vino sobre ellos tanta de
enfermedad, muerte y miseria, de que murieron infelicmente de padres y madres y hijos, infinitos". (1) LAS CASAS: Historia. - Tomo I. - p. 419.
Simultánea con la guerra de los vientos fue la de los sexos.
Dice el P. Las Casas: "Porque no para y sosiega el vicio y pecado en sola comida, porque con ella, faltando templanza y temor y amor de Dios, se derrueca y va a parar a los otros sensuales vicios y más injuriosos, por ende, lo segundo con que mostraron los cristianos quién eran a los indios, fué tomarles las mujeres y las hijas por fuerza, sin haber respeto ni consideración a persona ni dignidad ni a estado ni a vinculo de matrimonio ni a especie diversa con que la honestidad se podía violar, sino solamente a quien mejor le pareciese y más parte tuviese de hermosura" (1) LAS CASAS: Historia. - Tomo I. - p. 398
Además, añade Las Casas: "toma personas que habian menester, teniéndolas siempre en casa". ¡El trabajo forzado!
El conflicto violento fue inevitable. Los cristianos agrédian constantemente a los indios para sopearlos. "Desparciéronse todos entre los indios, entrándose la tierra dentro de dos en dos y de tres en tres, y no porque fuesen pocos de Jaban de cometer las fuerzas e insultos e agravios en los indios que cuando estaban Juntos cometían. Viendo los indios crecer sus agravios, daños e injusticias, y que no tenian remedio para los atajar, comenzaron a tomar por si la venganza y hacer Justicia
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los reyes y caciques, cada uno en su tierra y distrito, como les competiese derecho natural y de derecho de las gentes, confirmado, cierto, por el divino, la Jurisdicción; y así mandaban matar a cuantos cristianos pudiesen, como a malhechores nocivos a sus vasallos y turbadores de sus repúblicas". Era la "resistencia" de los indios, plenamente Justificada. "Considere aquí el prudente lector, dice Las Casas, si aquellos reyes y señores, siendo señores y teniendo verdadera Jurisdicción, como sin duda, de derecho natural y de las gentes y confirmada por el divino les competia, hacían lo
que debían a buenos y rectos Jueces y señores, mando hacer Justicia de gente que tantos daños y afrentas y fuerza y turbaciones les causaban, y de su paz y sosiego y libertad eran usurpadores. ¿Qué gente, por bárbara o por mansa y paciente, o por mejor decir, bestial, en el mundo fuera que lo mismo no hiciera?" (1) LAS CASAS: Historia. Tomo I. - p.400
Las represalias de los ensoberbecidos invasores contra la resistencia fueron terribles. "Hobo esta determinación entre los españoles dende adelante, la cual guardaban por ley inviolable, que por cada cristiano que matasen los indios hobiesen los cristianos de matar 100 indios; y plaguiera a Dios que no pasaran de 1000 los que, por uno, desbarrigaban y mataban, y sin que alguno matasen, como después inhumanamente yo vide muchas veces". Nada tiene de inverosimil esa acusación de Las Casas. ¿Acaso no se han visto episodios idénticos en las recientes guerras "civilizadas" del siglo XX?
El mismo D. Cristóbal Colón salió el 24 de marzo de 1495 a sojuzgar a los indios por fuerza de armas, con una tropa de 200 españoles, 20 de ellos a caballo, en la cual iba su hermano D. Bartolomé y el cacique Guacanagari. A poco en la planicie de la Vega Real hubo gran batalla y destrozo de los indios, aterrorizados, heridos y muertos por las armas de acero y las de fuego; por los caballos y por un arma "más terrible y espantable", o sean los 20 ferocisimos libres de presa, "invención, dice Las Casas, que aquí comenzó excogitada, inventada y rodeada por el diablo y cundió todas estas Indias". Todos los indios que libraron su vida se hicieron esclavos
y más de 500 enviados a Castilla, y Colón escribió que "Dios habia sido servido". Lo cual comentó Las Casas que "Dios no pudo servido por tan execrable injusticia".
El mismo Don Fernando Colón, en la biografía de su padre dice que "los más cristianos cometian mil excesos, por lo cual los indios les tenían entrañable odio y rehusaban de venir a su obediencia, etc". ¿Por qué, pues, los indios no tenían derecho a defenderse? pregunta Las Casas. ¿Los que no son subditos como pueden ser rebeldes?"

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En otro lugar dirá Las Casas: "¿No más de porque los españoles diJesen que obedeciesen por señores a los Reyes de Castilla, ya que tuvieran lengua para se lo decir y ellos lo entendieran, eran obligados a los creer y, por consiguiente, a se sujetar a los reyes y a los obedecer, teniendo ellos sus naturales reyes? ¿No fueran Juzgados por insipientes y por bestias, si tal subjeción concedieran y obedecieran? Item, si los reyes suyos naturales se dieran a los Reyes de Castilla, ¿no tuvieran los pueblos derecho, por el mismo caso, deponellos? ¿Y si los pueblos sin los reyes lo hicieran, no tuvieran mucha razón de tenellos por traidores y arallos de sal como en España los reyes Justamente en tal caso lo hicieran? Item, ¿buscar vias y caminos para de los españoles, que tantos daños y robos y muertes recibían, se defender, era crimen grande, como a las bestias brutas el derecho natural la defensa de su ser les concede?"
Las Casas no se ahorro ni la condenación al que Juzgó de traidor". (sic)
Colón cree haber pacificado la isla, levanta más fortalezas y descubre nuevos yacimientos de oro; pero teme las intrigas de sus enemigos ante los reyes y decide irse a Castilla. DeJa a sus hermanos en el gobierno y parte el 10 de marzo de 1496 con 50 esclavos indios y de paso por la isla de Guadalupe, se apodera de una cacica y de su hija. Dice Colón que estas "habían quedado de su voluntad". A lo que añade Las Casas: "¡Esta voluntad sabe Dios que tal sería".
Apenas llegado Don Cristóbal a España le envió bastimentos y ciertas instrucciones a la Española. Al recibir estas, Don Bartolomé enseguida envió a Castilla tres navios con 300 esclavos indios.
Las Casas no duda en culpar de esto a Don Cristóbal: "DiJeron que el Almirante habia a los reyes escrito que ciertos reyes o caciques desta isla habían muerto ciertos cristianos, (y no diJo cuántos él y los cristianos habían hecho pedazos); y los reyes le respondieron que todos los que hallase culpados los enviase a Castilla, (creo yo que por esclavos como en buena guerra captivos) no considerando los reyes ni su Consejo con qué Justicia las guerras y males el Almirante habia hecho contra estas gentes pacificas, que vivian en sus tierras sin ofensa de nadie, y de quien el mismo Almirante a Sus Altezas, pocos días habia, en su primer viaje, tantas calidades de bondad, paz, simplicidad y mansedumbre habia predicado. Al menos parece que se debiera de aquella Justicia o injusticia dudar, pero creyeron solamente al Almirante, y como no hobiese quien hablase por indios ni su derecho y Justicia propusiese, defendiese y alegase,
(como abajo parecerá mas largo y claro), quedaron Juzgados y olvidados por delincuentes, desde el principio de su destrucción hasta que todos se acabaron, sin que nadie sintiese su muerte y perdición ni la tuviese por agravio" (1) LAS CASAS: Historia. - Tomo I. - p.439. -

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La subyugación que los cristianos hicieron de los antillanos, reduciéndolos a esclavitud, no fue solamente para beneficiarse en los laboreos de Indias con la gratuidad de su trabajo forzado. También se hicieron muchos esclavos para venderlos. Los esclavos indios en las Antillas fueron considerados económicamente como cabezas de animales, que no sólo servían para la tracción y la carga, sino también de moneda para cambio y pago (asi como del rebaño nació la pecunia) o de mercancía para vender en la "Trata".
La desorganización económica que en sus primeros tiempos tuvo la empresa colonial de Indias, por la desproporción entre los imprevistos requerimientos de sus grandes gastos y la escasez de sus rendimientos inmediatos, hizo pensar a Colón que en las Indias, como en Guinea, ese problema podría ser resuelto por medio de la esclavitud de los nativos. Un indio era como un caballo, era un instrumento removiente para el trabajo, pero también podía servir de moneda y negocio. Con esclavos se pagarian los salarios de los conquistadores y las provisiones importadas; se equilibraría la "balanza mercantil" de la incipiente colonia.
Asi lo revela Las Casas: "Ayudó mucho a esta desprobación y perdición querer pagar los sueldos de la gente que aquí los ganaba y pagar los mantenimientos y otras mercaduras traidas de Castilla, con dar de los indios por esclavos por no pedir las costas y gastos y tantos gastos y costas a los reyes, con lo cual el Almirante mucho procuraba por la razón susodicha, conviene a saber, por verse desfavorecido y porque no tuviesen tanto lugar los que desfavorecian este negocio de las Indias ante los reyes, diciendo que gastaban y no adquirían. (1) LAS CASAS: Historia. - Tomo I. - p.420.-
Por esta causa "se sacaron y enviaron muchos indios por esclavos a Castilla para lo susodicho y sin voluntad de los reyes sin alguna duda, (...) si Nuestro Señor no ocurriera y a la mano fuera al Almirante, con las adversidades que luego le sucedieron para comenzar a mostrar ser injusto e inicuo cuanto con estas inocentes gentes y contra su estado, vidas y ser se hacía, por esta sola via de hacer esclavos para suplir las necesidades dichas y relevar los reyes de tantos gastos, en muy más breves días se despoblara y consumiera la más de la gente desta isla de la que restaba de la dicha vendimia". Las Casas no puede evitar su comentario adverso en lo Juridico: "Bien podrá cualquiera que sea cuerpo, y mayormente si fuere medianamente letrado, cognoscer y Juzgar como los tales indios padecían injusto captiverio, y uno ni ninguno ser esclavo Justamente, pues todas las guerras que se les hacían eran injustisimas, condenadas por toda ley humana, natural y divina".
Y también en lo cristiano: "Pero debiera más pesar el cumplimiento de la ley de Jesucristo, que el disfavor de los reyes; más la Justicia contra tanta injuria y sinjusticia; más la caridad y amor de los prójimos, que enviar a los reyes
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dineros; más el fin que era la prosperidad y crecimiento temporal y la conversión y salvación espiritual destas gentes".
Esta esclavitud y servicio forzado de los indios fue una consecuencia histórica poco menos que inevitable de la necesidad de brazos para apoderarse cuanto antes del oro de las Indias. Primero se acudió (sic)
Al llegar Colón a Burgos, donde estaban los reyes, "dióles cuenta muy particular del estado en que dejaba esta isla, del descubrimiento de Cuba y Jamaica y de las otras muchas islas que descubiertas de Jaba y de lo que en aquel viaje había pasado y de la dispusición dellas y lo que de cada una sentía y esperaba; dió también a Sus Altezas noticias de las minas del oro y de las partes donde las habia hallado. Hizoles un buen presente de oro por fundir, como de las minas se había cogido, dello menudo, dello en granos como garbanzos, y dello mayores los granos, según dijo, que habas, y algunos como nueces; presentóles muchas guaycas o carátulas de las que arriba dijimos en el cap. (60), con sus ojos y orejas de oro, y muchos papagayos y otras cosas de los indios, todo lo cual con mucha alegría los reyes recibieron y daban a Nuestro Señor por todo muchas gracias". (1) El cuadro pintado por el (1) LAS CASAS: Historia. - Tomo I. - p.434.
genio colombino podía ser más halagüeno, pero era fundamentalmente falso. En Indias faltaban los recursos, la prudencia y la organización necesarias para establecer la colonia con un nuevo régimen económico y social estable. Sin duda Colón debió de explicar a los reyes sus más ostensibles sugerencias en cuanto al población y a la transplantación de la cultura castellana[.]
A requerimiento de Colón, los reyes dispusieron el inmediato envío de bastimentos, que eran urgentes y de otra expedición de 330 pobladores entre ellos 30 mujeres, y 40 escuderos, 100 peones de guerra y trabajo, 50 labradores, 10 hortelanos, 20 artesanos, varios marineros y grumetes y 20 oríbes o artifices que supieron labrar oro. Además de varios clérigos, un físico, un herbolario y un boticario. También se dispuso que viniesen mercaderes, con dinero prestado por los reyes y aseguradas sus mercancías, para que vendieran en las Indias vino, tocino, tasajo y otros mantenimientos a precio tasado. Y por si estos eran pocos el Almirante pidió que vinieran mal[h]echores indultados de penas graves.
Varios beneficios se ofrecieron a los pobladores.
El plan económico de este tercer viaje estaba parece bien orientado; pero también hubo de fracasar. Fue inefectivo y tardío.
Mientras Colón estaba en España gravisimos hechos acontecieron en la Española.

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Por instrucciones del Almirante, fue despoblada la Isabela y su gente trasladada al sur, cerca de las minas de San Cristóbal, fundándose por Don Bartolomé una villa en el río Hozama que se llamó Santo Domingo. De ahí partió este para la Tierra Xaraguá, del rey Behechio y su hermana la bella Anacaona, donde lo recibieron con recelo y Junto con agrado, celebrándose en su honor notables festeJos.
Dejando contenido a Xaraguá pasó D. Bartolomé a la Isabela y Cibao y allí comenzaron nuevas desgracias. Halló que 300 de sus cristianos había[n] muerto de enfermedades diversas y que los indios canados de los atropellos de los blancos estaban en rebeldía capitaneados por Guarionax(?) . A este lo atacó de noche y desbarató su gente y volvió a Xaraguá donde gozó de nuevos festeJos que le brindó la palaciana Anacaona. Pero ahí le sobrevino una tormenta más grave. Ahora los rebeldes eran los españoles acaudillados por Francisco Roldán.
El alzamiento armado de Roldán es la primera guerra civil entre los españoles en América; es también su primera revolución social.
Los rebeldes contra la autoridad de Colón declaran combatir su tirania y que debían suprimirse los impuestos sobre los indios. En cuanto a lo primero lo esencial era librarse del régimen que mantenía Colón y derrocar su poder. Ya se habían advertido las intrigas y conspiracion del funcionario del rey contador Bernal de Pisa,[y] el enviado Juan de Aguado, acaecidas después de la actitud del catalán Fray Buil, legado del papa,y del noble aragonés Marguerite, hechos de Fernando V, todo lo cual permite sospechar si todo ello no era en su origen sino un episodio más de los fraguados por ese monarca taimado y sin escrúpulos morales, contra Cristóbal Colón y sus sucesores, cuyo extraordinario poder que brantó totalmente.
En cuanto a los indios, el favor de los roldanistas no fue sino añagaza para congraciarse con ellos o al menos neutralizarlos en aquella querella.
Esta lucha intestina entre cristianos debió de enseñar a los indios cuál era el grado de la cristiandad de aquéllos y cuán sin razón debían de obedecer a los reyes y a su guamiquina, si mismos blancos no los acataban. Además, la contienda entre alzados y no alzados, entre leales y traidores, agobiaba grandemente a los indios porque doquiera que llegaran unos y otros les comían sus bastimentos, dejándoles sin comida, los cargaban en pateamientos penosisimos y los vejaban con inauditas crueldades. Con lo cual los indios de Guarionax se huyeron a una serranía donde habitaban los ciguayos bajo el cacique Mayobamax, a quien los cristianos llamaban por befa El Cabrón, según el P. Pedro Martir de Angleria. Allí fue Don Bartolomé a combatir la insurrección de indios que se unía a la de los españoles. Según cuenta el P. Martir de Angleria (Cap.6 de la Década I), Mayobamax se negó a

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entregar a Mayobamax (sic) [debe decir:Guarionax] "refugiado"
en su territorio, y con frases nobles y altivas increpó a los
cristianos de ser "malos hombres, tiranos, que no vienen sino a
usurpar las tierras ajenas, y no saben sino derramar la sangre
de los que nunca los ofendieron, y por eso, ni quiero su bondad,
ni verlos ni oirlos, antes, en cuanto yo pudiese con mi gente favoreciendo a Guarionax, tengo de trabajar de destruirlos y
echarlos deste tierra". Don Bartolomé desata la persecución
feroz, tala y quema los poblados y todos huyen a los montes, don-
de luchan tenazmente más de tres meses, hasta que Mayobamax y
luego Guarionax por traición son hechos prisioneros y tras va-
rios años mueren con los grillos puestos.
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P.13 (sic)
Es entonces donde el P. Las Casas trata por primera vez de esclavos negros para las Indias, Pero antes de entrar en ese tema debemos ver cuáles son sus antecedentes para no caer en el error de muchos.
Se ha imputado injustamente a Las Casas el haber introducido en América los negros y su esclavitud.
Según puntualizó Saco, los traductores franceses de la Colección de los viajes y descubrimientos de los españoles hasta fines del siglo XV, por Martin Fernández de Navarrete, consultaron a este autor sobre el punto en cuestión, y él les contestó que: "Antes de la petición de Las Casas, ya se habían transportado negros a la América, pero esto fue de contrabando. Las Casas el primero que obtuvo una orden o permiso real autorizando este transporte." Esta respuesta, añade Saco, prueba que Navarrete no conocía la historia primitiva del tráfico de esclavos negros en el Nuevo Mundo; pero de esa errónea afirmación parece arrancar la levenda negra contra Las Casas.
Influidos por Navarrete, algunos historiadores, como Robertson, repitieron la imputación acusando a Las Casas de haber introducido la trata de negros en América. Y son muchos los escritores y propagandistas que todavía insisten ello.
Marcel Brion ha señalado que "aún hoy, en algunos diccionarios de la lengua española afirmase que Las Casas "hizo una exagerada defensa de los indios, que determinó las primeras tratas de negros en América" (1)
MARCEL BRION: Bartolomé de Las Casas, padre de los indios. Buenos Aires. - P.8.-
Dice Navarrete en su obra (1) que Las Casas "estableció y autorizó el tráfico de los negros para las islas del Nuevo Mundo como si ellos no fuesen racionales" y "que no fueron españoles los que agenciaron esta negociación e intervinieron ella, sino flamencos codiciosos y genoveses traficantes". Nada de eso es cierto. Las Casas ni "estableció", ni "autorizó" tráfico de negros, ni tuvo a estos por "irracionales", y fueron españoles quienes pidieron, ordenaron y practicaron la trata negrera, primero con los flamencos, genoveses y portugueses y luego con los franceses, holandeses e ingleses; y fueron también españoles y de otras naciones quienes los tuvieron por bestias, que para todos hubo parte, culpas y provechos en esas realidades doblemente negras.
(1) Navarrete. Viaje &. T.I. Introducción.
Quizás ya hubo negros en territorio americano antes de que llegara Cristóbal Colón, como algunos lo creen probado. Los Indios de la Española le declan a este que hacia el sur habla gente negra.

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Se supone que si en su viaje Colón quiso ir mucho más al sur que en sus primeros fué por creer que allá en tierras más cálidas iba a encontrar la gente negra de que le hablaron los indios de Guisqueya o Haiti, y que allí con los negros hallaría oro.
Pedro Martín de Anglería,(1) Francisco López de Gomara y otros consignaron la noticia de que Vascos Náflez de Balboa en su expedición de 1513,al llegar al Océano Pacifico,encontró negros,“los primeros negros que se vieron en Indias” (2)
(1) De Orbe Novo.Dec. 3,Cap.1.
(2) Gomara,p.193.
Pero acaso ello no fue sino confusión debida a una referencia a ciertos indios que habitualmente se teñían de negro el cuerpo con zumo de xagua,caso nada raro entre ciertos indigenas de Nesoamérica,y aun entre los Antillanos.
De todos modos,apenas se descubrieron las islas por Colón ya está presente el negro.En su primer viaje,uno de los Pinzones que lo acompañaba se apodaba Náflez,y de ahí se ha dicho que este era negro o mulato.Se asegura que el primer negro vino a América en el segundo viaje de Colón (1).Sin duda,algunos individuos "de color",negros[,] mulatos o loros debieron de pasar pronto a estas Indias traídos por los conquistadores como sus sirvientes,desde España,donde ya habla muchos,africanos y criollos,esclavos y horros,antes de las hazañas de Cristóbal Colón.
(1) M.J.de AYALA:Diccionario de gobierno y legislación de Indias.Madrid,T.I.p.372
Jamás habla cesado el tráfico de esclavos negros entre Europa y Africa desde la época de los romanos,quizás desde los fenicios.Durante la dominación islámica en la Peninsula hubo en ella millares de negros,asi horros como esclavos.Cuando ya en el siglo XV Diego Gil fue a buscar esclavos a Marruecos,por encargo del principe portugués Don Enrique,encontró a un tal Cisfontes,castellano,alli establecido como negrero,que traficaba con los moros en la compraventa de esclavos de Guinea (1) Azurara cap. 77
Según los historiadores portugueses Barros y Azurara,desde 1444 hubo tráfico de esclavos negros directo entre Africa y la Peninsula Ibérica.
El año 1444,Nuño Tristán capturó en una isla africana 80 esclavos que se vendieron en Portugal;y ese mismo año se formó una compañía en Lagos para explotar ese negocio.Su primera expedición produjo 235 esclavos que fueron vendidos en Portugal.
Poco tiempo desués,en 1448 el rey Alfonso V fundó una factorial,I la primera de Africa,en Arguin para la trata de negros y de oro.Y en 1481 el rey Juan II estableció otra factoria,la de San Jorge de la Mina,en la que estuvo cosa [de] un año Cristóbal Colón.

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Por 1475 los Reyes Católicos, en guerra con los portugueses, enviaron varias expediciones a Guinea, en una de las cuales los castellanos asaltaron varias islas de sus enemigos, llevando 400 esclavos a España (1). Por R.C. de 4 de mayo de 1478 los Reyes Católicos autorizaron a los marinos de Palos a comercializar libremente con Mina de Oro en la Guinea, desafiando a los portugueses. Varios tratados ajustaron las diferencias entre Castilla y Portugal por las pretensiones de ambos países sobre las costas de Berberia y Guinea y por provision de 1498.
(1) Altamuro, Historia de España y &. Barcelona, 1909-II, 392.
en Alcalá los reyes prohibieron ir a ciertas costas africanas, hacia Mar Pequeña, para tratos y rescate de oro y esclavos sin licencia, estableciendo así un monopolio que fue levantado en Agosto de 1499, dando libertad a los marineros para tales tratos.
Durante las guerras entre Portugal y Castilla (1475 a 1480) numerosas naves españolas fueron a Guinea a buscar esclavos. Diego Cao en 1483 apresó tres buques castellanos a la trata clandestina en la costa africana. El mismo Colón y algunos de sus marinos, como Juan de Torres, el Judio que, con Rodrigo de Jerez, en Cuba descubriera el tabaco, habían estado antes en Africa. Un año había pasado el Almirante en Africa, con el portugués AzambriJa, en la factoría negrera de San Jorge de la Mina ocupados en tratos de oro y negreria; y en el diario de su primer viaje trasatlántico habla repetidas veces de Guinea, de sus pestilencias, animales, frutos y lenguajes de los pobladores. Ya dijimos cuán presente estuvo siempre en la mentalidad de Colón la trata africana. Una bula de 1493, promulgada por el papa Alejandro VI, dividiendo el mundo, puso término a las incursiones de los españoles en las costas negras de Africa, reservando ese monopolio a los portugueses.
Las posesiones españolas en Africa quedaron muy reducidas y cuando en 1499 los Reyes Católicos restablecieron para sus marinos y traficantes la libertad de ir a sus factorías o posesiones del Africa a rescatar oro y esclavos, ya se sentía en las Indias la conveniencia de importar esclavos africanos para las minas de oro y probablemente esa idea influyó en el propósito de los reyes al abrir aquel comercio. Pero pocos esclavos pudieron sacarse de aquellas posesiones. Lo cual tuvo gran trascendencia histórica, pues cuando España necesitó repoblar sus territorios ultramarinos con esclavos africanos no pudo proveerselos por si y dependió de tratantes extranjeros.
Según Saco: "parece inevitable aceptar la fecha de la Real Cédula de 16 de septiembre de 1501 como la de la introducción del régimen legal de la esclavitud negra en estas Antillas, así como fijar su responsabilidad en los Reyes Católicos que a la

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sazón gobernaban".Estos nombraron Gobernador de las islas y Tierra Firme, o sea de todo lo entonces descubierto en el Nuevo Mundo, al Comendador Fray Nicolás de Ovando y en las Instrucciones que por tal cédula se le dieron (1) le ordenaron los Reves Católicos
(1) "Instrucción al Comendador de Lares, Fray Niculás Dovando de la Orden de Alcántara, sobre lo que habia de hacer en las Islas e Tierra firme del Mar Océano, como Gobernador dellas", J.F. Pacheco, F. Cárdenas y L. Torres de Mendoza, eds., Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento conquista y organización de las antiquas posesiones españolas de América y Oceania sacados de los Archivos del Reino y muy especialmente del de Indias. 46 vols. (Madrid, 1864-1884), Primera serie, XXXI, 23.
lo siguiente: "non consentiréis nin daréis logar a que alla vayan moros nin xudios, nin erexes, nin rreconcyliados, nin personas nuevamente convertidas a Nuestra Fée, salvo si fueren esclavos negros u otros esclavos que fayan nascido en poder de crysthianos, nuestros sdbditos é naturales".
Como fácilmente se advierte, los esclavos no tenían que ser exclusivamente negros. Podían ser negros o blancos, como en gran cantidad los habia entonces en España; moros, beriscos, canarios o guachinach, y negros africanos de Guinea y el Congo. En esa R.C. de 1501 no habia, pues, "discriminación", como hoy se dice. Los esclavos negros entraron por primera vez en América Juntamente con los esclavos blancos. Suele opinarse, con Herrera y Saco, que los esclavos negros cuya introducción se autorizaba debian tener la condición "que fayan nascido en poder de crystianos"; pero esto no parece seguro y más bien debió de
referirse sólo a los "otros esclavos" y no también a los negros. Sin duda, en la Castilla de entonces había negros "criollos" o nativos de su suelo; pero estos debían de ser escasos comparados con los nacidos en la Berberia, la Guinea o el Manicongo, que se importaban anualmente en cargazones. Y estos eran, sin duda, cristianos, o mejor dicho bautizados. Al exigir para los "otros esclavos", es decir para los blancos, la condición de que "fuesen nacidos entre cristianos", se quiso evitar que se lleveran a Indias esclavos canarios, moros o mahometanos nacidos en Africa, pelirosos por su tradicional enemiga. De todos modos, esos negros esclavos procedían de España y no directamente de la trata negrera con Africa, que los castellanos no podían hacer sino en sus pequeñas factorias, pues ese negocio era privilegio de la corona de Portugal.
Ovando salió de Sanlúcar para la Española el 13 de febrero de 1502. Con él
y con los esclavos iba embarcado el Joven letrado Bartolomé de las Casas. Ese mismo año debieron de otorgarse sucesivas licencias. Así consta que, el 12 de septiembre de 1502, fue otorgada una a Juan Sánchez y a Alonso Bravo para llevar cinco carabelas, una de las cuales iría con esclavos de Castilla, libros de derechos (1).
No pocos debieron de ser y bien ladinos los esclavos negros
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que fueron con Ovando o entraron seguidamente después, en esc mismo año 1502, pues apenas llegados a la Española sacudían el yugo de su cautiverio, haciéndose cimarrones y uniéndose a los indios contra los españoles, en una causa común de libertad. El mismo Ovando se alarmó y suplicó en 1503 a los Reyes Católicos que no
(1) Iñigo Abbad, Historia geográfica, civil y natural de Puerto Rico, pág. 354-355.
enviase más esclavos negros, porque se huian y nunca podían ser cogidos (1) (sic). A cuya petición se le contestó, por R.C. de 29 de marzo de 1503: "...en quanto a lo de los negros esclavos que desis (sic), que no se embien allá porque los que allá avía se han huydo, en esto Nos mandaremos se haga como lo desis"(2). Y así se hizo. En esa época ya se consideraba "el demasiado número de negros esclavos", lo cual motivó que se procediera a "cercar de muro bueno" y a fabricar una fortaleza en la ciudad de Santo Domingo (3). La esclavitud de negros en Indias parecia muy peligrosa y por tanto fracasada. Una licencia que se concedió a Ojeda por R.C. de Medina del Campo en 5 de octubre de 1504, se limitó a cinco esclavos y que estos fuesen blancos y no negros. (4) Probablemente la rebelión de los negros de Ovando (2) D.I. Vol. 47 Cap. 12.
(3) Casas. Hist. II, p. 235.
(4) Colección de Doc. Inéditos, tomo 90.
en 1502 debióse a que estos eran demasiado ladinos y de tribus belicosas; como por ejemplo de los volofos, que los castellanos obtenían de los tratantes moriscos o por sus razzias clandestinas en las costas del Senegal. En lo sucesivo por el rey no se consentirían "pasar a la Española ningún esclavo negro levantisco ni criado con moriscos".
Además, el factor económico apremiaba a la corona, que cada día codiciaba más oro y su extracción era escasa en las minas trabajadas por indios; para las cuales se sabía que eran mejores los esclavos negros. Por eso el rey Fernando (sic) (muerta ya la reina Isabel, el 26 de noviembre de 1504, le envió a Ovando en enero de 1505 una carabela con herramientas de minería, vituallas y diecisiete esclavos negros para el laboreo de las minas de cobre. ¿Serían estos negros esclavos de otras tribus más dóciles y "cristianizadas" que sus cimarrones antecasores? ¿Se tomarían medidas que aumentaran la defensa.
de la ciudad y que permitieran correr mejor el riesgo de una rebeldia en las minas? Sea lo que fuere, Ovando, leJos de oponerse ahora a la entrada de negros en la Española, suplicó al rey Fernando por más esclavos y éste, en carta de Sevilla a 15 de septiembre de 1505 le respondió: "Enviaré más esclavos negros como pedía, pienso que sean ciento. En cada vez irá una persona fiable que tenga alguna parte en el oro que cogieren y les prometa alivio si trabajan bien". (1)
Parece que las instrucciones que se dieron a Ovando no se guardaron y aun debió de temerse el peligro de otra sublevación de negros, por lo cual una Real Cédula de 1506 dispuso que se expulsase de la Española a todos los esclavos beriscos, otras personas libres y nuevos convertidos.
(1) Chacón, Cedulario, p. 129

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y que no se consintiese pasar a ella ningún esclavo negro levantisco, ni criado con moriscos (1). Pero estas reglas pragmáticas fueron burladas. "Por más esforzar aquella prohibición, dice Saco, los esclavos expulsados debian entregarse a la Casa de Contratación de Sevilla como esclavos del Rey, pagar el introductor de ellos en la Española mil pesos de multa, divisibles por tercías partes entre Juez, cámara y denunciador, y que si aquél era persona vil y no tenía con qué pagar, se le diesen cien azotes". Todo esto prueba, añade Saco, cuán temprano empezó en el Nuevo Mundo el contrabando de los esclavos prohibidos; y debemos advertir también cuán mayor debió de ser, ya desde esos primeros tiempos de hispanización de las Indias, el número de negros esclavos
(1) Herrera, Década I, Lib. 6, Cap. 20
introducidos en las Indias que el reconocido por reales cédulas, licencias, censos y estadísticas.(1)
Tres años después, el 3 de mayo de 1509 en Valladolid, el Rey Fernando da otras Instrucciones a Don Diego Colón, al nombrarlo Gobierno de la Española, y en ellas, atendiendo "al mucho cuidado con que desea la conversión de los indios a la fé católica" y a que "si allá fuesen personas sospechosas en la Fe, podrian impedir algo à la dicha conversión", le ordena así: "no consintéis ni déis lugar à que allá puedlen ni vayan moros, ni herejes, ni Judios, ni reconciliados, ni personas nuevamente convertidas à nuestra Santa Fe, salvo si fuesen esclavos negros u otros esclavos que hayan nacido en poder de cristianos nuestros sobditos é naturales é con
(1) Ordenanzas Reales para la Casa de Contratación de Sevilla y para las otras casas de las Indias y de la navegación, y contratación de ellas.
nuestra expresa licencia"(1).
Es oportuno recordar que cuando por esa época Fernando el Católico conquistó algunos puertos de Berberia dio, en 1510, a los barceloneses y en 1514 a todos los catalanes, el privilegio de comercial con ellos, y estos prosiguieron allí el comercio de esclavos. Consta que en 1514 los catalanes hacían trata de esclavos negros sarracenos en el Mediterráneo.(2) Por esas vías era fácil obtener negros esclavos que fueran llevados a Indias, aparte de los negros que vendían los portugueses.
Han llegado a nuestros días noticias (3) de algunas licencias que desde 1509 a 1517 fueron concedidas para pesar de España a Indias, a negros y negras y algunas loras, casi todos ellos horros o libres, y consignándose sus nombres y apellidos, y a veces los de sus padres y parientes.
Una de ellas fue la que en 1510 permitió a Miser Gerón introducir los negros esclavos en Puerto Rico, por más que al irse a poblar dicha isla con copia de gente en 1509 es probable que ya se hubiesen llevado algunos esclavos negros desde la Española[.](4)

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Pero esas pocas y singulares entradas no podían resolver la angustiosa "escasez de brazos" ni ser suficientes para aplacar la avidez del capitalismo emprendedor.
Indudablemente la sed de oro de los cristianos fue la que los apremió a organizar la traida de esclavos negros a las Indias recién descubiertas y ya en dificultades para su explotación aurifera.
Los negros ya estaban ligados al precioso metal en la mente de los cristianos por las creencias antiguas, al menos desde Estrabon, de que el oro se encontraba en las mismas tierras tórridas donde por sus quemantes condiciones climáticas se daban las gentes de piel oscura, el metal solar y las gemas preciosas. Los yacimientos de oro africano parecian confirmar esas creencias.
Un lapidario de Burgos, Mosen Jaime Ferrer, le escribe en 1495 a Cristóbal Colón (en la gran isla de Cibau): "Mientras vuestra señoría no llegue a encontrar negros, en los progresos sorprendentes de sus descubrimientos, y entre en el Sinus Magnus de Ptolomeo no puede contar con grandes cosas (los verdaderos tesoros), como especias, diamantes y oro" (5).
Pedro Martir de Angleria, escribe al saber la expedición de Lucas Vázquez de Ayllón a la Florida. "¿Qué necesidad tenemos de buscar producción semejantes à las más vulgares del Mediodía de Europa? ¡Al Sur! Quienes busquen rinquetas no deben ir a las frias regiones boreales" (6).
Diego Rivero en su célebre mapa-mundi de 1529, Junto a la Florida occidental tomada por Francisco de Garay, escribe estas palabras: "El país es pobre en oro, porque está muy alejado del trópico de Cáncer".
Ahora el impetuoso capitalismo mercantil, sediento de oro amonedable, confiaba su incremento en los esclavos negros y en su Trata trasatlántica y triangular, que por si misma ya respondía a una motivación capitalista y llegó a ser una de las más vigorosas y transcendentes expresiones del capitalismo durante más de tres siglos. A ese impulso capitalista se debió en América la traida de copia de esclavos negros y luego la Trata negrera; primero para las minas de oro con que producir moneda y, poco tiempo después, para la instalación de ingenios con que producir azúcar. Oro y azúcar;negro.
Pero la esclavitud, que deshumaniza Juridicamente al trabajador y lo convertía en una máquina o cosa, en una "pieza" del aparato productor,1 económicamente lo reducia a una inversión de dinero, a un valor monetario como la tierra, la siembra, el buey, el trapiche o el producto. Minas de oro, ingenio de azúcar y dotación de esclavos, todo fue como moneda o dinero; todo fue capital. Así se estableció el capitalismo en América; pero su epicentro dinámico estaba al otro lado del Atlántico. No en Africa que daba los esclavos ni en España que

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STERD.

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proporcionaba la estructura política de la explotación, sino en la Europa ultrapirenaica, que entregada al comercio, a la navegación, a las industrias y a la banca, movía las palancas del capitalismo y recibía sus acumulativos provechos.
En ese nuevo sistema geoeconómico, que nació en las Antillas, Africa fue la trabajadora; España fue la terrateniente que cobraba renta y la mayorla que mantenia el orden; pero fueron otras naciones las industriosas, mercantiles y financieras que sobre aquellas otras medraron y crecieron.
Fue creciendo la sed de oro. Ya en 1509 el rey apremiaba el envío de esclavos a la Española, pues por R.C. del 14 de Noviembre en Valladolid ordenaba a los Oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla enviaran cierta cantidad de esclavos, cuyo embarque parece que estaba demorado (7).
(1) Navarrete, tomo 2, colec. Docum., No. 169
(2) Zurita, Anales de Aragón. Cita de Saco. III, p. 216.
(3) Cristóbal Bermúdez Plata. Catálogo de Pasajeros a las Indias. Durante los siglos XVI, XVIII. Vol. I. Sevilla. 1940 p. 2.
(4) Saco. Historia de la Esc. de la raza africana. T. I, p. 113.
(5) Esta carta, unida a proyectos de métodos de longitudes y a respuestas en las que el gran cardenal de España (Mendoza) llama al lapidario cosmográfo su especial amigo, fue publicada en Barcelona en 1545 en un libro muy raro, cuyo extraño título es sentencias catholicas del Divo poeta Dant. Cita de A. DE HUMBOLDT. - Cristóbal Colón y al descubrimiento de América. Madrid, 1926. - Tomo I. - Pág. - 231.
(6) Décadas VIII, cap. 10
(7) Colección de Documentos Inéditos de Ultramar, tomo V, pág. 191.
El mismo rey D. Fernando dispuso en Valladolid, por Reales Cédulas del 22 de enero y del 14 de febrero de 1510, que a las minas de la Española se llevaran negros esclavos, encargando a los oficiales Reales de la Casa de Contratación de Sevilla que inmediatamente remitesen cincuenta esclavos (1) y luego otros más hasta doscientos, para que se fueran vendiendo a los pobladores de la Española (2)[. I Treinta y seis esclavos negros fueron enviados en seguida a esa isla, en la nave de Diego Nicuesa (3), y en abril de ese mismo año 1510 fueron consignados al Gobierno D. Diego Colón y a los oficiales reales, otros negros esclavos, más de cien, que el rey hizo comprar en Lisboa, ciudad que en todo el siglo XVI fue un gran mercado de los tratantes negreros (4).
(1) Indice General de los Registros del Consejo de Indias desde 1509 a 1608. Ms. Academia de la Historia, Madrid. Cita de Saco.
(2) Muñoz, Colección. Tomo 90.
(3) Indice General de los Registros del Consejo de Indias desde 1509 a 1608.
(4) Muñoz, colección.
Ya en la R. Cédula del 22 de enero de ese año 1510 (1) se declara oficialmente, por el mismo rey Fernando, el principio de que el trabajo de los indígenas debe ser sustituido por el de

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los negros, alegándose no razones de piedad ni política sino un
mero criterio económico, el escaso valor productivo de los
indios como trabajadores; "...que los dichos quincuenta esclavos
son allá muy necesarios para romper las pellas donde el dicho
oro se halla, porque los indios diz que son muy flacos é de poca
fuerza, por ende Yo vos mando que luego pongays toda la
diligencia en buscar los dichos quincuenta esclavos, que sean
los mayores y más rrecios que pidierdes aver y los enbieys a la
dicha ysla Española..." Con este oficial criterio del Rey
Católico quedaba abierto el camino para la total sustitucion
por negros de los indios, que se entregaban a su huelga letal de
brazos caldos por siempre, y para la inundación aluvional de las
Antillas y las costas cálidas del
(1) Chacón, Cedulario.
continente americano por oleadas de millares de negros, que
duraron hasta ya entrado el siglo XIX en su tercio ditimo.
Scelle considera que esta R.C. de 1510 es la primera
aparición de la trata, o sea la primera vez que se transportan
negros a las Indias para un uso no personal ni immediato. No
importa, dice Scelle, que los esclavos negros se compraran en la
Peninsula y no en Africa; lo que caracteriza la trata es el acto
de comercio realizado con esa mercancía humana. (1)
Según [Tachado:advierte] Scelle que (sic) el primer negrero fue
el rey Fernando el Católico, siguiendo el ejemplo de sus colegas
de Portugal, como luego harán los reyes de otras naciones.
En las Ordenanzas e Instrucciones del 18 de mayo de 1511 para
los oficiales de la Casa de Contratación de las Indias, en
Sevilla, el rey dispone "que dejen pasar a los negros y mulatos
de buen arte, que han sido esclavos y después de horros
quisieran pasar y tuvieron buena disposición para
trabajar"; pero esto no bastaba.
El gobierno de Castilla continuaba su política de autorizar el
paso de negros a las Indias mediante licencias
personales, cobrando dos ducados por cada "pieza", según R.C. de
22 de Julio de 1513; hasta que, por otra R.C. de 19 de octubre de
1514, el monarca redujo considerablemente ese pago a 120
maravelis (equivalente casi a la tercera parte de un ducado)
por cada esclavo comprendido en la licencia. Esto no obstante, el
26 de septiembre de 1513, se otorgó a la Española que cada
vecino de ella pudiera sacar libremente de España una esclava
para el servicio de su casa, con tal que fuese cristiana y
hubiese residido en Castilla más de tres años. (2). El 10 de
agosto de 1512 se concedió licencia a Antonio Sedeño para
(1) T.I.p.124.
(2) Navarrete, colec, tomo 2. Docum. Diplom. n.dm. 175. Cita de Saco:
Historia de la Esclavitud de la Raza Africana en el Nuevo Mundo
y en especial en los países Américos-Hispanos. Habana, 1938, tomo
I.p.127.
Ilevar dos esclavos negros a la isla de San Juan (Puerto
Rico), haciéndole Jurar que eran para su exclusivo servicio y
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que no los vendería, como no era raro que sucediera en casos tales. Amedor de Lares, contador de Cuba, fue de los primeros en introducir negros esclavos en esta isla, según licencia que obtuvo por R.C. de 19 de Junio de 1513 para hacerse de cuatro. El 14 de octubre de ese año se registró el permiso a dicho oficial para pasar a Cuba con varios criados, entre los cuales figuraba sólo uno de color, la negra Catalina (1). Por lo cual, cuatro días después otorgó poder en Sevilla a Juan de Oñate, para que le enviara dichos cuatro negros (2). Ese mismo año 1513, con fecha 19 de marzo, se le dio licencia para pasar a Indias a un tal Juan Ortiz.
(1) Bermúdez Plata, Catálogo de (sic) a Indias. p.195.
(2) Catálogo de los fondos americanos del Archivo de Sevilla, tomo III, pág.21.
negro horro (1) quien vino a Cuba como buen tañedor de vihuela, y luego fue con la expedición de Hernán Cortés a México y allí puso escuela de baile.
En 10 de Junio de 1514 Francisco de Garay, entonces regidor de la ciudad de Santo Domingo y luego conquistador de (sic) y de Florida occidental otorgó poder en Sevilla al mercader genovés Niculaso Castaño para que saque 12 esclavos negros cristianos para llevarlos a las islas Española y de San Juan, según licencia que para ello tenía por cédulas reales, y dos días después le vende al mismo mercader un esclavo de Guinea.
Diego Velázquez y los oficiales reales de la isla Fernandina (Cuba) reunidos en Junta le dicen a S.A. el rey en carta del 1 de agosto de 1515, que a la isla de Cuba han llevado muchos esclavos negros pero que no han dejado quedar allí ninguno de ellos por faltar disposición de V.A. para ello y "también por muchos inconvenientes que dice en su carta que al servicio de V.A. no conviene que vayan negros esclavos a aquella isla". (3) En la misma carta le piden
doce negros esclavos a la Española para las obras de fortificación del puerto de Santiago, ya entonces temerosos de los enemigos de Castilla.
No cabe duda de que, ya en fecha tan remota, los españoles hacían el contrabando de negros para burlar los gastos de obtener la merced de la licencia y no pagar tributos. A veces los robaban en Africa, como dice Saco; pues en 1514 se formó proceso en la Española contra unos portugueses que arribaron a sus costas. Estos, al que jarse a su gobierno de la prisión y maltrato que se les daba, decianle que las disposiciones que más les
(1) Bermúdez Plata - Catálogo de Pasajeros a Indias. Sevilla, 1940. Vol. I. p. 75.
(2) Pub. del Inst. Hisp. Cubano Colecciones de doc. ined. Madrid 1930. Tomo X. No. 1054 y 1055.
(3) Papeles existentes en el Archivo General de Indias relativos a Cuba y muy particularmente a la Habana. - Tomo I, p. 1931. (sic) p. 17
perJudicaban eran las de unos vecinos de Palos de Moguer, a quienes le habían quitado algunos negros que llevaban hurtados

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de la Costa de Guinea (1).
Por esos años también hubo negros en Tierra Firme o sea en los países que fue conquistando España en el continente americano. El primero de todos, el Darién; acaso desde 1511, pero con seguridad desde 1513, pues cuando Vasco Núñez de Balboa sale de allí para el Mar Pacifico lo acompaña un negro por lo menos, llamado Nulfo Olano (2). Cuando Balboa en 1516 hizo transportar a hombro, desde el puerto de Acha en la costa norte al río de las Balsas en el Mar del Sur, las piezas para hacer cuatro bergantines,
(1) Muñoz, Colec. Cita de Saco. I. N. 130.
(2) Oviedo, Histo. Gral. y Nat. de las Indias. Tomo III, lib. 29, cap. 3.
utilizó como cargadores hasta treinta negros (1), además de muchos indios y castellanos. Para Castilla del Oro llevaron esclavos negros en 1514 así Pedrarias Dávila como Gonzalo Fernández de Oviedo, que allí fue de veedor y luego cronista; y en 1515 también los introdujeron el gobierno y otros pobladores. (2)
La abundancia de negros esclavos en las islas era tal que seguía infundiendo recelos de nuevos alzamientos. Se pensó, con razón, que uno de los motivos de desorden entre los esclavos negros era la agamia forosa (sic) [debe decir; forzosa] por falta de mujeres de su misma etnia, tal como lo fue también entre los primeros pobladores blancos que atropellaban a las indias y se procuró subsanar esa subversiva deficiencia. Ya Cristóbal Colón habla estimado el positivo valor de este medio de transculturación por la via
(1) Capas, His. Lib. III, Cap. 74.
(2) Herrera, Dec. I, Lib. 10, Cap. 11 y otras citas de Saco. I, p. 117.
conyugal, cuando en su segundo viaje apareó en Cuba a siete mujeres indias para llevarles a España con los otros indios varones que habla cautivado con igual objeto; lo cual hizo el Almirante "porque mejor se comportan los hombres en España habiendo mujeres de su tierra que sin ellas", aludiendo a lo que acaecia con los negros de Guinea en Portugal, que él mucho conocía (1).
El rey Fernando el Católico por R.C. de Burgos, el 23 de Febrero de 1512, habla tenido que introducir esclavas blancas y cristianas en las Indias, para que se maridaran con los blancos pobladores. A ello se opusieron el gobernador de la España Diego Colón y los oficiales del rey, con fecha 2 de Julio de 1512, alegando que en la España había "muchas doncellas de Castilla conversas" o sean Judias de las numerosas
(1) Casas. Historias T. I, p. 283.
familias hebreas que se hicieron cristianas para evitar las furias de la Santa Inquisición y los atropellos de los Reyes Católicos. A esto el rey Fernando, en cuyas venas corrira sangre Judía, insistió a fines del mismo año, por su R.C. de Logroño de 10 de diciembre; y por R.C. de Valladolid del 26 de septiembre de 1513, el rey concedió a los vecinos de la España la merced de sacar una esclava blanca para cada vecino, con tal que sean cristianas y criadas en Castilla durante más de tres años (1).
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Ahora el rey católico tenía que proveer de esclavas negras para convugarlas con sus negros esclavos. El rey le escribió de Madrid, el 4 de abril de 1514, al tesorero Miguel Pasamonte, diciéndole: "Proveránse esclavas que casándose con los esclavos que hay, den éstos menos sospechas de alzamiento; y es-
(1) Citas de Saco. "Esclavas blancas en las Indias Occidentales". "Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de Buenos Aires (Núm.34, octubre-diciembre de 1927). Navarre. T. II. p.361."
clavos irán los menos que pudieren, según decis (1). El 27
(1) Cartas del Rey Católico D. Fernando al Tesorero Pasamonte, de la Española, hechas en 28 de octubre, 25 de noviembre, 6 de diciembre de 1513, y 15 de enero y 4 de abril de 1514 - Muñoz, Colecc. Tomo 75. Cita de Saco.
de septiembre del mismo año, escribió el rey en el mismo sentido a Don Pedro Suárez de Daza, Obispo de la Concepción en la Española: "Para más pronto acabar la iglesia podréis pasar diez esclavos; decís que así prueban los esclavos negros y que convendría fuesen más por ahora: siendo varones no, pues parece que hay muchos y podrá traer inconveniente" (1).
Los pobladores de Indias en todas partes seguían pidiendo esclavos, fuesen negros o blancos, y ya se atrevían a pedirlos no sólo de Castilla sino de otro lugar cualquiera. Por R. Cédula de Madrid, a 14 de enero de 1514, se encargó a Pedrarias que informara acerca de si debía accederse a la petición de los vecinos de Darién para que cada uno de estos pudiera llevar de Castilla o "de donde quisieran" dos esclavos negros o blancos (2). Ese "donde
(1) Muñoz, Colecc., tomo 90. Cita de Saco.
(2) M. Serrano y Sans. Origenes de la dominección española en América. Madrid, 1918. Tomo I, p. CCLXXV.
quisieran" podría significar Portugal o directamente de Africa mediante la trata directa con sus costas.
Si los indios se aniquilaban en las minas del rey católico, lo mismo acontecia con los negros, unos y otros en trabajos forzados por una misma sordidez. En una carta fecha en Sevilla a 21 de Junio de 1511 y dirigida a un oficial de la Española, el rey le dice en son de reproche: "No entiendo cómo se han muerto tantos negros; cuidadlos mucho" (1). Pero si los negros se acababan como los indios, ya no podrian ser sustituidos sino con otros negros, con más y más negros, y el único potencial depósito geográfico de tantos esclavos no podía ser sino el Africa subsahariana, la cual se consideró que, como las Indias, era pobladísima de gentes climáticamente
(1) Muñoz, Colección. Tomo 90
adaptables, paganas y en partes también canibales, fuertes aunque casi inermes, sin polvora. Además, las mermas de población en Africa nada importaban al español, pues aquella tierra no era suva, ni allí tenía factorias ni asientos, y los trastornos violentos que se producian en sus pueblos y en sus relaciones interribales, por los salteamientos de los pueblos negros o por las contiendas entre los mismos africanos, más favorecian la abundancia de esclavos "de guerra", o sea de los negros
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cautivados de acuerdo con el derecho de gentes y la teología. No habría obstáculos filosóficos, ni religiosos ni éticos; en todo caso, los negros como los indios eran bautizados y así la conciencia de los blancos no sólo quedaba tranquila sino exaltada por el gran servicio que se le hacía a Cristo, extendiendo su fé, y a los esclavos, asegurándoles en su día el pasaporte para su futuro buen viaje a un mundo eterno. Ya la trata negrera entre América y Africa no podía
tardar. Su demora ya sólo dependía de dos factores indispensables. Primero, el reajuste de los respectivos intereses internacionales, papalmente regulados, entre España que no podía hacer la trata y Portugal que tenía el monopolio para hacerla, con sus mercados africanos de Guinea, Congo y Mozambique;
y segundo, la cuantiosa concentración capitalista y la compleja articulación de sus órganos tentaculares que para la trata de negros se requerían, pues
la falta de colonias africanas que sufria España; las enormes distancias marítimas entre Sevilla, Africa y las Indias que con aquellas navegaciones a vela representaban el empleo de mucho tiempo y los peligros de piratas y corsarios en cada viaje redondo; las condiciones azarosas de aquellos mares durante los equinoccios, con sus tornados y huracanes; la necesidad de establecer permanentes factorias y depósitos en los estuarios, islas y costas de Africa y las diferencias climáticas que hacían muy insalubres las estadias en Guinea y Congo, exigían para el funcionamiento de la trata negrera la inversión de grandes recursos en dinero y la organización de un numeroso personal que se combinara en el negocio y se aviniera a trabajar en él por el cebo de pingües logros, proporcionadas a sus fatigas y riesgos.
Un factor económico decisivo para la implantación de la trata negrera en gran escala fue un nuevo género de explotación industrial que los españoles introdujeron el Nuevo Mundo: el azúcar. La cronología de los primeros azúcares en América es probablemente la que sigue.1493 (en diciembre): Introducción y siembra de unos canutos de caña de azúcar en la Española, por el Almirante Cristóbal Colón, quien, al servicio de la genovesa casa bancaria de los Centurioni, desde antes devenir al Nuevo Mundo ya ligaba en su mente y sus actividades, viajes, islas nuevas, oro, azúcar y negros esclavos.1501 (aproximadamente): Se obtiene el primer cañaveral, por Pedro de Atienza.1506 (o el año antes): se producen los primeros azúcares para el consumo casero o local, por Miguel Ballester o por Aguilón o Aguilón.1515 (o antes): Se hace la primera zafra del primer trapicha, por Gonzalo de Velosa.1516: se establece el
primer ingenio, por el dicho Gonzalo de Velosa y los hermanos Francisco y Cristóbal Tapia (1).Y ya el azúcar clama por otra organización social; es la voz imperiosa del ya pujante capitalismo. Los primeros aparatos industriales de hacer azúcar eran impulsados por fuerza de sangre (esclavos, caballos o bueyes), que movía una rueda central, tirando vuelta tras
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vuelta, como en las viejas norias de los árabes en España; o bien el rodaje de tales máquinas era movido por fuerza hidráulica, como el entonces famoso "ingenio o artificio de Juanelo", que en Toledo elevaba el agua del río Tajo. Oviedo y Las Casas precisan que Velosa "alcanzó a hacer uno que llaman trapiche, que es un molino o ingenio que se trae con caballos". Como se advierte por este párrafo de Las Casas, el vocablo ingenio era de sentido genérico y comprendía así los sencillos, llamados trapiches, "que muelen las cañas con caballos".
(1) F. ORTIZ: Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar.-Habana, 1940, p. 340.
y los "ingenios poderosos", que eran de agua, a los cuales después se limitó especificamente el uso de aquel vocablo. Si en algunos trapichas primitivos los esclavos tiraban del molino, esto fue excepcional; pero de todos modos en la agricultura, para las siembras, cultivos, cortes y acarreos de las cañas y para las faenas industriales de la extracción, defecación y cocción del guarapo y la producción de melazas y azúcares, eran indispensables numerosos trabajadores, amén de tierras, plantaciones y máquinas costosas, es decir, de dineros y de su organización con móvil y técnica capitalistas. Requería muchos brazos baratos y estos no se podían obtener sino con numerosos esclavos. El azúcar significó siempre esclavitud, aunque de ser producida en América.
Asi estaba planteado el problema de los esclavos negros en las Indias, cuando Bartolomé de las Casas penetra en el vórtice del gran remolino social, de blancos, bermejos y negros, que iniciaba la occidentalización de tres continentes, con el Océano Atlántico, de polo a polo, como su articulación vertebral. Aquél comprendió que sólo con esos tres ramales humanos habrá de irse haciendo el definitivo trenzado social de aquel mundo nuevo y, desde su primer escrito hasta medio siglo después en su testamento, el firme trazo de su pluma aparecerá a lo largo de esa entretejedura como una hebra de luz.
Entre las citadas reformas propuestas en 1516 por Las Casas en su Relación de los remedios, uno hay, el undécimo, que dice así: "Que Su Alteza no tenga indios señalados ni por señalar en la comunidades ni parte alguna, porque no haya ocasion de corromperse; porque alegando muchos el servicio de S.A., diciendo que pierde algo de su parte, o porque se le acreciente, ternán (sic) buen achaque para hacer que se trabajen más los indios de lo que será razón por lo que a los tales cumple y porque crezcan sus provechos, y este es su colo; pero que en
lugar de los indios que habían de tener las dichas comunidades, sustente S.A. en cada una veinte negros o otros esclavos en las minas, dé comida la que hobiera menester, y será muy mayor servicio para S.A. y ganancia, porque se cojerá mucho más oro que se cojerá teniendo doblados indios de los que había de tener en ellas". En resumen, el rey tampoco tendría repartimiento de indios, pero en su lugar el debería tener en cada comunidad veinte negros u otros esclavos.
Las Casas en ese alegato también propuso remedio para los

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españoles. La supresión de los repartimientos de indios significaba una grave subversión del régimen económico-social que ya habían establecido los conquistadores. Las Casas quiere que estos "que no eran muchos, se pudiesen ocupar y granJear y vivir en la tierra sin pecado, ayudándose, o de sus manos los que podían y solían a sus tierras trabajar o
de su industria granJeando, y no fuese toda su vida, como lo habla sido, estar holgazanes". Para ayudar a estos españoles, no precisamente para aliviar a los indios, Las Casas pide que al establecerse las propuestas comunidades indigenas, los españoles a quienes se les prive de los repartimientos ya hechos deberán dedicarse a minas, ganados, ingenios de azúcar y muchas otras granJerias, "haciéndoles merced de que puedan tener esclavos negros y blancos, que los puedan llevar de Castilla".
Esta dos son las primeras alusiones que hace Las Casas a la traida de esclavos negros. Adviértase que no discrimina entre negros y blancos. No es racista, ni es innovador, ni pide la trata con Africa. Propone tan sólo que a los españoles expropriados de encomiendas de indios se les permita traer algunos esclavos de los mismos que ya habia en Castilla, tal cual ya se estaba haciendo en las islas, como hemos visto y el bien lo sabia. Las Casas aceptaba la esclavitud sin distinciones de colores, como era ley y uso de su país y de su tiempo, así entre cristianos, moros y Judios como entre los mismos pueblos negros de Africa.
Las gestiones de Las Casas, Montesinos y Palacios Rubios impresionaron mucho al regente Cisneros, de carácter enérgico, autoritario y austero; quien ya se habla distinguido en Castilla "reformando" en cuanto pudo la entonces muy corrompida orden franciscana, persiguiendo a los herejes como Inquisidor General, suJetando a los nobles levantiscos, haciendo guerra agresiva y victoriosa a los moros africanos, etc. Tocante a la "reforma" de las Indias, Cisneros ordenó:
1. - por R.C. del 16 de agosto de 1516 en Madrid "que no pasase nadie a Indias sin licencia expresa del mismo Cisneros" a cuyo efecto se requirió rigurosamente a todos los puertos de los reinos de Andalucía y Granada; 2. - que no pasara carta alguna sin primero abrirla y leerla para evitar que llevaran noticias de lo que se planeaba para la "reforma";
3. - la inmediata suspensión de toda licencia para introducir negros en Indias y 4. - el envio a éstas de una Junta de reformadores.
De las Indias se pedían más y más negros esclavos, a la vez que se temía por sus sublevaciones. En 1516 había ya tantos negros en la Española
que Gil González Davila, el contador de la isla en memoriales al Consejo de Indias y al Cardenal Cisneros, les pedía que se evitasen los alzamientos de negros y que fabricasen dos ingenios de azúcar (1).
Francisco de Cisneros y Adriano de Utrecht comprendían que la profunda causa del saqueo y derrumbe social de las Indias era

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la codicia y itachado al inicio de la ficha: Instrucciones de Cisneros y Adriano; len su carta al Padre General de los Jerónimos, de fecha 8 de julio de 1516, le declan: "ninguna persona se ha enviado hasta ahora a las dichas Indias en quien no haya reinado la codicia más de lo que fuera de razón". (sic)
Apreciando la creciente gravedad del desquiciamiento de las Indias, se dispuso que fueran allá tres freiles Jerónimos (ni dominicos ni franciscanos, para evitar las rivalidades entre ambas ordenes) con cierta Instrucción para poner remedios convenientes, o sea dar una nueva constitución política y económica al gobierno de las Indias. Los capitulos de esa Instrucción a los Jerónimos reflejaban muchos de los remedios del P. Las Casas. El mismo dio "la sustancia y orden de todos estos capitulos e instrucciones". En ella están ordenadas la libertad de los indios y su reagrupación en pueblos, con término suficiente, tierras familiares y otras comunes para egidos, pastos y estancias de puercos y ganados; la regulación (1) C.D.A. T.I.p.335 a 347.
sensata del trabajo, un gobierno de los indios por sus caciques y nitinos con
la supervisión de funcionarios españoles; un hospital habilitado para los enfermos, los ancianos y los huérfanos desvalidos; sendas misiones religiosas de catequismo y escuelas para enseñar a leer y escribir a los niños hasta los 9 años y a hablar en romance, particularmente a los hijos de los caciques; el favorecimiento del mestizaJe por legítimos matrimonios, etc.
Entre tales remedios habia uno para los españoles, tal como dice el texto: "Remedio para los españoles que allá estan: Algunos dellos se remediarán comprendoles las haciendas para los pueblos, otros con encomendalles la administración de los pueblos, otros salariándolos para mineros, otros dándoles facultad para que por sí y por sus familias puedan sacar oro, pagando solamente el diezmo de lo que sacaren siendo casados y teniendo alla sus mujeres, y los que no fueren casados paguen de siete uno;
otros dándoles facultad para que cada uno dellos pueda meter dos o tres o más esclavos, la mitad varones y la mitad hembras porque multipliquen; y a los que tuvieron indios encomendados y otras mercedes, dándoles alguna satisfacción y haciéndoles otras gratificaciones por ella". Como se vé, este remedio se refiere a la introducción de esclavos sin decir negros ni blancos ni caribes. No se dice aquí ni siquiera "negros o otros esclavos" como en la Relación de Las Casas; aunque parece que implicamente en el texto se admite la posibilidad de "meterlos" sin distinciones y sin decir de dónde. Sin embargo, recuérdese que en esa fecha estaba prohibida por Cisneros la introducción de negros en las Indias; no parece pues que entonces se pudieran volver a traer negros a estas islas sin una revocación legal expresa.
Esta Instrucción a los Jerónimos complementa en cierto modo la
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Relación de los remedios del P. Las Casas. Constituuye, sin duda, un notabilismo proyecto de estadista. No trazado para un gobierno imaginario de la isla Utoa (sic) como era el de Tomás Moro, sino para unas islas verdaderas, a las cuales urgía reformar realmente. Esa Instrucción a los Jardinimos el primer plan sistemático y oficial de gobierno, trabajo y transcultura de pueblos coloniales que aparece en la historia. Muchos de los principios lascasianos pueden verse aplicados aun hoy día en las colonias francesas e inglesas de Africa y otros pueblos iletrados; y en algunos aspectos, sobre todo tocante al mantenimiento de la tribu, a la gobernación indirecta por las Jerarquias étnicas o tradicionales, a la equitativa organización del trabajo y al favorecimiento del mestizaje, no han sido superados por otros regimenes de colonización.
Pero esas disposiciones, conservadoras a la vez que revolucionarias, fracasaron. Un viejo proverbio castellano, nacido sin duda de una larga experiencia, enseña que "quien hizo la ley hizo la trampa". Esas Instrucciones tenia su trampa, varias trampas. Ya al proyecto original, como dice Las Casas, "muchas cosas añadieron y alteraron el cardenal y los del Consejo que para esto llamó (...) oidas algunas informaciones de los españoles que a la sazón en la corte se hallaron y contra el clérigo y contra los indios blasfemaban rabiando, como fue aquéllo que anduviesen siempre en las minas de trabajo sacando oro, porque debiérase de considerar que estaban los tristes indios molidos y deshechos y al cabo de las vidas, de haber andado tantos años atrás en ellas y en los otros trabajos (...) y sólo el pensamiento de que habían por fuerza de andar en las
minas siempre la tercia parte bastaba para del todo acaballos". (1)
Otrampa importante isima era la que, como remedio para los españoles, mantenia la rapiña y trata de indios. "Asimismo les aprovechará mucho (dice la Instrucción) que Su Alteza les de carabelas aderezadas de bastimentos y otras cosas necesarias, para que vayan ellos mismos a tomar los caribes que comen hombres y son gente recía, y estos son esclavos porque no han querido rescibir los predicadores, y son muy molestos a los cristianos y a los que se convierten a nuestra sancta fe y los matan y los comen; y los que trujeren, partanlos entre si y sirvanse dellos; mas, so color de ir a tomar los caribes, no vayan a otras islas ni tierra firme, ni prendan a los hombres que alli morasen, so pena de muerte y perdimiento de bienes". Este remedio indignó a Las Casas por su inhumana hipocresia "esto"
(1) Las CASAS: Historia de las Indias. Tomo III. México p. 130.
fué falsedad y testimonio que les levantaron, porque después que las Indias se descubrieron, hasta hoy, nunca los caribes supieron que cosa era predicadores, ni les resistieron, sino a los españoles que tuvieron siempre por hombres crueles salteadores, y por eso, cuando podían, hacían ellos lo que vían que hacían a los pacíficos y domésticos indios, y que no comían carne humana; porque si los españoles hicieran obras de verdaderos cristianos, tan pocas dificultad hobiera en traellos a fe, o no muy grande, como a los demás". Las Casas supone que esto

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debío de salir de uno que entró en este Consejo, que fue harto engañado dando crédito a los salteadores y tiranos que aquellas sentes alborotaron y pusieron con sus crueles obras en odio del nombre cristiano". Parece aludir al obispo Fonseca, protector que fue de Hojeda y de Pedrarías Dávila; pero Las Casas sabía cuán difícil habla de ser la implantación de sus remedios, conociendo que en el Consejo de
Castilla estaban sus magnates cohechados por sus propias encomiendas. El lo dice: "el secretario Conchillos tenía, según era público, 1100 indios, el obispo de Burgos (Fonseca) 800, Hernando de Vega otra multitud de ellos, el licenciado Moxica, que no debía ser menos de 200, y otros que sospechaba los tenían en cabeza ajena".
Pero otrampa hubo que fue la más dafina. En la Instrucción a los Jerónimos se incluyó un segundo remedio para los indios. Las Casas lo llama Segunda Instrucción, pues no era sino una alternativa, contraria a la primera. Por este llamado remedio "en caso que se hallase que el primer remedio de hacer pueblos para los indios y ponerlos en policía no hobiese logar, y que todavía pareciese que debían estar encomendados, como hasta aquí, deben proveer y remediar para adelante" (...) "que estuviesen los repartimientos y encomiendas como se estaban en poder de españoles" y que
se "moderasen" las disposiciones de las leyes de Burgos, del año 1512. Por este segundo remedio se alivia el trabajo de los indios y las mujeres prefiadas y se majoran sus condiciones; pero se mantiene la encomienda y los indígenas siguen repartidos, sin tierra, patria, familia, pueblo ni paz.
Se despacharon cédulas para que la triarquia de los Jerónimos pudieran quitarles los indios encomendados que tenían a los del Consejo, a todos los que residían en Castilla y a los muchos Jueces y oficiales del rey que en Indias también gozaban de repartimientos. Pero ya en el primer remedio se reconociía que "esta mudanza de quitar los indios a los que los tienen encomendados les será muy molesta". Todavia en España, ya los procuradores de los encomenderos indianos habían logrado convencer a los Jerónimos de que era inconveniente lo propuesto por Las Casas, y este le
diJo a Cisneros que aquellos frailes "no habian de hacer cosa buena, según la mala disposición que ya concebido habían contra los indios (...) por estar imbuidos de los seglares (...) no han de hacer cosa buena, antes mucho mal". El Dr. Palacios Rubios les diJo a los misioneros frailes que tenían "poca caridad" para llevar a su cargo aquella misión tan espiritual e importante. Cisneros "quedó como espantado" y exclamó: "¿de quién lo hemos de fiar?" "Allá vais, mirad por todos", le diJo a Las Casas; y por cédula de 17 de septiembre de 1516 el Cardenal y el Embajador nombraron al "vecino de la Isla de Cuba". P. Bartolomé de las Casas, por "procurador y protector universal de todos los indios de las Indias", con salario de 100 pesos de oro cada año, que según el "entonces no era poco". Mayor era (500 pesos) el de los Jerónimos.
En la expectativa de lo que iba a resultar de la proyecto (sic) "reforma", por R.C. de 25 de septiembre de 1516 Cisneros y Adriano se dirigieron a los

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oficiales de la Casa de Contratación suspendiendo todas licencias que se habían dado para pasar esclavos a las Indias, por que los favorecidos en tales gracias "han hecho y hacen algunos fraudes en la venta de ellos" y también porque se teme que puede "recrescer mucho daño y peligro en la pasada de los dichos esclavos porque se conforman mucho con los indios para hacer males y daños, como en los tiempos pasados se ha visto por experiencia"(1).
(1) A. de la H. de Cuba. Papeles existentes en el A.G. de Indias - Habana, 1931 - T. I, p. 17.
Quienes injustamente se ensañan con Las Casas acusándolo de esclavizador de los negros, suelen presentar a Cisneros también con injusticia y por sólo esta disposición suspensiva del año 1516, como un enemigo de la trata.
Se ha discutido el propósito de Cisneros al hacer esa prohibición. Unos historiadores suponen que fue por odio a la esclavitud, a lo cual Saco arguyó como sigue: "El hombre que trabajó en los últimos años del reinado de Fernando el Católico para esclavizar a los moros refractarios de Granada; el que autorizó las expediciones para reducir a esclavitud a los indios caríbes; el que no dictó providencia alguna contra el comercio de esclavos que entonces se hacía dentro de la misma España, cuando era aún menos disculpable que en América; en fin, el que después de conquistada Orán tornó a España conduciendo en su propia nave como esclavos algunos prisioneros, ese hombre, a pesar de su vasta capacidad, de la grandeza de su alma, de sus eminentes virtudes y de la merecida santidad de sus titulos, no puede figurar en la historia como enemigo del comercio de los negros africanos. Si él hubiera conservado la regencia habrilo
restablecido, porque la orden que dio de suspenderlo provino de que esperaba sacar provecho para la Real Hacienda, echando un tributo sobre aquel tráfico. El cronista Herrera, cuyo testimonio es preferible al de cuantos extranjeros han escrito sobre esta materia, por su imparcialidad y el profundo conocimiento que de las cosas de Indias tenia, dice: "Como iban faltando los indios i se conocía que un negro trabajaba más que quatro, por lo cual havia gran demanda de ellos, parecia que se podía poner algn tributo en la saca, de que resultaría provecho a la Real Hacienda" (1)
Scelle tiene otra teoria. Dice que antes de llegar el nuevo rey Carlos I a España, ya su privado Guillermo de Croz, señor de Chievres, había hecho comprar 600 negros para enviarlos a las Indias, a lo cual se opuso Cisneros y por eso dictó este la prohibición. Los flamencos por su parte vieron eso una obstrucción de los castellanos a que ellos penetraran el gobierno y los negocios de Indias, según dice Varillas (2) en su apologia de Chievres. Es probable que concurrieran varios motivos.
Entre los peligros de aumentar los negros esclavos, por un lado, y la creciente demanda de los mismos, por otro; Cisneros, pensando o no en
(1) Herrera, Década II, lib. 2, cap. 8.

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sacar posibles tributos de la esclavitud, interrumpio el envio de negros en espera de la reforma o remedio que se implantaria en las Indias. La citada R.C. fue despachada a instancias del Jerónimo Fray Bernardino de Manzanedo y a él se le entregó para llevarla a Sevilla. Pero, sin duda, hubo alguna resistencia pasiva para cumplir con la R.C. del 23 de septiembre disponiendo la supresión de las licencias para "pasar esclavos", pues hubo necesidad de otra R.C. del 10 de noviembre de 1516. Por ésta dicen Cisneros y Adriano ser informados de "que están cargados en ciertas naos que están para partir a las Indias ciertos esclavos" por lo cual mandan que... "saqueys de dichas naos cualquiera esclavos blancos y negros que en ella fallerdes e se entreguen a sus dueños" (1).
(1) Serrano y Sans - Tomo I, p.418.
Al final, el 11 de noviembre de 1516, los Jerónimos en una nao y Las Casas en otra, éste con cuatro criados y una "librería", salieron de Sanldcar para la Española, conjuntamente con todas las otras naves cuyo paso a Indias había sido detenido tres meses atrás.
En la Española, el fracaso de la "reforma" resultó como por Las Casas estaba previsto. La tempestad estalló en seguida.
Llegado a la Española poco después de los frailes el licenciado Alonso de Zuazo, Juez de residencia, Las Casas, el Protector de los Indios, formuló acusación contra los Oidores de la R.audiencia de Santo Domingo, sobre todo por "haber consentido destruir las islas de los lucayos, salteando y prendiendo con grandes crueldades las inocentisimas gentes moradoras de ellas". Las Casas pedía que se los procesara "como a reos y homicidas y causa de todo ello; (...) y que fueran condenados a muerte, la cual sin duda alguna muy bien merecian". Según el mismo "Protector" comentó después: "De esta acusación peso mucho a los padres Jerónimos, y de todo lo que cerca de esta materia el clérigo Las Casas hacía".
Los Jerónimos abrieron información en cuanto al problema social en su conjunto. Los Jueces, oficiales del rey y encomenderos se opusieron al remedio y alegeron contra los indios; también los frailes franciscanos. Sólo los dominicos sostuvieron a Las Casas, mediante un "tratado en latin" que hizo Fray Bernardo de Santo Domingo. Pero fue inutil. Añadióse que llegaron a Indias ciertos parientes y deudos de los Jerónimos y estos los enviaron a Cuba a que Diego Velázquez les repartiera indigenas. "Viendo el poco o ningún remedio que los frailes de San Jerónimo daban a los indios", el P. Las Casas decidió volver a Castilla. Fray Luis de Figueroa quiso impedirlo. "No vaya, dijo, porque es una candela que todo lo encenderá". Pero Las Casas se reembarcó otra vez en mayo de 1517, retornó a Castilla y en Junio hablaba de nuevo con el Cardenal. Tras él fue uno de los Jerónimos, Fray Bernardino de Manzanedo, cuya cara, según elandaluz Las Casas.

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era "de las feas que hombre tuvo".
Apenas llegado Las Casas a Castilla murió en Roa el Cardenal Cisneros, el día 8 de noviembre, y de Flandes llegó el nuevo rey Carlos I de España, luego emperador de Alemania Carlos V, con sus diez y siete años y con el borgofón Jean le Savage su Gran Canciller y un corteJO de favoritos flamencos. A poco Las Casas logró la confianza de este Gran Canciller y el nuevo monarca dispuso que se Juntaran y "ambos a dos reformaran y pusiesen remedio a los males y daños destas Indias". Las Casas se sintió feliz porque parecia que Dios ponía en sus manos, por segunda vez, el remedio y la libertad de los indios". En esta ocasión Las Casas de nuevo "comenzó y acabó sus memoriales conforme a la traza y orden que habían llevado los frailes de San Jerónimo, añadiendo algunas cosas para el bien y la vivienda de los españoles y para que los indios consiguieran su total libertad".
No se conocen estos nuevos memoriales de Las Casas; pero, según el refiere, tomó ahora como base que las islas "se poblasen de españoles pues ya"
estaban de sus infinitos vecinos indios asoladas". Con ese fin, propuso un plan detallado de inmigración blanca de labradores. Entre las Mercedes estimuladoras una fue que "porque el rey tenía ciertas granjas, que acá llamamos estancias, donde habia indios y algunos negros, aunque pocos negros para sus granjerias, que se les diesen a los labradores donde se fuesen a apoyentar, con todo lo que en ellas de valor habia; salvo los indios, que se habian de poner en libertad, con que sustentasen los indios las dichas labores o granjerias algunos días". Es decir que el rey diera sus estancias a los nuevos labradores de Castilla, con los pocos negros esclavos que ya el rey tenía en ellas. Más adelante de este su memorial de 1517, es cuando Las Casas pide por primera vez la entrada de esclavos negros en el Nuevo Mundo. Dice así, en su Historia de las Indias, (Lib. III, capítulo CII): "Otras muchas y diversas Mercedes se les
prometieron, harto provocativas a venir a poblar estas tierras de los que las olan; y porque algunos de los españoles desta isla dijeron al clérigo Casas, viendo lo que pretendía y que los religiosos de Sancto Domingo no querían absolver a los que tenían indios si no los dejaban, que si les traía licencia del rey para que pudiesen traer de Castilla una docena de negros esclavos, que abrirían mano de los indios, acordándose desto el clérigo dijo en sus memoriales que se hiciese merced a los españoles vecinos dellas de darles licencia para traer de España una docena, más o menos, de esclavos negros, porque con ellos se sustentarian en la tierra y de Jarian libres los indios". "Traer de Castilla"... "traer de España". Las Casas no pedía la trata con Africa. A Las Casas le preguntaron "que tanto número le parecia que sería bien traer a estas islas de esclavos negros; respondió que no sabía". Tampoco sabía las apremiantes peticiones que en
ese tiempo se hacían para establecer la trata negrera. Es de presumir que si aquéllas hubiesen llegado a su noticia las habría referido en su Historia de las Indias.
¿Por quiénes, cuando y cómo se estableció la trata negrera entre Africa y América?. Ya cuando en el año 1517 los frailes

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Jerónimos inquirían la opinión de los pobladores de la España, el franciscano Fray Pedro Mejía propuso ir sustituyendo el trabajo forzoso de los indígenas con el de esclavos negros, que les dejaran seis indios a cada encomendero y les quitasen los demás, dándoles a razón de un negro por cada cinco indios. Según él, con traer a la España 2000 negros bastaba, pues suponía que ya sólo quedaban 15000 indios encomendados. (1) También los frailes dominicos propusieron en un Parecer, firmado por nueve religiosos, la traída de esclavos negros, que el (1) Documentos Inéditos de América, tomo XI, pág. 211 a 215.
rey vendería al fiado a los pobladores. Los padres Jerónimos escribieron desde la España al Cardenal, en carta de 22 de junio de 1517, lo
que sigue: "Hay necesidad, como ya bien a larga tenemos escrito, que V.S. mande dar licencia general a estas islas, en especial a esta (la España) y San Juan (Puerto Rico), para que puedan traer a ellas negros bozales, porque por experiencia se ve el gran provecho de ellos, así para ayudar a estos indios, si han de quedar encomendados o para ayudar a los castellanos, no habiendo de quedar como para el gran provecho que a S.A. de ellos vendrá. Y esto suplicamos a V.A. tenga por bien conceder, y luego porque esta gente nos mata sobre ello y vemos que tienen razón". Insistieron los Jerónimos en pedir esclavos bozales y de Africa en carta de 18 de enero de 1518; decian: "en especial que a ellas se pueden traer negros bozales, y para los traer de la calidad que sabemos que para acá combiene, que V.A. nos mande enviar facultad para que desde esta Isla se arme para ir por ellos a las islas de Cabo Verde y tierra de Guinea.
o que esto se pueda hazer por otra cualquiera persona desde esos Reynos para los traer acá. Y crea V. Alteza que si esto se conzede, demás de ser mucho provecho para los pobladores destas Islas y rentas de Vuestra Alteza, serlo ha para que estos indios sus vasallos sean cuidados y relebados en el trabajo, y puedan más provechar a sus animas y a su multiplicación".
El Jerónimo Fray Bernardino de Manzanedo, que volvió a Castilla tras de Las Casas, no estuvo ocioso, A comienzos de 1518 entregó un largo memorial de peticiones a Carlos V, donde hace constar lo siguiente: "Todos los vecinos de la España suplican a V.A. les mande dar licencia para poder llevar negros, porque dicen que los indios no es suficiente remedio para sustentarse en ella. Aquellos Padres e yo, con los oficiales de V.A. y Jueces, con algunos regidores de Santo Domingo,
hablamos sobre este artículo, y vista la necesidad de aquella isla, nos pareció a todos que era bien que se llevasen, con tanto que sean tantas hembras como varones o más; y que sean bozales, y no criados en Castilla ni en otras parte, porque estos tales salen muy bellacos" (1). El fraile Jerónimo ya no pide negros cristianos y ladinos, o sea con el habla de Castilla y hechos a sus costumbres, ya en camino de transculturación, sino negros bozales rústicos, sin asomo de adaptación cultural, dejados a su más humillada e indefensa condición, para evitar en ellos toda sacudida de inconformidad en las congojas de la servidumbre. El imperativo económico exigía tan sólo aparato de fuerza

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muscular. "Esclavos negros y otros esclavos de fuerza, pero no indios", decla el P. Manzanedo. Este, más exigente aún en la sumisividad de los negros boza-
(1) Memorial de Fr. Bernardino de Manzanedo a Carlos V. Año 1518.
Archivo de Indias, Est.2, caJa 1, leg.1/25
les que debían importarse, aconsejaba así: "...traigan negros de ciertas tierras donde son de mejores costumbres y condición y no de las otras, que comúnmente salen siniestros". Este piadoso Jerónimo no sólo pedía la trata negrera de bozales, pese a sus horrores, sino que también solicitaba para el caso de que se libertara a los indios, que las encomiendas de los indios fuesen a perpetuidad, es decir covertirlas prácticamente en esclavitud. Así le escribia al rey: "determinando que los indios han de quedar en poder de españoles, me parece que se los deven dar con toda la perpetuidad que con Justicia se les podiere dar guardando siempre su libertad (sic) [observación de Ortiz] porque las mudanzas han hecho mucho daño en los indios y también se vee que los esclavos y yucayos son mejor tratados que los indios y la razón es por que en los unos tienen perpetuidad y en los otros no" (1). Con lo cual
(1) ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA. Papeles del Archivo General de Indias relativos a Cuba y particularmente a la Habana, Tomo I. (1512-1578). Habana, 1931. pág. 59.
bien se prueba que en el establecimiento de la trata negrera no hubo realmente el propósito de aliviar a los indios sino el de suplir las inevitables bajas que se producian con su despiadado aniquilamiento.
No es ocioso advertir cómo este Fray Bernardino de Manzanedo, previendo sin duda la oposición de Las Casas y sus dominicos contra las tiránicas reformas que él propone, consecuente con sus criterios autoritarios, le escribe al rey: "Hay necesidad que V.A. provea como se conformen todas las personas que en las Indias residen, así religiosos como clérigos y como seglares, porque si cada uno ha de tener licencia para decir lo que le pareciere, de fuerza ha de haber escándalos y turbaciones en la tierra, como los ha habido hasta aquí".
Los otros dos miembros de la triarquia Jerocrática, aun residentes en la Española, Fray Luis de Figueroa y Fray Alonso de Santo Domingo, eran aún más precisos de lenguaje que su citado compañero; pedían "la trata". En su carta del 18 de Enero de 1518 al Emperador le suplicaban para las Indias varias cosas: "En especial, que a ellas se puedan traer negros bozales, y para los traer sean de la calidad que sabemos para acá conviene. Que Vuestra Alteza nos mande enviar facultad para que desde esta isla se arme para ir por ellos a las islas de Cabo Verde e tierra de Guinea, o que esto se pueda hacer por otra cualquiera persona desde esos reinos,
para los traer acá" (1). Los Jerónimos insistieron en pedir esclavos negros y también esclavos de las misma "raza"; sin duda que para cría, para asegurar la reproducción y acrecentamiento de los esclavos negros por la vía más natural y barata, tal como se trajeron animales por parejas para asegurar su aumento mediante la fecundidad. Con motivo de una gran mortandad de

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indios, producida en 1518 por una epidemia de viruelas que acabó en la Española con casi la tercera parte de los indígenas, aquellos sacerdotes escribieron al Emperador, con fecha 10 de enero de 1519, suplicándole por esclavos negros. Peticiones análogas elevaron las autoridades civiles de las islas. El juez de residencia Licenciado Alonso Zuazo también pedía negros esclavos en carta al Emperador, de 22 de enero de 1518. Decía así: "Hay necesidad, así mismo, que vengan negros esclavos como escribo a S.A. (...) es cosa muy necesaria mandarlos.
(1) Carta de los Padres Luis de Figueroa y Alonso de Santo Domingo, 18 de ENERO de 1518. Col. de Doc. de América. I, págs. 298 a 304.
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traer,que desta isla partan los navios para Sevilla donde se compre lo que fuese necesario,ansi como paños de diversos colores,con otras cosas de rescate que se usen Cabo Verde,donde se han de traer con licencia del rey de Portugal,a que por el dicho rescate vayan allí los navios,é traigan todos los negros y negras que pudieran haber en esta isla a nuestras costumbres é ponerse han en pueblos donde estarán casados con sus mujeres, sobrellevarse ha el trabajo de los indios,sacarse ha infinito oro.Esta tierra es la mejor que hay en el mundo para los negros,para las mujeres,para los hombres viejos que por grande maravilla se vé cuando uno de ese género muere".En esta petición de Zuazo ya se precisa el típico comercio marítimo triangular de la trata negrera (Europa,Africa,América y vuelta a Europa y así sucesivamente) que luego fue adoptado por los negreros trasatlánicos de todas las naciones.Al pedir Zuazo que se trajeran muchos
negros esclavos a la Española quiso disipar el temor de que éstos se sublevaran y acabaran con los blancos:"Es vano,dice,el temor de que negros puedan alzarse;viudas hay en las islas de Portugal muy sosegadas con ochocientes esclavos;todo está en cómo son gobernados.Yo hallé al venir algunos negros ladinos, otros huidos a monte;azoté a unos,corte las orejas a otros;y ya no se ha venido más queJa".
"Si no se otorga licencia general para traer negros",pedia Zuazo que "me haga la merced de licencia para 100 esclavos negros y negras".
También Gil González Dávila pedía en 1518 "que dejen llevar negros a los vecinos",y
Ya (sic) en el año 1518,por varias R.Cédulas,de Zaragoza y 7 de Junio,el rey Carlos otorgó sendas licencias personales para mandar negros a las Indias.Aquél las concedió a Jácome Lonoy,su capellán,"por 10 piezas";a Guillermo Vandenese,su limosnero,por "10 piezas";a Fernando de Berrio,escribano del consejo de la ciudad de Santo Domingo,por 4 negros;a Gil González Dávila, contador de la Española,por 10 esclavos negros;a Alonso de Avila,teniente contador de esa isla,por 6 esclavos negros;a Pablo Mescia R.C. de
8 de Julio por 4 negros;a Juan de Samano en 15 de Julio por seis negros;a García de Lerma por R.C. de 16 de agosto para 10 esclavos negros;y quizás alguna más.Todas esas licencias exigían que los negros fuesen cristianos,para lo cual bastaba el bautizarios y los favorecidos tenian que pasar los esclavos para si.
Entre esas licencias personales de 1518 hay una,del día 8 de Julio,a favor de "Bernardino de Quesada,vecino de la isla de Fernandina (Cuba) para que de estos reinos pueda pasar él por su persona,e pasando él e no de otra manera,cuatro esclavos negros a la dicha isla Fernandina con tanto que sean cristianos" (1).Otra licencia,del 27 de Julio de 1518,fué para Gonzalo de Guzmán,también vecino de la isla de Cuba,para que (1) Acad.de la Hist.de Cuba.Papeles existentes en el Arch.Gen.de Indias - Habana,1931 - Tomo 1.- p.49.

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pudiese "pasar a la dicha isla seis esclavos con tañto que sean cristianos". Pero es innegable que antes de esa fecha ya había copia de negros esclavos en Cuba. Muchos negros llevó consigo Hernán Cortés, cuando partió en 1518 a la conquista de México. Varios esclavos negros y como 200 indocubanos fueron los motores que arrastraron la artillería española por tierras mexicanas. (1) Un negro horro llegado de Sevilla, Juan Ortiz, pasó de Cuba a México con Cortés como soldado y maestro de vihuela, y allí puso escuela de baile.
Un atambor de Cortés era llamado Canela por mulato. Un negro esclavo del caudillo, llamado por su amo Juan Cortés, era su cocinero.
Cuando en 1520 salió de Santiago la expedición de Pánfilo de Narváez que Velázquez envió contra Hernán Cortés, quien se había alzado con su empresa, también fueron ella varios negros sacados de
(1) Memorial de Hernán Cortés a Carlos I. Col de Documentos Inéditos para la Historia de España, tomo IV, num.3.
Cuba. Uno de ellos, llamado Guidela o Francisquillo, fue bufón y divertía al ejército con sus chocarrerias.
Y ha pasado a la historia por su discurso adulador que le hizo a Hernán Cortés, quien del botín de los indios le dio una rica corona de oro que pesaba más de seiscientos pesos, y el negro se la puso y bailó cantando que las "mejores cadenas son destas", es decir de oro (1).
Otro negro de los idos con Narváez, Juan Guía, ganó fama por causa triste, por haber llevado las viruelas a México y ocasionado entre los aztecas una terrible mortandad (2). Otro de esos negros de Cuba, de nombre Juan Garrido, se hizo famoso por haber sido el primero en haber introducido, sembrado y cogido trigo en Nueva España. También fueron de Cuba con la tropa de Narváez, el mulato Sabastían de Ebora, probablemente portuqués; y la parda Beatriz de Palacios, que tuvo nombre por valiente y curadora de heridos, y acaso varias más, cuyos nombres no fueron conservados.
DiJose que muchos de ellos se huveron a Zacatecas con los indios y pusieron cruces, aunque lo desmiente el cronista Cervantes de Salazar. Esos datos prueban que en Cuba ya entonces había copia de negros.
Conjuntamente con las mercedes personales otorgadas por el rey Carlos el año 1518, hubo dos para personajes muy empinados y favoritos o sea:
(1) Francisco Cervantes de Salazar. Crónica de la Nueva España. Madrid, 1914, p. 448
(2) Bernal Díaz del Castillo, Conquista de la Nueva España. Cap. 23 y 124, y Herrera, Década 2, 11b. 10, cap. 4.

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una para Don Jorge de Portugal, de la casa real, por 400 esclavos y otra, mayor por 4000 negros, para el flamenco Lorenzo de Gouvenot (o Garrevod); gobernador titular de Bresa, que era mayordomo mayor del rey.
La merced que se dio al gobernador de Bresa no fue sino una verdadera "merced" o sea una concesión graciosa; no implicaba una obligación correlativa, no era un convenio sinalagmático entre el rey y el concesionario, en cuyo caso constituiría un "asiento". Pero significaba ya la verdadera trata de negros directamente con Africa, o sea la trata de bozales. Además, por concesión muy extraordinaria, se excusaba del requisito de acudir a registrar forzosamente en el puerto de Sevilla mercancía que había de pasar a Indias.
El favorecido con la merced o quien sus derechos hubiese, tenia el derecho de ir a las islas de Guinea otras partes cualesquiera donde haya costumbre de tomar los negros para traerlos a estos reinos o al de Portugal, o llevarlos de Africa a las Indias, según ha señalado Scelle. (1)
El gobernador de Bresa, como es fácil suponer, no iba a realizar el mismo, las operaciones necesarias para realizar la trata de los 4000 negros. Podía traspasar y ceder por precio, el derecho con que había sido favorecido, en conjunto o parcialmente, otorgando las licencias oportunas por el número de esclavos que estimara conveniente; y así lo hizo.
De una parte consta que el de Bresa, a poco de recibir la merced, el 19 de octubre de 1518 en Zaragoza dio poder a Juan López de Recalde[,] contador de la Contratación de Sevilla, (probablemente hermano de Iñigo López de Recalde, luego conocido como San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús) para que en su nombre hiciera llegar a las Indias todos o parte de los 4000 negros esclavos, adquirirlos donde quisiera y venderlos allá al precio y con las condiciones que creyera convenientes (2). El apoderado podía inclusive subdelegar sus poderes.
De otra parte consta que el de Bresa "Traspasó la merced al Tesorero Alonso Gutiérrez de Medina e a otros sus compañeros" (3). Cree Scelle que no hay contradicción entre una y otra noticia. De todos modos es cierto que de la concesión global de 4000 esclavos se fueron vendiendo licencias parciales por
distintas cantidades de esclavos, como si fueran valores de bolsa o créditos endosables con un determinado valor monetario, a diversos hombres de negocios que financiaban, con los varios mercaderes, navegantes, negreros y compradores, las operaciones y viajes necesarios, en Sevilla, Africa e Indias, a la ida y al retorno. Toda la negociación de esta trata triangular de negros bozales tenía ya una estructura independiente y capitalista.

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El rey otorgaba la merced con carácter transferible, el privilegiado la vendía a los terceros en bloque o en partes, estos la revendían a los solicitantes o a los portugueses o andaluces importadores de esclavos y estos al vender las "piezas de ébano" se resarcian del anticipado costo de la licencia, incluido en el precio de su humana mercancía. No falta quien sospeche que la merced gratuita por nada menos que 4000 negros esclavos y el monopolio por ocho años otorgado por el rey Carlos a su mayordomo no fue sino un negocio del Jovenzuelo y ambicioso monarca
(1) Scelle La Traite negrière.T.I.p.142.
(2) Archivo General de Indias 46,6 fo.18.Cita de Scelle.
(3) Carta del Rey del tesorero Pasamonte, Alonso Davila y J. Arupies, en Sto. Domingo el 14 de Sept. de 1519.
muy endeudado con los banqueros alemanes, que los castellanos llamaron Fúcares y Belsares y otros más, quienes en esos mismos meses le hicieron grandes empréstitos de dinero se calcula que por valor de unos $40,000.000 de hoy día para poder corromper a los electores del imperio, cuatro principes y tres obispos, y lograr así, el 28 de Julio de 1519, por la via del cohecho ser elegido Emperador "Por la Gracia de Dios" y titularse Su Majestad.
Ya con esa merced real podían ser satisfechas las demandas de negros esclavos. Se considera que con la licencia de 21 de Octubre de 1518 al mayordomo mayor del rey comenzó la trata negrera, la de negros bozales y directa con Africa, tal como oficialmente la habían pedido los padres Jerónimos encargados de la "reforma de Indias" y los demás frailes de las ordenes que entonces había en la Española. Los mercaderes genoveses o sean los banqueros cristianos, que en España sustituyeron a los Judios en sus tratos de dinero con la Corona, se encargaron de financiar el negocio y serían los traficantes portugueses los definitivos intermediarios. Pero no se debe excluir la posibilidad de que se hiciera alguna trata directa por los españoles, de acuerdo con el sistema mercantil triangular a que había aludido Zuazo. Se sabe al menos que en la escribania de
Alonso de la Barrera, en Sevilla y con fecha 3 de enero de 1527, Pedro Benito de Basílana, mercader, genovés, pide copia de una R.C. del emperador que necesita mandarla a las Indias; en la cual se concede al bachiller Alvaro de Castro, de la villa de la Concepción, en la isla Española, licencia para pasar a dicha isla 200 esclavos negros bozales, hombres y mujeres, cumplidos los 8 años del término que se concedió a Lorenzo de Gorrevod, mayordomo mayor del Rey para pasar a la dicha isla Española 4000 esclavos negros, a trabajar en las minas de oro; y además licencia para que, en unión del citado Basílana, pueda dicho canónigo comprar una nao portuguesa con tripulación de 4 portugueses como máximo y el resto de españoles para que se dirijan a Guinea y compren los esclavos que vayan a pasarse". (1) Según refiere
(1) CATALOGO DE LOS FONDOS AMERICANOS DEL ARCHIVO DE PROTOCOLOS DE SEVILLA. Siglos XV y XVI, Sevilla, 1937 Pág. 385

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Bernardo de Ulloa (1), "negociantes de Andalucía, naturales o naturalizados en ella, empezaron a salir de España para Africa, en esta tomaban negros, llevándolos al Nuevo Mundo y después volvían a España, donde recibían nuevos efectos y tornaban a tomar otros negros en Africa" [.]
Según el P. Tomás Mercado: "los mercaderes de Sevilla tenían el trato de los negros en Cabo Verde, negocio de gran caudal y mucho interés. Compraban a los portugueses en gruesas partidas los cautivos de Guinea y los transportaban por su cuenta y riesgo a las Indias, donde los despachaban a la menuda, bien y pronto" (2)[.]
La demanda de negros esclavos no cesaba.
El Ldo. Figueroa en Sevilla, el 7 de Abril de 1519, solicitaba la merced de pasar algún negro, pues "los de Bresa piden doceducados y medio" por cada licencia.
En la Española, el tesorero Miguel de Pasamonte, aunque fue opuesto a la política de los Jerónimos en relación con los indios, convino con ellos en pedir en 1519 al Emperador que permitiese la introducción en gran escala de negros esclavos, para que en aquella isla trabajaran no tan sólo en las minas sino también, muy particularmente, en la fabricación de azúcar que ya comenzaba a florecer (3). También, la Real Audiencia de la Española manifestó ese año al Gobierno la (1) Restablecimiento de las fabricas, tráfico y comercio marítimo de España. Madrid, 1740. Parte II. Cap. 5. Cita de Saco.
(2) Mercado, lib, II, cap. III. Cita de MANUEL COLMEIRO. Historia de la Economía Politica en España. Tomo II, Madrid 1863, pág. 390
(3) Herrera, Década 2. L. 5, C. 2.
necesidad de traer el mayor número posible de negros, y para conseguirlo con brevedad pidió que se ajustase asiento con el Rey de Portugal, porque sin ellos ya no era posible conservar las islas (1)[.]
Ahora el azúcar venía a sustituir a la minería del oro como base de la economía antillana y no sólo pedía brasa y más brazos, sino técnicos industriales, y mercaderes refaccionistas y embarcadores y un nuevo régimen comercial de exportación. Los trabajadores indígenas habían sido aniquilados, y Zuazo el 22 de enero de 1518 no sólo suplicaba licencia general para pasar negros, sino "que traigan esclavos caribes".
Y, sin duda, los traían porque el Ldo. Figueroa el 16 de Abril de 1520 informaba a S.M.: "van trayéndose caribes e itotos, sin reyerta alguna de los padres dominicos" (2). Para que se fomentara la población blanca que debía aportar los técnicos
[...] La despoblación de la Española era muy peligrosa para su sostenimiento económico. Aniquilados los indios se pedían con ansiedad no sólo negros para sustituirlos en los trabajos, sino blancos para fomentar las "granjerias" y prosperidad económica de las indias. Zuazo también solicitaba

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que puedan venir a población esta tierra libremente de todas las partes del mundo, sacando solamente moros e Judios e reconciliados e hijos e nietos dellos".[3] Y Figueroa lo secunda solicitando que
se permita venir cuantos quisieran de todo el mundo a población, contratar e estar en ella".
Zuazo, en fin, proponía a S.M. que "de todas partes de los reinos puedan venir libremente navios a esta isla sin tocar en Sevilla, porque es total destrucción de estas partes".[4]
A su vez el tesorero Pasamonte, el 20 de Agosto de 1520 pide a S.M. desde la Española "que vengan siete u ocho mil negros al fiado, a pagar en dos o tres años".[5]
Además, "que vengan de cualquier parte e naciones, en especial mercaderes gruesos", con lo cual se procuraba organizar la producción industrial y el comercio de exportación de los azúcares. Y, en fin,
"que los azúcares desta isla puedan llevarse a todas partes de sus reinos, de lo contrario todo se irá en fletes".
La producción azucarera tan prometedora que ya en esa temprana fecha de 1519 (sic) clamaba contra el privilegio marítimo que desde la R.C. de 30 de abril de 1508 se había establecido para Sevilla, contra la prohibición de inmigrantes extranjeros y contra el monopolio español del comercio indiano. El gobierno de S.M. Jamás le dio a sus Indias Occidentales esas libertades que tan provechosas les habrian sido hasta ya entrado el siglo XIX. Pero si les dio esclavos y más esclavos negros, primero por monopolio de asientos, luego por libertad de trata y, al fin, por clandestinidad criminal.
"Como crecian los ingenios de cada día, dice Las Casas, creció la necesidad de poner negros en ellos, por que cada uno de los de agua ha menester al menos 80, y los trapiches 30 y 40, y por consiguiente la ganancia de los derechos del Rey". Un asiento siguió a otro, "de tal manera, escribe Las Casas, que se han traído a esta isla (la Española) sobre 30000 negros, y a todas estas Indias más de 100,000, según creo, y nunca por eso se remediaron ni libertaron los indios". El rey en despacho a los oidores y oficiales reales, de la Española, datado en Pamplona el 27 de diciembre de 1523, dice saber que
(1) Herrera, Década 2, lib. 5, cap. 3.
(2) Col. Doc. In. T. I p. 376
[3] p. 328
[4] T. I. p. 326
[5] T. I. p. 400
en dicha isla hay "muchos más negros que españoles", y sugiere medidas para castigar a los alzados y aumentar la inmigración de blancos. (1)

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Pero ya la trata negrera incontenable. La pedian los pobladores de Indias seglares o clérigos, los traficantes de Portugal que los buscaban en Africa, los reyes de España que vendían los asientos y los magnates, y letrados que negociaban comisión o que de los negros sacaban provechos aun estando lejanos de las plantaciones. El Bachiller Alonso de Parada, gran poblador de Cuba, le pide a S.M. en Valladolid el 2 Julio [de] 1527 que para las islas se conceda el envio de 4500 a 5000 esclavos, negros y negras, que para Cuba unos 1700, que los vecinos de la isla puedan contratar con el rey de Portugal. El negocio era seguro y pingüe para todos. En Portugal saldria cada esclavo al precio promedio de 20 ducados cada uno, que saldria puesto en las islas a 30 o 32 y en ellas se vendería por "pieza" a 50 o 55 pesos de oro.
A los pocos años habian sido ya arrancados tantos negros de Africa para que en las Indias trabajaran esclavos, que el cronista Gonzalo
(1) Carta del Rey a los Oidores de la Española y a Pasamonte, M.S. Archivo de Simancas, arca 7-Muñoz, Colec.tomo 76-Herrera, dec.3, lib.5, cap.8.
Fernández de Oviedo podía escribir: "De los cuales (negros) hay ya tantos en esta isla, a causa de estos ingenios de azúcar, que parece esta tierra una efigie o imagen de la misma Ethiopia" (1). El capitalismo irrumpio en las Indias con la dulzura de los ingenios azucareros y con raudales de oro y plata de las minas continentales, y brillo de pedrería y perlas. Como era de esperarse, los argumentos de base económica se impusieron sobre los éticos y la trata esclavera de negros africanos para las tierras y trabajos de América fue sostenida y aumentada hasta el siglo XIX, sin condena del Trono ni de la Iglesia, pues ambas instituciones políticas se aprovecharon directa e indirectamente de la esclavitud negra, que fue una de las bases sustentadoras del régimen económico-social de este mundo americano y de sus clases dominadoras.
(1) Hist. Gen. y Nat. de las Indias, lib.5. Cap.4.
La trata negrera siguió su tráfico curso de siglos y los negros sustituveron a los indios antillanos. Estos infelices, a quienes sus explotadores tachaban de holgazanes se fueron desesperados a una huelga u holganza eterna. Las previsiones de Las Casas se cumplieron: las Indias se habían "destruido". La "destrucción de las Indias" fue atestiguada por el mismo historiador Gonzalo Fernández de Oviedo, enemigo de los indios y de Las Casas, quien su obra declaraba con satisfacción refiriéndose a la Española: "Ya se desterró Satanás desta Isla; ya cesó todo con cesar y acabarse la vida a los más de los indios" (1). Y otros castellanos muy piadosos, Espinosa y Zuazo, exclamaban: "Parece que es Dios Nuestro Señor servido de que estas gentes de indios se acabasen totalmente, o por (1) Oviedo, 1851.T.I.139."
los pecados de sus pasados o suyos, o por otra causa a nosotros oculta, de que pase e queda el señorio e población en Vuestra Majestad e sus sucesores, y pobladas de gente cristiana" (1). Esta fue petulancia de Imperio, de la que no estuvieron libres

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nuestros ultratlánticos antepasados, quienes Jamás deJaron de pertenecer al género humano; pero además hubo engaño, y craso artilugio del mismísimo diablo en lo que diJo Oviedo, con frase azufrada de hereJia. Se habrán retirado de las islas los demoñuelos bermeJos, que eran los adiestrados para tentar a los aborigenes; pero, sin duda preguntádselo a cualquier teólogo clarividente, Satanás cambió la floJa tropa de su guarnición indiana con otros escuadrones de demoníacos blancos y negros, que introduJeron estas Indias esclavitudes, alcoholes, aceros, pólvoras, dineros, usuras, letras y libros, que son muy fuertes tentaciones para pecar y enviarnos a todos a los infiernos.
¿Cuáles son los hechos ciertos en que pueda basarse la leyenda negra de Fray Bartolomé?
Si hay que atribuirle a Colón, a los Reyes Católicos y a castellanos y aragoneses la entrada en Indias de los demonios blancos, acaudillados por aquel Satanás [tachado:cabrón satáni[col]) que en las serranías de España se hacia besar el trasero por las brujas en sus orgias sabácticas, ¿habrá que achacarle a Fray Bartolomé la culpa de haber traído los demonios negros que aun bregan en las Indias con los Vodú o a las ordenes del travieso Elégua?
¿Es que ya no operaban Juntos en España, desde antes del descubrimiento indiano, las cohortes diabólicas de todos los colores de que es capaz la irización de Luzbel en las tinieblas infernales?
Ya diJimos que Las Casas fue esclavista como sus reyes, sus maestros teólogos y Juristas. Tuvo indios encomendados y luego negros quizás esclavos, al menos para su prelacia en Chiapa. En 28 de Junio de 1544, Fray Bartolomé, siendo obispo, dio poder notarial en Sevilla a varios individuos para sus asuntos privados y en especial para que enviaran a las Indias en su nombre a cuatro negros que se le habían concedido por real licencia,(2) para su servicio como prelado. Esclavos negros compró un muy pío Arzobispo de
(1) D.I.I.,tomo 11:348.
(2) Col.Doc.Ined.Hist.América.XI.Apéndice XIV,pàgs.485 y sgtes.
Lima, lo cual no impidió su canonización como Santo Toribio de MogroveJo (1).
El P.Constantino Bayle se ha basado en este dato para decir que las declaraciones del P.Las Casas contra la esclavitud de los negros son "aguadas". A este menosprécio que hace el Jesuita de la sinceridad del dominico ya ha respondido Agustín Yañez.Dice este que el mismo Bayle
acopía elementos para eludir el cargo: "Separemos dos clases de esclavos -dice Bayle- cuyas ocupaciones y consiguiente modo de vida eran diversos:los que se tenian en casa,para los menesteres de ella:mozos de mulas,lacayos,cocineros,cocheros, etc.,y los que se tenian en las estancias de ganado,ingenios o reales de minas,al mando de capataces o mayordomos.Los primeros

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lo pasaban muy bien, casi como parte de la familia: apenas se los nombra sino para que jarse de sus tropellas con los indios" (2). "Sin duda, comenta Yáñez, los negros del obispo de Chiapa eran de esta condición; pero no bastaría ello para la incolumidad del
principio antiesclavista. Vayamos por partes: la retractación que hemos transcrito de la "Historia de las Indias", aparece en el capitulo 102 de la tercera parte; Las Casas la escribió muchos años después de su residencia en Indias y no antes del hecho denunciado, como Bayle sugiere" (3).
Por otro lado, continua Yáñez: "Tampoco aparece probada la situación con que retuvo a esos negros; el documento es un poder para que Pedro Gutiérrez los pase a las Indias; hay fuertes indicios para suponer que los tenía como libertos, con gran adhesión por parte de ellos; veámoslo: cuando el P. Remesal describe los sucesos de la Nochebuena de 1545, habla de Juanillo, negro del Obispo, (uno de los que refiere el documento aducido por Bayle), que tomó pendencia con los agresores y echó sobre si la culpa de haber atado a los indios puestos para cuidar la venida de Fray Bartolomé, por lo que fue herido; lealtad propia sólo de criados ligados al amo con afecto profundo". Pero esto es secundario.
De todos modos, el funcionamiento de la trata negrera y el controvertible fundamento de la legitimidad de la esclavitud de los negros africanos alzaban en su exaltada conciencia cristiana muy profundos problemas, que él no supo soslayar. Las Casas Jamás olvidó aquel aviso que dio en 1517 al Gran Canciller
(1) Catálogo de los Fondos Americanos del Archivo de Protocolos de Sevilla. T. II, p. 416, n. 1746.
(2) En el cap. XIV de su obra España en Indias.
(3) AGUSTIN YANEZ: Fray B. de las Casas, el conquistador conquistado. México, 1942. -p. 152.
y a Adriano de Utrech que a la sazón era cardenal de Tortosa, y luego fue papa. En su Historia de las Indias micer Bartolomé ignora todas las insistentes peticiones que se hacían para establecer la trata de esclavos con Africa, y supone que por haber dicho el que "no sabía" los esclavos que harian falta para socorrer a los pobladores españoles, "se despachó Cédula del Rey para los oficiales de la Contratación de Sevilla, que Juntasen y tractasen del número que les parecia; respondieron que para estas cuatro islas, España, Sant Juan, Cuba y Jamaica, era su parecer que al presente bastarian 4000 esclavos negros. Así como vino esta respuesta no falta quién de los españoles, por ganar gracias, dió el aviso al gobernador de Bressa, que era un caballero flamenco, según creo muy principal, que el Rey había traido consigo y que era de su Consejo, que pidiese aquellas licencias por merced; pidióla y el Rey luego se la dió, y luego pinoveses
se la compraron por 25000 ducados, y condición que por ocho años no diese otra licencia el Rey alguna".

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Se ha dicho por Ballesteros que "la corona ordenó que se comprasen negros de Africa" y que "al mismo Las Casas este procedimiento le pareció de perlas" (1)[.]
Esa expresión de Ballesteros no es afortunada. Tiene sentido altamente simpático y la esclavitud de los negros Jamás le mereció encomios al piadoso sevillano. Ni a él le "pareció de perlas" la contratación de 4000 negros de Africa esclavizados, ni consta en parte alguna esa entusiasta complacencia.
Las Casas se opuso a esa merced, que de hecho establecia la trata "a todo meter", como se dice en Cuba, diciéndole a aquel rey mozo que los consabidos 25000 ducados con que los genoveses, o sea los tratantes, iban a pagarle al privilegiado flamenco Lorenzo de Gorrovod, lo que éste había obtenido por pura y regia graciosidad, se los diere a éste S.A. "de cámara", de modo que las licencias fuesen gratuitas para los españoles que quisieran asentar en las islas como pobladores y estos se buscaran los negros en Castilla. Pero el rey no hizo caso porque "él tenia por entonces pocos dineros". El pueblo español cantaba: "doblon de a dos norabuena estedes - pues con vos no topó Xevres. Y S.M. y su dinastia, siempre en deudas, siguieron arruinando a España. Las Casas afirma que "nunca hubo reyes con menos dineros". Para él debióse a castigo de Dios por las atrocidades cometidas en Indias.
(1) Antonio Ballesteros, Historia de España.
Más adelante, en el capítulo CXXIX de su misma obra, Las Casas repite su versión con distintas palabras y protesta de la merced que se hizo al de Bressa, de su traspaso a los genoveses y de la venta que éstos hicieron de las licencias "a ocho ducados a lo menos por cada negro". Por tal manera, dice, lo que el clérigo (Las Casas) hobo alcanzado para que los españoles se socorriesen de quien les ayudase a sustentarse en la tierra, porque dejasen libertad los indios, se hizo vendible a mercaderes, que no fue chico estorbo para el bien y liberación de los indios". Las Casas, tiempo después, (en el cap. CII de su citada Historia) impugnaba todavía el sistema así establecido: "Fué muy dañosa esta merced para el bien de la población destas islas, porque aquel aviso que de los negros el clérigo (Las Casas) había dado era para el bien común de los españoles, que todos estaban pobres, y convenia que aquéllo se les diese de gracia y de balde, y como después los ginoveses les vendieron las licencias y los negros por muchos castellanos o ducados, que se creyó que ganaron ello más de 280 y aún 300000 ducados, todo aquéllo se sacó dellos, y para los indios ningún fructo dello salio, habiendo sido para su bien y libertad ordenado, porque al fin se quedaron en su captiverio hasta que no hobo más que matar".
No fue probablemente por las razones de Las Casas; pero lo cierto es que

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"mandó el rey en 1523 que se revocase el privilegio concedido por ocho años a Lorenzo Garrebod y que se anulase el nuevo que se le había dispensado por otros ocho años (...) Para indemnizar a Garrebod de la merced que se le había quitado, diéronsele los derechos del almoJarifazgo de los mil quinientos negros que debían importarse en la Española." (1) J.A.SACO - Histo.de la Esclavitud de la Raza Africana en el Nvo.Mundo y en especial en los países AmericoHispanos. Habana.1938,Tom.I pág - 217
José Antonio Saco observó con certeza que, aparte de los datos ya citados, hay otras pruebas convincentes sacadas de los propios manuscritos de Las Casas, de que este pidió algunos negros para facilitar el establecimiento de los primeros pueblos de blancos o colonias españolas en aquella parte de Tierra Firme que él pensaba poblar. "Cuando el Gobierno le mandó que propusiese los medios que convendría adoptar en Tierra Firme para su población, dijo entre otras cosas, que a cada vecino se le permitiese llevar francamente dos negros y dos negras. Deseoso de población el continente desde la provincia de Paria hasta la de Santa Marta, presentó al Gobierno en 1519 una serie de proposiciones de las que resultó la contrata
que con él se hizo en la Coruña a 19 de mayo de 1520. Uno de aquellos artículos dice: "Otro sí: que después que en la dicha Tierra Firme estuvieren hechos é edificados algunos de los pueblos que conforme a este asiento habéis de hacer, que vos el dicho Bartolomé de las Casas é los dichos cincuenta hombres podais llevar é lleveis destos nuestros reinos cada uno de vos otros tres esclavos negros, para vuestro servicio, la mitad dellos hombres, la mitad mujeres, é que después que estén hechos todos los tres pueblos é haya cantidad de gente de cristianos en la dicha Tierra Firme, é pareciendo á vos el dicho Bartolomé de las Casas, que conviene así, que podais llevar vos e cada uno de los dichos cincuenta hombres, otros cada siete esclavos negros, para vuestro servicio, la mitad mujeres, é para ello se vos den todas las cédulas de licencias que sean menester, con tanto que esto se entienda sin perjuicio á
la merced é licencia que tenemos dada a Gobierno de Bresa para pasar cuatro mil esclavos à las Indias é Tierra Firme". (Copia del libro de Provisiones y Cédulas de Paris desde 1520 existentes en el Archivo de Contratación de Cádiz).
[Nota de Ortiz à lápiz:ver Saco]
Toñavia en 20 de febrero de 1531 Las Casas se refiere a lo nocivo que fue aquel asiento de negros pues en una representación que elevó al Consejo de Indias decía así: "El remedio de los cristianos es éste muy cierto; que S.M. tenga por bien prestar a cada una de estas islas (las cuatro grandes Antillas) quinientos o seiscientos negros ó los que pareciere que al presente bastaren, para que se distribuyan por los vecinos, que hoy no tienen otra cosa sino indios, é se los fien por tres años, hipotecados los negros a la mesma deuda; que al cabo de dicho tiempo será S.M. pagado, eternamente poblada su tierra, e habrán crecido mucho sus rentas..."Y en una post-data

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a dicha representación, añade: "Una, señores, de las causas grandes que han ayudado a perder esta tierra, é poblar más de lo que se ha poblado, a lo menos de diez años acá, es no conceder libremente a todos cuantos quieran traer las licen-
cias de los negros; lo cual yo pedi é alcancé de S.M." (1).
En esto, como en muchos otros ordenes, Las Casas quería trasplantar al Nuevo Mundo los usos de España. Pedía que a las Indias fueran traídos de la Peninsula quienes allí trabajaban, libres o esclavos y fueran blancos o negros, salvo moriscos, beriscos y otros infucionados por la "pestilencia de Mahoma". Los enemigos de Las Casas quieren destruir su prestigio porque pretendía para América lo mismo que había en España; pero si Las Casas es abominable porque pidió esclavos blancos y negros para las Indias ¿por qué sus impugnadores no abominan igualmente de los Reyes Católicos que desde el siglo XV introducian esclavos negros en la Peninsula y
(1) Muñoz, Colec., tomo 79.
de sus sucesores, de todos ellos, que también hacían dinero con la criminal trata de negros africanos? Si en España había esclavos ¿por qué no podían usarlos en estas islas nuevas, como en las Canarias, en los campos de Andalucía y en las ciudades de toda Europa? A lo que Las Casas se opuso siempre fue a que los inofensivos indios fuesen sometidos a un régimen general de esclavitud injustamente, sin culpa ni pena; porque para él eso era tan inhumano y contra Dios como lo fuera allá en España esclavizar a la masa labriega y artesana, la villana y la campesina, para servir a unos intrusos e improvocados extranjeros. Y se opuso también a una trata de negros cautivados adrede en sus patrias
africanas. Lo que en 1517 no vió el P. Las Casas, hasta algún tiempo después, él mismo lo confiesa, fue que la traída de negros a las Indias incrementaría el crudelisimo comercio negrero con Africa y extendería más y más en ese continente los crimenes y atrocidades de los blancos salteadores, tal como ocurría en América. La occidentalización de las Indias significó el saqueo y la matanza de dos continentes. A poco de establecerse en gran escala trata afroamericana de esclavos Las Casas comprendió claramente su horrible trascendencia y no reparó en señalar a los culpables: a los portugueses que los capturaban y vendían y a los españoles que los compraban y hacían trabajar; a los reyes, clérigos, palaciegos, conquistadores, mercaderes y afincados que con la fatiga de los esclavos medraban; a los mismos negros que en su tierra a los otros negros les hacían rapiña y traición; y, por no haberlo previsto en su día, hasta a él mismo se culpó. No podía ser Justo ni ética ni cristianamente tolerable en Africa la misma que él en Indias no se cansó de combatir. Y contra la infamia de la esclavización y trata de
negros, clamó Las Casas con más prontitud, vigor y penetración certera que ningún otro humanista, ni español ni extranjero, hasta los tiempos de la Ilustración.
Cuando quedó establecida regularmente la trata negrera, no la de traer negros de Castilla sino la de bozales de Africa, Las Casas se da plena cuenta de las terribles consecuencias de

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aquellos asientos negociados por miles de esclavos negros, que debian sacarse de Africa. Y en su Historia de las Indias, escrita desde 1527 a 1561, confiesa su pasado error para así descargar su conciencia piadosa. Dice Las Casas: "Este aviso de que se diese licencia para traer esclavos negros a estas tierras, dió primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia con que los portugueses los toman y hacen esclavos; el cual, después de que cayó en ello, no lo diera por cuanto habla en el mundo, porque siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos
porque la misma razón es dellos que de los indios". (lib. III, cap. 102). Advierte Saco que la palabra primero se refiere al año 1517, o sea antes que se organizara la trata directa y trasatlántica; pero no a que él fuese el principio de la traida de negros, la cual habia comenzado mucho antes, sin la más leve intervención de Fray Bartolomé. Este explica así su razonamiento acerca de la responsabilidad de los españoles en la trata negrera, que él llama en otro lugar "execrabilisima tirania en Guinea"; "Siguióse de aquí también que como los portugueses de muchos años atrás han tenido cargo de robar a Guinea y hacer esclavos a los negros, harto injustamente, viendo que nosotros mostrábamos tanta necesidad y que se los comprábamos bien, diéronse y darse cada día priesa a robar y captivar dellos por cuantas vías malas e inicuas captivarlos pueden; item, como los mismos (negros) ven que con tanta ansia los buscan y quieren, unos a otros se hacen injustas guerras
y por otras vías ilícitas se hurtan y venden a los portugueses, por manera que nosotros somos causa de todos los pecados que los unos y los otros cometen, sin los nuestros que en comprallos cometemos. Los dineros destas licencias, y derechos que al Rey se dan por ellos, el Emperador asignó para edificar al Alcázar que hizo de Madrid e al de Toledo, y con aquellos dineros ambos se han hecho (ibidem.lib. III, cap. 129).
Las Casas pudo observar cómo la esclavitud de los negros no sólo fue ineficaz para aliviar también la opresión y el aniquilamiento de los indios, sino que también arrastró a los negros a una análga infelicidad. "Antiguamente, dice, antes que hobiese ingenios, teniamos por opinión esta isla que si al negro no acaecía ahora calle nunca moría, porque nunca habíamos visto negro de su enfermedad muerto; porque, cierto, hallaron los negros, como los naranjos, su tierra, la cual les más natural
que su Guinea; pero después que los metieron en los ingenios, por los grandes trabajos que padecían y por los brebajes que de las mieles de cañas hacen y beben, hallaron su muerte y pestilencia, y así muchos dellos cada día mueren por esto, se huyen cuando pueden a cuadrillas, y se levantan y hacen muertes y crueldades en los españoles, por salir de su captiverio, cuantas la oportunidad poder les ofrece, y así no viven muy seguros los chicos pueblos desta isla, que es otra plaga que vino sobre ella. Y consigna su noble palimodia: "Deste aviso que dió el clérigo, no poco después se halló arrepiso, Juzgándose culpado por inadvertencia, porque como después vido y averiguó, según parecerá, ser tan injusto el captiverio de los negros como el de los indios, no fue discreto remedio el que

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aconsejó que se trajesen negros para que se libertasen los indios, aunque él suponia que eran Justamente captivos,
aunque no estubó cierto que la ignorancia que en este tubo y buena voluntad lo excusase delante el Juicio divino" (ibidem, lib. III, cap. 129).
Las Casas fue pues un declarado e inequivoco enemigo de la esclavitud de los negros de hecho y desde su raiz, tocante a los africanos que se cautivaban en Africa y luego se vendían en América sin Justicia ni conciencia.
Estas ideas de Las Casas se reflejan repetidamente en otras obras suyas y en otras partes de la citada Historia de las Indias. En este libro dedica varios capitulos a contar el inicio y desarrollo de los salteamientos de esclavos que hacían los portugueses en las costas de Africa, subrayando los sucesos que narra con muy pertinentes comentarios tocante a la reprobación que le merece la subyugación de los negros y la trata, los cuales confirman cuáles eran las ideas del gran humanista sevillano referentes a su esclavitud y su maltrato.
Con minuciosidad expone lo que entonces se sabía de los descubrimientos y tratas de los portugueses en Africa, desde los tiempos de Alfonso V, cuando los navegantes "porfiaban de ir cuanto más adelante pudiesen por las Mercedes que el rey hacía a todos (...) y por los rescates y por el robo y salteamientos y captiverios que de camino hacían".
Refiere Las Casas que del Infante Don Enrique "comenzó a tener inclinación de inquirir y preguntar a los moros, con quien alli trataba, de los secretos interiores de la tierra dentro de Africa, y gentes y costumbres que por ella moraban, los cuales le daban relación de la nueva fama que ellos tenían, que era la tierra extenderse mucho adelante, dilatándose muy lejos hacia dentro de la otra parte del reino de Fez, allende el cual se seguían los desiertos de Africa, donde vivían los alárabes; a los alárabes se continuaban los pueblos de los que se llamaban aceneques, y estos confinaban con los negros Jolof, donde se comienza la región de Guinea, a la cual nombraban los moros Guinauha, del cual tomaron los portugueses y comenzaron a llamar la tierra de los negros, Guinea".
Para descubrir por la mar la costa o ribera de Africa, determinó el infante "de enviar cada año un par de navios a descubrir la costa adelante".
"En el año de 1442, viendo el Infante que se habia pasado el Cabo del Bojador y que la tierra iba muy adelante, y que todos los navios que inviaban traían muchos esclavos moros, con que pagaba los gastos que hacía, y que cada día crecia más el provecho y se prosperaba su amada negociación, determinó inviar a suplicar al Papa Martino V (que había sido elegido en el Concilio de Constancia, donde cesó la scisma que había durado treinta y ocho años, con tres Papas, sin saberse cuál dellos fuese verdadero Vicario de Cristo) que hiciese gracia a la Corona Real de Portugal de los reinos y señorios que habia y que hobiese desde el Cabo del Bojador adelante, hacia el Oriente y la India inclusive; y así se los concedió, según dicen las

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historias portoguesas, con todas las tierras, puertos, islas, tratos, rescates, pesquerias y cosas a esto pertenecientes, poniendo censuras y penas a todos los reyes cristianos,
principes y señores y comunidades que a esto le perturbasen; después, dicen que los Sumos Pontifices, sucesores de Martino, como Eugenio IV y Nicolás V y Calixto IV, lo confirmaron. Después desto, viendo algunos del reino de Portugal que se había pasado el Cabo del Bojador, y que aquella mar se navegaba sin los temores y dificultades que sospechaban de antes, y también que con los saltos que hacían el camino por la costa donde llegaban, se hacían ricos, y más que con esto agradaban en grande manera al Infante, comenzaron a armar navios a su costa e ir a descubrir". Hasta ahora los saltos o salteamientos son de esclavos moros. Pero ya van (sic) a comenzar la trata de esclavos negros y el rescate de oro. Sigue narrando Las Casas: "Idos y venidos otros y otros, que mandaba ir el Infante, entre otros fué enviado un Antón González, porque entre los captivos que habían traído trajeron tres que prometieron dar muchos esclavos negros por su rescate, más de cien personas negros, y cada diez, de diversas tierras, una buena cantidad de oro en polvo, el cual fue el primer oro que en toda aquella
costa se hobo". ¡Esclavos y oro! Entonces comenzó "la destrucción del Africa Negra".
"El año de 1444, según cuentan Juan de Barros, (lib.1, cap. VIII de su primera década), y Gómez Eanes de Zurara, (en el lib. I), que lo pone más largo, los vecinos más principales y más ricos de la villa de Lagos en Portugal, movieron partido al infante, que les diese licencia para ir a aquella tierra descubierta, y que de lo que truxesen de provecho le darian cierta parte. Concedió el infante, y armaron sus carabelas, (...) acordaron de dar sobre una isla que se llamaba de Nar, donde
había mucha gente poblada. Día, pues, de Corpus Christi (ien buen día, buenas obras!), dan al salir el sobre la población y los que estaban en sus casas seguros, diciendo: ¡Santiago, San Jorge, Portugal! Las gentes asombradas, de tan grande y tan nuevo sobresalto y súbita maldad, los padres desmamparaban los hijos y los maridos las mujeres; las madres escondía[n] los niños entre los herbazales y matas, ando todos atónitos y fuera de sí, y dice un coronista portogués estas palabras: "En fin, nuestro Señor Dios, que a todo bien da remuneración, quiso que por el trabajo que tenían tomado por su servicio, aquel día alcanzasen victoria de sus enemigos y paga y galardón de sus trabajos y despensas, captivando y prendiendo 155 animas y otras muchas que mataron defendiéndose y otros que huyendo se ahogaron". ¿Qué mayor insensibilidad puede ser que aquésta? Por servir a Dios, dice que mataron y echaron a los infiernos tantos de aquellos
infieles, y dejaron toda aquella tierra puesta en escándalo y odio del nombre cristiano y llena de toda tristeza y amargura". En esta relación de las primeras tropelias de los portugueses, Las Casas usa los mismos conceptos y tonos que en sus referencias a las de los españoles.

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Como consecuencia de estas rapiñas, dice Las Casas, "truxeron robados y salteados, captivos, sin haberlos ofendido ni deberles cosa del mundo, sino estando aquellas gentes sin armas y en sus casas pacíficas y seguras, 216 personas. Llegados a Portugal, (su capitán) Lanzarote fue recibido del Infante con tanta honra, que por su misma persona lo armó caballero y le acrecentó en mucha honra. Otro día, el capitán Lanzarote dijo al Infante: "Señor, bien sabe vuestra merced cómo habeis de haber la quinta parte destos captivos que traemos y de lo demás que habemos en esta Jornada ganado y en aquella tierra, donde, por servicio de Dios y vuestro, nos enviastes".
Primero que hiciesen las partes, sacaron un moro, el mejor dellos, en ofrenda a la iglesia del lugar, que era la villa de Lagos, donde aquestos salteadores todos vivian, y donde vinieron a descargar, donde debía estar a la sazón el Infante; y otro moro de los captivos enviaron a San Vicente del Cabo, done, según dicen, siempre vivió muy religiosamente; por manera que de la sangre derramada y captiverio injusto y nefando de aquellos inocentes quisieron dar a Dios su parte". Las Casas hace este comentario: "como si Dios fuese un violento e inicuo tirano, y le agradasen y aprobase, por la parte que dellos le ofrecen, las tiranias), no sabiendo los miserables lo que está escripto: "Immolantis ex iniquo oblatio est maculata, et non sunt beneplacitae subsanationes injustorum. Dona iniquorum non probat Altissimus, nec respicit in oblationes iniquorum, ni in multitudine sacrificiorum corum propitiabitur peccatis. Qui offert sacrificium ex substantia pauperum quasi qui
victimat filium in conspectu patris sui, etc. Esto dice el Eclesiástico, en el cap. XXXIV: "No aprueba Dios los dones de los que con pecados y daños de sus prójimos, ofrecen a Dios sacrificio de lo robado y mal ganado, antes ante su acatamiento el tal sacrificio como si al padre, por hacerle honra y servicio, le hiciesen pedazos al hijo delante". Estos son exactamente los versículos biblicos que a Las Casas sirvieron de tema para su histórico sermón de la villa cubana de Sancti Spiritus, el año 1514.
Aunque el esclavo enviado a San Vicente del Cabo, dice Las Casas, y aunque "otros muchos dellos y todos fueran después sanctos, no excusaban a los que los habían salteado ni alcanzarian por ello remisión de sus pecados, porque aquella obra no era suya, sino puramente de la bondad infinita de Dios que quiso sacar tan inestimable bien de tan inexpiables males". Y, contrario como fue siempre al acomodaticio criterio de que "el fin Justifica los medios", Las Casas añade: "Esta es regla católica y de evangélica verdad: que no se ha de cometer el más chico pecado venial que se puede hacer, para que de él salga el mayor bien que sea posible imaginar, cuanto menos tan grandes pecados mortales".
Nuestro fraile quiere acentuar la falsa religiosidad de ese dicho transigente modo de pensar. "Quiero poner aquí a letra, dice Las Casas, sin poner ni quitar palabra, lo que cuenta en su corónica, donde arriba lo alegué, el susonombrado Gómez Eanes desta presa y gente que truxo captiva el dicho

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Lanzarote, que, según creo, estuvo a ello presente y lo vido por sus ojos; el cual, exclamando, dice así: "Oh, celestial padre (...). Yo te suplico que mis lágrimas no sean en daño de mi conciencia; que no por ley de aquéstos, mas su humanidad constriñe la mía que llore con lástima lo que padecen, y si las brutas alimañas, con su bestial sentimiento, por instinto natural cognoscen los daños de sus semejantes, ¿qué quereis
haga mi huamana naturaleza, viendo así ante mis ojos aquesta miserable compañía, acordándome de que son todos de la generación de los hijos de Adán?"
LAS CASAS: Historia de las Indias. -México. -Tomo I.-p.131.
"Al otro día (...) comenzaron los marineros a concertar sus bateles y sacar aquellos captivos;[...] los cuales, puestos juntamente en aquel campo, era una cosa maravillosa de ver;entre ellos había algunos razonablemente blancos, hermosos y apuestos, otros menos blancos, querían parecer pardos, y otros tan negros como etiopes, tan disformes en las caras y cuerpos, que así parecian a los hombres que los miraban que veían la imagen del otro hemisferio más bajo. Mas, ¿cuál sería el corazón, por duro que pudiese ser, que no fuese tocado de piadoso sentimiento, viendo así aquella compañía? Que unos tenían las caras bajas, llenas de lágrimas, mirando a los altos cielos, firmando en ellos sus ojos, bramando muy alto, como pidiendo socorro al Padre de la Naturaleza; otros herían su rostro con las palmas, echándose tendidos en medio del suelo; otros hacían sus
lamentaciones en manera de canto, según costumbre de su tierra; y puesto que las palabras de su lenguaje, de los nuestros no pudiesen ser entendidas, bien se conocía su tristeza, la cual, para más se acrecentar, sobrevinieron los que tenían cargo de los partir, y comenzaron a apartar unos de otros para hacer partes iguales; para la cual, de necesidad convenía apartar los hijos de los padres, las mujeres de los maridos y los hermanos unos de otros: a los amigos ni parientes no se guardaba alguna ley; solamente cada uno se ponía adonde la suerte lo echaba. iOh, poderosa fortuna, que andas y desandas, con tu rueda compasando las cosas del mundo como te place; stquiera pon ante los ojos de aquesta gente miserable algún conocimiento de las cosas que han de venir en los siglos postrimeros, para que puedan recibir alguna consolación en medio de su gran tristeza! Y vosotros, que trabajáis en esta partija, tened respeto y

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lástima sobre tanta miseria, y mirad cómo se aprietan unos contra otros, que apenas los podéis desasir. ¿Qué podría acabar aquella participión sin muy gran trabajo? Que tanto que los tenían puestos a una parte, los hijos que veían los padres de la otra, levantaban reciemente e ibanse para ellos, las madres apretaban los otros hijos en los brazos y echabanse con ellos en tierra, recibiendo heridas sin sentirse de sus propias carnes, porque no les fuesen quitados los hijos; y así, trabajosamente, se acabaron de partir, porque demás del trabajo que tenían de los captivos, el campo era lleno de gente, tanto del lugar como de las aldeas y comarcas alrededor, los cuales dejan aquel día descansar sus manos, en que estaba la fuerza de su ganancia, solamente por ver alguna novedad, e con estas cosas que veían, unos llorando e otros razonando, hacían tan [en el texto aparece:grall] gran alboroto,
que turbaban los gobernadores de aquella partija."
LAS CASAS: Historia de las Indias. -México. -T. I. -p. 131
"El infante ella allí encima de un poderoso caballo, repartiendo sus mercedes como hombre que de su parte no quería hacer tesoro; que de 46 almas que cayeron a su quinto, en muy breve hizo dellas su partija, por que toda principal riqueza tenía en su contentamiento, considerando con muy gran placer la salvación de aquellas almas, que antes eran perdidas. Ciertamente que su pensamiento no era vano, que tanto que estos tenían cognoscimiento del lenguaje, con poco movimiento se tornaban cristianos, yo que esta historia he Juntado en este volumen, he visto en la villa de Lagos mozos y mozas, hijos y nietos de aquéstos, nacidos en esta tierra, tan buenos y verdaderos cristianos como si descendieran desde el principio de la ley de Cristo, de generación de aquéllos, que primero han sido baptizados.
Aunque al lloro de aquéstos (esclavos) por el presente fuese muy grande, en especial después que la partija fue acabada, que llevaba cada uno su parte, y algunos de aquéllos vendían los suvos, los cuales eran llevados para otras tierras, y acontecia que el padre quedaba en Lagos y la madre traían a Lisboa y los hijos para otras partes, en el cual apartamiento su dolor acrecentaba en el primer día; con todo esto, por la fe de Cristo que recibían, y porque engendran hijos cristianos, todo se volvia en alegría, y que muchos dallos alcanzaran después libertad".
El cronista aceptaba el Justo criterio de que los negros eran seres humanos racionales, capaces de ser cristianizados; como Las Casas sostuvo siempre para los indios; pero el inflexible dominico le hacía un reproche al portugués:
"Todo esto pone a letra y en forma el susodicho Gomez Eanes, portugués historiador, el cual parece tener poca menos insensibilidad que el infante, no advirtiendo que la buena intención del infante, ni los bienes que después sucedían, no excusaban los pecados de violencia, las muertes y damnación de
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los que muertes sin fe y sin sacramentos perecieron, y el captiverio de aquellos presentes, ni Justificaban tan grande injusticia. ¿Qué amor y afición, estima y reverencia tenían o podían tener a la fe y cristiana religión, para convertirse a ella, los que así lloraban y se dolían y alzaban las manos y ojos al cielo, viéndose así, contra ley natural y toda razón de hombres, privados de su libertad y mujeres y hijos, patria y reposo? Y de su dolor y calamidad, el mismo historiador y la gente circunstante lloraban de compasión, mayormente viendo el apartamiento de hijos a padres, y de mujeres y padres a hijos.
Manifiesto es el error y engaño que aquéllos en aquel tiempo tenían, y plega a Dios que no haya durado y dure hasta nuestros días; y según ha parecido, el mismo historiador en su exclamación muestra serla aquella obra horrible, sino que después parece que la enjabona o alcohola con la misericordia y bondad de Dios; la cual, si algún bien después sucedió, lo producia y éste todo era de Dios; y del Infante y de los salteadores, que enviaba, todos los insultos, latrocinios y tiranías.
Las Casas afadé sarcásticamente del portugués infante Don Enrique: "Dicen que siempre mandaba y amonestaba que a las gentes de las tierras que descubriiesen no les hiciesen algun agravio, sino que con paz y amor tratasen con ellos, pero vemos que lindamente se holgaba de los saltos y violencias que hacían y de los muchos esclavos que traían robados e salteados; llevaba dellos su quinta parte y hacía Mercedes a los salteadores y tiranos, y así todos aquellos pecados aprobaba, y por eso su intención buena, que dicen que tenía, para excusa de lo que él ofendía poco le aprovechaba".
En otra página de su obra, Las Casas es aún más explicito en su condenación del infante Don Enrique por su infame comercio de negros esclavos, con los argumentos que aplicó a los espafoles tocante al cautiverio de los indios; si bien tuvo que ser más comedido de palabra en cuanto a sus reyes, a los cuales procuró siempre apartar de toda culpa o "cargo de conciencia" por razones obvias de seguridad personal. Las Casas Juzga severamente al infante negrero:
"él, a lo que mostraba, ofcen que las hacía por celo de servir a Dios y traer los infieles a su cognoscimiento, puesto que no guardaba los debidos medios, y así creo yo, cierto, que más ofendía que servía a Dios, porque infamaba su fe y ponía en aborrecimiento de aquellos infieles la
religión cristiana, y por una ánima que recibiese la fe a su parecer, que quizá y aún sin quizá, no recibía el baptismo sino de miedo y por manera forzada, echaban a los infiernos ante todas cosas muchas animas; y que él tuviese culpa y fuese reo de todo ello, está claro, porque él les enviaba y mandaba y llevando parte de la ganancia y haciendo Mercedes a los que traían las somejantes cabalgadas, todo lo aprobaba, y no cumplía con decir que no hiciese daño, porque esto era escarnio, como de si parece, así que todo el pueblo antes que no via provecho; muraba, y después de visto, glorificaba".

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[El lugar de esta ficha no está claro]
Las Casas hacía notar los estragos producidos por la codicia de su tiempo: "Con estas nuevas de que se enriquejan los que andaban en aquel descubrimiento y trato, ya comenzaban los pueblos a loar y bendecir las obras del infante, diciendo que él habia abierto los caminos del Océano y de la bienaventuranza, donde los portogueses fuesen bienaventurados, porque desta naturaleza o condición imperfecta somos los hombres, mayormante en esta postrera edad, que donde no sacamos provecho para nosotros, ninguna cosa nos agrada de todo lo que los otros hacen; pero cuando asoma el propio interés, o hay esperanza de él, tornamos de presto a mirar las cosas con otros ojos".
"Cuenta este mismo coronista, sigue diciendo Las Casas, que hicieron los portogueses otros viajes a aquella costa, y que desde el dicho Cabo Blanco hasta el Cabo de Santa Ana, (...), los confines de Guinea, hicieron tantos saltos, entradas, robos y escándalos, que toda aquella tierra despoblaron, dellos por los que mataban y captivan y llevan a Portugal, dellos por meterse la tierra dentro, alejándose cuanto podían de la costa de la mar. Buenas nuevas llevarian y se derramarian por todos aquellos reinos y provincias, de los cultores de Jesucristo y de su cristiandad". He aquí otro comentario de Las Casas idéntico a los que escribió tocante a las rapíñas de los castellanos en las islas Lucayo y costas de Tierra Firme, (sic)
Ya en cuanto a la trata negrera que en sus inicios hacían los portugueses por medio de los moros, Las Casas señala cuán responsables eran realmente aquéllos cristianos de la "destrucción de los negros", por el estimulo mercantil que daban a las razzias de esclavos.
"Tampoco miraban los portogueses, que por conocer los moros la cudicia suya de haber negros por esclavos, les daban ocasion de que les hiciesen guerra o los salteasen con más cuidado, sin Justa causa, para se los vender por esclavos; y este es un peligroso negocio y gran Jerla en que debe ser muy advertido y temeroso, cuando contratare y tuviere comercio con algún infiel, cualquier cristiano". (1) Este argumento Las Casas lo aplicará de nuevo cuando se refiera a la nueva fase de la trata negrera de los portugueses por intermediarios negros solamente, sin intervención de los moros.
[(1)] CASAS: Historia I.p.120
Las Casas continúa: "El año siguiente de 1445, envió el infante un navio, el cual llegó a la isla de Arguim, y metiose el capitán con 12 hombres en un batel para ir a la tierra firme, que está dos leguas de la isla, y llegado, metióse en un estero, y cuando menguó la mar quedó el batel en seco; viéronlo la gente de la tierra, vinieron contra el 200 hombres y matáronle a él y a siete de los doce y los demás se salvaron por saber nadar; y estos fueron los primeros que mataron Justamente de los portogueses, por cuantos los portogueses habían muerto y captivado con la injusticia que arriba parece. Por lo dicho, ninguno que tenga razón de hombre, y mucho menos de los

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letrados, dudará de tener aquellas gentes toda contra los portogueses guerra Justísima". Así dice Las Casas del derecho de defensa que tenían los africanos, como sostuvo a favor de los indios.
El P. Las Casas hace aquí una larga disquisición sobre la guerra Justa, a favor de los negros y contra los portugueses, por los mismos argumentos que adujó contra los castellanos y en pro de los indios. "Aquí es de notar otra mayor ceguedad de Portugal que las pasadas y aun escarnio de la fe de Jesucristo; y esto parece, lo uno, porque mandaban los infantes a los que solían enviar a saltear y robar los que vivían en sus casas pacíficos y seguros, (como idóneos apóstoles), que trabajasen de traer a la fe los infieles o moros, que nunca habían oído della, o si tenían della noticia, antes desto, que habían fácilmente dejar la suya y la nuestra recibir; lo segundo, que les mandaba traerlos a la fe, como si fuera venderles tal y tal mercaduria y no hobiera más que hacer; lo tercero, que habiéndoles hecho las obras susodichas, tan inicuas, tan de si malas y tan horribles, no considerasen los infantes cuales voluntades, para recibir los sus predicadores, que tan buenos ejemplos de cristiandad les habían dado, podían tener. Cosa es ésta mucho de considerar, y por cierto harto digna de lamentar. Así que, ni quisieron los
de tierra recibir la fe, ni aun quizá entendieron en su lengua lo que se les decla, ni hacer paz ni tener trato con gente que tantos y tan irreparables males y daños les hacía, y esto hicieron con mucha razón y Justicia; y para que esto, cualquiera que seso tuviere, lo conozca y apruebe, deberé aquí de notar que a ningún infiel, sea moro, alárabe, turco, taro o indio o de otra cualquiera especie, ley o secta que fuere, no se le puede ni es licito al pueblo cristiano hacerle guerra, ni molestarle, ni agraviarle con daño alguno en su persona ni en cosa suya, sin cometer grandisimos pecados mortales, y ser obligados el cristiano o cristianos que lo hicieron, a restitución de lo que les robaren y daños que les hicieron, si no es por tres causas Juntas o por cualquiera dellas. Y regularmente no hay otras; y las que algunos fingen, fuera déstas, o son
niferias o gran malicia, por tener ocasiones o darlas para robar lo ajeno y adquirir estados no suyos y riquezas inquisimas.
La primera es si nos impuen e guerrean e inquietan la cristiandad actualmente o en habito, y esto es que siempre están aparejados para nos ofender, aunque actualmente no lo hagan, porque o no pueden o esperan tiempo y sazón para lo hacer, y estos son los turcos y moros de Berberia y del Oriente, como cada día vemos y padecemos; contra éstos no hay duda ninguna sino que tenemos guerra Justa, no sólo cuando actualmente nos la mueven, pero aun cuando cesan de hacerlo, porque nos consta ya por larguisima experiencia su intención de nos dañar, y esta guerra nuestra contra ellos no se puede guerra llamar, sino legítima defensión y natural. La segunda causa, es o puede ser Justa nuestra guerra contra ellos, si persiguen o estorban o inciden maliciosamente nuestra fa y religión cristiana, o matando los cultores y predicadores della, sin causa legítima, o

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haciendo fuerza por fin de que la renegasen, o dando premio para que la dejasen
y recibiesen la ley suya; todo esto pertenece al impedimento y persecución de nuestra sancta fe. Por esta causa ningún cristiano duda que no tengamos Justa guerra contra cualesquiera infieles, porque muy mayor obligación tenemos a defender y conservar nuestra sancta fe y cristiana religión y a quitar los impodimentos della, que a defender nuestras propias vidas y nuestra república temporal, pues somos más obligados a amar a Dios que a todas las cosas del mundo. DiJe "maliciosamente" conviene a saber, si tuviésemos probabilidad que lo hacen por destruir la nuestra y encumbrar y dilatar la suya; diJe "sin causa legitima", porque si matasen y persiguesen a los cristianos por males y daños que injustamente dellos hobiesen recibido, y por esta causa también padeciesen los predicadores, aunque sin culpa suya, no en cuanto son predicadores de Cristo, sino en cuanto son de aquella nación que los han ofendido sin saber que sean inocentes, ni que haya
diferencia del fin de los unos ni de los otros, injustisima sería contra ellos nuestra guerra, como sería injusto culpar y querer descomulgar o castigar y por ellos pelear contra aquél o aquéllos que, por defenderse a sí o a los suyos y a sus bienes, matasen clérigos o religiosos que en habito de seglares venían en compañía de los querían matar o robar, o en otra manera los afrentar y damnificar; manifiesto es que los tales ni eran descomulgados, ni culpables, ni castigables.
La tercera causa de mover guerra Justa a cualesquiera infieles el pueblo cristiano, es o sería o podría ser por detenernos reinos nuestros o otros bienes injustamente, y no nos los quisiesen restituir o entregar, y esta es causa muy general que comprende a toda nación y la autoriza ley natural para que pueda tener Justa guerra, una contra otra; y puesto que toda gente y nación por la misma ley natural sea obligada, primero que nueva guerra contra otra, a discutir y a ponerar y averiguar la razón que tiene por sí y la culpa de la otra, y si la excusa[?] y está purgada por la antigüedad, porque no ella, sino sus pasados tuvieron la culpa y ella posee con buena fe, porque ignora el principio de la detención por la diuturnidad de los tiempos, la cual examinación, y no cualquiera, sino exactísima, de necesidad debe preceder (por ser las guerras plaga pestilente, destrucción y calamidad lamentable
del linaje humano), mucho mayor y más estrecha obligación tiene la gente cristiana para con los infieles que tuvieren tierras nuestras, de mirar y remirar, examinar y reexaminar la razón y Justicia que tiene, y hacer las consideraciones susodichas, y allende desto los escándalos y daños, muertos y damnación de sus prójimos, que son los infieles, y los impedimentos que se les ponen para su conversión; y la perdición de muchos también de los cristianos, que por la mayor parte parece no ir a las guerras con recta intención, y en ellas cometen, aunque sean Justas, diversos y gravisimos pecados, porque el pueblo cristiano parezca anteponer los bienes temporales (que Cristo posponer

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y menospreciar nos enseñó a la honra divina y salud de las ánimas, que tanto nos encomendó y mandó. Por manera, que supuesto que sin engaño nos constase algunos infieles tener nuestras
tierras y bienes y no nos las quisiesen tornar, si ellos estuviesen contentos con los términos suyos y no nos infestasen, ni por alguna via eficaz maliciosamente impidiesen o perjudicasen nuestra fe, sin duda ninguna por recobrar cualquiera temporales bienes dudosa sería, delante al menos del consistorio y fuero de Dios, la Justicia de la tal guerra".
No cabe duda de que Las Casas se refiere a los salteamientos contra los negros: "Aplicando las razones susodichas a las obras tan perjudiciales que a aquellas gentes hacían los portogueses, que no eran sino guerras crueles, matanzas, captiverios, totales destruiciones y anichilaciones de muchos pueblos (de gentes seguras en sus casas y pacíficas), cierta damnación de muchas ánimas que eternamente perecian sin remedio, que nunca los impugnaron, ni les hicieron injuria, ni guerra, nunca injuriaron ni perjudicaron a la fe ni Jamás impedirla pensaron, y aquellas tierras tenían con buena fe porque ellos nunca nos despojaron, ni quizá ninguno de sus predecesores, pues tanto distantes vivian de los moros que por acá nos fatigan, porque confines son de Etiopia, y de aquellas tierras no hay escritura ni memoria que las gentes que las poseen las usurparon a la Iglesia[.]. ¿Pues con qué razón o Justicia podrán Justificar ni excusar tantos males y agravios, tantos muertos y captiverios,
tantos escándalos y perdición de tantas ánimas, como en aquellas pobres gentes, aunque fuesen moros, hicieron los portogueses? ¿No más de porque eran infieles? Gran ignorancia y damnable ceguedad cientamente fué esta.
LAS CASAS: Historia de las Indias. -México. -Tomo I. -p. 135.-
En otro lugar de su misma historia, insiste Las Casas, negando el derecho de hacer guerra a los moros de la costa occidental de Africa, "y esta es la ceguedad, como arriba tocamos, que ha caido en los cristianos mundanos, creer que por ser infieles los que no son baptizados, luego les licito saltearlos, robarlos, captivarlos y matarlos; ciertamente, aunque aquellos eran moros, no los habian de captivar, ni robar, ni saltear, pues no eran de los que por las partes de la Berberia y Levante infestan y hacen daño a la cristiandad, y eran otras gentes éstas, diferentes de aquellas, en provincias y en condición muy distante; y bastaba no tener nuestras tierras, como no lo eran las de Etiopia, ni hacernos guerra, ni seres posible hacerla, ni sernos en cargo en otra manera, para ser aquellos portogueses, de necesidades de salvarse, obligados a no guerrearlos, ni saltearlos, ni hacerles daño alguno, sino a tractar con ellos pacificamente, dándoles ejemplo de cristiandad, para que desde luego que vian aquellos hombres con título de cristianos, amasen la religión cristiana y a Jesucris-
to, que es en ella adorado, y no darles causa con obras de si mismas tan malas, hechas contra quien no se las habia merecido, que aborreciesen a Cristo y a sus cultores, con razonable causa".

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Esta larga y elocuente disertación de Las Casas a favor de los negros y contra legitimación de los salteamientos y correrías belicosas de que los cristianos los hacían victimas, no fue superada por ningún otro teólogo ni Jurista de aquellos siglos, y ni siquiera mereció la citación por aquellos colonialistas españoles, que hundidos en la apologética del imperio y a fuer de religiosos y moralistas, Jamás han tenido una frase cristiana ni Justa en defensa de las gentes agredidas y despojadas de libertades, familia y patria.
Continuando la historia de los negreros portugueses, dice Las Casas que en el año de 1446 envió el infante varios navíos más al sur del cabo Verde, "los cuales hicieron grandes estragos, escándalos, robos y captiverios y destrucciones de pueblos, también en los negros, porque no habla moros del cabo Verde adelante; tantas y más y muy graves ofensas que siempre en sus descubrimientos hacían contra Dios y en daños gravisimos de sus prójimos". (1) LAS CASAS: Historia. Tomo I.- p.137.-
"En este mismo año de 1446, un Dini Fernández, movido por las mercedes que el Infante hacía a los que descubrián, determinó con un navío ir e pasar adelante de todos los otros que habían descubierto, el cual pasó el río de Salaga, donde otros habían llegado, (...), y este río divide la tierra de los moros Azenegues de los primeros negros de Guinea, llamados Jolofos; vido ciertas almadias o barcos de un madero, en que andaban ciertos negros a pescar, de los cuales, con el batel que llevaba, por popa alcanzó uno en que estaban cuatro negros y estos fueron los primeros que, tomados o salteados por los portogueses, a Portugal vinieron".
Al referirse a Dinis (sic) Fernández, basándose en la narración de Juan de Barros dice que "aqueste capitán tornó a Portugal (sic) con nuevas de la novedad de la tierra que había descubierto, y con la gente que llevaba de negros, no rescatados de los moros como otros que habían traído al reino, sino tomados en sus propias tierras"; "no hacían diferencia de los negros a los moros, ni la hicieran en cualquier nación que hallaran; todos los robaban y captivaban, porque no llevaban otro fin sino su interés propio y hacerse ricos a costa de las angustias adenas y sangre humana. Recibió grande alegría el infante con las nuevas y presa que Dinis Fernández truxo, y hizo Mercedes"(1) Década I, Lib. I. cap. IX
Dice Las Casas que en esta correría de Dinis Fernández en 1446 se llevaron a Portugal "los primeros negros tomados o salteados por los portugueses". Pero ya dijo antes que los esclavos africanos llevados en 1444 a Lagos por Lanzarote eran todos "moros" entre los que hablancos, pardos y "negros como etiopes". Parece una contradicción, pero no hay tal. Los esclavos morenos que se cautivaron en 1444 fueron de la Moreira, es decir "moros" de color negro; pero no propiamente "negros" [tachado: pues no eran considerados "negros" sino los yolofes que habitaban al sur del río Salaga]; los de 1446 fueron "negros de Guinea", precisamente Jolofes o yolofes.

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Ya estaba, pues, establecida la trata directa de negros por los portugueses en la propia tierra de aquellos, es decir ya estaba descubierta la explotación[,] la "mina de negros".
"En el año 1471, dice Las Casas, descubrieron el rescate de la "mina de oro, y en este tiempo acordó el rey D. Alonso que ya no salteasen por la tierra,
sino que por vía de comercio y rescate se tratase con aquellas gentes; pues que nunca cesaron violencias y robos y engaños y fraudes, que siempre los portugueses en aquellas tierras y gentes han hecho". (1) LAS CASAS: Historia. - Tomo I. - p.141.-
Ya por esa época los reyes de Portugal y de Castilla, después de la derrota del portugues en la batalla de Toro, el 1 de mayo de 1472, hicieron un tratado de paz,zanJando no sólo la contienda dinástica de Castilla a favor de Isabel, sino las disputas que se traían acerca de las futuras conquistas, quedando para Castilla el señorio de las islas de Canarias y la empresa del reino de Granada y para Portugal las conquistas del reino de Fez y de la Guinea.
En el año 1484 los portugueses descubren el reino del Congo, dice Las Casas,
"donde ha habido grandes contrataciones y se han tornado muchos negros cristianos y salido mucho fruto"(...); "pero, añade, cada día creemos que hacen grandes daños en el captivar esclavos, y dan motivos los portugueses a que ellos a si mismos se captiven por codicia y se vendan, y este daño y ofensas que se hacen a Dios no fácilmente serán recompensables. (...)
Porque como ven los negros que los portugueses tanta ansia tienen por esclavos, por codicia de lo que por ellos les dan, como también carezcan de fe y temor de Dios, cuantos pueden roban y captivan, como quiera que sea, y sus mismos deudos no perdonan, y así no es otra cosa sino aprobarles sus tiranías y maldades y guerras injustas; que por esto unos a otros hacen". (1) LAS CASAS: Historia. - Tomo I. - p.144.-
Las Casas informa también de un muy curioso aspecto que entonces tuvo la trata de esclavos por los portugueses, realizando por estos cristianos el tráfico negrero de tal modo que estos compraban y cargaban los esclavos en los estuarios del Niger u otros ríos del golfo de Guinea y los llevaban, no a Portugal sino a la Mina, donde los vendían o trocaban con otros negros de allí, iTrata interafricana de negros y entre negros todos ellos infieles por mercaderes blancos y cristianos!
"En tiempo deste rey D. Juan II y del rey D. Manuel que le sucedió, hobo grandísimas corrupciones en los portugueses con el rescate que tuvieron de los esclavos negros, rescatándolos en el reino de Banil y en otras partes de aquella costa, llevándolos a trocar por oro a la Mina donde se hizo el castillo de Sant Jorge; porque la gente de allí, aunque negros también, todos holgaban de comprar esclavos negros de otras partes por
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oro,para sus comercios que tenian con otros negros,sus vecinos,ellos otros con los moros.Sabida esta corrupción por el rey D.Juan III,que sucedió al rey D.Manuel,queriendo excusar tantos y tan grandes pecados,porque las ánimas que él es obligado a convertir,en cuanto en él fuere,y darles camino de salvar,las entregaban a los moros,donde sobre sus ritos y errores de idolatria les habian de añadir la pestifera ley de Mahoma,como rey cristiano,posponiendo los provechos temporales
que le venian,quitó del todo,y prohibió el dicho comercio y trato infernal;pero a lo que vemos y hemos visto,quitó el trato que no se venden a los moros,más no quitó el rescate y mil pecados mortales que se cometen ello,hinchiendo el mundo de negros esclavos,al menos España,y hacer rebosar nuestras Indias dellos;y que de cien mil no se cree ser diez legitimamente hechos esclavos".(1) LAS CASAS:Historia.- Tomo.- p.144.-
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VI NEGROS
Defensa.
[En la portada, a la piz:Negros,Bautizo,Racismo,Teología,CAM,
Casas.]
No fue tampoco Las Casas de los eclesiásticos que Justificaban o disculpaban la esclavitud por el valor de la religión que los negros adquirían por medio del bautismo al ser esclavos de los cristianos.
[tachado:La religión,asi la católica como la protestante y como la mahometana,fue siempretexto para legitimar la esclavitud de los paganos].Si Juridicamente se quería Justificar la esclavitud como un paliativo del derecho de matar al enemigo vencido en guerra,filosóficamente se quería defender la esclavitud diciendo que,a cambio de la pérdida de su libertad y del trabajo forzado y enseñándole la religión verdadera se beneficiaba al infiel,perdido por su religión falsa,
y abriéndole la via de una felicidad eterna.En uno y otro aspecto,los esclavos debian darse por muy afortunados y agradecidos por el enorme provecho espiritual que les venía de su subyugación.[tachado:La esclavitud era el precio de la vida en este mundo y en el otro].
Ese argumento que tanto se empleó para razonabilizar el sojuzgamiento de los indios ya lo habia usado contra los negros el historiador portugués Azurara,enternecido ante la aficción de los africanos llevados a Lagos en cautiverio y alli vendidos como bestias;pero consolado al pensar que les era mejor ser esclavos pero cristianos que libres pero infieles [.](1) Cap.XXV.Ver Saco III,p.278
Por ese sofisma,la esclavitud venia a ser como un premio.Asi [el] al negro vencido en guerra que en vez de ser muerto era esclavizado pagaba con la esclavitud,la cual era para él como el precio de dos vidas:una vida,aunque opresa y pasajera,en este mundo real y otra vida más,felicisima y eterna en otro mundo metafisico.
Cuando en 1585 el portugués Duarte López,de regreso de un viaje a Guinea le proponía al rey el establecimiento oficial de la trata negrera en el Congo y Angola,presentaba el beneficio religioso que con ello se lograría al mismo tiempo que la conquista de Angola,la producción de las minas y el incremento de las rentas de Su Majestad."Se acrecentaría la cristianización del Congo,se evitaria que los esclavos fuesen comidos,estos recibirían el bautismo y serían instruidos en nuestra santa fe,por cuya razón se puede sin escrúpulo hacer dicha trata,pues los esclavos son allí los prisioneros de guerra y la moneda corriente del país" (3).Como dice Scelle, "esta doctrina se encuentra todos los días y en todas partes". GEORGES SCELLE:La Traite Négrière aux Indes de Castille. Paris,1906,T.I.- p.729

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Ese argumento religioso sirvió también a los defensores de los asientos para la trata negrera cuando querían Justificar que los contratos se dieran a tratantes no católicos y no a cliertos competidores portugueses. Estos alegaban que poner la trata en manos de los mercaderes protestantes implicaba llevar los negros a la herejía. Sus defensores declan que los ingleses y holandeses de todos modos hacían la trata, por lo cual, si los españoles compraban los negros éstos no se contaminaran y los compradores, salvando así las almas de los negros africanos, lograrían para sus
piadosas almas de blancos, incontables tesoros de méritos que serían premiados por Dios. Si los esclavos en las plantaciones hacen ricos a los amos, no es sino en reciprocidad por el inestimable enriquecimiento espiritual que ellos han recibido con el bautismo, y por designio de Dios que así les da su recompensa. Así como los castellanos estaban predestinados por Dios para el descubrimiento de América y cristianización de sus indígenas, así
lo estaban para la conversión de la raza negra. Los tratantes no son sino los intermediarios entre los desgraciados esclavos de Africa y sus amos que les enseñan la Verdad". Así, observa Scelle, por ese hipócrita alegato, la trata adquiría casi la categoria de un sacerdocio y oficio para ganar el cielo [.](1) Scelle I.p.733
El negrero inglés Snelgrave defendía la esclavitud diciendo que por ella el negro cautivo ganaba la dicha de vivir. Con analgia, un católico gobernador de Angola le escribía al rey de Portugal que la trata esclavera es "una obra meritoria para Dios, pues libraba al negro de la muerte eterna".
En la Sinodo (sic) diocesana de Cuba, de 1680 (1), se alude a la gran ventura de los negros africanos al ser rapíñados para un país católico, a que "habiendo Dios nuestro Señor dado tanta felicidad a los negros bozales que vienen a esta isla entre cristianos", ya que es "una de las mayores dichas el gozar del santo bautismo".
(1) En la constitución cuarta. Esta sinodal, de 1680, fue aprobada por R.C. de 9 de Agosto de 1682. Véase en Zamora Legislación Ultramarina.
Ese criterio se completaba para los negros esclavos en América, con el anestesiante culto de la ya citada imagen del Cristo de la Humildad y la Paciencia, que era la de las congregaciones de los negros esclavos, la que ellos sacaban a hombres en especial procesión, el martes o miércoles de cada Semana Santa. Su iconografía representa al Ecce Homo, pero con la cabeza muellemente apoyada en la mano derecha, en actitud meditativa y tranquila, como de quien sabe que esta vida ha de sufrirse con paciencia y sin rebeldia porque le espera después una eternidad gozosa. Aun se conservan algunas de esas imágenes en las iglesias de las ciudades americanas, donde las hemos visto. La estatua de Cristo atado, azotado, llagado, pero con la serenidad de la resignación consciente de su final feliz, era un ejemplo para los infelices, que no debían exasperarse.

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Pero aquella teoria que servia a los amos para evadir la pesadumbre moral de la esclavitud no era unánime.
Fray Domingo de Soto declia: "Si alguien imaginase pretextar que se hace con ellos una obra preclara al darles en cambio de la servidumbre el beneficio del cristianismo,sepa que injuria a la fé,la cual debe ser enseñada y persuadida con suma libertad".
Ya diJimos como Fray Benito de la Soledad no admitía la excusa de la esclavitud por el bautismo del cautivo. Ni siquiera la aceptaba el cauteloso P.Mercado, quien declia:
"Espantámonos de la crueldad que usan los turcos con los cristianos cautivos poniéndolos de noche en sus mazmorras, y cierto muy peor trataban estos mercaderes cristianos a los negros que ya son fieles,porque en la ribera,al tiempo de ambarcarlos,los bautizan a todos Juntos con un hisopo,que es otra baridad grandísima(1)"
(1) Mercado.Lib.I.cap.XV
El Ldo.Albornoz era en esto igualmente explicito[:] "Otros dicen que mejor les está a los negros ser traídos a estas partes, donde se les da conocimiento de la ley de Dios,y viven razón,aunque sean esclavos,que no dejarlos en su tierra,donde estando en libertad,viven bestialmente.Yo confieso lo primero,y a cualquiera negro que me pidiera sobre ello parecer,le aconsejara que antes viniera entre nosotros a ser esclavo quedar por rey en su tierra;más este bien suvo no Justifica,antes agrava más,la causa del que le tiene en servidumbre,por lo que arriba diJo.Del bien que siguió del mal que Judas hizo,ningún provecho se le pegó a Judas.Sólo se Justificará en caso que no pudiera aquel negro ser cristiano sin ser esclavo.
Mas creo que me darán en la ley de Jesucristo que la libertad de la ánima se haya de pagar con la servidumbre del cuerpo.Nuestro Salvador a todos los que sanó de las enfermedades corporales,curó primero de las del ánima.San Pablo a Filemón,aunque era cristiano,no quiso privar del servicio de esclavo Onésimo;y ahora al que hacen cristiano quieren que pierda libertad,que naturalmente Dios dio al hombre".
Las Casas no es partidario de esa moral acomodática.No,para el fin no Justifica los medios,como tantas y tantas veces han dicho los esclavizadores y los teólogos y Juristas para disculpar sus crimenes y tiranias.Cuando acusa a Colón por apresar subitamente a unos inofensivos indios cubanos para llevárselos consigo a España "para que aprendiesen la lengua de Castilla y saber dellos secretos de la tierra y para instruirlos en las cosas de la fe",dice rotundamente que "
no lo excuse el buen fin que tuvo el Almirante,cuanto bueno y provechoso para después quiera que fuese,porque nunca hemos de hacer cosa mala por chica minima que sea,para que por ella o della haya de salir o havamos de sacar inestimables bienes".Y afiade: "Asi lo afirma San Pablo,Ad Rom.,2:Non sunt facienda mala ut bona avenient.(1) Ese mismo San Pablo que evocaban los

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predicadores para imponer a los esclavos una obediencia resignada.
(1) LAS CASAS, Historia de las Indias, Tomo I, p.233
Esto aparte de que, fuera de la sacramentalidad del bautismo que recibían los indios y los negros, era muy dudoso que realmente se convirtieran en cristianos concientes, porque, decía Las Casas tocante a los primeros pero pudiera entenderse que para los segundos,
"¿Qué doctrina podían dar hombres seglares y mundanos, idiotas y que apenas, comúnmente y por (sic) al mayor parte, se saben santiguar, a infieles de lengua diversísima de la castellana, que nunca aprendieron sino tres vocablos, "daca agua, daca pan, ve a las minas, torna a trabajar", y que habían de ser instruidos desde los primeros principios de la fe y religión cristiana, que no son el Avemaria y Paternóster ni Credo mostrado en latin, como quien lo enseña a urracas y papagayos?" (1) LAS CASAS, Historia, Tomo II, - p.479.
(...) Por aquellos tiempos no hobo más memoria de enseñar estas gentes en las cosas de la fe ni de su salvación verdaderamente, que si fueran perros o gatos, porque no hervia en los seglares otra solicitud ni otro cuidado, sino solamente de los trabajos y sudores y vidas de los indios aprovecharse, por todas las vías y maneras que ellos podían alcanzar; y como no había religiosos, y los de Sanct Francisco que vinieron a esta isla el año de 1502, como ya se refirió, eran pocos, y aun para decir verdad, tampoco tuvieron ese cuidado, de todo remedio espiritual quedaron los indios desamparados: pues hablar de clérigos, como no pasen acá sino con el fin de los seglares, y pugliese a Dios que con sólo aquesto el negocio pasase, no es menester gastar tiempo en balde".
Y aparte, además de que en todo tiempo los pobladores de Indias "con su mala vida y ejemplos corruptisimos, infamaban la fé, y la (sic) ofendian más a Dios con ellos y con su ociosidad, que los indios a quien ellos tan falsa y perniciosamente infamaban" (1); con lo cual el catequismo devenía ineficaz si en realidad se intentaba.
(1) LAS CASAS, Historia de las Indias, T. II, México, - p.479.
Todavía en 1866 el abolicionista cubano Francisco de Armas (1) tenía que combatir aquel fanático argumento de la esclavitud como premio; cuando la trata negrera ya era aquí illicita por imposición de Inglaterra, [tachado: y tenía que combatirlo, el que era bien católico] no yendo al fondo de la argucia sino flanqueándola y alegando, lo que era cierto, que en Cuba los esclavos no recibían bautizo alguno.
(1) La esclavitud en Cuba, Madrid, 1866, p.315
El indigena y el negro de América con harta frecuencia pudieron decir como al missionero del Congo el neófito africano después de haber observado este las costumbres de los colonizadores blancos, tan contrarios en realidad a las prédicas envangélicas, así en relación a los negros como entre ellos mismos: "Si eso es el cristianismo, ni yo ni Jesucristo fuimos Jamás cristianos". Si la bienaventurada y salvadora vida cristiana, que se les ofrecía

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a los esclavos como premio a su terrenal servidumbre, y a su transculturación religiosa, que los pasara de Satanas a Cristo, no se veía en la realidad práctica y solo era una posibilidad de ultratumba, el precio se desvanecía en las nebulosidades de las perspectivas postumas.
Ese intento de Justificar la esclavitud por la diferencia de religiones en verdaderas y falsas, a que tanto acudieron los conquistadores y esclavistas de antaño, equivale en lo fundamental criterio de los conquistadores modernos, amparándose en las diferencias de culturas, verdaderas o superiores y falsas o inferiores, para sus prepotencias imperialistas, con la excusa de un deber social que peso sobre el hombre blanco.
Las Casas tampoco fue racista, como se ha dicho, ni para los indios ni para los negros.
Se escribió que Las Casas, al ver de mozo en Sevilla los indios que llevaba cautivos consigo Colón en (sic) Sevilla al retorno de su primer viaje, exclamó: "como si los indios fueran africanos" y que esa frase expresaba la inferior categoría racial en que los tenia, y que implicaba servidumbre. Pero nada de esto es cierto, ni la frase, cuya certeza nadie atestioua ni su interpretación, contradicha reiteradamente por el humanista sevillano.
El racismo discriminatorio contra aquellos explotados gentios de Indias se presentaba con diversas formas. De una parte los españoles gustaban de presentarse como los escogidos al triunfal dominico sobre los indios y los negros; y, por otra parte, estos eran tenidos como predestinados para la esclavitud. Unos y otros por inescutable designio de la Divina Providencia, que se manifestaba en las Sagradas Escrituras o por fatalidad de la naturaleza.
Ante todo hubo españoles que se declan elegidos por la divinidad para el gobierno y supeditación de aquellas gentes inferiores.
Enciso, por ejemplo, con citas de la Biblia, se esforzaba en demostrar que los españoles, al conquistar el Nuevo Mundo, hacían Justa guerra, por que Dios había concedido las Indias a España, así como a los Judios les dio la tierra prometida. Enciso recordaba un texto biblico: "E después envió José a requerir a los de la primera ciudad que era Jericó, que le dejas e diesen aquella tierra, pues era suya, por que se la habla dado Dios. E porque no se la dieron, los cercó e los mató todos, que no dejó sino una mujer, por que habla
librado a sus esplas que no los matasen los de la ciudad; e después les tomo toda la tierra de Promisión por fuerza de armas, en que mató infinitos de ellos, e prendió muchos, e a los que prendió los tomos por esclavos, e sirvió dellos como esclavos. E todo esto se hizo por voluntad de Dios, por que eran idolatras" (1). Para Enciso el caso de los indios era igual, el de una Justa hostilidad contra la idolatria. El embajador veneciano en Francia le informaba a su gobierno en 1565 que

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España pretendía el dominio exclusivo de las Indias, "Ne solamt di quello che si é scoperto fin quà,ma anco di quel che resta à scoprirsi,come se fusse stata
(1) Memorial de Enciso,Doc.Ined.Indias.T.I;p.442
loro assignata da Dio quella parte di mondo ne la maniera che fu à gli Hebrei la terra di promissione".
Unida a esta predestinación divina de los españoles debe considerarse la idea de que a ellos les venia de natura el ser por excelencia la nación guerrera.Fue Oviedo,el enemigo de los indios,quien la expuso con más precisión:
"Rara cosa y precioso don de la natura,y no vista en otra nación alguna tan copiosa y generalmente concedida como à la gente española;porque en Italia,Francia y en los mas reynos del mundo solamente los nobles y caballeros son especial o naturalmente exercitados é dedicados a la guerra,ó los inclinados é dispuestos para ella;y las otras gentes populares é los que son dados a las artes mecánicas é à la agricultura é gente plebea,pocos dellos son los que se ocupan en las armas ó las quieren entre los extraños.Pero en nuestra nación española no parece sino que comunmente todos los hombres della nascieron principal y especialmente dedicados a las armas y à su exercicio y les son ellas é la guerra tan apropiada cosa,que todo lo demás les accessorio,é de todo de (sic) desocupan de grado para la milicia.Y desta causa,aunque pocos en número, siempre han hecho los conquistadores españoles en estas partes lo que no pudieran aver hecho ni acabado muchos de otras naciones".(2)
GONZALO FERNANDEZ DE OVIEDO,Historia General y Natural de las Indias.Tomo III.Paraguay,1944.p.205
Esa condición marcial que era característica española en el siglo XVI,se debía sin duda a la incesante y multisecular militancia bélica de los españoles contra los musulmanes,y al pésimo estado de disregación de los pueblos peninsulares, torturados por guerras dinásticas o religiosas internas y externas,por la caída del acastillado feudalismo,por la expulsión de los Judios y los moriscos que menguaron el sistema social de la economia peninsular,y por los absolutismos monárquicos y clericales;todo lo cual hacía que los españoles se dieran tanto a la milicia,la aventura y la picardia;
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pero esa marcialidad trocóse en arrogancia y fue convertida en virtud fanfarrona, en un privilegiado "don de la natura". Y, como consecuencia, eran los españoles quienes "pugnando por la fe", como decía Hernán Cortés, "con el favor de Dios y a su servicio tenían la misión providencial de reducir aquellas gentes baras] infieles de las Indias a policía y cristiandad."
La creencia en las predestinaciones, así las buenas como las malas y así las biblicas como las naturales, arrancaba siempre de un abstruso concepto teológico, que ya interesó a los Padres de la Iglesia y fue revivido en el siglo XVI, por católicos y protestantes, para la Justificación de la esclavitud.
Para muchas religiones el nacimiento de cada ser humano es un acto sublime de cooperadora creación, donde se unen la obra del hombre y de la mujer que dan la carne, con la de Dios, que aporta el espiritu. En cada creación de un ser humano hay así, Junto con el engendro carnal de la cópula, reproductora, una bajada del sagrado espiritu que deposita en el óvulo genético la esencia de una entidad animica sin pasado.
Para los creyentes en la creación divinal del alma, la idea de la herencia del espiritu es una herejía contra la obra divina, que para cada nacimiento humano crea un alma. Dicen que un alma nace para cada cuerpo naciente. Pero si cada cuerpo al nacer trae consigo un acervo hereditario, no ocurre lo mismo con el alma de tal modo concebida, la cual no tiene progenitura humana, no recibe herencia, ni tiene raza, ni color ni tradición de antepasados.
Lo contrario seria atribuir al divino y omnipotente artífice la creación de varios tipos de almas, como habría hecho hombres diversos si en el Génesis hubiese trabajado con distintos barros.
No obstante la antropogonia biblica, los Judios cayeron en discriminación análoga al racismo al proclamarse el "pueblo elegido" por su descendencia de Abraham; pero los cristianos, llevando a su religión las ideas igualitarias que ya había elaborado la filosofía rompieron este exclusivismo y proclamaron la universalidad de la especie humana salida de la entraña de Eva.
Una religión de dogmatismo monoteista y de aspiraciones ecuménicas que reconozca distinciones raciales entre las criaturas humanas debidas a un Dios su creador, es sencillamente una aberración terriblemente anacrónica, reflejo de las edades donde los hombres, limitados en sus tribus y por sus ideas etnocentristas, no podían aun concebir a lo supremamente misterioso del orden cósmico, con la sublimación lógica que ya aparece en la teogonia del amestizado pueblo egipcio, varios milenios antes de nuestra era occidental.

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Ni siquiera leyenda genesiaca del pecado original puede ser interpretada, cuando más, sino como una innata condición genérica del ser humano que lo predispone hacia la imperfección de pecar, pero no como una predisposición prenatal ni cuantitativa ni cualitativamente especifica e individuada, de manera que el estigma de la malicia sea como una calimba ingénita de servidumbre, que marque en cada uno de los descendientes de Adam y Eva el señorio de tal o cual pecado ni una métrica del impulso pecador.
Diriase que (en cuanto al alma hay un elemento esencial de partenogenesis o de concepción inmaculada, si bien al encarnarse macula con la predisposición a la flaqueza que por su materia carnal tiene innata el género humano.
Por el mito adámico, el alma humana no trae en si el pecado original, sino que lo arrastra consigo en el momento de la concepción de su cuerpo, como mancha que adquiere al penetrar en el óvulo humano y pasar por la entrada carnal de la vida terrena.
Una creación por voluntad de Dios de almas que fuesen distintas ya al salir de la nada y, por tanto, mayor o peor dotadas en sus facultades, sería absurda, pues habría de arquir contra la idea de una Justicia divina absoluta que repugna las distinciones, del favor como del disfavor, sin una previa Justificación ética.
Aun así, los creyentes tienen que aceptar que si hay almas en los hombres, éstas encarnan a veces en cuerpo congénitamente deficientes para la plena y normal manifestación de sus facultades. Nacen nífos ciegos, sordomudos, epilépticos,imbéciles, monstruosos... y las almas que en ellos encarnan tendrán que soportar una carga más olerosa que las más afortunadas por la mejor instrumentalidad corpórea que les cupo en el destino de su encarnación.
Esto suscita graves problemas éticos, amen de los relativos a la herencia psiquica. Los reencarnacionistas han tratado de resolverlos conjuntamente, explicando así las diferencias psicológicas de las criaturas y sus males congénitos, como otros que en la vida no parecen inculpables a ellas por razones físicas ni morales, diciendo que son fatidicas consecuencias de ciertas hipotéticas causas prenatales y como retribución al mérito o demérito ganado en vidas anteriores.
Para los que creen la metempsicosis, o sea en la transmigración de las almas de unas generaciones o otras y acaso de unos mundos a otros, llevando siempre consigo el influo de las existencias pasadas, existe una especie de herencia espiritual que se produce, no por transferencia mixtigénica de varios antepasados sino por la transferencia única del propio espíritu, antepasado de si mismo.

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quien a lo largo de su transmisión pluriexistencial trae consigo el caudal propio, desde unas vidas pretéritas a la vida presente, para retransmitirlo después, con los provechos y menguas que en este mundo tuviere, a otras vidas futuras.
Pero acaso esto no sea sino desplazar el problema biológico y ético de la creación de los espiritus a los limites infinitamente remotos e inescrutables de la eternidad pretérita.
Este problema no es, en rigor, sino el mismo de la predestinación y de la gracia y de su compatibilidad, concordancia o conruismo, como declía el Jesuita P. Francisco Suárez, con el libre albedrío, o sea el de la responsabilidad humana por el pecado, y la Justicia distributiva o discriminatoria del favor divino, que tanto ha agobiado a los teólogos de todos los tiempos, en una polémica ardua e inconclusa.
Particularmente en la católica Edad Media, tuvo gran boga la doctrina de San Agustín apoyada en San Pablo, según la cual la gracia de Dios no toca sino a quienes éste predestinina para su goce. La teoria agustiniana fue revivida por Lutero y otros predicadores del protestantismo, con provecho de los defensores de la esclavitud deseosos de hallar una Justificación religiosa de su explotación.
En cierto modo, la distinción religiosa entre unos seres predestinados y otros sin predestinación equivale a un racismo de almas. Como dice Toynbee, "la teoria de la predestinación establece una discriminación de sentido racial, dividiendo el género humano en dos razas separadas, por una inalterable distinción de morfologia espiritual (...) Es la hipóstasis de un mito racial"(1) Art. Race. En la Enc. of Rel. and Ethics de Hastings vol X p.553.
En este orden del racismo teológico o de las predestinaciones étnicas, ha sido la doctrina más difundida y, sin duda, la más abusiva y herética, la que hace derivar el origen racial de los negros y también su esclavitud de esa imaginaria maldición proferida por el mencionado patriarca [tachado:Noe] cuando, [tachado:después del Diluvio] ya en la faena de cultivar la tierra, plantó una
viña, bebió de su vino y embriagado de él, quedó desnudo en su tienda, en cuyo momento Cam, el más Joven de sus tres hijos, contempló irrespetuosamente la indecorosa desnudez de su padre, mostrándose a sus dos hermanos Sem Y Jafet. Estos tomaron entonces las ropas del padre ebrio, poniéndolas sobre sus hombros "y ando hacia atrás, teniendo vueltos sus rostros, cubrieron el cuerpo en cueros de Noé, y así no vieron su desnudez".(1) Génesis, cap IX, v. 20 a 27

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Por lo cual, añade el Génesis, Noé airedo por la conducta de su hijo Cam lo maldiJo en su hijo Canaán y sus descendientes, condenándolos a servidumbre.
Asi corrió durante siglos la leyenda esclavizadora, tomando como base un episodio del Génesis, pero alterándolo [tachado: maliciosamente] para ajustarlo a sus propósitos discriminadores.
Adviérase, ante todo, que en la Biblia no se encuentra la consabida maldición, tal como fue corrida por los sostenedores de la esclavitud de los negros. En el Génesis (IX,25) Noé no maldiJo a Cam, quién fue el único culpable de la afrenta, sino a Canaán, su hijo. "Maldito sea Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos"... "Bendito"
Jehová el Dios de Sem, y séale Canaán siervo". "Engrandezca Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem, y séale Canaán siervo". Y nada más dice el Génesis. Canaán tuvo descendencia y con el tiempo los cananeos fueron vencidos por los israelitas. La maldición quedó cumplida, dicen los exegetas. Pero nada hay en ella que permita relacionarla con los pueblos negros.
Ya lo advertía así, con acierto exegético Ahmed Baba un erudito cadi negro de Tombuctó en 1615, respondiendo a una consulta de la gente del oasis de Tivat, esta explicación es totalmente falsa. Algunos genealogistas, decía el cadi, citando al historiador Ibn Khaldún, pretenden que los descendientes de Cam por la maldición de Noé son negros y destinados a la servidumbre; pero en el Pentateuco, donde se refiere el hecho de la maldición nada
se dice del negror de la piel. (1) Este acertado razonamiento del negro cadi sudanés demuestra que la fábula envilecedora era tan extendida que llegaba a las entrañas de Africa y que los negros tenían que defenderse contra ella.
(1) Cita de Charles de la Roncière, Négres et Négriers. Paris, 1933. p. 20
La introducción del elemento negro en la leyenda de Cam y la atribución a este del castigo patriarcal en vez de a su hijo Canaán, como reza el Génesis, parece obedecer a un fenómeno de sincretismo folklórico.
adaptado por las interpretaciones eclesiásticas para Justificar la subyugación de los esclavos, sobre todo de los negros, a pesar de las doctrinas dogmáticas igualitarias, generalmente contradichas en las realidades sociales.
No parece que una tan prolongada persistencia del error pudiera derivar simplemente de una confusión fonética de Canaán por Cam.
La calificación étnica de los cananeos es muy discutido problema y su solución parece estar aun lejana.

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De todos modos, es indicable que el pueblo egipcio influyó en el Canaanno.
El vocablo Hebreo Ham "calido,tórrido", aplicable a la tierra calurosa de Egipto, debió de transformarse en Cham o Cam (.)
El Cham del latin da la Vulgata, el Ham del idioma hebreo, o el Cam que dclimos en castellano, parece relacionarse directamente con Egipto, así puede verse en varios Salmos (LXXVIII,51; CV,23; CVI,22)
Los hebreos declen a Egipto tierras de Kam, Kham o Ham según la Biblia (1) E.A. Wallis Budac. Ashort history of the Egiptians people. London, 1925, p.2
En Jerodilico Kem, demótico Kem, que significa "negro", es el Egipto.
Probablemente, es la relaciónada (sic) con una milenaria tradición del antiguo Egipto, donde la voz Kam significa "tierra de nebros" (1). Puesta la maledición sobre Cam era así muy fácil extenderla a los negros africanos.
(1) Rawlinson. Encret and Babylon, p.185
Además de este factor tradicional parece haberse fundido en la leyenda otro episodio biblico que, ese si, se relaciona con la mente de color obscuro y tiene cierta semejanza con el caso de Nod y su NiJo y la malquerencia contra sus descendientes. Es una escena de Abraham. Este patriarca, a causa de la esterilidad de Sara, su esposo, I toma en poligamia como segunda mujer a Amé, la esclava egípcia, personaje tenido comúnmente como de cada manera o por lo menos de piel oscura, y de Ager le nece un NiJo.
Tiempo Isaac. Va' feliz Abraham con este hijo de Ager, el condenante Johova hijo a Sara a su centenario marido le merida un NiJo que se llamó Isaac. Sara se rió mucho de esa obra extrodinaria de Johova y los que la overon se rieron con ella.
San Adustin observa (Lib. XIII, cap II) que Ismael "nació naturalmente según la carne", de la esclava llamada Ager; pero el otro, que es Isaac, nació milagrosamente según la divina promesa, de Sara, que era libre". Este último, el libre, nació por "la graci", o "el beneficio divino", es decir la predestinación favorable.
Al dor destetado Isaac su padre dio un banquetel, 1
"vío Sara al hijo de Ager la Egipcia, el cual está le habla paricio a Abraham, que se burlaba", (...) "por tanto hijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo", etc. Ismael, el hijo de la morena Ager, es decir el mulatico, es aquí el burlador imprecado. Abraham despidió a su esclava Ager con su hijo Ismael y estos habitaron por los desiertos y Dios hizo que Ismael fuese fuerte y tirador de arco y casara con mujer egipciana.

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Después, al correr de los siglos, este episodio biblico fue motivo de que a los oscuros y abasanados sarracenos, islamitas, musulmanes, mahometanos, árabes y moros, se les atribuyera la condición maldita de ser descendientes de Agar y de Ismael, y de ahí que por España se les dijera agarenos e ismaelitas.
En este relato, también del Génesis (XXI.1 a 21), partiendo de la condición negra o morena de Agar y de Ismael y de la mujer de éste, están los elementos raciales y en parte analógicos que, fundiéndose con el incidente de Noé y Cam, han debido de producir la leyenda que pone la predestinada esclavitud de los negros en la horrible venganza del diluviano patriarca. Todo lo demás fue empeño de humillar a los negros, echando a las Sagradas Escrituras la responsabilidad de su terrible abatimiento.
Parece ser significativo el hecho de que las minifestaciones históricamente culminantes de la legendaria maldición de Cam se hayan dado en relación con el Africa, la tierra de los supuestos nietos de Noé, que por su iracundia fueron trocados en negros, o sea en somática denegridos y socialmente denigrados.
Se atribuye a un historiador francés, (1) haber escrito que la leyenda se encuentra ya en un libro rabinico del siglo VI y que, olvidada durante más de mil años, renace con Lutero y el año 1677 en cierta obra de un profesor Hamemam, médico protestante de Amsterdam.
(1) Georges Goyan. En "La Figaro" de Paris, citado por R.W. Murray y Frank I. Flynn, en Social Problems. N.York., 1938, p.140.
No hemos podido comprobar la referencia al libro de un rabino.
No sabemos si se refiere al libro Origen de los americanos. Esperanza de Israel, cuyo autor es Menassehben Israel, teólogo y filósofo hebreo. Es la profecia de este autor, que las razas de Sem y la Jafética se habían de encontrar en este continente (América), desués de haber dado ambas familias la vuelta al mundo; y que los hijos de Cam, que vinieron por su gestión extraña, habían de quedar esclavos en los dilatados valles ocupados por los campamentos de Sem, en virtud del versículo biblico cuyo texto es: "Engrandezca Dios á Jafet y habite en las tiendas de Sem y séale Chanaán siervo". (1) Cita de MIGUEL RODRIGUEZ FERRER. Naturaleza y Civilización de la Gran diosa Isla de Cuba. Segunda Parte-Civilización. Madrid. 1887 p.133.
"Fue Lutero, dice el Jesuita P. Charles, quien, en su comentario sobre el Génesis, lanzara la idea de que el color negro de los etiopes era el signo y la prueba de la maldición ancestral" (1) Charles p.14.
[El lugar de esta ficha no está claro, suponemos que Ortiz haya pensado insertarla después de Lutero.]
El citado libro francés el de Juan Ludovico Hamemam, titulado Curiosum scrutinium nigredivis posterarum Cham, impreso en Amsterdam el año 1673, en el cual se alude a la maldición de Noé sobre Cam, padre de Can[aan].

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Para Hamemam todos los africanos, los nativos de las Indias holandesas y hasta los del Indostán, son descendientes de Cam, fulminados por la maldición que los condena a servidumbre, "quo in servituten sunt damnati, omnes tangit in milles generationes".
Hamemam se apoyaba en el legendario castigo biblico para Justificar la esclavitud de los negros y llegaba hasta explicar la negrura de la piel de éstos por el hecho de haber sido quemados o chamuscados por el fuego de la maldición de Noé al descender ésta fulminada e ignea de los cielos como un rayo.
De ese libro se ocupó en 1712, ya hace más de dos siglos, el P. Benito Feijoo en su Teatro Critico Universal (1) quien refutó lo dicho por aquel; negando con acierto que en la Biblia conste la fantástica maldición que hizo negros a Canaán y sus descendientes.
(1) T.VII, discurso III, IV.p.13
De todos modos parece asomar cierta complacencia sectaria en atribuir el origen de la impia leyenda a un rabino Judío y su posterior propagación a un autor protestante. De todos modos ello es erróneo.
Es cierto que esta exégesis de una maldición biblica que origina y esclaviza a toda una raza negra Jamás ha sido sanciónada excatedra por la cabeza de la Iglesia; pero fue muy grata a los interpretes de la Biblia en todas las ramas y pueblos del cristianismo.
La primera exégesis de tal leyenda la hallamos en la famosa obra teológica del siglo V (413 a 427) debida al africano San Agustín de Hipona, titulada De Civitate Dei (1). Según este Padre de la Iglesia, Dios creó libres a los hombres y la esclavitud no existió hasta que "el Justo Noé castigó con ella el horrible pecado de su hijo".
(1) Libro XIX. Cap. XV
"Asi, pues, la primera causa de la servidumbre es el pecado, y de que sujetase el hombre a otro hombre con el vinculo de la tradición servil"; afadiendo San Agustín para quien no comprenda bien su teoria: "lo cual
no sucede sin especial providencia y Justo Juicio de Dios, en quien no hay injusticia y no sabe repetir diferentes penas a los méritos de las culpas". Esta teoria teológica, no es sino la cristianización de las ideas esclavistas de los filósofos griegos, cosa muy comprensible en Agustín, que era muy conocedor del platonismo y mantenedor de la doctrina de la predestinación.
Este Padre de la Iglesia Latina en su teoria rechaza la idea pagana de la servidumbre natural, y sostiene la libertad natural, pero de hecho él da nueva carta de naturaleza a la servidumbre, renaturalizándola, al hacer la consecuencia fatal del pecado, y como tales explica la servidumbre por derecho positivo, la penal y la de guerra, aun la proveniente de

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vencimiento en guerra injusta, pues toda servidumbre proviene del pecado y los pecadores mismos son siervos de él, aún "los que mandan y seforean".
"Por lo cual, dice, San Pablo aconseja a los esclavos que sean obedientes a sus señores y los sirvan de corazón con buena voluntad para que, si no pudieren hacerlos libres los señores, ellos en algún modo hagan libre su servidumbre sirviendo, no con temor cauteloso sino con amor fiel hasta que pase esta iniquidad y calamidad y se reforme y deshaga todo el mundo y potestad de los hombres".
El Génesis no dice que Noé maldiJera a Cam, y cierta exégesis, apoyada en San Juan Crisóstomo, San Ambrosio, y San Agustín, excluye a Cam de toda maldición, no siendo lo que diJo Noé contra Canaan y sus descendientes sino una predicción, que se cumplió cuando Josué triunfo sobre los canaaneos.
En la Civitate Dei, aunque la servidumbre aparece cuando "el Justo Noé castigó el horrible pecado de su hijo", o sea con el episodio de Cam, a este no se le da relación alguna con la genealogía y condición de los negros, como en verdad tampoco ocurre en el Génesis. Sin embargo, parece que en aquella obra de San Agustín, nacido en Tagaste (Africa), y obispo de Hipona, hay indicios de que el autor conocía la tradición folklórica que a los negros los predestinaba malamente como consecuencia de una iracundia de Noé, y que San Agustín tenía empeño en deshacerla
aun cuando sin citarla expresamente. La opinión que hacia descender de Cam a los negros o etiopes y a los pardos o amulatados egipcios era corriente y no debió de ignorarla San Agustín.
En el capítulo XI de su obra alude el a Cam y a su descendencia, demostrando que al tratar de aquellos pigmeos y demás exóticos habitantes de Africa, tenia a dicho etnarca en mente y también a los negros que de él descienden. Recoge la tradición de que los egipcios proceden de un hijo de Cam, que se llamó Mesrain, y la de que los etiopes derivan de otro hijo de Cam, que se llamó Cus, si bien observa que en esos casos "no hay expresión que corresponda con el nombre original", o sea con el respectivo gentilicio, derivado
primer etnarca, tal como siglos después de aquellos se ha dicho camitas o hamitas. Es decir S. Agustín no acepta como segura la descendencia negra que se le atribuiía a Cam, aun cuando no la niega.
Interesante es a ese respecto el Cap. VIII del libro XVI del Tomo III (1) de La Ciudad de Dios, que se titula "Si descienden de Adán, o de los hijos de Noé, cierta especie de hombres monstruosos que hay". El autor trata en él de explicar que esos mal predestinados no proceden de Noé y si de Adán. La cuestión parece ser en sintesis si esos "hombres monstruosos" eran realmente hombres o animales, como luego los teólogos discutirán en las Indias si sus indigenas son humanos racionales o como bestias sin razón; y en caso de (1) ps. 227-8

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bestialidad o infrahumanidad si esta partia de los hijos de Noé, es decir como acontecia con la servidumbre que se originó por la culpa de Cam.
Los "hombres monstruosos", a que se "refieren las historias de los gentiles" y en su obra San Agustin, son los que "tienen un solo ojo en medio de la frente,
otros que tienen los pies vueltos hacia las pantorrillas; otros que tienen ambas naturalezas de hombre y mujer, y que el pecho derecho lo tienen de hombre y el siniestro de mujer, y que ejerciendo promiscuamente uno y otro acto carnal de hombre y mujer, engendran y paren; otros que no tienen boca y que viven sólo con el aliento que reciben por las narices; otros que no son mayores que un codo, a quienes los griegos por el codo llamaban pigmeos; y que en algunas partes conciben las mujeres de cinco años y que no viven más que ocho". También cita a los "que no tienen más que una pierna y que no doblan la rodilla, y son de admira-
ble velocidad, a los cuales llaman scienodas, porque en el estio, a la hora de siesta, se echan boca arriba y se cubren con la sombra del pie; otros que, careciendo de pescuezo, tienen los ojos en los hombros, y todos los demás géneros de hombres o casi hombres que se hallan en la plaza maritima de Cartago, pintados a lo mosaico, como copiados de los libros más curiosos de las historias. ¿Qué diré (sigue S. Agustin) de los cinocéfalos, cuyas cabezas de perro y el mismo ladrido manifiestan que son más bestias que hombres?
La Ciudad de Dios.-Obra escrita por el padre de la iglesia San Agustin. Obispo de Hipona. Traducido directamente del latin por José Cavetano Díaz de Beyral. Tomo III. Libro Décimosexto. Cap. VIII. Madrid, 1893. p. 227-228.
Adviérase que todos esos "hombres monstruosos" son africanos, los que los gentiles atribuan al habitat del Africa misteriosa, cuyas figuras estaban representadas en las pinturas decorativas de la gran ciudad norteafricana de Cartago, cuya existencia en los bosques y arenales de Africa eran creencias comunes en el Viejo Mundo.
Esos monstruosos seres de las selvas y desiertos ya venian preocupando a los historiadores desde la antigüedad. El español Pomponio Mela, nacido en Tarifa frente al Africa, y otros escritores clásicos hablan de ellos. Y no eran descreidos por los pensadores cristianos.
Recuerda el P. Piérre Charles que el Padre de la Iglesia "San Jerónimo, cuenta muy seriamente la conversación que San Pablo, el primer ermitaño, tuvo en el desierto con un fauno o sátiro con pies de brico, el cual le pedía oraciones porque todos aquellos seres capripedos habían sabido la venida de Cristo al mundo"(1) Patr. Lat. XXIII, col. 23
San Isidoro de Sevilla (1) da en sus escritos la lista de todos esos pueblos monstruosos o mitológicos de Africa.
(1) Patrologia Latina. T. LXXXII, col. 421

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El mismo Las Casas citaba, tomándolo de Diodoro de Sicilia (Historia, Lib. III. Cap. 13), los habitantes de cierta isla descubierta por unos griegos cautivos de Etiopia, después de navegar cuatro meses desde ese país por el Océano hasta el Mediodía, los cuales tenían
"la lengua cortada por medio a luenga, que parecian tener dos lenguas, y así hablaban, no sólo como hombres, pero como aves cantaban, y lo que maravillosa cosa era, que hablaban con dos hombres disputando o respondiendo diversas cosas sin error, Juntamente, a uno con la una parte de la lengua, y al otro con la otra". (1) LAS CASAS: Historia.-Tomo I.-p.205
¿No veía el teólogo Juan Luis Vives, contemporáneo de Las Casas, que existían seres humanos que habitaban en lo profundo de las aguas oceánicas?
Esos monstruos de Africa llegan a los tiempos de Cristóbal Colón, constando en las obras que le sirvieron de inspiradores antecedentes para el descubrimiento de América. ¿Tendían las Indias, sobre todo bajo la línea equinoccial, esos monstruos de Africa? Se preguntaba todavía en el siglo XVI. Cuando Colón comunica a Castilla su primer descubrimiento,
informa que en Cuba le han dicho sus indígenas que en la parte occidental de la isla hay indios que tienen rabo. Cuando Diego Velázquez le da instrucciones a Hernán Cortés para su aventura de México le encarga que averigue si en la tierra que descubra y conquiste hay [la ficha anterior se interrumpe. Abajo en el espacio sobrante aparece Ojo]
Todos esos extravagantes personajes del Africa incógnita no eran sino interpretaciones folklóricas de ciertas realidades, que aun hoy día perviven los mitos de las religiones y sociedades secretas de Africa y en los que de sus tierras de allende trajeron los negros esclavos a Cuba; tales como los pies deformes de los kindembo, los dioses hermafroditas como chango y Obatalá, las caras o caretas sin boca de ciertos "irime","diablitos" o "aparecidos[", los dioses unipedes y veloces como [ ] derivados de la mitificación del tornado, los idolos de figura Jánica como ciertos tipos de Eláguia, las caretas de las personificaciones totémicas, y, en fin,
los pigmeos, que dieron origen a los mitos de los yorubas chiriku y de los congos nkisi y de los afrocubanos Jeques, y cuya existencia fue durante siglos negada en Europa hasta que aparecieron realmente en el mundo moderno como ya lo habían hecho en el muy antiguo del Egipto faraónico.
De modo que cualquiera "que sea su forma o color del cuerpo o movimiento, sonido o voz", esos monstruosos hombres de Africa... hombres son. Tal parece que S. Agustín se anticipaba a responder a los que, como Fray Tomás Ortiz, Fray Domingo de Betanzos y otros contemporáneos de Fray Bartolomé de las Casas, negaban la racionalidad y condición humana de los indios y de los negros.
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San Agustín sin vacilaciones defiende la humanidad adámica de tales "monstruos" africanos. Dice así: "Aunque no es necesario creer que existen todas estas especies de hombres que señalan, con todo, cualquiera hombre nacido en cualquier paraje, esto es, que fuere animal racional mortal, por más extraordinaria que sea su forma ó color del cuerpo ó movimiento, sonido ó voz, cualquiera virtud, cualquiera parte ó cualquiera cualidad de naturaleza que tenga, no puede dudar todo el que fuese fiel cristiano que desciende y trae su origen de aquel primer hombre; sin embargo, se deja ver lo que la naturaleza ha producido en muchos, y lo que por ser tan raro nos causa admiración".
La Ciudad de Dios. Obra escrita por el padre de la iglesia San Agustín. Obispo de Hipona. Traducido directamente del latin por José Cayetano Díaz de Beyral. Tomo III. Libro Décimosexto. Cap. VIII. Madrid, 1893, p. 227-228.
Por algunos se ha dicho que el africano San Agustín de Hipona, nacido el año 354, en Tagaste (Numidia), fue "de color" o, [tachado:mulato] como también se ha dicho de Esopo, de Terencio, de Tertuliano, de San Cipriano y del Cirineo conllevador de la cruz en el cristiano Calvario, y de otros personajes. En algunas iglesias a San Agustín se le pintó un tanto abazanado para simbolizar su nativa africanidad. Nada sabemos con certeza de su pigmentación; ni la [de] su padre Patricio ni la de su madre Mónica, pero al considerar su oriundez geográfica y étnica, su tradicional sensualidad en aquella vida licenciosa del mestizo y gran puerto de mar que era Cartago, y curso (?) en Roma su característica emotividad, su fogosidad oratoria,
su actitud contraria a que se quemaran los bosques sagrados y destruyeran los templos de los africanos para procurar mejor la transculturación religiosa de los paganos por la transformación evolutiva de sus creencias que su dificil conversión por la irritante violencia;
su evasión del problema referente a la descendencia etiópica o egipcia de Cam, (muy notable en él porque en esa tradición tenía un argumento más en pro de la doctrina de la predestinación que defendió con tanta tenacidad contra los pelagianos que negaban la motivada por el pecado original)
y su cuidado al apartar toda hipótesis de animalesca irracionalidad o de predestinación condenatoria de esos insólitos africanos, cualesquiera que fuesen su color, su figura, sus movimientos y su lenguaje, nos inclinamos a pensar si S. Agustín sería realmente algo mulato y si en su disquisición antirracista de la Civitate Dei, no habría también, aparte de su celo filosófico y cristiano, un interés personal; su deseo de borrar
la popular creencia que ligaba la negrura y destino histórico de los africanos a los hijos de Noé, por razón que San Agustín se calla pero que debía de ser la de la imaginaria maldición a la estirpe de Cam.
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Los exegetas de la Biblia hallaban el Génesis sendas maldicciones que servían de base para explicar el origen de varias supeditaciones sociales que se estimaban social o históricamente básicas y para Justificarias y reforzarias como mandatos divinos por via del castigo o de la gracia.
En el Génesis (I,28,29) Jehová concede al hombre el señorio de la tierra, de los peces del mar, de las aves del cielo, de las hierbas y los árboles, de todos los animales que se mueven sobre la tierra. Como dice S. Agustín, "el hombre racional, que crió Dios a su imagen y semejanza, no quiso que fuese señor sino de los irracionales; no quiso que fuese señor el hombre del hombre, sino de las bestias solamente". Pero habiendo el primer hombre y la primera mujer desobedecido a Dios, este fulminó contra ellos maldicciones por su "pecado original".
aparte de la que lanzó contra la serpiente, maldiciendo en ella al demonio.
Adam quiso tener la sabiduria como Jehová y pecó por soberbia. Como dice Juan Luis Vives, "ambicionó la divinidad y por eso perdió la humanidad que dejaba y no consiguió la divinidad que apetecia".
Ambos seres protohumanos fueron por quien los creó condenados al dolor. La maldicción primera fue contra Adán, I lo condena al trabajo, "a faena y fatiga". La maldicción segunda, en castigo de la mujer, fue más grave (Génesis III,16).
DiJole Jehová: "sin duda que he de multiplicar tus tristezas y dolores, y con ellos parirás a tus hijos" y "tu marido será señor de ti".
Como refiere Fray Juan de Torquemada: "Cuando Adán se rebeló contra Dios y quebró su mandamiento, castigo el Señor a la Mujer como a quien lo había incitado a pecar y, sido causa de desobedience, mandola que fuese sujeta y obediente al Hombre porque tenía menos prudencia y entendimiento y le dijo: "Estarás sujeta y so el poder del varón".
Después (Génesis, IV,12), a la generación siguiente, viene la maldicción tercera, contra el labriego Cain. Este peca con el fratricidio de Abel y es condenado por Jehová a errar por la tierra y a labrar sin fruto. Es la maldicción del malvado, que ha de vivir en destierro, y la del miserable trabajador sin recompensa. Cain será extranjero, del out grue, o extraneo, repudiado en ostracismo, y sufrirá pobreza y hambre. Transcurre tiempo y más tiempo y la humanidad se corrompe y desobedece los mandatos de su gobierno y su religión.
Llega y pasa el Diluvio, que es la punición universal con la excepción de un virtuoso patriarca y su familia. Tras de aquel castigo aniquilador, Noé, el elegido de Dios, restaura en si la unidad del género humano y ya de nuevo en el disfrute de la tierra, acontece la maldicción cuarta (Génesis, IX,25).
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Noé, el Patriarca, es quien ahora incrimina a uno de sus tres hijos, creándoles por inspiración divina sendas predestinaciones; una es de maldición y de bendición son las otras dos.
Por esa maldición de Noé nació la servidumbre o esclavitud para los humanos, no solamente para la estirpe de Cam. Según observa San Agustín: "no vemos que se haga mencion del nombre de siero en la Escritura hasta que el Justo Noé castigó con él el horrible pecado de su hijo". (1) La Ciudad de Dios. Ed. castellana de J.C. Díaz de Beyral. Madrid, 1893. Tomo IV. Lib. XIX. Cap. XV. p. 162.
El supuesto castigo de Cam no recae, como los de los "primeros padres" sobre todo el género humano, dividido por razón de sus dos sexos, ni como el de Cain, con discriminación individual para los malvados. La punición de Cam cae tan solo sobre una parte de la humanidad, sin distinguir los buenos de los malos como pena hereditaria por el pecado de un solo hombre, [tachado: que dificilmente se tendría hoy por] con un rigorismo de Justicia dificil de entender.
Cam no fue un fratricida como Cain, ni un ingrato y desobediente como Adám, quien no supo agradecer el favor de su creación y estado edénico ni guardar el orden establecido en el Paraiso Terrenal por sólo unas [tachado: por mas de] seis horas, al decir del P. Las Casas. Cam no fue según el Génesis, sino un sujeto burlón y desenfadado que se mofó de su anciano y venerable padre al verlo en un imprevisto trance, Jamás antes acontecido de embriaguez alcohólica, desnudo y acaso diciendo y haciendo extravagancias, cómo es usual que ocurra en casos tales.
La leyenda que se formó de la maldición de Cam fue una nueva y fatidica predestinación, lanzada contra una parte del género humano por las iras patriarcales, fue como el estigma de un segundo pecado original, que, además del primero, tenían que sufrir infinitas generaciones de inocentes, marcados perennemente para su desventura por el color de su piel.
Pero también hubo en ese episodio de Noé, predestinaciones venturosas. Si la estirpe de Cam el pecador iba a sufrir servidumbre y para las estirpes de sus hermanos Sem y Jafet estaba reservado el señorío y [La ficha se interrumpe]
Este reparto del género humano y del mundo en tres "razas" derivadas de los tres hijos del patriarca diluviano fue doctrina general durante milenios, llegando hasta la ciencia en los tiempos de Cuvier.
No fue esta la única predestinación sagrada del Génesis.
Los teólogos hallaban en la Biblia otras predestinaciones de ventura o desventura, surgidas no ya como castigo que explicara un consiguiente sojuzgamiento, sino debidas sólo a divina gracia o favor y sin pecado que sanciónar, y hasta a veces, salvo los divinos arcanos, con apariencias de injusticia o iniquidad.

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También el Génesis (XXV) está el caso de la predestinación de los dos gemelos aun encerrados en la entraña materna, el cual San Agustín se sintió obligado a tratar (1) y lo consideró como una profecia de "racismo teológico". Habiendo Rebeca concebido dos gemelos,éstos luchaban entre sí,estando todavía en el vientre de su madre,y al preguntarle ésta la causa dello al Señor,le fue respondido:"dos naciones son en tu utero y dos pueblos se dividirán de tu vientre,el uno vencerá al otro y el mayor servirá al menor".
(1) La Ciudad de Dios.T.III.Lib.XVI.Cap.XXXV p.285
¿Por qué? San Agustín dice que "en cuyo vaticinio quiere el apóstol San Pablo (1) que se nos dé a entender un gran documento sobre la gracia,porque antes que naciesen ni practicasen acción buena ni mala,sin tener méritos algunos recomendables,eligió Dios al menor reprobando al mayor,siendo iguales en el pecado original y sin tener ninguno de ellos pecado propio". San Agustín le da a ésta gracia divina una interpretación política que habia de Justificar la secular supeditación social de unas gentes por otras.
(1) Epistola a los Romanos,cap.IX
"Aquellas palabras "el mayor servirá al menor" casi ninguno de nuestros santos doctores las han entendido de otra forma,sino que el mayor pueblo de los Judios habia de servir al pueblo menor de los cristianos",rechazando San Agustín la hipótesis de que la profecia se refirió al triunfo del menor pueblo de Israel sobre el mayor de los idumeos o descendientes de Esaú o Edóm.Sin duda esta profecia sirvió para razonabilizar sobre bases intocables la opresión y las persecuciones de los Judios por los cristianos.
Todavía en la Biblia se encuentra otra predestinación étnica,diriase que fraudulenta aunque eficaz,de señorio y servidumbre (Génesis XXVII-29),cuando Isaac por engaño de su hijo Jacob que le hace creer que es el primogénito,lo bendice:"que los pueblos te sirvan y las naciones te obedezcan...serás señor de tus hermanos".
En la Edad Media la fantástica maldición de Noé no sólo se aplicaba a los negros.
Según Hertz,"en la Edad Media y posteriormente,la nobleza,como regla general,se consideraba como de mejor sangre que el pueblo plebeyo,al que despreciaban completamente.Se suponía a los campesinos descendientes de Cam,quien,por carecer de piedad filial,fue condenado por Noé a esclavitud".Por contraste, igualmente de racismo discriminatorio,"las clases nobles de muchas tierras se creen descender de los héroes troyanos,que se dice se establecieron en Inglaterra,Francia y Alemania después de la caída de Troya" (1) Friedrich Hertz.- Race and Civilization.-New York,1928.-p.4
Indudablemente al aplicar la teoria de la maldición noémica a los rústicos campesinos sin connotaciones del pigmento cutáneo,se trataba de Justificar por la religión y la herencia la fatal supeditación de los siervos tal como se hacia en

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relación con los esclavos en general y especialmente con los negros. Era el interés de la discriminación económico-social el que imperaba sobre el meramente teórico o exegético y religioso. Era aquel que denegra y denigraba a los inferiores para más inferiorizarlos por su fatalidad divina y así abajarlos inevitablemente al infimo rango social.
La segunda alusión histórica importante que conocemos de la maldición esclavizadora de Noé es del siglo XV. Se comprende que la Teodicea agustina mantuvo su vigencia durante un milenio, aún cuando latente porque entonces, en la Edad Media, nadie discutía con empeño social la procedencia del derecho de unos hombres a reducir a otros, por castigo de guerra o de pecado, a esclavitud o servidumbre.
En la Edad Media, eran tenidos en esclavitud por guerra, por pena o por herencia, los blancos y los negros igualmente, y no había que buscar en la pigmentación de la piel un estigma esclavizador impuesto por la naturaleza y por Dios. Agustín acude a la Biblia para Justificar la esclavitud, pero no alude a la gente negra. Es a mediados del siglo XV, cuando por la despoblación agraria de su país fue revivida por los portugueses la trata negrera y
hubo que polemizar para Justificarla, sosteniendo que si bien los negros tenían alma humana como los blancos, habían sido malditos por Noé. Así nos lo refiere Gomes Canes de Azurara en su Cronica do Descobrimento e da Conquista da Guiné, escrita en 1453,(1) antes
(1) Edición de 1937, Oporto. Con notas de José de Braganza
de los viajes trasatlánticos de Cristóbal Colón y de las predicaciones luteranas, cuando todavía estaba en su apogeo el credo de la Iglesia de Roma,[La Ficha parece interrumpirse]
No puede, pues, atribuirse la originalidad de tal leyenda a un rabino, ni tampoco a Lutero, como tampoco su inicial propagación a los protestantes, aún cuando así lo sostengan los citados profesores católicos y, también,[tachado:en estos recientemente], el Jesuita P. Pierre Charles, al combatir la multisecular idea de las razas malditas.
Salvo mejor prueba, de un padre de la Iglesia vino, pues, la interpretación biblica consagradora de la esclavitud por expresa voluntad de Dios y como providencia de su Justicia, la cual fue muy difundida fue (sic) por los clérigos al querer explicar la esclavitud no solo de los negros de Africa, sino la de los indios de América.
Lutero, que tanto bebió en las obras de [tachado:del teólogo africano] Agustín de Hipona, pudo prolijar la doctrina del origen divino o predestinación de la esclavitud, y los protestantes la pusieron al servicio de los negreros y esclavistas; pero igual hicieron, sin excusarse con Lutero, los sacerdotes de la iglesia católica y romana.

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¿Cual fue la actitud de Las Casas ante la corriente opinión de la predestinación biblica a la esclavitud, que se aplicaba a los negros? Las Casas no ignoraba la Biblia, ni la Ciudad de San Agustín, ni tampoco la Crónica de Azurara; todas las cuales cita repetidas veces con seguridad y precisión[.]
Ciertamente Las Casas conocía la patriarcal execración de Cam y su progenia tal como consta en el Genesis y en sus exégesis fabulosas y tendenciosas.
En su Apologética (p.198), aludiendo a la "tierra de promisión" que por Jehová le fue destinada a Sem y su estirpe, refiere cómo estos fueron desposeidos a la fuerza de su propia tierra por los descendientes de "Canaán, hijo maldito de Noé o hijo de Cam su hijo". Nótese como Las Casas se da cuenta de la confusión corriente entre el contexto biblico que dirige la imprecación de Noé contra Canaán, y la de la
fábula perversa que la lanza contra Cam.
Las Casas tratando de recoger e interpretar las ideas religiosas de los indios cubanos, dice así:
"Cognoscimiento tenían estas gentes de Cuba, de que había sido el cielo y las otras cosas criadas, y declían que por tres personas, y que la una vino de tal parte y la otra de tal, con otras patrañas; yo les decía que aquellas tres personas eran un verdadero Dios en Trinidad, etc. Tuvieron noticia grande del Diluvio, y que se había perdido el mundo por mucha agua. Decían los viejos de más de setenta años, que un hombre, sabiendo que había de venir el Diluvio, hizo una nao grande, y se metió en ella con su casa y muchos animales, y que envió un cuervo, y no volvió por comer de los cuerpos muertos, y después envió una paloma, la cual volvió cantando y trujó una rama con hoja que parecia de hovo, pero que no era hovo; el cual salió del navío y hizo vino de las parras monteses que hay en Cuba, y se embriagó, y teniendo dos hijos, el uno se rió y dijo al otro: "Echémonos con él"; pero el otro le rió y cubrió al padre; el cual,
después de dormido el vino y sabida la desvergüenza del hijo, lo maldijo, y al otro dió bendiciones, y que de aquél habían procedido los indios destas tierras, y por eso no tenían sayos ni capas, pero los españoles del otro que no se rió, por lo cual andaban vestidos y tenían caballos. Esto refirió un indio viejo de más de setenta años a un español llamado Gabriel de Cabrera, porque un día, riéndo con él y llamándole perro, respondió el indio: "¿Por qué me riñes y llamas perro? ¿Por ventura, no somos hermanos todos? ¿Vosotros no procedéis del un hijo de aquél que hizo la nao grande por salvarse del agua y nosotros del otro?" Esto refirió después el mismo indio delante de muchos otros españoles, publicado por el dicho Cabrera su amo, y el mismo Cabrera me lo dijo a mi, después muchos años, haber así acaecido; era hombre prudente y honrado" (1) LAS CASAS: Historia. Tomo II. México.-p.516

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En este relato está la hebraica fábula del Génesis y su aplicación a los indios, y a su desnudez, lo cual puede interpretarse quizá como alegoria de su desnudez cultural o primitival. La relación del anciano de Cuba al español Gabriel de Cabrera bien pudo ser eco de los primeros catequismos cristianos en las islas o añadidura quizá inconciente del mismo Cabrera, cuyo apellido, así como angélico nombre, eran en aquel tiempo notables entre los Judios conversos.
amigos y cortesanos de los Reyes Católicos aun desde antes de ocupar esto[s] sus tronos, o también pudo deberse a las circunstancias que dice Las Casas:
"Entre otras cosas antiguas de que tuvimos relación los que fuimos al primer descubrimiento de la tierra y población (Cuba) fue una ésta, que los indios vecinos de aquélla tuvieron ó tenían de haber llegado à esta Isla Española otros hombres blancos y barbudos como nosotros, antes que nosotros no muchos años; esto pudieron saber los indios vecinos de Cuba, porque como no dista más de diez y ocho leguas la una de la otra de punta à punta, cada día
se comunicaban con sus barquillos ó canoas, mayormente que Cuba sabemos, sin duda, que se pobló y población de esta española". (1) Historia.Lib.I,cap.XIV
De todos modos, en la tradición recogida por Las Casas sólo se trata de la falta de vestidos como elemento sancional y ni se hace mencion siquiera de una condena póstuma a servidumbre ni a una destetación (sic) racial.[2] Fue ello una piadosa cautela de Las Casas? Bien pudo ser.
Según el P.Bartolomé de las Casas recuerda, era antigua tradición recogida por Diodoro de Sicilia (Lib.I,cap.2do.) y por Lactancio (Libro II cap.14 de las Divinas Instituciones) de que "la primera gente que ignoró a Dios fue la generación e hijos de Cam, y esta generación fueron, allende los cananeos, las gentes que poblaron a Egipto, según San Agustín (De Civitate Dei Libro XVI,cap.II)". Y ahí está expresado como la posteridad de Cam pobló el Africa y cual fue el fundamento de su culpa.
Las Casas se hace eco de la extravagante exégesis biblica de Beroso en su obra De antiquitatibus.
Este Beroso fue un escritor del siglo III (antes de C.), sacerdote de Belo en Babilonia que tuvo a su cargo los archivos de los templos y escribió una historia de Asiria y Caldea, en tres libros. Su cronología histórica abarca nada menos que 2.140.000 años y hace narraciones muy singulares.
Gran prestigio debió de tener en su época, pues los atenienses en su honor le erigieron una estatua donde Beroso aparecia esculpido con la lengua de oro, para simbolizar su sabiduria, según refiere Plinio. Su memoria y sendos trozos de su historia fueron conservados en los escritos de Josefo, Vitrubio
Séneca, Plinio y otros autores de la Antigüedad.

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La autenticidad de ese libro del caldeo Baroso (sic) fue impugnada, entre otros, por el pensador español Juan Luis Vives, contemporáneo de Las Casas, en unos escolios de sus Comentarios a la agustina Ciudad de Dios. No nos ha sido posible leerlos, pues no están en la última edición de las Obras Completas de Vives (Madrid, 1942), aún cuando aquel escrito es citado en el prólogo; quizás sea ello debido a que tales Comentarios) fueron puestos hace siglos en el Indice de los escritos excomulgados.
Vives calificó las supuestas narraciones de Beroso (sic) de "puros sueños", y contra él arremete Las Casas. "Estas son sus palabras, dice que ninguna cosa huelen a humildad, antes tienen sabor no de poca arrogancia". Y aduce varios escritores que aceptan la autoridad de Beroso y de su obra.
De los antiguos escritores cita a Metástenes, en su obra "De Juditio temporum et annalibus persarum" y a Josefo por sus "Antiguedades". De los modernos cita a Joannes Annio de Viterbo, "el cual" en las historias antiguas del mundo no debe ser tenido por menos que Juan Luis Vives leído y docto", quien sostiene que Noé fue llamado Jano, basándose en el libro de Beroso; y a Joanes Lucido en su opúsculo De emendationes temporum ab orbe condito, quien paladinamente sigue a Beroso.
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El "tercer testigo moderno", dice Las Casas, es Fray Domingo de Soto, un amigo suyo, quien "sobre el 7mo. de los Eisicos, tractando del principio de las ciencias...alega a Beroso y pone sus palabras..." de como Noé (...) fue llamado Jano". "Luego, comenta Las Casas, tener aquel libro por de Beroso no parece que de los doctos varones suele ser improperado".
Todavia en el siglo XIX los eruditos citan, aunque raramente a Beroso,(1) pero este ya ha sido prácticamente olvidado.
(1) Una edición se publicó el año 1825, en Leipzig Verosis "Historiarum que supersunt".
Escribe Las Casas en su Apologética, tomándolo del citado Beroso: "Este Cham, como fuese nigromántico y en muy feos viciosisimo, Noé lo reprehendía, y viendo que amaba más por sus virtudes à los dos hermanos Se y Japhet y à si menospreciar, por esto tenia odio al padre, y cuando Noé por no saber la fuerza del vino se embriagó, quiso dél vengarse, por lo cual le escarneció, viéndoles sus vergüenzas de fuera, como
dice la Escritura y, según Beroso (en su libro III), por su arte de nigromancia ó mágica le hizo estéril como si lo castrara, de tal manera que dende allí adelante no pudo engendrar. (Potissime vero idem infensus erat patri ob vitia, itaque nactus opportunitatem cum Noa pater madidus Jaceret, illius virilia comprehendens taciteque submurans carmine magico patri illusit, simul et illum sterilem perinde atque castratum effecit, neque deincepts Noe femellan aliquam fecundare potuit. Hoec Berosus.) Por esta causa, maldiciéndolo el padre en su generación, y él no curando del culto divino y religión que usaba su padre y sus hermanos, dejó después de si tal ejemplo cual los cananeos, que fué su linaje, tuvieron y él usaba. Del cual dice allí Beroso que publicamente corrompía el linaje humano de palabras y de obras, enseñándoles las abominaciones que inficionan los aires: (At vero cham cum publice corrumperet mortale genus, asserens clare ipsa exegius congrediendum esse ut ante inundationem cum matribus, sororibus, filiabus, masculis, brutis et quovis alio genere, ob hoc ejectus a Jano, id est. Noe piisimo, etc. Y como Noé lo desechase de si y él no qui-
siese seguir la doctrina y religión del padre, las abusiones que Cham hizo y enseñó cerca del culto divino se lee, pero lo que hizo Nembroth su nieto, hijo de Chus, Josefo (en el libro I, cap. 9no. de sus Antigüedades) lo declara diciendo que sólo él presumió, como si diJera el primero fué que osó retraer los hombres del temor de Dios y su esperanza ponella en su propia virtud, y que la multitud de la gente aparejada estaba para obedecer y seguir sus mandamientos, teniendo por grave carga servir é obedecer a Dios. Así lo dice Josepho. Este fué aquél que el primero adoró por Dios al huego y compelió à las gentes que le seguían que lo adorasen después que edificaron la torre de Babilonia, que no acabaron, según dice Sant Isidro en...las Ethimologias, y el Maestro de las historias sobre el Génesis cap. 370.

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La causa del castigo de Cam fue exclusivamente de cultura que él inauguró y sus descendientes continuaron, es decir se unieron al progenitor en la culpa por actos personales que les eran directamente imputables, o sea por la terrible ofensa religiosa de "retraer los hombres del temor de Dios y su esperanza y ponella en su propia virtud". Esta falta equivalia al [a] de Adán, pero fue pecado que los hijos y los hijos de los hijos fueron reproduciendo con culpa propia. Si Cam fue "el primero que adoró el fuego", como transcribe Las Casas, sus generación[es] le siguieron rindiendo culto.
Procedieron de Cham y de Canaán, su hijo, aquellas siete generaciones de los caneos que llamaron fenices y vivían en la tierra de promisión, como parece (sic) Génesis, cap.10o., en las cuales concurrieron todas las impiedades de idolatria y de todos los vicios y abominaciones que se pudieron pensar é imaginar.
Opinan hoy día los etnógrafos que los canaaneos pertenecían a una cultura anterior a la hebraica, menos evolucionada, y se cree que todo lo que aparece vedado en la Biblia como idolatrias parecen ser supervivencias canaaneas.
Y por esa adversión cultural, sin prejuicio de misonegrismo, los patriarcas Abraham, Isaac, Jacob no quisieron desposarse con muJeres canaaneas.
Probablemente Las Casas aprendió de San Agustín, quien dice que en el siglo IV (d.de J) la población púnica que residía en el Africa romana se titulaba Canani.
Algunos, señala el P. Charles, han asimilado a los fenicios con los camitas o cananeos, y que en ellos se cumplió la maldición de Noé, porque no eran sino mercaderes que dependían de sus clientes y el comercio no es sino una especie de servidumbre o esclavitud, por lo cual los comerciantes pueden decirse malditos(i), aunque se reconoce que la servidumbre de los comerciantes dulce y fácil de llevar "porque el castigo divino va mezclado con la misericordia". De todas maneras,
si en la descendencia de Cam y de Canaán se contara[n] los fenicios, estos fueron detestados por Dios porque ellos se entregaron a todas "las impiedades de la idolatria y abominaciones de todos los vicios que se pudieran pensar e imaginar". No eran execrados por herencia, ni por raza maldita, no por ser de "sangre vil" y tener que hacer "limpieza de sangre", como en los países cristianos se diría por siglos y siglos, por casi dos milenios después del nacimiento de Jesucristo. Los fenicios fueron pecadores por si.
Si, según las tradiciones populares y creencias de los doctos, de Cam y de Canaán procedían los egipcios. Las Casas acudía a Justificar el castigo divino contra el Egipto y su oscura gente, tampoco por sangre ni color, sino por culpa propia de su religión "feisima".

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Dice así Las Casas en el Capítulo LXXVI de su Apologética: "Más adelante procedía la insensibilidad de la gente y nación egipciaca, procedida de la generación de Cham, que adoraban el cabrón hidiondo, por la fetidísima causa que alegaban y ésta es por ser lujuriosísimo y siempre andar en el acto venéreo ocupado, como los griegos à Priapo por aquella parte del cuerpo por la cual todos los animales nacen. A más se desvergonzaron, que fue otra vecina de la dicha fealdad, pero ésta más clara, que los instrumentos de la generación no menos, antes más que à los otros dioses veneraron. Su razón era porque por ellos se conservaron en sus especies todos los animales, y esto era en tanto grado, que cuando los sacerdotes de Egipto iban à sacrificar ó recibian la órden del sacerdocio, lo primero que hacían era irse à ofrecer ó à consagrar à este vilisimo dios. Así lo dice Diodoro, y esta vileza no sólo aquellos de Egipto, pero muchas otras gentes y los romanos comprehendió, como parecerá. En sefal y gracia de lo cual ponían en los templos idolos con sus vergüenzas de
fuera, ó à manera de cabrones que siempre se ocupan en aquellos deshonestos actos". (1)
[(1)] LAS CASAS.Pg.196
(...) "Adoraban y reverenciaban lo que peor es; según San Clemente a Santiago el Menor escribe (libro V) las hidiondas y sucias necesarias, y lo que es más abominable y no sufrir ni nombrarse por su nombre, conviene a saber, el estruendo deshonesto que hace el vientre y otras semejantes que según el mismo es vergüenza de los nombrar (...) ¿Qué más profunda brutalidad, ceguedad y degeneración del humano entendimiento...? (...)
"Y en la verdad, con todo este abatimiento, en tan profunda ignorancia y ceguedad, no por eso (sic) dejaban de ser por naturaleza hombres y bien racionales y en su policía sefalados, pues entres reinos potentisimos que cuenta San Agustín, pone al Egipto por el más menoscabado. (...) De donde parece que no porque tan impía e ignorantemente errasen el cognoscimiento de Dios, y estuviesen zabullidos en las heces de la idolatria, dejaban de ser hombres y traibles a la fé católica, como después pareció en la sanctidad que allí ordenó Dios que hobiese en tiempo de los Sanctos Padres". Con lo cual Las Casas insiste en que toda la Apologética Cap. LXXVI
detestación del linaje de Canaán en Africa, fue debido a las infamias de su religión; pero
esta no es debida a una maldición que fatalmente prive al ser humano de la gracia divina. Como dice Las Casas, "la idolatria procede y es efecto de la obtenebración, escuridad e ignorancia, ayudada y atizada con la malicia e industria demoniaca de la mente del linaje humano". Por lo tanto, aquella execración de la posteridad de Cam pudo ser borrada por influjo de una educación religiosa mejor[,] de una transculturación a la fé cristiana.

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Las Casas se extiende aún para asegurar la tesis de Beroso en cuanto a Noé y Cam.
Según Beroso, a Noé se le puso de sobrenombre Jano, que en lengua armenia quiere decir vinifero, porque aquel fue quien sembró vides y "truxo el vino[". Noé fue el primero que enseñó la teología, "como habían de guardar Justicia, la agricultura, muchos secretos de sabiduría y los cielos[". Según Beroso, en tiempos de Noé "las mujeres parían de cada parte dos", cuidando así la orden que dio Jehová de poblar el mundo. A cuyo efecto Noé las repartió, mostrándole el Asia a Sem, a Cam "la costa o ribera de Africa" y a Jafet la Europa.
Según Beroso, Noé o Jano estuvo años en Africa y de ahí pasó a España a la Andalucía y "se cree que hacia las Esturias", donde hizo dos poblados, y al fin murió en Italia, donde como Jano lo deificaron; así como a la mujer de Noé a la cual le dijeron Esta o Vesta. Los mitos y caracteres de este Jano revelan una gran semejanza con los del dios Elégua o Elegbara, que adoran los negros ewe y los yoruba, y hoy en Cuba sus descendientes conocidos como ararás y lucumis.
Añade Las Casas que "Cham tuvo muchos nombres, como Cham, Cameses, Zoroastes, Saturno y otros más, según Beroso y Diodoro y otros autores. Otras cosas que se dicen de Jano que no son decentes, ni pueden convenir à Noé, como que fue nacido de cierto estupro y que dando a beber del vino que hizo à la gente labradora, como se emborrachase, después de haber dormido el vino, estimando que les había dado ponzoña, a pedradas lo mataron; y otras semejantes hanse de entender que son fábulas, ó que son dichas de otros Janos, porque muchos se llamaron Janos". (1)
LAS CASAS. Apologética. Pg. 291.
Nada hay en esas historias nada de maldición fatal sobre los irresponsables, sino un conjunto de hechos, ciertos o falsos, capaces de provocar por si consecuencias nocivas. Cuentan el Abad Serapion, Epifanio y San Agustín en textos que cite Las Casas, que cuando Noé "como heredero del mundo" distribuyó las tierras entre sus tres hijos para que las poblaran, les hizo Jurar que "ninguno de ellos usurpase la tierra del otro" so pena de ser destruido. A Sem y a sus sucesores le correspondió "la tierra de promisión"; pero mucho tiempo después "la posteridad y gente que había procedido de Canaán, hijo maldito de Noé o hijo de Cham su hijo, vinieron con mano armada haciendo guerra y violencias, expelieron y desposeyeron a los hijos de Sem, usurpándoles su propia tierra". Pero eso fue injusto y contra el
Juramento, por lo cual los descendientes de Sem vencieron a los de Cam y aquellos, los israelitas, reconquistaron su tierra.

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Con lo cual, pone de relieve Las Casas en el Cap. LXXV de su Apologética que "como dice San Agustin, no solamente quiso despojar Dios y punir por los pecados de idolatria y otras abominaciones a aquellas gentes, pero también por el pecado de tirania y usurpación de lo ajeno que con mala fé tenían". Y añade Fray Bartolomé: "guárdenos Dios de su rigurosa Justicia porque de secutalla temprano o tarde no se olvida". En este vencimiento de la gente de Canaán no hubo pues, predestinación sino simple una (sic) [una simple] consecuencia de sus pecados, es decir, de sus deficiencias culturales y una Justa reivindicación de su territorio por el
pueblo que de él habia sido despojado.
Asi pues, también para Bartolomé de las Casas, el famoso Cam y su posteridad fueron mala gente; pero no por mera transmisión hereditaria y fatal de una personal ni tampoco por un imborrable estigma de color; no fue por una tara racial ni genética, sino por una de carácter cultural. No por natura, sino por hechura.
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Nada se encuentra en la Iglesia primitiva contra el negro y en la hagiografía multisecular figuran algunos santos de oscura pigmentación melánica, aunque pocos. Aparte de los santos negros, adorados en la Iglesia Cristiana de Etiopia, recordemos a
San Mauritius, Jefe de una "legión Tebana" de Roma, que ayudó a cristianizar a Alemania cuyos pintores han perpetuado su imagen como patrono de los ejércitos germánicos; no sabemos si hasta en la guerra de Hitler, cuya mente era tan etnocentrista como la de los indios caribes [tachado: cuyas ideas eran tan etnocentristas como las de los indios caribes] y conceptuaba a los negros como infrahumanos y medio monos.
Santa Efigenia, de cuyo santo nombre tomó el título el viejo cementerio de los negros en Santiago de Cuba, hoy Cementerio general de la ciudad [ ]
San Benito de Palermo, canonizado en el siglo XVI, que fue hombre de mala y turbulenta vida en Sicilia, después arrepentido y metido a fraile.
Reclientemente el mulato San Martin de Porres, lego de un convento en Lima, que hacía milagros pasmosos, tanto que el obispo tuvo que prohibirle que siguiera alborotando a las gentes con su teurgia, según refiere Ricardo Palma en una de sus deliciosas Iradiciones Peruanas. Ahora figura en los altares con una escoba, emblema de su humilde oficio conventual, por lo cual se ha dicho que es una imagen discriminatoria para consolar al desamparado negro sirviente mostrándole que puede llegar a felicisimo santo.
Mencionemos también a uno de los Santos Reyes, que es negro, en unos países llamado Melchor y en otros Baltasar. Si bien la hagiografía rechaza la existencia real de tales reyes, ni de uno negro; siendo esta figura celestial creación del folclore que se fija por los artistas después que en el siglo XV comienzan a verse en Europa numerosos negros africanos llevados por los portugueses.
Citemos también las numerosas Virgenes de cara negra llevando en brazos a un Nifo Jesús blanco. En Europa abundan: Virgen de Regla, de Montserrat, de Chartres, etc. Las cuales son consideradas por la historia de la iconografía religiosa como supervivencias de antiguas estatuas paganas de la Diosa Madre, color de tierra, cristianizadas por el sincretismo asimilador que aconsejaron San Agustin y San Juan Crisóstomo.
Estos datos demuestran que así como la Iglesia no tuvo prejuicio dogmático contra el negro, tampoco aceptó Jamás la superstición de que el negro era de una raza maldita por Noé. Ya hemos visto la actitud de San Agustin, el gran Padre de la Iglesia Latina; ya hemos glosado al P. Las Casas.

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Recuerda el P. Charles que cuando Iñigo Lopez de Recalde, el fundador de la Compañía de Jesús, luego conocido como San Ignacio de Loyola, da sus instrucciones para la misión en Etiopia recomienda que se trabaje siempre de acuerdo con el fabuloso Preste Juan, monarca de aquel reino cristiano. El sabe que hay negros o etiopes cristianos o susceptibles de ser cristianizados.
Pierre Charles, p.12.
Sin embargo de lo dicho, la creencia en la maldición se perpetuó durante siglos y los eclesiásticos fueron sus más tenaces sostenedores de esa fábula, que algunos presentaban como una demostración de verdades biblicas.
Por eso la posición del P. Las Casas tocante a los negros es aún más notable, teniendo en cuenta que la teoria discriminatoria que se basaba en la Biblia ha sido muy sostenida, dentro y fuera de España, por numerosos teólogos y Juristas, clérigos y seglares, no solo hasta el ocaso del siglo XIX, sino hasta los tiempos presentes, siendo todavía pocos los que se han atrevido a contradecirla abiertamente desde los pulpitos, los seminarios y los libros.
Los clérigos españoles contemporáneos del P. Las Casas y los posteriores, que más adelante diremos, aceptaron sin reparo como los otros esa exégesis discriminatoria[.]
Esa fue la doctrina del clérigo e historiador Francisco López de Gómara: "Justo es que los hombres que nascen libres no sean esclavos de otros hombres, especialmente saliendo de la servidumbre del diablo por el santo baptismo, y aunque la servidumbre y captiverio, por culpa y por pena, es del pecado, según declaran los santos doctores Agustín y Crisóstomo, y Dios quiza permitió la servidumbre y trabajo destas gentes de pecados para su castigo, ca menos pecó Cam contra su padre Noé que estos indios contra Dios, y fueron sus hijos y descendientes esclavos por maldición".
(1) Gómara. Historia.
Hasta se dijo por algunos, como Alapide, interpretando a su capricho el capitulo IX, versículo 25 del Génesis, que el color negro y atezado de la raza de Cam le fue impuesto por Dios a sus descendientes, al destinarlos como esclavos de sus hermanos, para distinguirles de las demás gentes. (1) Por eso el R.P. Murillo opinaba que Chus fue el primer hombre negro que hubo en el mundo.
(1) Alapide, citado por Murillo, Geografía Histórica, t. VIII, pág. 186.
Acaso el más expresivo de todos esos sacerdotes fue Fray Juan de Torquemada, quien dedicó a dicha doctrina varias páginas de su famosa obra (1). Este dominico cita a San Juan Crisóstomo y a San Agustín y se hace eco de la consabida exégesis biblica, referente al "desvergonzado pecado" y "descomedimiento que Cam tuvo con su padre Noé, cuando hizo alarde y manifestación de las partes verendas del a sus hermanos". Si

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"por el pecado de Adám entró la muerte
(1) De los Veinte y Un libros rituales y Monarquía Indiana, Madrid, 1723. Parte II Libro XIV. Cap. XIX
en el mundo, así también por el de Cam la esclavonia, como lo afirman los Doctores y lo afirma la Sagrada Escritura" (...) "antes de esta culpa y decomedimiento no hubo servidumbre ni esclavonia porque, teniendo cada cual lo que había menester, no trataba de aprovecharse del servicio ajeno".
Torquemada hace amplia disquisición sobre las cinco clases de servidumbre, admitiendo con Aristóteles y Sto. Tomás de Aquino que hay una esclavitud "natural". Pero Fray Torquemada va más lejos; no se conforma con Justificar la esclavitud de los negros por el pecado de Cam, sino que, además, trata de explicar el color de la piel de estos por la misma causa biblica. Recha-
zando las teorías de que la pigmentación melánica es producto de la luz solar o de otras condiciones ambientales, dice que "ni el sol ni la calidad de la tierra causan el color negro, sino que procede del origen y principio que estos negros traen de Cam, a quien, por Justo Juicio de Dios, por el descomedimiento que tuvo con su padre se trocó el color rojo que tenía en negro como carbón, y por divino
castigo comprende a cuantos de él procedan". Aún utiliza más Fray Torquemada. Observa que Noé no maldijo a su hijo Cam sino a su nieto Canaán, el cuarto de los hijos de aquel,
pero que, sin duda, del grave peso de la maldición cayó no solamente sobre Canaán sino también sobre su padre y sobre sus hermanos. Torquemada debió de pensar que por el mismo portentoso sobrenatural que le teñía la piel de negro a uno de los cuatro nietos de Cam y a toda su posteridad, como tintura melánica que se derramara de lo alto y corriera hacia abajo sobre los cuerpos de los sucesores por la linea descendente de su linaje, así podía darse también que la tintura metafisica salpicara a los lados y hacia arriba y denigrara a hermanos por la via lateral y al progenitor por la ascendente.
Esto le obliga a una exégesis casuística de teodicea y de criminología y penologia sobrenaturales, para proporcionar las responsabilidades y los castigos entre Cam, Canaán y sus hermanos y los descendientes de todos ellos. Dice Torquemada que "el rigor del castigo se ejecutó en Canaán porque fué autor u origen del escándalo y descubrió las partes secretas del abuelo y las mostró a su padre, el cual no solamente no le reprehendió, sino que haciendo burla, como mal hijo, llamó a sus hermanos, para reirse de su padre, mostrando aquel feo espectáculo. Y débose notar, que maldijo el patriarca Noé a Cam su hijo, porque Dios le havia hechado su bendición, y también porque no comprehendiese el castigo a los otros tres hijos, conviene a saber, à Cus, Mizrain y Fut, que no habian

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tenido culpa,y así echó su maldición à Canaán,como autor de toda aquella tragedia;y puesto,que los sucesores de los otros tres hijos quedaron tiznados por la culpa de su mal padre Cam,fueron al fin muy mejor librados que los cananeos,descendiente[s] de Canaán,porque éstos casi todos fueron muertos y destruidos por los israelitas;mas los descendientes de Cus,que son los etiopes;y los de Mizrain,que son los egipcios,y los de Fut,que son los de Mauretania,aunquedaron señalados por culpa de Cam,no fueron privados de gracias,y favores para el cuerpo,y para el alma;pues los etiopes de tiempo muy antiguo poseen un poderosisimo y floreciente reino,y conocen á Dios desde el tiempo de la Reina Saba y del Rey Salomón,y hoy Dia dura,y se ve su gran Potencia.Los egipcios en la promulgación del
Evangelio recibieron la Doctrina de Christo y fueron algún tiempo católicos y también los africanos.Verdad es,que à todos les alcanzó el grave Jugo de sujección;porque las gentes de Arabia,que descienden de Cus,en parte fueron vencidos y hechos esclavos de Ismael,Madian,Esau,y otros hijos de Abrahan y de Cetura,y de Moab y Amon,hijos de Lot;y las gentes africanas casi siempre han sido esclavas de los de Asia y Europa,y nunca han tenido reyes naturales,porque han sido vasallas de Judios,griegos,romanos,y moros,y oi lo son del Turco.Esto dicho nota el Licenciado Diego de Yepes,Capellán del Cardenal Don Pedro Goncalez de Mendoca,en sus Discursos de varia Historia". Torquemada.-Tomo Segundo.Capitulo XIX
Concluye Torquemada que el color tiznado de los descendientes de Cam,aún de aquellos que no proceden de Canaán sino de sus hermanos,les viene del pecado de Cam,
"y este pecado alcacó á los hijos en general,queriendo Dios mostrar que aunque fué causa instrumental de Canaán para aquel desacato,la fué su padre Cam total para la execución de él,porque llamó á sus hermanos,y que ya que no era él maldito,por ser bendito de
Dios,alcance aquella maldición en parte á sus hijos,como á mala sangre engendrada de aquel empeçoado cuerpo,y que en todos ellos se hechase de vér la culpa grave que el padre había cometido en no guardar el decoro debido à su padre;y fuese aquel color como sambenito perpetuo,demostrativo en su culpa y pecado;porque muchas veces vemos,que castiga Dios las culpas del Padre,en los Hijos;y esto se debe entender de penas corporales,y no espirituales (...) porque vemos que muchos hijos han pagado culpas paternas,con penas corporales,como en el lugar dicho de jamos largamente probado;y de esto tenemos abundantisimos e-
xemplos en las Sagradas Escrituras;y dice Noé à Canaán (maldiciendo à Cam):"Maldito sea Canaán,sea siervo de sus hermanos",y así lo fueron.De esta[s] palabras se colige que la cautividad y servidumbre de estos descendientes de Cam,fué pena de pecado cometido por su padre Cam;porque esta maldición,que el Santo Patriarca echó,no fué por vengarse de la injuria que

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recibió, sino profecia y declaración, de lo que habia de suceder en el linaje de Cam y descendencia de sus hijos; y por ser Noé Justo, y no haber en el Mundo quién castigase aquel pecado, él como superior le castigó.
Nada dice el P. Torquemada de si con la fulminante negrura de Canaán también se pusieron prietas su madre, su mujer y las esposas de sus hijos, como parece que debió de suceder.
Torquemada se extiende aún, con referencia a los indigenas de América, aludiendo a la teoria de si "estos indios y todos los que en otras regiones son de color bajo serán descendientes de aquellos hijos de Cam"; pero prudentemente se abstiene dar su opinión. Ni lo concede ni lo niega, dice, y "caso tan dudoso y obscuro debemos remitirlo a Dios, que es claridad de todas las cosas y las sabe como ellas son".
En cuanto a los indios de Cuba el P. Torquemada refiere este episodio anecdótico:
"Verdad es que los de los Indios de la Isla de Cuba dicen que tuvieron conocimiento que habian sido el cielo y las otras cosas criadas; y declan que por tres Personas; y que la vna vino, por tal parte, y las otras dos, de otras, y que
tuvieron gran noticia del Diluvio, y que se havia (sic) perdido el Mundo por mucha agua, y declan los Viejos de más de setenta y ochenta años (luego al principio que entraron los nuestros en aquella Isla) que vn viejo, sabiendo que habia de venir el Diluvio, hiño vna grande nao, y se metió en ella con su casa y muchos animales, y que embió vn cuervo y no bolvió; por comer de los cuerpos muertos; y que después envió vna paloma, la cual volvió cantando y trajo una rama con hoja, que parecia hobo pero que no era hobo, el cual salio del navio y hizo vino de las parras monteses y se embriagó, y teniendo dos hijos, el vno se rió y dijo al otro: "Hechémonos con él"; pero que el otro le rió y cubrió al padre; el cual, después de dormido el vino y sabida la desverguença del hijo le maldiijo, y que al otro dió bendiciones, y que de aquél habian procedido los Indios de
estas tierras, y que por esto no tenian sayos ni capas; pero que los Castellanos procedían del otro, por lo cual andaban vestidos y tenian cavallos. Lo sobredicho refirió un indio viejo de más de setenta años, a Gabriel de Cabrera porque un día, riéndo con él y llamandole perro, respondió que porqué le reñía y llamaba perro, pues todos eran hermanos? Vosotros (le dijo) no procedéis de vn Hijo de aquel, que hiño la Nao grande para salvarse del agua, y nosotros del otro? Y lo mismo refirió el mismo indio delante de muchos castellanos, haviéndolo publicado su amo"(1) T.II p.571. Libro XIV, Cap. XIX
Esta narración de Torquemada es copia, con ligerisimas variantes de un texto de la Historia de las Indias de Fray Bartolomé de las Casas (Tomo II, p.516), en el cual este añade que "el mismo Cabrera me lo dijo a mí después (sic) muchos años haber así acaecido".

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Así Las Casas como, más de un siglo después, el P. Torquemada copiarian ambos ese texto del P. Simón García?
El historiador de Cuba Urrutia, refiere que según el P. García, "Los de Cuba sabían lo del Arca de Noé, y que ellos descendían del que descubrió a su padre borracho, y por eso estaban desnudos sin vestir sayos ni capas, y los castellanos del que lo cubrió, y por eso andábamos vestidos y à caballo, lo que significa, que los suyos, (sic)[sayos] las capas y los caballos eran lo que más le impresionaban". [1] Miguel Rodríguez Ferrer dice que "lo importante sería saber si esta analogía la revelaban los indios ó la encontraba el padre García". (2) La anecdota parece haber sido sólo producto del catequismo de los frailes, recordado y asimilado por el viejo cubano.
(1) Teatro histórico.
(2) MIGUEL RODRIGUEZ FERRER. Naturaleza y Civilización de la Grandiosa Isla de Cuba. Segunda Parte. -Madrid 1887.p.151
Torquemada se propuso demostrar con ella que los indocubanos conocían la leyenda de Noé y su maldición racista y, de paso, la Justificación ética y providencial de su estado de inferioridad y supeditación.
También el P. Clavigero en su historia antigua de México aplicó la maldición de Cam a los infelices indios de Cuba, condenados a la desnudez, según él, porque su antepasado Cam se burló de la desnudez de Noé.
Tan convencidos estaban entonces los teólogos católicos de los efectos denigrantes de aquella maldición patriarcal que Torquemada indica cómo, no obstante ese reparto de responsabilidades y negros castigos entre Cam y Canaán, también "los descendientes de los otros tres hijos quedaron tiznados por culpa de su mal padre Cam" y como
de ese determinismo biblico les provino su color negro o abazanado y su mayor o menor servidumbre histórica según el tinte de su negrura cutánea, así pues
la responsabilidad ética, la negrura epidérmica y la subyugación económica y política resultaban filosóficamente explicadas y correlativamente proporcionadas en Justicia.
Otro libro interesante acerca del tema es el del P. Gregorio Mendieta titulado --
[La ficha se interrumpe. Queda un amplio espacio en blanco que, presumiblemente, Ortiz se proponía llenar con datos e ideas de dicho libro - ALBUR]
Son interesantes a ese respecto las opiniones del Jesuita catalán P. José Gumilla, también del siglo XVIII, en su libro El Orinoco Ilustrado. Historia Natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las riberas del río Orinoco, según la edición de dos tomitos hecha en Barcelona, 1882 en la colección titulada "La verdadera ciencia española".

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En el P. Gumilla, también la maldición de la posteridad de Cam no sólo incluye a los negros sino a los indios; así los racismos teológicos se entrelazan como para reforzarse mutuamente en su común función humilladora.
El P. Gumilla tiene un concepto muy bajo de los indios y da esta explicación,
"al ver su modo, su estilo y su desdicha, digna de toda compasión: (...) que los indios son hijos de Cham, segundo hijo de Noé, y que descienden de él al modo que nosotros descendemos de Japhet, por medio de Tübal, fundador o población de España, que fué su hijo, y nieto de Noé, y vino à España, año 131 después del Diluvio Universal (1788 de la creación del Mundo). A este modo, á Cham y á sus hijos le cupo la Arabia, el Egipto y el resto de Africa; y algunos de sus nietos y biznietos, arrebatados sus barcos de la furia de los vientos, como en su lugar diré ó de otro modo, desde Cabo Verde pasaron al Cabo mas avanzado de toda la América Meridional, que está en el Brazil, y se llama
Fernambuco. Pruebo esta conclusión con el infeliz y misero porte de los indios americanos, los cuales llevan tácita y pacificamente el vasallage que deben, y es razón à nuestros católicos monarcas.
Fuera de esto, es tan apocado su ánimo, que sirven à los negros, esclavos de los europeos; no paro en esto: lo que me ha dado mucho que pensar es haber visto, observado y experimentado, que sirven de mejor aire con más gusto y muestras de alegría à un negro, esclavo de Angola ó Mina, que à un europeo, sea secular ó sea eclesiástico. Todavia he observado más; y es, que trata un europeo bien à un indio en vestido, comida y cuanto ha menester; y al fin desampara el indio à su amo, se huye y va à servir à un negro que lo maltrata y cuida muy mal; y con todo no se huye el indio, antes bien sirve gustosamente al esclavo. ¿Qué misterio es éste? pues lo dicho no es observación especulativa, es muy práctica, y no es reparo solamente mío, es reflexión hecha ya por otros muchos". La JOSE GUMILLA: El Orinoco Ilustrado. Barcelona, 1882. -Tomo I.-ps. 67-68
explicación parece hacedera, conociendo lo dificil que es el ajuste entre sí de seres humanos cuyas vidas se determinan por complejos culturales muy apartados unos de otros. Ellos estaban culturalmente más cerca de los negros africanos que de los blancos europeos y es probable que el "maltrato" del negro, que supone Gumilla, fuera por el indio preferible al "buen trato" del blanco porque sus conceptos de malo y de bueno tocantes al trato fuesen distintos a los del eclesiástico blanco, en cuanto "al vestido, comida y lo que ha menester". El negro debía de entenderlo mejor. Pero Gumilla sólo explica esto
por la consabida maldición de Noé, Gumilla dice: "¿Y cual será la raíz de un tan raro modo de proceder de los indios? Respondo que proceden así para que se verifique al pie de la letra la maldición, que cuando Noé despertó de su sueño, echó à su hijo

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Cham, diciéndole: Que habla de ser siervo y criado de los esclavos de sus hermanos. No dijo siervo o criado de sus hermanos, sino siervo de los esclavos de sus hermanos: y estos son puntualmente los indios, no por fuerza sino de su propia inclinación, verificando la maldición que Noé echó à Cham".
Gumilla no se satisface con esto y encuentra en la maldición de aquel patriarca la explicación de otros caracter[es] indigena[s]: "Añado más, dice: Todos los europeos que han estado y están en ambas Américas, saben que el vicio más embebido en las medulas de los indios, es la embriaquez, es el tropiezo más fatal y común de aquellos naturales; y también echo yo à Cham la culpa de esta universal flaqueza de los indios como la desnudez que de su propio génio han gastado y aun gastan los gentiles americanos. Hizo Cham burla de su padre Noé, por verle desnudo: (asi encontramos las naciones silvestres del Nuevo Mundo) hizo donaire de la casualidad, por la cual dormía; y en virtud y fuerza de la maldición, lo que fue una casualidad en Noé, pasó casi a naturaleza en los indios, hijos de Cham, según el hipo y ansia con que beben. Y aquella breve desnudez de Noé pasó à moda de los mismos, y à traje ordinario el no vestirse: ahora vean los curiosos, ¿si se hallará gente
alguna en lo descubierto, à quien tan de lleno toque, y se verifique la maldición que su padre echó à Cham?" [.] Hoy parece difícil aceptar, como el P. Gumilla que de las borracheras y parquedad de vestuario en los indios haya que culpar a Cham; cuando las embriagueces alcohólicas habituales han sido introducidas o acrecentadas notablemente en los pueblos primitivos, así en Indoamérica como en Africa y otros países, por obra de los colonizadores blancos movidos por su mercantilismo y su deseo de mantener la sumisidad de sus colonos. Tampoco parece aceptable hoy día que la desnudez de los indios en las intertropicales regiones de Orinoco se derive de una predestinación que
inconcientemente los induzca a imitar el breve encueramiento de Noé cuando beodo. No hay opinión más ridicula que ésta en toda la exégesis biblica. [tachado: Si se quisiera seguir por esa via, aun ese terreno de la fabula, había que rechazar la tesis de Gumilla, pues los indios tenían vestimenta, aunque escasa y en eso no imitaban a Noé, quien su pasajero desvarío se quedó desnudo por completo, según algún exegeta, Beroso por ejemplo, "con las verguenzas a fuera". Pero Gumilla estaba muy seguro
de su racismo por exégesis teológica: "Si dice alguno que también viven desnudos los negros, respondo que también defiendo que los negros descienden de Cham, que no son de ánimo tan apocado, como consta de la experiencia ya dicha; en que vemos que los indios sirven de buena gana à los negros; y al contrario, no hay negro que se digne y humille à servir à los indios; la cual altivez puede ser efecto del diverso temperamento y diversos bastimentos con que se crian el Africa; y de otras causas, hasta ahora incógnitas, de que se origina también lo encrespado del pelo y aquel color negro". Gumilla, pues, admitía la posibilidad de factores climáticos o ecológicos o de otro género para explicar las diferencias de

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pigmentación cutánea, forma del pelo y la altivez de carácter; pero en cuanto a la desnudez, la beodera y la servidumbre de los indios, la causa era una sola y clara: la maldición de Noé a la posteridad, a la "raza" de Cham.
Para el P. Gumilla era tan eficaz esa maldición noémica que madres afligidas por ella, o sean las indias, las negras y las mulatas, con su leche pueden transmitir su inferioridad fatal a los niños amamantados por ella[s], aún cuando no fueren sus propios hijos. Por eso increpa a las madres que no dan a sus hijos la leche de sus pechos, "de que toma notable tintura y colorido el genio e inclinaciones de toda vida, según la opinión más segura de los mejores físicos.
Este reparo, muy digno de hacerse, urge mucho más a las señoras americanas, en donde su materno regazo arrojan a sus inocentes párvulos al seno de una negra, de una mulata o de una india: ¿que sangre ha de criar tal leche? ¿qué inclinaciones? ¿y que bajeza de animos?" (1) GUMILLA: El Orinoco. - Tomo I.- p.104
El Jesuita mexicano P. Fco. Clavijero (1721-1787) publicó en Italia su obra Storia antica del Messico cavata dai migliori storici spagnuoli e da manoscritti e pitture antiche degli indiani. Cesena, 1780-81.
En esa obra, su autor dice, que si los indios de Cuba iban en cueros vivos, ello se debía a la maldición de Cam, que se mofó de la desnudez de Noé; mientras los españoles si estaban bien vestidos porque descendían del otro hijo de aquél patriarca, el que por este fue bendito. El P. Clavijero no hace sino recoger la tradición de un viejo indio que refirió el población de Cuba al P. Las Casas. (1) Historia. T. II. p.516
Al lado de la referida exégesis biblica condenatoria de los negros, surgieron otras analogas que también sostenían la fatal predestinación de los negros por otros motivos, o trataban de evadir las confusiones creadas por la fantasia de los exegetas, o de contradecirlas con otros artilugios de imaginación, no más pero no menos respetables que la famosa [tachado: mitologia] derivada de la embriaguez de Noé, que se decía ser la primera de la historia universal.
No faltaron quienes comprendieran lo mitológico de aquella tesis biblica del racismo negro, prescindieron de la genealogía de Noé, y opinaron que ya antes de ese patriarca habia negros, blancos y de otras razas, las cuales en diversas partes del mundo sobrevivieron al mitico diluvio porque éste no fue realmente "universal". Así, en 1733, lo sostuvo Augusto Malbert (1). Esta tesis, según (1) Memoire sur l'origine des négres et des americains "Journal de Trevoux - 1733, ps. 1940 a 1972"
algunos modernos exégetas de la Biblia, no va contra "la verdad revelada", pues la universalidad del diluvio no es materia de fé
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ni dogmática;pero hemos de detenernos en tal disquisición aquí ociosa.
Esa una (sic) teoría del origen biblico de la raza negra fue inventada por ciertos negros,también amparados en un episodio de las Sagradas Escrituras,al sostener que Adam,Eva y sus hijos eran morenos,creados "a imagen y semejanza de Dios",del color del barro originario que empleara el Creador para su sobrenatural alfareria.Pero Cain,el envidioso hijo
de los protogenitores,se tornó blanco al palidecer de miedo,oyendo la maldición que le fulminará (sic) Jehová por haber dado muerte a su envidiado hermano Abel.Y los blancos, dicen,son por eso los descendientes del execrado Cain.Este blanqueamiento racista de sentido ético y sancional,producido por una causa divina no está consignado en el Viejo Testamento y los creyentes pueden burlarse de tal astuta fantasia;pero tampoco está en el Génesis la absurda fábula del ennegrecimiento de toda
la descendencia de Canaán por el castigo de una simple irrespetuosidad filial cometida por su antepasado.
Según el P.Augusto XXX,citado por el P.FeiJoo,(1) el maldito en el Génesis fue Cain,a quien Dios convirtió en negro "para que todos lo conociesen".
(1) libro VII,discurso III,[epigrafe] 5
No vamos a seguir huella tras huella el rastro de la fábula misonegrista en la opinión ecclesiástica y nos limitaremos a algunas citaciones del Jesuita P.Charles en su valioso libro acerca de Las razas malditas.
Lamemais y los de su escuela (aquél el año 1830,en el 1'Avenir,) propagan la superstición de esa especie de "pena hereditaria que pesa sobre una parte de la especie humana",según la cual "el antiguo anatema pronunciado sobre la cabeza de la posteridad de Cam,según la Escritura,no les prometió sino una esclavitud eterna";(1) con lo cual parecia quererse demostrar la verdad de la Biblia a los incrédulos entre los cuales se contó Voltaire,que se rió de que la negura de la piel de millones de seres humanos proviniera de una multimilenaria
execración lanzada en un arrebato del ánimo contra un nieto y toda su progenie por aquel abuelo restaurador de la especie adámica que,después de librarse del agua caída del cielo sobre toda la tierra durante cuarenta días con sus noches,no pudo salvarse del primer vino que,según el Génesis,apareció en la historia humana.
(1)Cita de P.Charles [debe referirse a la ficha anterior-Albur]
En 1831,el Juez Foisset publica en los Annales de Philosophie chretienne un escrito titulado Nouvelles preuves que les néares descendent de Cham et on heredité de la malediction.(1) Citas de P.Charles.p.13

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Como analiza el P. Charles, también los historiadores católicos de Francia, como Lanormant, en su Histoire ancienne de l'Orient y Rohrbacher en l'Histoire universelle de l'Eglise catholique, aseguran que dicha maldición biblica "se ha cumplido plenamente en todos los imperios fundados por los camitas y que su raza conserva la huella de las tendencias groseras y depravadas que a Cam le acarrea la maldición paterna (...) mientras la raza de Jafet es la noble, por excelencia (...) la dominadora del mundo".
Desde 1850, según el P. Pierre Charles, los manuales y diccionarios eclesiásticos popularizan más aquella tesis, El Kirchenlexicon escribe en el artículo Cham, que "sobre los camitas pesa la maldición de la esclavitud. Las palabras proféticas de Noé se cumplieron fielmente...".
Ya mediado el siglo XIX en Nueva York fue publicado un libro en español con el exclusivo objeto de defender la esclavitud de los negros y el restablecimiento de la trata negrera que ya estaba prohibida por tratados internacionales. La obra debióse a José Ferrer de Conto y se titula - Los negros en sus diversos estados y condiciones; tales como son, como se supone que son y como deben ser. N. York - 1864. El autor declara sin ambages que hace defensa de la esclavitud -por "principio altamente humanitario" y [tachado:que pide] también el libre rescate de negros bozales, como se venia haciendo. Por la época de su publicación y por su desenfado, es un libro extraordinariamente único y sirvió para combatir en Cuba contra el abolicionismo.
Según Ferrer de Conto, "el restablecimiento del rescate de los negros es la voz de la conciencia humana, la exigencia de una necesidad universal, el precepto de la Justicia de Dios". Para Conto la "esclavitud" no es sino una palabra errónea aplicada a la institución que debiera conocerse por "trabajo forzoso".
"La institución del trabajo forzoso de los negros que se llama esclavitud, dice ese autor, es eminentemente cristiana y civilizadora". En lo adelante no debe decirse "esclavos", sino "rescatados". La "trata" no es sino "rescate". Y a quienes desertan del trabajo forzoso no se les dirá más "cimarrones", sino "prófugos"[.]
La argumentación de Ferrer de Conto es aparatosa pero vacua. Aquí nos interesa su libro porque sostiene la biblica predestinación de los negros para la esclavitud en otro texto del Antiguo Testamento. En el
Jeremias (Cap. V. versículo XIX), que dice: "asi como me habeis abandonado y habeis servido a un Dios forastero en vuestra tierra, así serviréis a los forasteros en tierra no vuestra". También al texto del Exodo (Cap. XXIII vs. 23, 24, 27, 29 y 30) en que Jehová apostrofa a los israelitas.
Pero fácilmente se advierte que esos versículos biblicos en nada se refieren a los negros. La obra de Ferrer de Conto solo sirve para comprobar la obstinación con que se quería utilizar

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la Biblia para convencer a los pueblos de que los negros eran por siempre malditos.
Todavía, según refiere el P. Charles, bien mediado ya el siglo XIX, en el Concilio del Vaticano un grupo de Obispos propuso un postulatum, que no llegó a ser discutido, debido a la improvista suspensión del concilio, por el cual se suplicaba al Papa que intercediera a favor de los negros para que cesara de abrumarlos la maldición de Noé. Solo cuando desaparece la posibilidad económica de la esclavitud en América y Africa es cuando se desvanecce el mito que la amparaba; pero aún quedaron sus rescoldos.
Ese apoyo teológico a la supeditación de los negros no cesó en Cuba aun después de haber España abolido la esclavitud (1886) hasta que, al caer el siglo XIX, terminó la dominación colonial española. De 1896 es un libro publicado en Madrid con una colección de artículos insertos en 1895 en El Siglo Futuro de Madrid, escritos por el P. Juan Bautista de las Casas; (iqué homonimial) canónigo español que fue Gobernador eclesiástico de la diócesis de la Habana, (sede plena).-Dicho libro se titula "La Guerra separatista de Cuba, sus causas, medios de terminarla y de evitar otras". Para este clérigo, la guerra que realizaban los cubanos independizadores de su patria, aunque no era racista, era principalmente una cuestión de negros, de "hordas salvajes, y decía:
"En cuanto a los motivos que aleguen los negros para sublevarse contra España, opinamos que no tienen ninguno fundado. La raza negra sufre las consecuencias de un castigo de una maldición que el Pentateuco nos refiere al hablar de Noé y de sus hijos; su inferioridad viene perpetuándose a través de los siglos". Para los que arguyan, a favor de los negros, el principio de la igualdad ante Dios, dice cura: "La redención de Jesucristo comprende a todos los hombres, según nos enseña el dogma católico; pero las naciones y los individuos de dicha raza han abusado de su libertad, negándose a participar de los beneficios que el Salvador nos mereció derramando su divina sangre por todos los hombres"(1) IMalditos y esclavos por camitas, y también por idólatras! Aparte de las mentiras de haberse negado los negros a
(1) JUAN BAUTISTA CASAS: La Guerra Separatista de Cuba, sus causas. - Madrid, 1896. - p. 30.
que los cristianizasen. En algunos casos pudiera decirse lo contrario. A fines del siglo XV y comienzos del XVI, los negros del congo fueron hechos cristianos por los frailes capuchinos. Su rey se hizo católico y en Roma aun se vé la tumba de un negro que allí murió con el alto cargo de embajador del rey[,] y se nombraron obispos negros[.] Pero la avidez de la trata negrera que todo lo atropellaba con tal de satisfacer su insaciable sed de
esclavos, convenció a los negros de que el cristianismo de los blancos era tal que no les evitaba ser esclavizados injustamente y por millares, y fueron abandonando su conversión, aparte de que el afán misionero fue menguando y de otras causas que aquí no cabe explicar.

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El P. Juan Bautista las Casas también sostiene erróneamente que el "tráfico negrero, siempre fue reprobado y estigmatizado por la Iglesia católica". (p.123)
"El continente negro, sigue escribiendo dicho presbitero, rehusó la libertad cristiana, y es victima de la esclavitud del demonio y de las pasiones de los hombres malos". Y añade incurriendo en nuevas falsedades: "La Iglesia católica (...) condenó la esclavitud y a su extinción enderezó sus leyes y sus doctores y misioneros la combatieron siempre". Es cierto que la Iglesia "lucha con preocupaciones y en su camino halla el obstáculo de la insaciable avaricia". Pero no es cierto que "también en Cuba se sobrepuso el espiritu cristianos (sic), y en 1885 se abolió totalmente de hecho la esclavitud prohibida siempre derecho"; pues la verdad es que suprimió en 1868 por la revolución cubana y que en 1886 la terminó el gobierno español; no habiendo estado Jamás prohibida de derecho, como aquél afirma. Ese mal sacerdote en su impiedad.
recomienda como medidas de guerra llamada reconcentración, que poco tiempo después, siguiendo su consejo, ejecutó el Capitán Gral. Weyler, arrasando los poblados y bohios de los campesinos cubanos, y haciéndolos morir de hambre a millares. Fue como un episodio más de la "destrucción de las Indias", con un retraso de cuatro siglos. El último de la gobernación española en América. Este clérigo hasta aconsejó que contra los insurrectos patriotas se usaran los mismos perros feroces que se acostumbraron durante centurias para perseguir a los negros cimarrones y en el siglo XVI para "aperrear" a los indios insumisos.
Quien presenció en Cuba la "reconcentración" ejecutada por Valeriano Weyler, sabe de cerca lo que debió de ser la "reconcentración" de Diego Velázquez. Así por rara coincidencia de la historia, la dominación española en Indias que en sus comienzos (1514) está iluminada por la cristiana doctrina de un Padre Las Casas (el Bueno), en sus finales (1895) está ofuscada por la herética crueldad de otro P. Las Casas (el Malo). Y tal fue el intimo e insalvable contraste entre uno y otro clérigo, que el último de 1895, aunque dedica su mentado libro a su querido abuelo D. Francisco de las Casas y a su muy amado padre D. Manuel de las Casas, por lo que su propio linaje paterno era el de Las Casas, siempre se firma sólo Juan B. Casas, falseando así su verdadera alcurnia. Acaso durante los siete años que pasó el en Cuba, prebendado en la catedral no pudo resistir que los cubanos cotidianamente lo llamasen Padre Las Casas, con un inevitable dejo de ironia. No quiso ser conocido con el mismo apellido de su glorioso homónimo Fray Bartolomé. Hizo bien y con eso le rindió, aunque sin creerlo, un implicito homenaje.
La "maldita maldición" contra los negros aun no ha cesado hoy día de influir con su barie en la desgracia de millones de seres humanos.

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La ciencia antropológica hizo desaparecer la repartición tripartita del género humano en semitas, camitas y jafetistas, pero aun se usa el término hamita, por derivación etimológica del nombre del viejo Cam o Ham. Ello ha traido cierta confusión, pues los hoy llamados hamitas no son los negros propiamente dichos, ni los bantús ni los sudaneses; mas bien se aproximan a los semitas por su talla, su craneo, su nariz y su color. Pero el humanismo de la ciencia antropológica aun no ha podido vencer a la barie de la superstición racista.
Como bien dice el P. Pierre Charles, "Hoy día es raro abrir un libro acerca de las misiones en los pueblos negros sin encontrar algunas frases compasivas de los hijos de Cam y de la maldición que pesa sobre ellos (...) Negros, hijos de Cam, raza maldita, parecen expresiones equivalentes a muchos autores" (1) Pierre Charles, S.J. Razas malditas. Lovaina 1928, p.9.
"Uno asombra actualmente, dice el P. Pierre Charles, a ciertas personas, aun entre las muy instruidas, cuando se les dice que en el fondo de tales teorias no hay absolutamente otra cosa, sino viento" (1) P. Charles, p.16.
ALBUR. AÑO IV. NUMERO ESPECIAL MAYO DE 1992.
ORGANO DE LOS ESTUDIANTES DEL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE.
DIRECCIÓN: IVÁN GONZÁLEZ CRUZ.
DÍSEÑO: ESTERÍO SEGURA. M.
CUBIERTA: NICOLÁS MORALES CAARENO.
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