Término, vol. 2, n. 8, verano, 1984 · Archivo Rialta /

Término, vol. 2, n. 8, verano, 1984

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US$ 1.50
VOL. II N° 8
VERANO/SUMMER
1984
TERMINO
BULK RATE
US POSTAGE PAID
PERM N° 6157
CINNATÍ. OHIO
LITERARY BILINGUAL PUBLICATION / PUBLICACION LITERARIA BILINGÜE
EDITORES/PUBLISHERS: ROBERTO MADRIGAL ECAY y MANUEL F. BALLAGAS
CONSEJO EDITORIAL/EDITORIAL BOARD: ORLANDO ALOMA, ESTEBAN CARDENAS, RICARDO OTEIZA y JORGE POSADA
PORTADA/COVER: FELIPE MICHEL PEREZ
POR PRIMERA VEZ
EN ESPAÑOL:
Un cuento de Zamiatin
y un poema de Yeats
In Its First English
Version: A Poem by
Antonio Machado
FICCION/FICTION
H Blanco; M Casanova;
C Díaz; J Febles;
E Nápoles
POESIA / POETRY
J Abreu; F Andras;
R. Davies; J Guitart;
W. Jiménez; A Knight;
E López-Alonso;
J Martin; O Mendell;
G Pérez Firmat;
E Riely; J J Rodríguez-
-Florido; A Russo;
J Wesley Clark
IDEAS
Madrigal Ecay:
Sobre Lezama Lima
CINE / FILMS
S González sobre
“Conducta Impropia”

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JUAN ABREU. Poeta y pintor cubano. Reside en Miami y es miembro del consejo de redacción de la revista MARIEL
FRANCISCO ANDRAS (1947) Poeta y psicólogo cubano. Reside en Miami, donde trabaja como consejero educacional en el Miami-Dade Community College. Su libro CANTO DEL PASO fue recientemente publicado por la editorial Pliegos.
HUGO BLANCO Escritor de origen cubano que reside en Miami.
MANUEL CASANOVA (1944) Escritor y periodista cubano. Vive en Miami.
ROBERT DAVIES Poeta norteamericano. Reside en Forest Grove, Oregon.
CARLOS DIAZ (1950) Narrador cubano que vive en Miami.
JORGE FEBLES (1947) Narrador ycritico cubano. Enseña literatura hispánica en Western Michigan University.
SERVANDO GONZALEZ Intelectual cubano que reside en San Francisco. Es profesor visitante en la Hoover Institution de Stanford University.
JORGE GUITART (1937) Poeta, editor y lingüista cubano. Dirige la revista TERRA POETICA y enseña en la Universidad del Estado de New York en Buffalo.
WALTER JIMENEZ (1963) Poeta norteamericano de origen cubano. Reside en New Jersey.
ARTHUR WINFIELD KNIGHT Poeta y editor norteamericano que reside en California, Pennsylvania.
ROGELIO LLOPIS-FUENTES (1934) Escritor cubano que ha publicado cinco libros. Colabora en numerosas revistas literarias y enseña en University of Cincinnati. Su versión española es la primera traducción que se hace a nuestro idioma del poema de Yeats que aquí se publica.
EMILIO V. LOPEZ ALONSO (1948) Poeta cubano. Reside en Miami.
JUAN MARTIN (1954) Poeta cubano que reside en Miami.
OLGA K. MENDELL Poetisa y profesora cubana. Enseña en D'Youville College.
ELENA NAPOLES Escritora cubana que reside en Rochester, N.Y.
GUSTAVO PEREZ FIRMAT (1949) Poeta cubano. Enseña en Duke University.
EDWARD RIELLY Poeta norteamericano que reside en Maine.
JORGE J. RODRIGUEZ-FLORIDO (1943) Poeta y ensayista cubano. Enseña en Chicago State University.
ALBERT RUSSO (1943) Nacido en Zaire, ciudadano belga y residente en París. Este escritor ha sido homenajeado por The New York Poetry Forum y ha recibido el PRIX DE POESIE REGAIN y el PRIX COLETTE, entre otros premios.
KENNETH SCHULZE Poeta y traductor norteamericano. Reside en Chicago. Tradujo el poema de Machado que aquí se publica por primera vez en inglés.
JOHN WESLEY CLAR Poeta norteamericano. De su serie ANIMAS EN PENA publicamos aquí tres selecciones. Reside en Maryland.
El cuento del genial escritor ruso Yevgueni Zamiatin (1884-1937) que aquí se publica aparece por primera vez traducido al español.
ANGEL BALMASEDA (1952) Pintor cubano varias veces premiado. Vive en Miami.
FELIPE MICHEL PEREZ Pintor cubano. Anima el programa televisivo ACCENT ON ART Reside en Miami.
JUAN BOZA Pintor, grabador y diseñador cubano. Ha participado en diversas exposiciones internacionales. Reside en Brooklyn.
TERMINO MAGAZINE
Anuncia la inauguración de TERMINO EDITORIAL con la publicación de:
Alicia en las mil y una camas del novelista cubano Ismael Lorenzo
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COLABORADORES/CONTRIBUTORS

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FICCION / FICTION
YEVGUENI ZAMIATIN/The Church of God
Ivan decided to build a church for the glory of God. But a church—to make the heavens sizzle and the devils wilt! So the fame of Ivan’s church would spread to the ends of the world.
Well, naturally, building a church isn’t like putting up a hut—it takes plenty of money. So he went out to dig up some money for the church of God.
It was already going on evening. Ivan hid out in the hollow under the bridge. An hour, two hours. And then there was a clattering of hooves—a three-horse carriage rolling across the bridge: a traveling merchant.
Ivan gave a rush and a hoot and a whistle—a regular Dragon Gorynch out of the fairy tale. The horses reared, the driver tumbled out onto the ground, and the merchant in the carriage shook with fright like an aspen leaf.
Ivan sent the coachman to his maker, and turned to the merchant: “Hand over the money.”
The merchant began to swear by all that’s holy and to plead: “What money?”
“It’s for a church, you fool! It is a church I want to build. Hand over!”
The merchant swears and pleads: “I’ll build it myself.” “A-ah, yourself? Come on, now!”
Ivan lit a fire under a shrub, crossed himself, and started roasting the merchant’s heels with a burning splinter. The merchant couldn’t take it and revealed the money: a hundred thousand in the right boot; another hundred in the left.
Ivan bowed low to the ground: “Praised be the Lord! There will be a church now.”
And he put out the fire with handfuls of earth. And the merchant groaned, doubled up, and gave up the ghost. What can you do—it’s for the Lord’s sake, after all.
Ivan buried the two, prayed for their souls, and off to town: to hire masons, carpenters, icon painters, gilders. And on the very spot where had buried the merchant and his driver he raised up a church—taller than Ivan the Great. The crosses—way up in the clouds, blue cupolas with stars, and crimson bells: a church to put all churches to shame.
And Ivan sent out word: God’s church is ready, welcome, one and all. A mob collected, you couldn’t see from end to end. The bishop himself came, riding in a golden coach, and forty priests, and forty times forty deacons. But just as they began the service, the bishop beckoned to Ivan with his finger, this way: “Why is it,” he says, “you’ve such a rotten smell around here? Go tell the old woomen they aren’t back home, stretched out on their ovens. After all, this a church of God.”
Ivan went over and told the old women, and the old women shuffled out. But no, the smell was still there! The bishop made a sign to the priests, and all the forty priests began to swing their censers. What the…? It didn’t help! The bishop nodded to the deacons; the deacons swung their censers, forty times forty of them: the smell got even worse. You couldn’t catch your breath, and it was clear now—it wasn’t the old women at all, it was the smell of human corpses. Impossible to stand it. And all the folks began to leave the church; the deacons slunk off quietly, the priests backed out one by one. Only the bishop was still in his pulpit in the middle of the church, and Ivan before him, white as a ghost.
And then the bishop looked at Ivan—right through him, to the very bottom—and walked out without a word.
And so Ivan was left all by himself in the church. Everybody else cleared out—they couldn’t take the stink of death.
(1922)
Translated by: Mirra Ginsburg
YEVGUENI ZAMIATIN/La Iglesia de Dios
Iván decidió construir una iglesia para gloria de Dios. ¡Pero una iglesia que hiciera a los cielos chispear y a los demonos languidecer! Para que la fama de Iván se extendiera hasta los confines del mundo.
Naturalmente, construir una iglesia no es igual que levantar una choza, se necesita mucho dinero, por lo que salió a buscar algún dinero para la iglesia de Dios.
Ya oscurecía. Iván se escondió en un hueco bajo el puente. Una hora, dos horas. Al fin se oyó el ruido de unos cascos, -un carruaje con tres caballos cruzaba el puente: un mercader viajante.
Como un dragón Gorinich salido de un cuento de hadas, Iván embistió con prisa, ululando y silbando. Los caballos retrocedieron, el cochero cayó al suelo y el mercader aterrorizado temblaba como una hoja de alamo.
Iván envió al cochero a su hacedor y se volvió al mercader: “Venga el dinero”.
El mercader comenzó a jurar por todo lo que es sagrado y a suplicar: “¿Qué dinero?”
“¡Es para la iglesia, idiota!” Es para una iglesia que quiero construir, ¡Venga!”
El mercader jura y suplica: “La construiré yo mismo”.
“¿Así que tú mismo? ¡Venga ahora mismo!”
Iván prendió un fuego bajo un arbusto, se persignó, y comenzó a cocer los talones del mercader con una astilla quemante. El mercader no pudo resistir y reveló el dinero: cien mil en la bota derecha; otros cien la izquierda.
Iván se inclinó en reverencia: “¡Loado sea el Señor! Ya habrá una iglesia.”
Y apagó el fuego con puñados de tierra. Y el mercader gimió, se encogió y entregó su espiritu. Qué otra cosa se puede hacer. -después de todo, ¡es por amor al Señor!”
Iván los enterró a los dos, rezó por sus almas y se fue al pueblo: a contratar albañiles, carpinteros, pintores de iconos, doradores. Y en el mismo lugar donde había enterrado al mercader y a su cochero, levantó una iglesia, —más alta que Iván el Grande. Las cruces que se elevaban hasta las nubes, con cúpulas azules con estrellas y campanas carmesies:
una iglesia que avergonzaba a todas las iglesias.
E Iván corrió la voz: la iglesia de Dios está lista, sean todos bienvenidos. Una multitud se congregó, no podía verse de un extremo a otro. El mismísimo obispo acudió, montando un coche dorado, y cuarenta sacerdotes, y cuarenta veces cuarenta diáconos. Pero al momento de comenzar el servicio, el obispo hizo señas a Iván y le preguntó: “¿Por qué” dice, “hay aquí olor a podrido? Dile a las ancianas que no están en sus casas, calentando el horno. Después de todo, ésta es la iglesia de Dios.”
Iván se fue y habió a las ancianas y las ancianas salieron a duras penas. ¡Pero el olor seguía! El obispo hizo una señal a los sacerdotes y los cuarenta sacerdotes comenzaron a mecer sus incensarios. ¿Qué c… pasaba? De nada sirvió! El obispo hizo una señal a los diáconos; los diáconos mecieron sus incensarios, cuarenta veces cuarenta de ellos: el olor se puso peor. Apenas se podía repirar, y ya estaba claro, —no eran las ancianas, era el olor de cadáveres humanos. Imposible de soportar. Y todo el mundo empezó a abandonar la iglesia; los diáconos se escabulleron silenciosamente, los sacerdotes salieron uno a uno. Sólo el obispo permanecía en el pulpito en medio de la iglesia, e Iván frente a él, pálido como un espíritu.
Entonces el obispo miró a Iván —lo atravesó con su mirada hasta lo más intimo— y se marchó sin decir palabra.
De esta forma Iván quedó solo en la iglesia. Todos los demás se habían marchado, porque no podían soportar el heder de la muerte.
(1922)
Traducción: Roberto Madrigal Ecay

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CARLOS DIAZ/Tinieblas, Tinieblas (fragento)
Hay un momento en que la insensibilidad humana llega a tal punto, que nos da lo mismo encontrarnos con Dios o que nos parta un rayo... La mano de Bernardo escribe firme contra la pared del cine Infanta esa frase cuyos trazos bordean esa mancha de humedad, esos leopardas azules que se desilizan ese puño del trigo... Más allá, entre el jacarandá que da a la ventana del baño de mi casa, una mucha camina desnuda bajo la lluvia. Literatura... Una mucha desnuda camina bajo la lluvia... Una mucha que se desviste oyendo White Room, de los Creams, oyendo el momento en que Eric Clapton canta la historia de un pájaro de plata que entra en el sueño de un niño... La casa... el cuarto blanco donde duermo, mis libros, tener que forrarlos por miedo, por el repuñetero miedo que me hace forrar a Albert Camus con una cubierta de uno de los cuento de Andersen, que me hace forrar a mi amado Mea Culpa, de Céline, con una carátula de Gulliver en el País de los Enanos, y a Zaratustra, de Nietzche, con una cubierta de Alicia en el País de las Maravillas, en tanto que uno de los mejores libros de poemas de Borges terminó forrado en papel de cartucho. Ya no había cuento con qué cubrirlo... En el comunismo todos somos iguales, repiten a diario las consignas... Iguales, si, iguales bajo tierra, iguales cuando nos podrimos... Ahora Bernardo eleva su mano como si quisiera atrapar las palabras. La literatura es la psiquiatría de los que ya no creen Freud ni en Jung... En este lugar ahora mi amigo Bernardo está hablando de Rilke... En este lugar, que es el único de La Habana donde se podría tomar un café en la medianoche, mientras la mucha queuela el café se rasca los muslos... En este lugar donde el gran Jesualdo dá la célebre patada a su mujer... En este tranquilo rincón de la Funeraria Rivero... La Funeraria Rivero, tu, él, yo, nosotros, la mucha que se levanta un poco la falda cuando nos trae el café entre los gritos lejanos de los familiares, los llantos, lo fin agarre el tubo de desodorante con la espalda de la camisa medio rasgada... Aquella mucha vestida de negro que miró con sus ojos de Modigliani, aquella mucha que yo besé en la casa de los espejos de Jalisco Park, y su boca era como subirme a un flamboyán y ver entre los pétalos incendiados un sol cayendo por los cristales de mi casa... María Josefa y Bernardo hablando de Quevedo y de la Santa Inquisición; hablando de Giordano Bruno cuando gritaba por los pasillos, ¡cabeza de león!, ¡dientes de ajo!, mariposas de sangre!, ¡flor de hierro!, ¡sol, sol para todos! ¡comida para todos!; ¡palabras para todos!... Y yo viendo que la taza de café era un espejo, un espejo que reflejaba un muerto con cuatro cirios ardiendo, un bosque de laureles con velas en las ramas, una hilera de caras llorosas, unas brujas desnudas que besaban las ubres de una vaca, y la mujer histérica gritando, ¿por qué tuvo que ser él y no el otro? Y Bernardo hablando de Jesualdo, de Piranesi, y yo rompiendo aquel café en sorbos, rompiendo el café donde estaba el muerto y los cuatro cirios; yo tomando el café y sintiendo que alguien gemía a mi lado, que alguien decía, “házme gozar, házme gozar sin que me pidan el carnet de identidad, sin tener que comerme las uñas...” Y veía la Plaza de la Revolución, veía a la muche-dumbre boquiabierta con la promesa de que iban a embalsamar y a mostrar las manos del Che, las manos momificadas del Che... Que si las iban a traer pronto, que si las iban a cortar por la muñeca, por los codos, que si iban a traer los muñones de Bolivia para exhibirlos en el mausoleo, exhibir las manos del Che para que el pueblo aprendiera lo que son las manas de un héroe, manos largas, con un agujero en el centro, manos largas como las de Cristo, manos como las de Vivaldi, como las de Chopin cuando le hacía el amor a George Sand en La Cartuja, manos como las que acaricio, como las que se iluminan el verano cuando nos quitamos la ropa, manos como las que tuvo do me dice que un hombre, para consolar a otro hombre en la desgracia, sólo tiene dos caminos: dejarlo solo o hacer el amor con él...
¿Cuál poema era ése?
El de la madre del agua...
Ahora ya no existe...
Aún está vivo...
¿Por qué lo quemaste?
Miedo...
miedo...
El miedo de siempre...
Cuando día nos quemaremos como Hatuey, nos quemaremos vivos y nos dirán cobardes, pero nos daremos el gusto de hacer una hoguera, una gran pira humana en el centro de la Plaza de la Revolución...
En el cine una niña preguntaba ayer a su madre, ¿por qué los comunistas gritanto en todos los documentales de Santiago Alvarez? Cállate, niña, cállate... Pero si no me has contestado... Dime, dime, ¿y por qué todos se reían tanto cuando aquel chorro enorme de agua casi nos empapa y la música cantaba, ¡Aleluya!...
Cállate, niña, cállate! Pero mami... ¡Que te calles!... Crosby, Still, Nash and Young cantaban Ohio, hablaban de Nixon y de la matanza de Kent, pero nosotros mejor nos callamos, nos callamos... Olimpia escribe en una libretica de teléfonos el nombre del último griego que fornicó con ella. Ese que le regaló el pañuelo rojo que en la punta tiene un sellito que dice 99 cents... Y el Prado viene hacía nosotros, viene a contemplarnos con sus gigantescos laureles, con sus leones donde una noche una loca que salió impresionada de ver a Alicia bailando se subió al lomo de uno de ellos gritando: “‘Soy Calígula, y bendigo a la Cleopatra!’ Que venga un negro, por favor, que traigan a un negro!... Los laureles, Bernardo, los laureles... ¿Te acuerdas de aquellos laureles donde le besaste los senos a aquella pelirroja que se pintaba el sexo con mercuro-cromo porque allí todo le nacía negro,
el y no el otro?, y tú, yo, el, la mucha que nos da las tazas de café mirándonos a los ojos, haciéndonos los disimulados, porque el otro del que hablaba la mujer histórica era de uno que tenía ojos de loco y una barba muy larga... Y Bernardo decidió hablar mejor de una flauta pentatónica, de la única mierda que dejaron los táínos en la historia de la música cubana... Y yo, cerrando los ojos y viendo de nuevo la caja de muerto donde estaban velando a mi tía; yo viendo de nuevo a mis familiares llorando, y recordando aquel terrible momento cuando llegué nervioso y apurado a la funeraria con un cartucho bajo el brazo... Un cartucho que el sudor desbarató, el sudor que hizo posible el alcinante instante en que salió del cartucho el tubo de desodorante y el par de médias que había recién comprado, y por esas cosas inexplicables, por esas inexplicable casualidades donde no se sabe si interviene la mano de Dios o la del Diablo, el tubo de desodorante se fue rodando, hasta ir a parar bajo la mismísima caja de muerto, y todo el mundo mirando y mirando, todos los ojos atónitos ante lo indecible, mirando el tubo de desodorante y esperando a ver qué yo haría... ¿Qué podía hacer yo, luchando entre el respeto a mi tía muerta y la necesidad de agarrar mi único tubo de desodorante? Cerrar los ojos, cerrar los ojos y meterme en cuatro patas bajo el sarcófago buscando el maldito tubo que parecía estar imantado por el mismísimo Satanás, y mi madre gritando, ¡dejalo, déjalol!, cuidadado con tía!, ¡te trabaste?, y mis manos recorriendo la muerte y sus flores, la angustia y mi tubo de desodorante... Ahora veo como Bernardo, en un arranque desesperado levanta la voz en tono habitual y grita, ¡mierda, mierda!... ¡Pero qué te pasa, Bernardo, qué te pasa? Nada, que el realismo socialista es la gran cagada de los escritores que se olvidaron de que existen las estrellas... Y yo volviendo a pensar en aquella mucha vestida de negro que miró con ternura cuando por que iban a ver las manos cercenadas de un héroe... Le pido a la realidad, le pido a mis ojos y a mis oídos que todo sea mentira, que todo sea un mal sueño... Tener que ver las manos del Che, las manos, manos muertas, amputadas, cercenadas como dos horribles muñones que cuelgan iluminadas en la Plaza de la Revolución por unas bombillas que imitan velas dentro de una urna de cristal... El Che nunca pensó que sus manos algún día iban a ser exhibidas como reliquias, como pedazos de una moomia... Manos, manos, con esas manos que hizo una Revolución, hizo el amor, hizo una escuela... Pobre Aleida March, esposa de las manos... Bernardo, ¿por qué dicen que el surrealismo lo creó André Breton? ¡El surrealismo lo inventó Fidel Castro! ¡F-i-d-e-l- C-a-s-t-r-o! Ahora tus muslos buscan las sombras y haces como si estuvieras jugando con una pelota en el aire...
Hace días que no hablo con nadie... hace días que miro la luna y veo la noche llena de lagartos... Ya no me gustan los Who en Magic Bus... me siento indefenso cuando el gran WHO toca las claves en Magic Bus...
Vayamos a pasear por el Parque Central a ver como hay papel que arde en la soledad de ese parque infestado de maricas que le gritan ¡bravo, bravo! a Alicia Alonso cuando baila el Lago de los Cisnes en el teatro García Lorca y por poco se desnuca contra un reflector... El papel arde... arde con una llamarada azul y las sombras tienen algo de ramas cortadas... Sigue resonando en mi mente Magic Bus, Magic Bus... Ahora entra la guitarra eléctrica con su sonido de sierra cortando lirios... Entran los golpes precisos de la batería, metales baídos por los egipcios en la casa de Isis... Entra la voz de Thompsen, que es como Petronio leyendo su Satiricón al lado de Nerón y Tigelino mordiéndose la lengua de envidia... Entra la voz de Benny Moré en Santa Isabel de las Lajas, y el papel arde, arde... Nos vamos acercando a las llamas y Bernar-Sánchez había una gran diferencia porque Salomé fue una puta histórica, pero Celia Sánchez fue la mujer de un hijo de puta antihistórico...? Besa estos senos, bésalos, me decía Bernardo, son puntiagudos como dos cabezas de alfileres... Te regalo el izquierdo, ni los senos izquierdos me gustan, son más feos, más llenos de límites... Y entra el Bolero de Ravel con una muchedumbre que baila bajo los reflectores de la Plaza conmemorando el 26 de julio... La música da vultas como las gentes alrededor de la tumba de La Milagrosa, seremos como el Che!, Patria o Muerte!, y el Bolero de Ravel, el Bolero de Ravel... La pelirroja ahora toma mi cabeza entre sus manos y me dice, desciende, ¿no te gusta Bergman en La Fuente de La Virgen? Yo soy la criada que le metió la rana en el pan de los pordioseros... Bernardo me dice, cuidado, ¿no será peligroso hacer el amor con una mujer...? A lo mejor podemos convertirnos en unicornios... Joaquín de Prez... Bernardo siempre chifla cuando hace el amor... Casi siempre chifla lo mismo, La Misa del Hombre Armado, de Joaquín de Prez, y casi siempre la chifla en el momento en que el tamboril remeda los golpes en la carne de Cristo... La pelirroja une el sexo de Bernardo con el mío. Se parecen a las manos del Che, a la V de la victoria, asi, un sexo largo y profundo, como el mar... St. John Perse, St. John Perse... Las manos cortadas están pudriéndose... los egipcios no, eran fantásticos... El Prado, Bernardo, la pelirroja y yo jugamos a ser cultos en el miedo... Ahora la pelirroja se acuesta en uno de los bancos del Prado y nos dice: el triángulo es el símbolo del misterio. Soy Nadja con algo de Marilyn Monroe, de Petula Clark y Elena Burque... Soy una fruta madura, pueril a veces en medio del tiempo... A veces cuando me acuesto con varios hombres llego al cielo, llego casi a entender lo que dicen las
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calles de las manos cortadas y las moscas azules... El otro día un policía me miró fijo a la cara a ver si mi rostro expresaba asco, pero yo le dije que era un honor cargar las manos de un héroe... Mi voz se confunde con la lluvia, Bernardo le acaricia la espalda y el mundo no termina en la geografía de las moléculas, ni en el bautizo, ni en el coito, el mundo es recordar, recordar... Cerremos los ojos, nos dice la pelirroja, pero échenme humo en la vagina, quiero ser madre del fuego, Mircea Eliade... Y en Busca del Tiempo Perdido encuentro a Marcel Proust mirando este Paseo del Prado, mirando a esta pelirroja y sintiendo que el viento, las estrellas, la música de Jesualdo, la de Prez, pueden ser olvidadas, pero no el rostro lleno de placer de mi amigo Bernardo ni el de esta pelirroja que se persigna llegando al orgasmo y dice Ave María eres entre todas las mujeres...
THE LITTLE BITTY SNAKE
LA VIBORA CHICUILINA
a bilingual childrens story
by JORMA RODIECK
$4.00 ISBN: 0-940880-05-9
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EL GATO TUERTO
Gaceta de Arte, Literatura, etcétera. San Francisco
Directora: Carlota Caulfield
Sub-director: Servando González
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Asesor Fotográfico: Rudy Pino
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EL GATO TUERTO es una gaceta trimestral independiente de Arte y Literatura, etcétera, Editada en español en la ciudad de San Francisco, California, sin fines de lucro, por Ediciones El Gato Tuerto.
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3) Los poemas deben ser inéditos o los más actuales del autor.
4) Plazo de admisión: hasta marzo de 1985
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HUGO BLANCO/Voyeurs
How many times had she seen him showering from afar? If asked, she had seen the dark, bearded man shampoo hair, the water stop running as he soaped face, neck and shoulders countless times. The bathroom window allowed no other view. From shoulders downward he existed only in her mind. The fat around his waist was unknown to her; unlike her right leg: shorter than the left and not responding like the other or as she knew her walk to differ from that of the girls in her form and from the older ones who knew men and wore clothing dictated by the fashion press as certainly as she limped.
Once, as she walked to school, the man seen showering drove by on his way to work. This on the second day after she had seen him through the bathroom window on the second storey of the townhouse from the small patio, barely hearing the water striking the bath-tub, sun out and, from the interior of her house,, the radio tuned to the station listened to by most at her school. Did he listen to it? Could he hear it from there --- second storey?
A dog given her on Christmas grew accustomed as the mild winter passed to the ritual practiced after school. On Wednesday, sometimes Monday and Thursday, she played with it in the patio. On days the man did not appear at the usual time she would play with the dog until late afternoon when, usually, the man living next door would go out to his patio, drink in hand, talking to her about his work with computers, head above the fence. She would decide to stay out longer than planned listening and looking at the window behind which lay the shower she so much wanted to hear and see occupied and, as she did, the man from next door would glance at her leg, now displayed only at home, bordered like the other by cut-off jeans.
The leg was hers throughout the day and in her dreams, as she went to and from school, during dinner, watching television and while caressing herself before sleep or in the middle of the night. Something to show on home territory and not outside where long skirts or pants were the curtain behind which occured an unnatural movement, its cause unseen, as the man she did not know and had no hope of knowing she believed to live alone having never seen the curtains in the bottom storey of his house drawn or heard conversation detected movements indicating more than one person occupancy.
The days she saw him, like the day of the week she expected to see him, were joyous leading her to assume the costume of halter and cut-offs, opening the sliding glass door and walking unto the patio, dog leading the way.
It may be the day the bathroom window snapped as it opened and she could see his face, eyes looking outwards in her direction before the turn when he would disappear from view momentarily reaching to open the cold and hot water faucets when his head and shoulders would reappear and water drench both and the remaining body to again disappear to where she could only imagine --- a process that took no more than ten minutes. The water stopped then he could be seen drying his hair and, once again, closing the window.
She thought he saw her on the outdoor settee with the dog wishing these days were to last.
He did not know, as she did not, when it was he first saw her until the day he noticed her watching him shower, deriving pleasure from that fact, not knowing of her bad leg until driving to work one morning he saw her with books in hand, walking to school alone. Realising who she was, where she lived, he continued to watch.
Days later his ex-wife allowed their children to spend a few days at his home which provoked a sense of wonder in the girl with the bad leg when she saw the first storey curtain drawn, the sliding glass door open and a boy no more than four and a girl of six or seven begin to play in the patio with the man. Seeing this through a separation in the wooden fence she went inside.
On another Wednesday she saw him showering but his time prolonging it. Twice shampooing his hair as if grease resisted the lather and finally, head covered in white, rinsing it away and looking out the window, she not looking now, both looking at the unbending knee.
When the water stopped this time, before reaching for the towel, he looked out again not seeing her. Inside the living room she could not see him looking but only imagine that he did as he looked; faintly seeing in the twilight of the room and sitting in a chair a shape then little known with the unmistakable leg stretched out as she rose and walked to the stairs that led to her room, curtains also drawn as he had once observed.
End.

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JORGE FEBLES/Entreacto
Lo recordaba cómo había logrado meterla en casa. Entre sueños, la había presentado a su lado, semidesnuda, cálida, los casi grotescos senos amontonados sobre su pecho, el negro pelo acariciándole un hombro. Ahora la descubría, confuso, en la misma cama que compartía diariamente con su esposa, ida no sabía a dónde, no sabía cuándo. La tocó excitado y observó que la piel se erizaba y que los labios se entreabrián mientras el cuerpo se le venía todo encima, como para enlazarlo. La vio entreabrir los ojos azules que ilustraban su cara imprecisa y se dispuso a besarla, presto a tragar el mal aliento que debía definirla por la mañana, pues tenía que ser de mañana. recordó al hijo y el trabajo. Había que despertar al chiquillo, vestirlo, darle el desayuno, llevarlo a casa de la niñera después, claro, de ducharse él mismo y afeitarse y vestirse también y tomar cualquier cosa si sobraba tiempo, claro, pues una hora se pasa como el aire. Entonces, se preguntó qué haría con la mujer que ya estaba sobre él, con la mujer que ahora sacudía ladeándose e instaba a cubrirse sin palabras, desprovisto del ritual deseo. Mientras se levantaba y se ponía los pantalones vaqueros, la vio perdarse en la camiseta gris de tipo deportivo que se hallaba tirada junto a la cama y que identificó como la que su mujer usaba en vez de una larga bata de dormir que, según ella, se le enredaba en las piernas incomodándola, impidiéndole gozar de als codiciadas horas de sueño. Reapareció junto a él, lista a acompañarlo al cuarto del niño, quien amagaba con despertar mediante sollozos y frases incoherentes. Pensó en vedarle la entrada o en solicitar que hiciera té, que se peinara, que pusiera la radio, que llamara a alguien por teléfono, pero se cohibió y, aterrader ante el inevitable encuentro del chico con la extraña, abrió la puerta, encontrándolo perplejo y recién orinado. Le acarició la cabeza, lo incorporó en la cama, contempló su despabilar al mismo tiempo que ella, sin dirigirsele, sin consultarlo para nada, sacaba ropas del armario como si estuviera ejercitada en la misma ceremonia que él había aprendido por la constante y bochornosa repetición. Cuando el niño abrió finalmente los ojos, imaginó la pregunta que acaso no se atreviera a articular: “¿Dónde esta mamá?” o mejor, “¿Quién es esta extraña mamá?” pues mientras él lo abrazaba para calmar una necesaria incertidumbre, ella le ponía pantalones, medias, zapatos tenis, acompasadas e ingeniosamente, medio vestida aún detrás de sus ojos que se ofuscaban por la claridad que iba surgiendo de las cortinas. Callada, le pasó la camisita de franela que el procedió a ponerle--primero el brazo derecho, luego el izquierdo, después abrochó los botones--en tanto el chiquillo gemiqueaba anticipando el hecho de que se lavaría la cara y se le peinaría. Entre los dos lo alzaron y, juntos los tres, fueron al baño para completar el proceso que, a poco, dejó enteramente a su cargo al descubrir, maravillado, que el niño no protestaba ante la presencia de la mujer, es más, hasta parecia sentirse a gusto. Volvió a la habitación matrimonial y, subitamente preoccupado, optó por no ducharse ni afeitarse. Sin unarse desodorante siquiera, se mudó la ropa interior y se pudo un par de calcetines negros. Abrió el escaparate, seleccionó el traje azul, la camisita azul pálida, la corbata azul oscuro; se vistió, pero al ir se abrochar el botón del cuello, zafó de un tirón el nudo recién hecho, buscó de nuevo en el armario y esta vez extrajo la corbata rojigris que se ató, casi malhumorado. Analizó la situación con intensidad que rayaba en la fieza: “¿Dónde estaba su esposa? ¿Acao no habría regresado la noche anterior, como a veces hacía, facilitándole el dejar al niño con alguien o hasta solo para aventurarse a realizar una conquista en alguna sala de fiestas? ¿O era que se había marchado para su trabajo a las seis, como siempre lo hacía, y que el se había atrevido a concretar un encuentro veloz en el propio hogar con aquella mujer que ahora seguramente le preparaba un revoltillo a su hijo? ¿O sería la intrusa una vendedora ambulante, una pedigüeña, una monjita de la Caridad que se le había metido en la casa a solicitar algo más que una limosna para el dirir el frio mañana colándosele en la cama, seduciéndolo, agotándolo hasta tal punto que se le imposibilitara el razonar? ¿Y si, como nunca ocurría pero como podía ocurrir, su esposa volvía enferma del trabajo, o tenía que pasar a recoger los guantes olvidados, el abrigo, un papel, las llaves del escritorio, la chequera, un pañuelo, la libreta donde tenía apuntada la dirección de su hermano? ¿Cómo explicar la presencia de la extraña? ¿Cómo convencerla de que se trataba sólo de una amiga de la infancia que había pasado por allí para ayudarlo a despertar al niño y que, al entrar, se había caído y se le había manchado el vestido, se le habían rasgado las medias, se le había despintado la cara pues ya venía despeinada a causa de la ventolera que tenía que azotar ese exterior todavía no visitado? ¿Cómo hacer frente, Dios justo, a la furia estremecida que, sin duda, ya se anunciaba a la entrada?.” Pero logro esperanzarse: aún existía la posibilidad de sacarla de la casa antes de que regresara su mujer. De conseguirirlo, todo se reduciría a establecer un pacto de silencio con su hijo, lo cual probablemente sería imposible, o mejor aún esforzarse por confundirlo cambiándole el sexo a la visitante, hacerla amigo perdido, enemigo usurpado o individuo necesitado de medio de transporte para llegar a un centro de trabajo no lejos del suyo, o a la estación de policía o al hospital, tipo caritativo, bondadoso que, conmovido ante el favor anunciado, se había hecho útil en la monótona, en la molesta empresa paternal. Al fin y al cabo, no tenía el pelo tan largo; el niño observaría la falta de barba, que incluso no tenía por qué tener, y acaso no recordara que llevaba sólo una camiseta gris, la cual podría explicar también mediante alguna alusión discreta a la necesidad de correr para mantener una delgadez actual lograda a base de sacrificios, o para contener la tension arterial, o por el mero placer de recrear un cueroo asediado por el despacho, la máquina de escribir y el magnetófono. Se presentaba factible la intentona, medio emprendida ya cuando se dirigió a la cocina sin detenerse en el cuarto de baño para cepillarse los dientes, dispuesto a sacrificar el café diurno, la leche, el jugo de naranja, el pan tostado, la mantequilla con tal de desvanecer a la intrusa sin miramiento alguno, haciendo caso omiso de una semidesnudez que, después de todo, podría evitarse pronto, pues sus ropas tenían que andar por ahí aunque no las hubiera visto en el piso de la habitación, como era lógico, cosa que le extrañó, pero que se resolvería pues habría de resolverse, y después sería cuestión de hacerla montar en el carro como fuera, es decir, después de dejar al malito chiquillo con la niñera, esto tenía que hacerse antes, después le tocaría a ella; la metería en el carro para llevarla adonde fuera y no verla nunca más, ni hablar con ella, ni interesarse por ella, ni siquiera saludarla en la calle si se cruzaban pues juraba que no la reconocería, ya su cara imprecisa se le disipa ba si es que en efecto la había distinguido alguna vez; y que no lo importunara, pues no estaba para molestias a su edad, faltería más, un hombre entero, maduro, faltería más. Pero si esposa llegaba cuando él estuviera llevando al niño, ¿qué hacer? ¿Qué debía decir la sinvergüenza? Pues nada, porque tendría que esconderse, acaso en el sótano, tal vez detrás del sofa de la sala, en un armario, donde fuera, pero no podía dejarse ver, y cuando él volviera se las arreglaría para que su mujer saliera unos minutos, los suficientes para sacar a aquella imbécil, a aquella cosa que no era más que cuero, que sexo, a aquella sombra descabezada cuyo nombre no conocía ni le interesaba conocer. Pero ¿y si su esposa volvía enferma, como seguro volvería, y le era imposible salir por el frío, por la fiebre, por el temor? Pues entonces habría que hacer que se metiera en la cama, que por cierto tendría que mudar para que no quedara huella de lo pasado, y acaso esperar a que se durmiera, aunque quizás no fuera necesario, ya que podía decirla a la mujer que se escondiera lejos de la habitación matrimonial, cerca de la puerta que daba a la calle, y que cuando observaba que él entretenía a su pobre esposa con caldo o aspirinas o abrazos o lo que fuera, aprovechara para escapar, vestida, por supuesto, pues la haría vestirse de inmediato, y después tendría que esperar en la esquina, junto al abeto y de ser posible detrás, para que los vecinos no la vieran, que no eran chismosos, pero ¿quien sabe? acaso curioseaban un tanto, sobre todo si la habían visto entrar, lo cual era conceible pues no sabía ni cómo, ni cuándo ni por dónde habría logrado meterse en su casa pero si estaba convencido de que ella había allanado su propiedad, lo que era un delito y lo exoneraba de toda culpa, absolutamente de toda, pero vaya usted a explicar eso a la mujer de uno, ja, cualquiera lo creería y en el fondo no valía la pena, victima o verdugo lo que tenía que hacer era sacarla de ahí ya, pero ya, en seguida enseguida. Entonces oyó el motor del coche. Lo escuchó runruear en el garage, detenerse; sintió abrirse la portezuela e imaginó las botas de su esposa, la falta, el abrigo, el cuello largo, los labios regulares, la nariz fina, los ojos azules, el pelo negro, todo eso vio descender del automóvil. Sabiéndose perdido, corrió hacia la puerta de atrás, pasando junto a la mujer impasible y al niño coma sus huevos tranquilamente, pasó junto a ellos casi sin verlos, pues se le iban perdiendo con esta nueva desesperación, con el pánico que le producía la seguridad de que su esposa ya había colocado el llavín en la cerradura, de que la puerta estaba a punto de abrirse como ocurrió cuando llegó a ella. Por un instante, lo cegaron el ramalazo de silenciosa luz y el desteñido gris que lo acompañaba. Luego, vio el pelo corto, casi como de hombre, y distinguió claro una cara, una cara clara que le sonreía alegremente, cómodamente, desde su lado de la cama.TERMINO

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ELENA NAPOLES/de cómo conocí a mi prima Altagracia
Como mi tía Olga y su esposo e hija pequeña se habían ido de Cuba poco después que yo nací, realmente no conocía a mis parientes que vivían en los Estados Unidos sino nada más que en fotografías. La pobre Olga no había podido asistir a los entierros de su hermana y madre porque los jefes de su trabajo le habían negado el "time-off" necesario para hacer los viajes. Quizás había existido una falta de comunicación o mala interpretación entre ellos por el hecho que Olga no hablaba el inglés muy bien. Pero de cualquier manera, me recuerdo hablando con ella por teléfono al morirse mis padres--Olga contándome por mucho rato y entre lágrimas y suspiros lo muy malos y crueles que podían ser algunos americanos. Y pienso que con esa conversación empezé a desconfiar un poco en la humanidad de los americanos, cuya generalización irracional siempre tengo que fajar con el suidor de la razón.
Mi tía Olga había correspondido regularmente con su hermana antes de su muerte y a mi madreita le había gustado mucho leerme sus cartas, enseñándome orgullosamente las fotos que su hermana en los Estados Unidos le mandaba. Cuando el cartero venía a casa y le entregaba una carta de Olga a mi mamá, ella se ponía tan contenta que paraba el asunto de su costura inmediatamente y me llamaba a su lado. "Felito, hemos tenido noticias de tu tía Olga," me decía excitadamente, abriendo el sobre con los dedos temblando. "Ahora sabremos del mucho éxito que ella ha tenido en los Estados Unidos." Y tía Olga nos contaba de cómo vivían y aprovechaban de la vida en Nueva York. Me recuerdo bien que los retratos que Olga nos enviaba siempre tenían explicaciones escritas detrás: "Aquí ves a Alty y a Tío Armando patinando al hielo en el "Central Park"; "Aquí se ve a Tío Armando mañana su nuevo carro en la Fifth Avenue'"; "Esta soy yo en el barco-llamado un 'ferry' en inglés--que nos lleva a la famosa Estatua de la Libertad".
Y así fue como yo había conocido a mis parientes y al bajar del tren ese 1º de abril del 1950, yo buscaba ansiosamente a las caras que existían esos retratos y en mi memoria. Pasó una eternidad antes de oir la voz de mi tía Olga, tan parecida a la de mi madre, que gritaba: "¡Allí está! ¡Allí está Felito!" Y con una gran confusión de besos, lágrimas y abrazos, me sentí rodeado otra vez por esa sensación confortable de un amor sólo que suele existir entre familia, un amor que me parecia a mí se había ido de mi vida por vacaciones un rato. Pero ya si que había regresado. Bien.
Mi tía Olga aunque diez años más mayor que mi madre, se parecia tanto a ella que en seguida me sentí contento. Ella tenía el pelo negro, largo y liso, peinado en un "page-boy" al estilo de la época. Sus ojos, también negros y tan grandes, saltaban expresivamente con cada palabra que salía de su boca. "Y aquí está tu tío Armando", me decía, introduciéndome, "y también tu primita Alty."
Mi tía Armando era un hombre muy alto y delgado que me parecia un poco melancólico al compararlo con su esposa tan animada. Tenía la nariz de un patricio que reflejaba su origen de parte italiano. Y los ojos los tenía un poco tristes pero a la vez benignos. En ellos se podían ver un hombre de inteligencia y de sabiduría. Y mi primita, ¡ay qué mujercita! Tenía la misma edad que yo, los seis años en total, según la realidad y no mi fantasía. Me quedé inmediatamente encantado por lo que vi.
Estaba vestida en un trajecimiento de enclave blanco, acentuado con guantes y cartera blanca y un sombrerito de paja de un color rosadito claro que aún he visto otra vez. Los ojos eran de su padre pero la animación que salía de ellos venía de su madre. Parecia un modelo chico de la perfección femenina. No pude resistir la visión ante mis ojos achinados y sentí en mi cuerpo y en mi alma el sentido de un amor altruista y generoso por primera vez en mi vida. Mi primita me sujetó la mano, apretándola, y me dijo en voz baja pero con mucha fuerza--"Felito, seremos hermanos para siempre". Y en ese momento inolvidable me quedé en amorado de ella. Así empecé mi primer día en Nueva York y así acabaré mi último día en el planeta: enamorado.
("Tú eres especial en el proceso del amor," me dijo una espiritista hace unos años atrás y cuando me lo dijo, me miró muy seriamente y yo me sonré. "Tienes razón", le contesté, "tienes mucha razón". La negra había resultado en ser muy astuta después de todo.)
Mi relación con mi prima Altagracia Lázara Sánchez de Costello Cohen sí que ha sido muy especial. Empezando con ese día, hemos tenido una comunicación que no se puede explicar científicamente, lo que cuenta es que sí, sí la tenemos. Desde ese día jamás me he sentido solo en este mundo por que sé que ella existe. Y también sé que la muerte nunca nos podrá separar--ella y yo estaremos juntos en espíritu para siempre.
Estoy convencido que todo empieza con los ojos. La mirada casi siempre incorpora todo. Así se encuentran esos seres especiales--unos con otros--seres que comunican sin palabras y sin lenguaje. Solamente con la energía de sus pensamientos saben como comunicar. Son maestros de la vida, amigos por la eternidad. Y mi primita fue la segunda que yo reconocí como perteneciendo a esta raza rara pero no escasa.
Mi tía Olga había interrumpido nuestra conexión. "Vámonos Felito", a recoger tus maletas y a enseñarte un poco lo que es esta ciudad."
¿Cómo contar de mi primera impresión de Nueva York al pasear por carro ese día? Tía Olga orgullosamente me señalaba los sitios que yo había visto en libros o en revistas y al verlos, me quedaba asombrado. El "Empire State Building" me parecía a mí que tenía que ser una magnifica ilusión, aunque la tensión en mi cuello al mirar hacia el cielo para encontrar el fin de esta maravilla sí que era una realidad. Me sentía como si estuviera en un gran sueño: no podía ni hablar. La boca se me quedaba abierta pero la voz cerrada.
Altagracia me miraba con afecto. "Pronto llegaremos a lo que va a ser tu nuevo hogar", me decía, y así fue.
El edificio en donde mi nueva familia vivía eris gris, un edificio rodeado por otros también grises, con el resultado que todos me parecian iguales, una visión monocromática que me dio bastante ansiedad en pensar que si me dejaban solo, jamás pudiera encontrar mi nueva casa. Como si me hubiera leído la mente y mis sentimientos, Alty me dijo: "Felito, vivimos en el seis-veinte-cinco. Solamente tienes que buscar el número que se puede ver arriba de las puertas de entrada y allí estás. Mira, no te preocupes. Te enseñaré el inglés dentro de muy poco tiempo y al aprenderlo no tendrás que tener más miedo." Alty paró su discurso, me miró con mucha fuerza y siguió diciendo: "Felito, lo único que tienes que decir es: "Ay leef hat siks tuenti faiv Reebersaid Draiv", le dije a mi primita y así empezé a hablar el inglés. Y tal como me había prometido Altagracia, dentro de pocos meses ya yo me podía defender muy bien mi nuevo idioma. Alty se habla encargado de ser mi maestra y por muchas horas cada día, nos sentábamos en su cuarto y yo era su estudiante inagotable, ella mi maestra dedica. Como ella había aprendido las dos lengues a la vez--el español de sus padres y el inglés de sus varias amiguitas americanas--ella era realmente bilingüe. No tenía acento en ninguna de las dos lengues: sonaba cubana, sonaba americana. Y yo, gran mímico que soy, aprendí el inglés de ella igualmente.
En septiembre del mismo año, empezamos el primer grado--el "first grade"--juntos.
Fragmento de la novela:
"Romanza del Chino Chusma"mino
enamorado de ella. Así empecé mi primer día en Nueva York y así acabaré mi último día en el planeta: enamorado.
Altagracia me miraba con afecto. "Pronto llegaremos a lo que va a ser tu nuevo hogar", me decía, y así fue.
El edificio en donde mi nueva familia vivía con el resultado que todos me parecian iguales, una visión monocromática que me dio baja solo, jamás pudiera encontrar mi nueva casa. Como si me hubiera leído la mente y mis sentimientos ya yo me podía defender muy bien mi nuevo idioma. Alty se habla encargado de ser mi maestra y por muchas horas cada día, nos sentábamos en su cuarto y yo era su estudiante inagotable, ella mi maestra dedica. Como ella había aprendido las dos lengues a la vez--el español de sus varias amiguitas americanas--ella era realmente bilingüe. No tenía acento en ninguna de las dos lengues: sonaba cubana, sonaba americana. Y yo, gran mímico que soy, aprendí el inglés de ella igualmente.

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MANUEL CASANOVA/Alejandro el Caballo (fragento)
La guerra contra el sueño se inició cuando a Alejandro el Caballo comenzaron a revelársele los fracasos de las empresas que acometía. Fue entonces que los órganos de la seguridad empezaron a allanar los hogares de todos aquéllos sobre los cuales recaían sospechas de espiritistas, santeros, cartománticos, babalaos y locos con despuntes proféticos. Por entonces, fueron movilizados los Comités de Defensa Contra la Prestidigitación, la Magia y la Cartomancia, y en todos los hogares quedó completamente prohibido la tenencia de vasos de agua en los rincones de las casas, debajo de las camas o sobre las repisas y altares.
Después de una extensa investigación, dos especialistas en conspiración parasicológicas habían informado en el más rotundo silencio al desvelado Caudillo que, definitivamente, sus pesadillas no eran más que el resultado de ciertas emanaciones anticomunistas y que incluso, el hombre que no estaba preparado ideológicamente para dormir, podía caer en ciertas debilidades oníricas que podían llegar a trastocar la realidad.
Desde entonces, los ziguarayos se esforzaban por dormir lo menos posible para no ser mal vistos por las Comisiones de Control del Sueño, y aquéllos que se atrevían a entregarse irresponsablemente en brazos de Morfeo y eran sorprendidos en tan malsanas prácticas, eran acusados, sin miramientos, de evasión ilegal de la realidad y condenados a vivir en tierras de los flamboyanes amarillos, y los reinCIDENTES iban a parar a donde sólo crecián los flamboyanes negros.
Cuando Alejandro el Caballo fue enterado del informe de los parasólogos, convocó a todos sus Ministros y les informó que, a partir de ese día, además de los alimentos, era necesario racionalizar las horas del sueño. Los titulares, aunque preparados para las brillantes medidas de su Comandante en Jefe, se miraron unos a los otros y abrieron los ojos como sorprendidos por aquel extraño y nuevo desvarío.
—Solamente nosotros, los integros, podemos dormir tranquilos— señaló con la solemnidad acostumbrada, Alejandro el Caballo—. Los demás son simples apócrifos.
A partir de aquella memorable reunión del Consejo de Ministros, comenzaron a elaborarse planes para la guerra contra el sueño y se pormenorizaron los índices evaluativos para clasificar a los hombres en dos grandes bandos: los integros y los apócrifos.
Asi fue como, en Ziguaraya, fue dictada la Ley Marcial Contra el Sueño de los Apócrifos, disposición legal que, después de 60 noches de promulgada, causó 60 muertes que luego de una profunda investigación, un médico —también trasnochado— informó que las defunciones se debían a un raro brote de inconsciencia, a una lógica reacción ideológica a la siempre latente amenaza de invasión. El informe forense complació a Alejandro el Caballo, que ya comenzaba a inquietarse por tantas muertes extrañas; luego de lo cual, el Comandante en Jefe de la Isla bostezó largamente y los guacamayos, las cotorras y los loro volvieron a ser increpados por el llamado al silencio de los guardianes.
El asunto de la guerra contra el sueño, se había convertido en una tarea de seguridad extrema, y después de la muerte del falso abate, Alejandro el Caballo, en persona, seguía de cerca todo relacionado al cumplimiento de los acuerdos de la anterior Reunión Ministerial.
Los ciudadanos de Ziguaraya comenzaron a hacer colas frente a las oficinas para el Control del Sueño, organizadas en cada cuadra del país. Allí, los Ziguarayos ajustaban los horarios, de acuerdo a sus compromisos; compromisos que eran muchos, por aquellos tiempos en que cada ciudadano debía hacer guardia en su centro de trabajo, en el barrio donde residía, ayudando a las patrullas de la policía, en los Comités Para la Defensa Civil, o movilizados por las Unidades Militares Para los Tiempos de Guerra.
Cuando los estadistas sacaron sus cálculos sobre el percápita de horas dedicadas a la vigilia, llegaron a la conclusión de que, como la defensa de la Patria exigía más horas de vigilancia cada día, no quedaba otro camino que el de sacrificar las horas entregadas al trabajo voluntario, para de esta forma, no afectará la producción. Esta última conclusión fue tomada por la alta dirigencia del Partido y el Estado, como una falta de respeto a la tarea más sagrada a la formación del Hombre Nuevo. Los economistas fueron persuadidos por sus jefes superiores, de los peligrosos resultados ideológicos de aquellos cálculos, y los que continuaron siendo fieles a los designios de los números, fueron enviados por los órganos de la seguridad a los flamboyanes azules, en los cuales, desde hacia muchos años, escritores, artistas y científicos, expiaban sus delitos de escepticismo y disidencia.
Los economistas que presentaron el informe, fueron acusados de “economicistas”, y el trabajo voluntario, lejos de disminuir, fue a aumentar la cuota de compromisos de la población.

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ANTONIO MACHADO
Recuerdo Infantil
Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonia de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel se representa a Cain fugitivo, y muerto Abel, junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco truena el maestro, un anciano mal vestido, enjuto y seco, que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil van cantando la lección; mil veces ciento, cien mil, mil veces mil, un millón.’
Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonia de lluvia en los cristales.
Childhood Memory
An afternoon chill and gloomy in winter. Youth studies in a class in the private school. Monotony of rain trailing along set glass.
Here, the class. There, a poster hung with a portrayal of Cain tearing away, and Abel, slung, is brother to a crimson stain.
With a timbre puffed up and arched the master thunders, old and frail and poorly arrayed, gaunt and parched, with a book laid from palm to nail.
And all the innocent choir sings in progression the lesson:
“a thousand times a hundred, a hundred thousand; ‘a thousand times a thousand, one million.’”
A chill and lowering afternoon in winter. Children in the class are studying. Monotony of drops falling on brilliant glass.
translated, from the Spanish by Kenneth Schulze
WILLIAM BUTLER YEATS
The three hermits
Three old hermits took the air
By a cold and desolate sea,
First was muttering a prayer,
Second rummaged for a flea;
On a windy stone, the third,
Giddy with his hundredth year,
Sang unnoticed like a bird:
“Though the Door of Death is near
And what waits behind the door,
Three times in a single day
I, though upright on the shore,
Fall asleep when I should pray.
So the first, but now the second:
‘We’re but given what we have earned
When all thoughts and deeds are reckoned,
So it’s plain to be discerned
That the shades of holy men
Who have failed, being weak of will,
Pass the Door of Birth again,
And are plagued by crowds, until
They’ve the passion to escape.
Moaned the other, They are thrown
Into some most fearful shape.
But the second mocked his moan:
‘They are not changed to anything,
Having loved God once, but maybe
To a poet or a king
Or a witty lovely lady.
While he’d rummaged rags and hair,
Caught and cracked his flea, the third,
Giddy with his hundredth year,
Sang unnoticed like a bird.
Los tres ermitaños
Tres viejos ermitaños a la orilla de un desolado y frío mar pulmones henchían del salobre aire de allí.
Uno entre dientes para sí rezaba.
Otro afanoso, pulga perseguía.
Al tercero de frente el viento daba;
sobre piedra cantaba inadvertido, turulata ave, cien años cumplidos.
“Aunque la Puerta de la Muerte queda cerca y lo que ella oculta es un enigma, me he dormido tres veces hoy día.
He dado cabeceos en desmedro de la oración que digo con fervor.”
Así habló el que plegaria mascullaba.
El segundo ermitaño ahora dice:
“Tenemos merecida nuestra suerte, conforme nuestro obrar y pensar dictan.
Palmariamente vemos que es así; que la sombra del santo que flaquea, por no tener la voluntad precisa, la Puerta del Nacer de nuevo cruza, hasta que tumultuarias asechanzas le inculcan ansias locas de fugarse.”
Se lamentaba el otro: “Les infunden, señores, la más hórrida figura.”
El segundo ermitaño se mofó:
“Ningún cambio de aspecto experimentan, pues tributo de amor dieron a Dios en su oportunidad. Si de nuevo nacen, en forma de poeta o rey nacerán, o de dama aguda y bella.”
En tanto, la pulga perseguía, ya entre vellos o harapos malolientes, hasta despachurrarla con las uñas.
El tercer ermitaño ufano, eufórico, por verse con un siglo en las costillas, cantaba inadvertido como un ave.
Traducción de Rogelio Llopis Fuentes

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And were the whimper to come tomorrow?
What then would we find between
Here and Now and There and Then?
The tears of the years
Would flow down from
The Cross,
Finding rest in gutters - unclean for ages.
Time, of course, would take notice and
End - or perhaps a beginning from the
Middle, working back.
And many, too busy watching to actually
See, would continue the
battle, and wait
For the word they are much too busy to ever
Hear - The Word has already been
Spoken.
Of course you fight an idea with another
Idea, and many would die in defense of a
Cause, but instead numbers will be taken
to ensure worth...
The elders shall be led aside.
The youth lined up according to size.
And the children, yes, the little ones will
Go first and prepare
The Way.
They shall ride the dream with
Wings as eagles
Always knowing - on ne voit bien qu'avec
le coeur.
L'essentiel est invisible poru les yeux.
II
--You gots talook fo' da man upstairs!
The Lord is my shepherd; I shall not want.
--You pray to God o' da Devil?
He maketh me to lie down in green pastures;
He leadeth me beside the still waters.
--Dis here's my wife, an' you best not
mess wit her!
He restoreth my soul: he leadeth me in the
Paths of righteousness for his name's sake.
--I gots ta leave dis stuff... too much of
anythin's a sin.
Yea, though I walk through the valley of
The shadow of death, I will fear no evil:
--Come a little closer, boy...
For thou art with me; thy rod and thy staff
They comfort me.
--What you doin' out here?
Thou prepaest a table before me in the
Presence of mine enemies;
--Dat's my baby, Tammy.
Thou anointest my head with oil;
My cup runneth over.
--Gittup, Mama...
Surely goodness and mercy shall follow me
All the days of my life:
--Ya know, we'is all livin' in sin, but
I wants to change my life...
And I will dwell in
The house of the Lord
For ever.
III
number two
number three
number four
number five
might let me down, but
NUMBER ONE
will always pick me up
Because nobody can say
I am.
They might think they are
They might like to be
But only He
Is.
And though life passes away
Like as it were unto us
A dream
the Dog remains.
Apprivoise-moi!
Then will we understand, and yet
the Dog
Will remain beyond the hill -
Cries unheeded
Tears unnoticed
Falling forever in a special way
Forbidden to hear
Forbidden to feel
Forever away... from
Home.
IV
In the time of the sing shall they
Come.
Neither toiling nor spinning,
awaiting the Voici.
The turtle
shall speak in an excellent
Spirit
Cutside of the multitude
Covering all.
Having spoken it once; I heard it
Twice - it belongeth to Him.
Under the Mercy
All shall be most well.
Midfall summer conceals
The snare, and amid longings for
Maytime, it carefully leads.
NOTES
Line 1. V. Eliot, The Hollow Men
18. BEN HUR
27. Cf. Isaiah 40:31
29. V. Saint-Exupéry, Le Petit Prince.
32-61. Cf. Psalm 23
75. Cf. Jacob 7:26, Book of Mormon
79. V. Saint-Exupéry, Le Petit Prince,
85. V. Salinger, The Catcher in the Rye
90. Cf. Song of Solomon 1:12
101. Vanauken A Severe Mercy
115. Cf. II Corinthians 3: 16-18
132. V. Bach Jonathan Livingston Seagull
Jorge Guitart
DOS POEMAS
Comic
Mi coronel
hemos hecho BANG
y han volado
los saltimbanquis
saltado los volatineros
todos dejados de payasadas.
AY MI MADRE se burla muerte
por un lugar nada circense
y los novios salen con huecos
grandes tristes y colorados
Después del atentado
Dentro de la viuda
la tristeza
teje una telaraña
imitando el diseño
que dejaron
las balas en el vidrio.

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Francisco Andras
Para un tema de acaros
Cuando algo vale la pena o se pide peaje al tiempo en política se habla. Diluyen, abren la muerte; cierran, fijan, lo anulan simulados desastres.
¡Soy político!
Urdo los dedos por el catálogo hinchado de tantas correrías de circo. Revientan los fregaderos de tanto trapo manchado de historia.
¡Qué quieren saber de mis pulgadas de cuerpo?
El síndodo de ácaros mantiene a buen silencio las quijadas abiertas y rasgo el camino de ácaros que a pie pelado y descalzo corro.
¡Soy político!
Y entiendo que los falsos martillazos a veces no arrancan las carcajadas.
Pero veo... ¡Hay que ver! Veo...
el tiempo de sueño del joven-viejo enterrarse en el público deletreo junto a la arterioesclerótica herramienta.
Ojo... Hay que encender la antorcha para iluminarnos de día.
Y rueda la tarde hacia la tierra de noche.
Se ve. Se huele. Se siente el ácaro.
En política se quema...
Fishing and other Covert Operations
Sitting on my porch this autumn evening at the eastern edge of the United States I read poetry of Ernesto Cardenal’s, poetry translated from the Spanish, made fresh as waves, as the gathering clouds, his writing, this Nicaraguan official, of sand seashores, of old ships rotting on a shore, of basic things like these, and of soldiers shedding blood, dying.
Sitting on my porch this autumn evening I think of the darkening surface of the ocean, beneath which, covertly plotted, clandestinely asserted, a fishing hook sinks fast into the bleeding mouth of a great fish. Slowly, he’s drawn in, the fish sliding underwater, not knowing his exact location in water time or space. Suddenly he thrashes his broad tail, tugs the line, blood seeping from the corner of his mouth. The fisherman, tall and stooped, takes off his straw hat, wipes his brow, thinks, what a difficult fish this is.
A Cuban Spends An Evening With a Real American
The tall thin man in the Down-East wool shirt is the son of a Pilgrim, a classifier of New Hampshire mushrooms, a Mayflower man.
Notice the tapered fingers.
His black-and-tan Setters run in ferns and moss, laurel and fir.
They are ideal Setters in an ideal woods.
All is old in this summer house, everything happened four generations ago.
All is well-rooted in Virginia memories, in Connecticut rectories, in Wellesley College albums, in thin cups brought back from the mission years in China.
The sun sets quietly, evening opens gently.
We move up to the round table and begin to match taday’s mushrooms to glossy illustrations.
He names the deadly Russula, the yellow Chanterelles, the Orange Amanita--one to a page, pristine, like the refined ladies and the towering gentlemen who stand behind them in the family photo album.--
My heart sings a Walden hymn.
My right eye is on the glossy illustrations; the other is watching a rush of flying trees caught up in a windstorm roots exposed howling in a September hurricane that has left nothing standing on the island of Cuba.
Departure
Three cardboard suitcases--the only ones left in a city everyone was leaving--lined up like shortcomings.
I looked away cut, somehow.
Papa started the Ford;
Juana came out in her red and white pin stripe unifrom. I embraced her and never looked back.
I called Havana streets by name as we drove on, the morning washing them down making them blue and clean and still so early.
Soon the heat will be rising like a ghost.
Grandmother’s iron gate, the porch, the empty rocking chairs, her flower beds, the geometric pattern of the garden tiles. She is ready. We drive to the harbor.
The ship is bigger than the sea. All doors in the city open, all windows open, all hands pull at my blue suit. Nothing to declare. Passengers aboard.
Mama, Papa, Mama Angelica: from the railing I see you behind years of glass. I hear your silence rushing through my ears. How small you grow, cardboard family, cut-out figures, each with a hand held high as the ship begins to move.
At the mouth of the bay I see your handkerchiefs, frail. I see you break. I am afraid to look back and see myself next to you waving inconsolable.

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Too Late
I ask Sara not to cry so loudly in the mornings, because she awakens us when our windows are open during the summer. I was angry when I came to say she can't cruy her life away; face up to it, her husband has been dead two years. I know it hurts to lose someone you love; it happened to me too, but, damn it, we go on. Sara says they were married 48 years, and Alex did everything for her; now she can't find her way to the next town without getting lost. Making it to the grocery is a big job. Her hands shake and there's dirt under her nails, see; she has a trowel in one hand some wilted pansies in the other. She's wearing a faded duster because, most mornings, it's too much effort to get dressed. When Alex was alive they went to church every Sunday morning, and he always wanted to eat out on Sunday night, but Sara thought that was too extravagant. "Now I wish we had gone out more," she cries, "but it's too late." When someone's having a breakdown in front of you, it's hard to tell her you think she's a jerk.
Arthur Winfield Knight
TWO POEMS
Birdie goes into the pool wearing a pair of shorts and a sweatshirt with the sleeves cut off, because they don't make swimming suits in her size. "Bet you can't even tell I lost 30 pounds," she says, and he's right. Her husband hasn't worked in over a year. Each afternoon Frank reads a short story in a detective magazine, proud he can get thru it. One word at a time. He never was good in school. When the mines shut in West Virginia, Birdie and Frank packed up everything they had and went to Florida for a few months, but all the jobs for people without skills paid minimum wage. One place had an opening for a fry cook, but they didn't believe her when she told them she could stand on her feet all day. "Something has to change," Birdie says, rolling over. She floats on her back into deep water.
Robert Davies
Tanka Dream
I
I woke from my sleep barking, telling the cougar to stay away, where he was behind the thimble berry thicket high above.
I'm a dog I said in explanation.
II
From a thimbleberry thicket high above on a cliff a cougar it peers at me. Not a friendly cat his eyes speak catastrophe. The poet below sees, turns.
In butterfly kimono he is a dog, he barks scaring no cougar whose eyes are Tyger's and deep strangely somehow mine.
Gustavo Pérez Firmat
Carnet de identidad
Hoy jueves veintinueve de marzo a las siete menos cuarto de la noche, David--esponáneamente-- descubrió la trompetilla: confirmada su precaria cubanía.
Palmas contra carrillos (siempre es cuestión de palmas), un disparo de sus pequeños si potentes pulmones (siempre los mismos vientos) bastó para concitar el huracán en una boca.
Cute, percute y repercute la trompetilla histórica en todo el estado, desde las montañas hasta el mar: trompetillazo a lo tarheel, bandera sonora de una patria sin más lugar que mi poema.

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J. Wesley Clark
animas en pena
(souls in pain)
1
the cross between her breasts
caught the morning light
sunburst that blinded the horseman
sunburst that spilled from the barrel
of his pistol
sunburst that gloried in the stained-glass
Magadalene’s face in the mortuary
where the requiem robed priest
caught the sunburst in a chalice
offering it to his crucified God
2
woman bent and marching
through the desert of Orozco’s painting
woman of the pink skirt
carrying pans and bedding
Emilio V. López-Alonso
Lovecrafteida
)-...-(..., ¿no escuchan?...
aún se rumora, es la flecha que sale del catálogo:...
Zeus...
acostumbra
desde hace poco
derrama su piel oscura en la playa
desierta
muerde un madero
reblandecido que
lanzó esa marea
que me trajo a mí
...)-el jinete sobre el caballo blanco soñando al columpio fantaseado
-moja sus dedos
suaves en el zumo brillante naranja California en short
excavadora de la Argólida bajo lengua voluptuosa
enmascarada de Agamenón
la fruta sollozando oculta
agazapada abajo en la
oreja trajinada de un corredor
de fondo
(ella)
reposando sobre la fragancia cálida de sortilegio ingresado
furtivo por debajo manta chupada de canción-cuna hacia la
lengua agotada en el crepúsculo
-al que no acaba de conocer en busca de
aprovecharlo,
ni entre espasmos de la eyaculación
sin esponja
untada
como chamarra
viscosa entre cuero e intemperie
sobre
la piel inaudible de su équido
(y desbocado en la fuerza de la simultaneidad
copulativa)
(cópula)... (tan indispensable
como la lágrima menbretada de...
el jinete en actitud con
inminencia hacia río galope que concluye frente a mí
(y aquí
pero ya íntimo y a cuchillo, él NO)
sublimación de imperio senil verdadero a través de Lovecraft;
refocila mi tierra baldía; me alcanza la semilla de aire;
me enseña el secreto del minué de cabeza para más tarde;
y, ya ergotizo obturador desde el Cthulhu
desintegro la luz blanca del chachá y la ordinariez
malcriada de una cafetera que sale y chifla sola
todavía,
yo reclinado y
en relax absoluto sobre colcheneta colinas de Connecticut,
hasta materializar sobre mi sexo cierta Antártida
montuosa enloquecida
oh, mi actínico resultado desde su Lovecraft
(ese Lovecraft como reorganizando un rascacielos
repleto de funcionarios
estatales mordidos en el cuello)
she is the cactus
whose needles have split my night
sending caras swirling
in my sleeplessness where
I reach to take
what she can no longer give
3
an indian is playing a flute
in the mountains in Chihua
a lament of monotony
indios speak
only your own language
indios sleep
only with your own women
indios remember
your dead have
not a home
a hot wind bows the pinion pine
in the mountains in Chihua
the nuts rattle
in the cones
and fall
Jorge Rodríguez-Florido
The spider
Do not touch that cocoon
wherein lies the spider,
caressing her contracts
with lifeless touches;
her scintillating eyes
enumerate white faces.
At least she has two friends,
both of them flies,
of a misleading nature.
Her electronic arms are challenging.
Do not bother.
Not now, anyway.
For she is motionless
and you are defenseless,
at times clean and quiet, always intriguing.
Her nest is intellectual,
her webb covers all buildings.
While she is there be wary of her.
She has no income,
her job is to be still,
her position severe.
And she is your sister, historically
to whom you never listen, paradoxically.

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Juan Abreu
El agua de mis manos
para M.
si te dicen que un día serás lluvia
abraza a tu mucha
ahora que su piel todavía te habla
ahora que aún tiene el olor de tu hijo
de tu madre y de todos,
y no respondas
¿para qué decirles que detestas
sus cobardes mentiras
sus pretensiosas respuestas
sus atesoradas imbecilidades
con las que se atiborran
y masturban constantemente?
ya no hay nada que hablar
la casa se ha perdido y a veces
(no lo digas, no lo digas)
los rostros más queridos no resurgen
y la memoria
te hunde en un alto sitio solitario
en el que echar un poema, un libro
toda una obra
resulta simplemente ridículo
yo, esta tarde lluvia, en el exilio
(¿en cual?)
no recuerdo ni el rostro de mi madre,
y en el amor inusitado que la soledad
me permite, semejante,
hay unos rostros sucios, desasados,
donde es posible descansar, y ser feliz ser nadie
y ser al fin el agua y el final de mis manos
Albert Russo
TWO POEMS
Whoever claimed young nomads were a breed of the past?
There is rage in those young eyes
rage and sorrow like a boulder tumbling down
from a cliff and crushing a wounded seagull
sorrow of a tearless childhood where hiding
is a way of life and adult smiles are prompted
by the discovery of an arms cache
where papà, tio Romero and cousin José
never returned from their two-day picnic
where night whispers are punctuated
with the distant rattle of machinegun fire
there is the sweet music of cicadas
to deafen all those young fears
and the cockcrow to reawaken them
there is an eight year-old heart
shrivelled from so much hate
But there is that heart
and only a bullet can rip it apart.
Juan Martín
Canción para la mujer del cine
para Sonia y Richard
Musidora...
Ya ves, parecen no comprender
tu pecho abierto en una plaza donde el bueno
te dejó abandonada
porque descubrió la huella de tu mensaje
al misterio,
tu beso al espía alemán.
Musidora...
te miran alarmados o desafiantes,
asustados o disgustados la paga del viernes
para ver cuánto podrán ofrecerte.
Ya ves, mito,
después de todo lo que tú les quisiste meter en su vacío
y en su silencio
de frustrados patéticos,
en sus archivos
y en las bóvedas herméticas de sus bancos,
tu traje negro ceñido,
tus enormes ojos espirituales y magnéticos,
tu angustiado corazón de amante
instalaron en su pecho
el filo de las espadas
la espoleta de la bomba atómica
la picana eléctrica
el hambre para aumentar el pago de los desesperados,
los brazos cruzados ante el mendigo crucificado de la justicia.
Huyeron, en fin, cómo no ser idiota en esta época,
de tu mano desmayada de espía,
de tu corte con gillette,
de tu imagen de vamp abriendo nuevos sueños
para el dolor de los hombres;
romántica en el fondo,
huyeron de tu quizás ambigüedad sin límites
en la pantalla sexual;
huyeron de tu cuerpo entero de leopardo
que desafinaba con la armonía de la gorda común
que estaba en el living del apartamento
miserable;
huyeron de tus 'nervios' de vamp que rescataban
los sueños de tantos y tantos
que recalaban el suicidio
o su equivalente:
la poesia;
huyeron hacia las horas de fábricas u oficinas
que se desprenden arrastrando cruces de incontables aburrimientos;
huyeron del peso zodiacal de tu belleza
de lo que comunicaba hasta tu misma falta de amor
hacia esta vida podrida que les pudre los sueños,
reclamando a gritos
como ratas
que la mirada de la vamp
del cine de la esquina
rasgar pudiera
el tedio domesticado de sus ansias.
What’s wrong with the world?
It’s flying over to Europe in a mere three and a half hours
when it takes weeks for a fractured leg to mend
It’s playing twenty two video games
in the span of a Sunday afternoon nap
It’s talking long distance to a loved one
failing to appease her in a moment of distress
It’s cozily settling down for your Hiroshima evening show
feeling queasy should you have missed it
It’s enjoying a snack during the midnight news
whilst young men fighting in a war they have not chosen
beg the executioner to spare them
It’s confusing your TV room with Versailles’ Hall of Mirrors
letting your subconscious alone handle this world’s horrors
It’s trying so hard not to be left behind
in our computerized age you have unlearned who you are not
even aware that by proxy you merely exist

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ROBERTO MADRIGAL ECAY/Oppiano Licario: una novela ignorada
Que Lezama Lima es un animal insólito y singular dentro del mundo de las letras resulta una aseveración de carácter innegable, la cual incontables críticos de diversas tendencias y opuestos enfoques se han encargado de ilustrar profusamente. Sin embargo, existe un aspecto que ha sido curiosamente pasado por alto (o al menos no he visto hasta ahora a nadie señalarlo), que a mi juicio constituye el más peculiar y significativo de la originalidad de Lezama. Creo que puedo afirmar — con un margen de error bien reducido, casi nulo—, que Lezama es el único poeta en la historia de la literatura que ha alcanzado notoriadamente como escritor gracias a su obra narrativa, la cual, para mayor paradoja, escribió una vez terminado su ciclo poético.
Con esto último no me refiero solamente a la fecha de publicación de Paradiso (1966), ni mucho menos de Oppiano Licario (1977), sino al momento en que ya se gestaban, pues aunque los primeros capítulos de Paradiso comienzan a aparecer en la revista Orígenes entre 1949 y 1955, y ya Cintio Vitier escribía sobre la importancia novelística de esta obra en su primera edición de Lo Cubano en la Poesía (1958), ya para esas fechas Lezama había escrito y publicado lo más rico y esencial de su obra poética, pues ni Dador (1960) ni el póstumo Fragmentos a su Imán —sin menoscabo de su valor estético—, añaden ningún elemento novedoso o enaltecedor a la poética lezamiana.
Al analizar Paradiso los exégetas ponen el acento en su componente poético, y tratan de ubicar esta obra casi exclusivamente de acuerdo a lo que representa como cúspide integrata en el contexto del universo poético del autor. La tendencia dominante en la multiplicidad de trabajos publicados sobre esta novela se dirige al análisis de la incursión narrativa de un poeta. Lógicamente, resulta obvio que existen sobrados puntos de apoyo, y bien síldos, para este enfoque, que no por adecuado —que es— resulta menos injusto, pues limita sin proponérselo la trascendencia del escritor. En donde único he encontrado un intento de ubicar la obra de Lezama justamente en el contexto de la narrativa latinoamericana ha sido en los trabajos de Enrico Mario Santíl y de Raymond Souza 2.
Frente a un discurso tan prolífico y tan deliberadamente oscuro como el que constituye toda la obra de Lezama —poesía, ensayo y narrativa—, no es necesario escribir una versión antillana de Rashomon para demostrar que una mejor comprensión de este mundo enigmático puede lograrse solamente mediante la multiplicación de los enfoques alternativos, mediante la opción explicativa que supone un nuevo punto de partida, sumando senderos al laberinto. Quizá hay que comenzar por llamar a Lezama escritor y no poeta; quizá en su narrativa se encuentran las claves que mejor delimitan su concepto de la literatura.
“Voy a pasar a la historia de la literatura como un gordo que repartia revistas”, gustaba irónico de repetir Lezama refiriéndose a los sudoros recorridos que realizaba cargado de ejemplares de su revista Orígenes, para distribuirlos por las librerias habaneras. En esta lacónica frase puede resumirse en cierto sentido y cruel justicia, el impacto y la trascendencia de su trayectoria literaria entre 1937 y 1960. Es muy posible que de haberse apresurado el asma, Lezama habría sido sepultado en una pequeña historia de la literatura cubana como el autor de una poesía que en su momento representó: “... el salto cien años atrás, y toda la probable estética que se desprendía de sus páginas, era la evidencia de que el autor de ellas no había entendido el fenómeno de la poesía contemporánea” 3, como escribió lapidariamente Heberto Padilla al referirse a Enemigo Rumor y al fenómeno Lezama, opinión que estoy casi seguro que Padilla —y con cierta razón y justicia— aún sostenga, a pesar de haberle dedicado posteriormente el cielo de Cuba en poema. Entre aquellos años, fuera de un reducido grupo de fieles seguidores (fieles entonces todos, traidores algunos hoy), muy pocos conocían de su obra, por lo que la importancia de esta apenas se revertía sobre si misma. Si desconta lo escrito por los origenistas, nos sobran los dedos de la mano para enumerar los estudios que sobre la obra de Lezama se realizaron durante ese período.
De no haber ocurrido en Cuba el cataclismo político de 1959, bien distinta de seguro sería la historia. En qué forma esta hectombe social que conmovió hasta lo más íntimo de la esencia del cubano, permeó, reafirió, o modificó su pensamiento y su sistema poético de la historia, es difícil precisar. Entre 1960 y 1970 fue acosado y atacado por los nuevos genizarios literarios que se escudaban detrás de Carlos Franqui y su periódico. Unos con pasión honesta y comprensible injusticia, otros sumándose al coro en busca de oportunos dividendos. Es curioso destacar aquí que las generaciones literarias cubanas se han caracterizado por su vocero coral, cuyo ruido estrepitoso trata de distraer la atención de la ausencia de obras individuales de calidad literaria, que por lo general vienen a producirse una vez que el rebaño se ha desbandado. Fue también esa década que por primera vez comenzó a disfrutar del reconocimiento, nacional e internacional, que su obra merecia, y fue también cuando publicó su primera novela y se anunció que sería parte de una trilogía concebida en una estructura similar a La Divina Comedia. Fue utilizado y a la vez marginado por la burocracia cultural que no le permitió gozar de los frutos del tardío reconocimiento.
Fueron también años muy difíciles para el escritor, en que vió como sus antiguos compañeros de armas se desperdigaban entre el exilio (Baquero, García-Vega) o la sumisión abyecta al estalinismo cultural (Viier, Diego).
Fue en este período de desgarraimiento—a una edad en la que es más difícil aceptlo, un poco más allá de la mitad del camino de la vida—, que se gestó definitivamente Oppiano Licario. En cuánto varió la obra de su proyecto original—y cuándo exactamente se originó el proyecto—, o cuánto reflejó del acontecer en que fue concebida, es la oscura pradera que invita al recorrido. Lamentablemente, muy poco se ha escrito sobre esta novela que ha sido por lo general disminuida como mero apéndice de Paradiso, o solamente considerada como una novela inconclusa, en marcada dentro de una obra mayor también inconclusa, pero... ¿por qué le tomó a Lezama diez años el nunca concluir esta novela que suponía parte de una summa que expresara sus más profundas concepciones sobre el universo?
A partir de 1970 la situación cultural en Cuba se torna definitivamente irrespirable. El crepúsculo convirtió en la hora perenne de la creación literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos seis años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos seis años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos seis años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos seis años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos seis años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos seis años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos six años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos six años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos six años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos six años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos six años de su vida, los cuales parece haber dedicado enteramente a una novela que nunca terminó (Fragmentos a su imán recoge poemas escritos durante el período también, pero ello no le consumió tanto tiempo en sus últimos años). Fue en esos años en que a su vez se agudizó su padecimiento respiratorio, que Lezama optó por volverse casi inaccesible y fue estrechando progresivamente el círculo de quienes podían acercarse literaria. Ninguna obra publicó Lezama en los últimos six años de

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do con mayor facilidad enfrentando abierta y definitivamente, con ejercicio pleno de su libre albedrío, el tinglado puritano que conforma la moral católica. Los sueños adquieren a su vez un sentido menos metafórico para confundirse con los hechos y realizarse como una supraexistencia colindante. Esto se evidencia en la solución onírica de la violencia de Palmiro contra Fronesis; 6 o cuando en el tercer capítulo Champollion, Margaret, Cidi Galeb y Fronesis hacen su excursión a Ukra.
La presencia del entorno social es en Oppiano Licario más fuerte que en Paradiso. La movilidad y la ubicidad de los personajes lo subraya; muchas veces los lugares parecen haber predeterminado la acción. Lo que en Paradiso fue escaramuza literaria aquí es presencia persistente. Lezama apunta esta vez a algo diferente, parece poseedor de una cosmovisión más serena y completa; que su sistema deja de ser cerrado y al abrirse moderniza. El autor de Oppiano Licario es mucho más nuestro contemporáneo que el autor de Paradiso. Ya aquí en Oppiano... Lezama se muestra tan atribulado como nosotros por las presiones externas y comprende que las respuestas a tal complejidad han de ser imprecisas, escurridizas, múltiples e incompletas. La proposición suplanta a la afirmación como noción de esencias. Una definición se abre para dar paso a otra. El equilibrio tiene que romperse inmediatamente una vez alcanza-do, es la espiral desarrollo ontológico.
El titular a la novela con el nombre del personaje que encarna el espíritu creador, la trascendencia, es evidencia de que el autor se propone proyectoarse al infinito, al espacio abierto. Igualmente funciona la pérdida de la Súmula y el espacio en blanco en medio del manuscrito (pag. 221).
Para alcanzar la ciudad de las estalactitas, de acuerdo con el Tao (cuyo espíritu y filosofía impregnna la novela con más convicción que el católicismo), la gota de agua ha de regresarse al océano (espacio abierto). Siendo esta una novela inconclusa en acción pero no en construcción, ya que si un lector desconocedor de Paradiso la abriera podría pasearla como obra independiente, con el perfil de cada personaje dibujado en toda su necesaria densidad psicológica—, inmensamente irónica y sabia, no es de dudar que Lezama haya jugado una treta macabra como venganza final que germinara en tortuosa enseñanza y la novela “incompleta” no lo sea en realidad.
Esta cinica narración aparece muy bien como la crónica de los últimos años de la vida del autor. El juego de los dobles, los espejos y los laberintos disuelto entre personajes y situaciones se resuelve y se resume en el párrafo final que define a Ynaca, hermana, amante y alter-ego de Oppiano, del autor, del discurso, de la imagen, del Tao: “Ynaca no era indiferente... el misterio de la vida de Oppiano, la constancia de su compañía y de su recuerdo, creaban ella un aire diferente, una atmósfera que surgía de pronto y que parecia envolverla como una nieve lejana que llegaba hasta ella en avisos raros y presagiosos”. 7 Oppiano Licario, es en realidad ficción total, novela completa, punto de partida para llegar a Lezama Lima.
NOTAS:
1. Enrico Mario Santi. “Hacia Oppiano Licario”, Rev. Iberoamericana, 47 nos. 116-17
(Julio-diciembre, 1981).
2. Raymond D. Souza. Major Cuban Novelists: Innovation and Tradition University of Missouri Press, 1976.
3. Heberto Padilla. “Contra Lezama Lima”, Lunes de Revolución, 1960, (sólo poseo una fotocopia y no consigna más fecha)
4. Ciro Bianchi Ross. José Lezama Lima: Imagen y Posibilidad, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1981
5. José Lezama Lima. Oppiano Licario, Editorial Arte y Literatura, pág. 19, La Habana 1977. (Todas las citas son tomadas de esta edición)
6. Op. Cit., pag. 38
7. Op. Cit., pag. 275
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CINE/FILMS
SERVANDO GONZALEZ/¿Quién persiguió a Muchilanga?
La amplia repercusión que está teniendo el documental Conducta impropia demuestra que si Almendros y Jiménez Leal se propusieron sacar de balance a la izquierda norteamericana, lo han conseguido. También prueba lo que sólo los obcecados anti-Castrocomunistas se niegan a ver: que el ataque más efectivo al fidelismo nunca podrá provenir de la extrema derecha. En el documental la palabra comunista escasamente se menciona. Al fin alguien se dio cuenta de lo ilógico que resulta acusar a Fidel Castro de lo que el propio Fidel ha tratado de convencer a todos que él es.
Visto desde ese ángulo el documental es un verdadero logro, y la mal conocida, ignorada, y a veces vituperada colonia cubana en el exilio no debe sino agradecer profundamente el esfuerzo de estos dos hábiles realizadores en su empeño por desenmascarar al fidelismo. Sin embargo, Conducta impropia adoce de una falla que limita su alcance como documento. Almendros y Jiménez Leal han enfocado su lente casi exclusivamente en la persecución a los homosexuales en Cuba. En cerca de dos horas de proyección los entrevistados centran su intervención el tema del homosexualismo perseguido en la Cuba fidelista. De aquí que el espectador promedio, ajeno al problema cubano, tal vez salga del cine con la idea errónea de que en Cuba se persigue a los homosexuales. (No sólo los espectadores: la nota del programa repartido en San Francisco al estreno de la película afirma que "la persecución a los homosexuales existe en Cuba aunque todas las otras formas de persecución están oficialmente condenadas") Idea que, repito, es errónea, porque en Cuba se persigue tan sólo a algunos homosexuales, y a estos no por el mero hecho de serlo.
Desde sus días de estudiante en la Universidad de La Habana, Fidel Castro se distinguió por el hechizo que ejercía sobre los homosexuales. Tanto en la acción putchista del Moncada como en los días de la Sierra Maestra, una parte importante de sus más allegados colaboradores eran homosexuales. Al tomar Fidel poder, estos se vieron representados en las más altas esferas del gobierno fidelista. Si a alguien le caben dudas, no tienen más que recordar los nombres de Alfredo Guevara, Celia Sánchez, Armando Hart, Melba Hernández, Haydee Santamaría y Julio Martínez Paez, o a las precozmente defenestradas Pastorita Nuñez y Martha Frayde. Esta lista, que no pretende ser exhaustiva, recoge tan sólo los casos más notorios, sin mencionar a aquellos que aún están el closet, entre los que los duchos en la materia mencionan hasta al propio Raúl Castro. No creo que se aleje mucho de la realidad quien afirme que nunca en un gobierno cubano ha habido tantos homosexuales en posiciones de poder.
Como cada cual acerca la brasa a su sardina, los homosexuales entrevistados en la película narran las persecuciones a que fueron sometidos, pero olvidan mencionar el hostigamiento de parte de los propios homosexuales hacia otros ciudadanos, en particular en la esfera de la actividad cultural. El caso más connotado es el de la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, donde Mirtha Aguirre, Vicentina Antuña y Rosario Novoa se dedicaron por años a hostigar a sus enemigos personales, acusándolos de los más horrendos crímenes ideológicos. Otro núcleo homosexual cubano importante es el ICAIC -el propio Instituto Cubano del Cine donde trabajó Almendros-, donde Alfredo Guevara y Saúl Yelín nuclearon la vanguardia militante del homosexualismo fidelista. Pudiéramos hablar también de la Casa de las Américas, de la Unión de Escritores y Artistas, del Consejo Nacional de Cultura, del Ballet Nacional de Cuba, de la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, y de muchos otros lugares donde los homosexuales han sido coparticipes de la persecución fidelofascista, pero la lista se haría larga y aburrida.
Es aquí donde se hace evidente la falla de Conducta impropia. A pesar de todo lo que se dice en la película afirma que "la persecución a los homosexuales existe en Cuba aunque todas las otras formas de persecución están oficialmente condenadas") Idea que, repito, es errónea, porque en Cuba se persigue tan sólo a algunos homosexuales, y a estos no por el mero hecho de serlo.

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El escritor mexicano Carlos Fuentes no solo es famoso por su excelente prosa narrativa y su versatilidad estilística, sino también por sus delirantes opiniones sobre literatura y política. En entrevista concedida a Nicholas Shrady para el New York Times Book Review (Agosto 19, 1984), declaró que la grandeza de los escritores latinoamericanos desarrollados a partir del "boom", reside en haber revitalizado la novela y la poesía de lengua española porque en español "No hay ninguna novela después de Don Quijote". No existe poesía después del barroco de Quevedo y Góngora. Esta es una pose típica de este grupo de escritores. García Márquez, Vargas Llosa, Cabrera Infante y el propio Fuentes lo han repetido anteriormente hasta el canancio, tratando de ocular denodadamente sus verdaderas raíces y declarándose abiertamente fieles herederos de Faulkner, Joyce y toda literatura de habla inglesa de este siglo (Vargas Llosa llegó al extremo de plagiar Palmeras Salvajes, en su novela La Casa Verde), lo único novedoso es que aparece por primera vez en inglés y en un organo de prensa de gran difusión y respeto. Algo así como una opinión comercializada para la masa de lectores de habla inglesa. Pero esta vez la boutade no quedó impune. En carta al editor del New York Times Book Review, (Septiembre 16, 1984), firmada por Willard King, de Princeton, New Jersey, este le riposta: "Es inexcusable que Carlos Fuentes) haga pensar a quiénes leen inglés, que existe un 'enorme abismo' entre Don Quijote y el presente. La ignorancia sobre la literatura y la cultura española es abismal entre los angloparlantes. Resulta malicioso, irresponsable y perverso que un hispanoparlante contribuya a estimular esa ignorancia. Y al final cita como ejemplos ignorados por Fuentes a Pérez Galdos, Unamuno, Dario Machado y García Lorca. Yo le añadiría otros de nuestro mismo traspatiar que este grupito gusta de olvidar a la fuerza, como Blest Gana, Mallea y José Martí, para no seguir con otros ejemplos.
La Fundación Nacional Cubano-Americana, con la ayuda de la Editorial Playor que dirige en Madrid Carlos Alberto Montaner, publicó el 30 de agosto el facsimil de un pequeño libro de poemas titulado La Campana del Alba, escrito en la prisión de Boniato, en Santiago de Cuba, por Enresto Díaz Rodríguez.
El libro, de 120 minúsculas páginas de dos pulgadas y media por tres pulgadas, es una colección de poemas para niños. Díaz Rodríguez (n. 1939) fue condenado a 15 años de prisión por sus actividades anticascristas. Ya en la cárcel se le acusó de conspirar contra el estado desde la misma prisión y le extenderon su condena a 40 años. El libro "es evidencia del más legitimo samizdat, y demuestra que el Gulag tropical no ha podido aniquilar la ternura que desbordan estos poemas."
In spite of the fact that Cuban exiles represent 10% of the total Cuban population, and that Cuban writers and artists in exile represent about 35% of the T.C. artistic community (and almost all of the best are currently in exile), the organizers of major Latin American cultural events in the U.S.A. tend to ignore us, while inviting exiled groups from Uruguay, Chile and Argentina. There is nothing wrong in inviting dissidents from right-wing dictatorships, on the contrary, it is healthy and necessary, but this biased overlooking of the Cuban dissidents has been a constant policy of the American cultural establishment. The more recent event was the Festival Latino de Nueva York, organized by major producer Joseph Papp. But this time 82 Cuban artists and writers, -among them Nestor Almendros, Reinaldo Arenas, Rene Cifuentes, Manuel Ballagas, Carlos Franqui, Ismael Loreno, Roberto Madrigal Ecay, Reinaldo García Ramos, José Gómez Sicre and many others-, sent a letter to Papp in which they said: "We feel doubly discriminated against: as a minority group in this country and as Latin American exiles... How can a Festival present an Uruguayan theater group exiled in Mexico, a Chilean theater group exiled in France, two groups from Nicaragua and even a Cuban Government-sponsored music group... but totally ignore the many exiled Cuban-American painters, sculptors, filmmakers, poets, playwrights and theater artists right at its doorstep?... The Festival has no right to use Hispanics and their culture as a shield for ideological manipulations. And it has no right to present to the Hispanics of this city a partial and, therefore, distorted view of their own culture. This time the confrontation reached the pages of The New York Times, and had to be listened to. Later on Papp declared to N.Y.T. that: "We had a meeting the other night with some of the people who wrote this letter, and the outcome was that we would deal with any omissions as well as we could this time, and do better the next time. We left on friendly terms."
El movimiento cultural que desarrollan los cubanos en el exilio está ejerciendo su influencia sobre la vida cultural de la isla. Según informaciones obtenidas clandestinamente, se observa una relativa relajación en los lineamientos que rigen los patrones culturales. El movimiento plástico ha sido el más beneficiado, ya que muy a pesar de la cúpula dominante, se ha cedido por primera vez en muchos años a las exigencias de un grupo menos rigido y relativamente menos intolerante, que aboga por un ajuste a las corrientes internacionales contemporáneas en detrimento del panfleto visual. Aunque esto termina por ser algo también impuesto y artificial, ha permitido que en las últimas exposiciones se haya podido observar una muestra de trabajos más variada y de mejor calidad. El critico López Nussa es uno de los artífices de este movimiento. Por otra parte, se está tratando de crear a la carrera y a la fuerza, un movimiento novelístico que presente algo de vida propia y autenticidad, y que se ajuste a las más modernas tendencias literarias. Lisandro Otero y Ambrosio Fornet escriben apresentados ensayos para sentar las bases de credibilidad de este nuevo "movimiento" y las dos figuras en las cuales han depositado sus mayores esperanzas y para quienes preparan una bien sincronizada plataforma de lanzamiento, son Senel Paz y Leonardo Padura, dos creadores jóvenes cuya obra inicial aparenta cierta autenticidad literaria y bueno oficio. Entre otras señales de relajamiento está el levantamiento de la censura sostenida contra José Lorenzo Fuentes y César López, dos veteranos largamente aplastados y humillados, quienes vieron publicar sendas obras suyas este último año.
Spectacular Diseases, a magazine edited by Paul Buck and published by Paul Green, has put together an excellent sample of Latin American literature for its issue number 7. There are very carefully selected works from Edgardo Cozarinsky, J.G. Cobo Borda, Julio Ortega,
Daniel Maratos se encuentra recopilando material para una antologia de la literatura cubana en el exilio. Todo aquel que haya publicado algún libro y desee que se le considere para figurar en la antologia puede escribir a: 329 Wayne Street Highland Park, New Jersey 08904.
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