Upsalón, 2020. Suplemento poético: 100 años del natalicio de Eliseo Diego · Archivo Rialta /

Upsalón, 2020. Suplemento poético: 100 años del natalicio de Eliseo Diego

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UP16
Suplemento Poético de la Revista Upsalón por los Cien Años del Natalicio de Eliseo Diego
Ronald Abilio
Noda / Olivia
Rico Díaz /
Carlos Ávila
Villamar / Ray
Veiro / Oriol
Prat Altimira
UP16
Suplemento Poético de la Revista
Upsalón
por los Cien Años
del Natalicio
de Eliseo Diego

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CON UNA NOTA COMIENZA EL MUESTRARIO
Una presencia sutil y sostenida acompaña a nuestra revista desde su surgimiento. Eliseo Diego asiste constante a Upsalón, que ya en su primer número reunía no uno sino dos textos en torno a su escritura. Cada vez más las visitas de este “artesano” son recibidas por el ensayo o (en referencia velada) por la poesía.
En esta ocasión dedicamos un suplemento poético a su vida -que el año 2020 evoca, además, con la celebración del primer centenario de su natalicio- y a su obra: ansiamos, con el mismo afán obstinado de nuestro maestro Eliseo, que el lector halle aquí “peculiares miradas” y “atisbos del oficio de escribir”.
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CON UNA NOTA
COMIENZA
EL MUESTRARIO

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Dirección:
Ronald Abilio Noda
Amalia Miranda Rodríguez
Redacción:
Ray Veiro
Sabrina Romero Fanego
Gabriela Ortiz Martínez
Cecilia Garcés Expósito
Heyssel Cadalso

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UN
ENMARAÑADO
SIGILO
RONALD ABILIO NODA
Un enmarañado sigilo ha devorado el día frente a las luces de la mañana frente al estío.
Un sigilo apresurado cierta bocanada de humo entre la aurora la tos y los murmullos.
Las cosas se han deslizado esta mañana las cosas prescindibles, las exactas el juguete simple, la caracola y las ausencias.
Un sigilo extraño y luminoso como la lágrima ha consumido nuestro tiempo.
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UN

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LAS
VIEJAS
ROPAS
RONALD ABILIO NODA
Algún día vi las viejas ropas
Algún día
Las vi
Adornos sepulcrales
Íntimas prendas del viento
Algún día
Las vi
Estaban deshechas, enmohecidas, rasgadas,
Iban el aroma del jazmín
Algún día
Coronando a los réprobos
Hinchadas de sudor
Las vi
Como quien ve
En la estrecha hondonada
El suave temblor
De las cosas que pasan.
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LAS
VIEJAS
ROPAS

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LAS ALTAS RUINAS
OLIVIA RICO DÍAZ
El rojo de los metales se ha vuelto gris,
por el color que rodea la altura penetra luz
y las palomas vierten la tinta de sus alas
en pieles de cántaros gigantes,
abultados y chatos como la Tierra:
las veo posarse en su Norte,
llenarse de frío, de escarcha.
Esqueletos de mesas se ocultan
bajo esqueletos de sombras,
bajo herrumbres
y animales de piel de madera
y dientes de concéntrico filo,
depredadores de su carne,
intrusos, enemigos propios.
En el desnivel de volcánicos ladrillos
donde estuvo mi sangre
mirando la luna y el sol
hechos de plástico triste,
enterrados en canteros,
ha nacido una hoja verde y lúcida
en el centro,
mientras el orégano muere largo e invertebrado
en una esquina,
bajo el sol, sobre el ladrillo
donde también hubo la sangre de mi padre,
negra y graciosa brotando de su frente dividida.
Los niños corremos bajo mantas de cristal,
nos agrupamos a los pies de criaturas de madera
de lenguas desconocidas y chirriar de latas.
Corremos en lo alto
tras la mujer de los ojos como peces,
tras la mucha de los perros
y el estambre blanco,
tras el hombre que madruga para vivir.
Corremos tras la tarde
y sus banderas de luz,
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sus casas esperando visitas,
tineando, esperando el alba,
tras la hora en que estallan las fiestas
y un soplo de frío como una aguja
rompe la garganta de la tarde,
y suenan los sillones,
se apagan las luces,
las visitas llegan con sus voces
que no dudan alegría
y se sientan tras líquidos escudos,
sonrisas, pelotas.
Los niños corremos tras muchachos que mueren,
tras aviones, tras pájaros,
tras el domingo roto y sus teatros,
tras columpios
y músicas hechas de cucharas
y cuerdas de fibra humana,
tras los sapos y los árboles,
sensibles seres.
Detrás de la puerta roja se esconde el mundo,
la mancha multicolor,
el óleo,
un espejo de perlas marinas.
En el techo corremos los niños
como fantasmas diezmados
que persiguen la noche,
mientras duermen las maderas,
los murciélagos, las mariposas,
mientras duerme la vida adulta
como una casa,
inteligente y antigua.
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De la pared cuelgan las sillas como instrumentos del hombre, se amontonan eternas y blancas tras la esquina como una tos poderosa en un oído. Jamás tocarán el suelo sus pies de rubios dibujos que habían dejado manchas en los mármoles, ni sus ojos mirarán trémulos la escena fría de la casa, ni sus bocas responderán a los insultos, a los llantos.
El humo de las sillas se levanta en la noche entre los pinos y tal parece el humo breve de un minúsculo objeto, el cuerpo ascendente de una pesadilla. El damasco que se quema raja una historia, el mundo se abstiene de llevársela. Las espaldas cóncavas talladas de plumas protegen sus dibujos del viento, clavan sus dientes en la tierra, se resisten al rabo de nube al ardor a la muerte.
En el centro de lo gris debió haber el cadáver de una silla, debió haber la luz, la voz tartamuda del fuego, los golpes de las hojas, del calor, de las sustancias. Debió haber una llama intermitente, un origen.
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AUSENCIA
DE
LA LLAMA
OLIVIA RICO DÍAZ
El humo de las sillas se levanta en la noche entre los pinos
y tal parece el humo breve de un minúsculo objeto,
el cuerpo ascendente de una pesadilla.
El damasco que se quema raja una historia,
el mundo se abstiene de llevársela.
Las espaldas cóncavas talladas de plumas protegen sus dibujos del viento,
clavan sus dientes en la tierra,
se resisten al rabo de nube al ardor
a la muerte.
En el centro de lo gris
debió haber el cadáver de una silla,
debió haber la luz,
la voz tartamuda del fuego,
los golpes de las hojas,
del calor, de las sustancias.
Debió haber una llama intermitente,
un origen.

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Un hombre se detuvo entre los pinos, como un faro, y vio los ojos fúnebres de las sillas, las ruinas de sus sensibles presencias, los milagros de su Historia. Se detuvo ante el humo y no vio fuego, no escuchó el repiquetear de las voces de las llamas; sólo vio los cuerpos ascendentes de los fantasmas en procesión: ardían se quemaban en la humareda tan real como los pinos como el faro.
El humo cesaba; se envanecía como la conciencia y la voluntad del hombre, se extinguía a cada aviso de la luz, aceptando su muerte.
Y el hombre no se acercó, sudaba; el calor se extendía real e irrefutable entre los árboles.
Y el hombre no vio la luz, no vio el rojo en el centro, no vio la llama primera y fugaz.
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PISOS
CARLOS ÁVILA VILLAMAR
Los pisos de las casas viejas suelen perdurar cuando el techo de tejas ya está abierto y cuando las altas paredes ya están partidas y cuando las cañerías ya son devoradas por el óxido y las avariciosas raíces frutales. Dicen que las raíces de algunos árboles nunca dejan de crecer.
El piso soporta las calamidades familiares las ruinas, los viejos apellidos que se pierden. Ya no nacen apellidos solo se pierden sin que lo notemos. Algún día habrá unos pocos tal vez algún día quede un solo apellido en la memoria de la humanidad.
El piso no admite el relieve, la tercera dimensión refleja el mundo desde la mirada plana de los tapices orientales desde esa abstracción prenatal presabida en los hombres y ausente en la naturaleza que es la geometría, la recta, el rombo, el área. hipogrifos metafísicos, monstruos de nuestra imaginación encarnaciones de conceptos soñados por el feto en el cálido vientre.
El color de los pisos dialoga a través de las paredes que dividen las casas lo demás cambiará pero los pisos seguirán. Dios mira la imagen aérea y secreta que forman todos los pisos de un barrio de una ciudad. Ese mosaico oculto es el verdadero rostro de una ciudad.
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PISOS

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SÓTANOS
CARLOS ÁVILA VILLAMAR
La noche existe para una única ventana encendida
y en ese interior sagrado la bombilla alumbra solo para un hombre
que sin querer se ha dormido fuera de su cama.
La mano cuelga a cinco centímetros del suelo.
La bombilla alumbra para nadie
la noche existe para nadie.
La vieja noche conoce el desdén del sueño
de los hombres y las bestias dormidas
la luz se resfleja débil e inútil en los cuadrados del piso
y las sombras espantadas tras los objetos, dan la espalda
al centro del mundo, huyen por los muebles y las paredes
se encaraman el techo
creando geometrías efímeras y confusas, ensayando mundos
imitando el sueño del dormido.
La mesa, el papel, el reloj, serán menos reales
que el mundo secreto del dormido. No pesan nada
pueden borrarse con un soplo de viento.
El sueño se abre y se cierra en sus confines, el aleteo circular
del universo, la vida en su límite de pesadilla.
En el sótano oculto de todo sueño duerme una pesadilla
como un monstruo de sueño frágil, sacude una oreja
respira de manera profunda y tenebrosa
y al respirar el monstruo se presiente en el sueño
y lo presiente el mundo exterior, la luz, la mesa, el cuarto
nuestra noche indefensa cuelga del sueño ese monstruo.
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SÓTANOS

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Hay algo más triste que el ladrido de las madres cuando le borran el rostro a sus hijos?
Antes que de ti y de mí naciera algo vivo tuvimos que escondernos bajo el colchón para que las cucarachas/enjambre de odio nos mordieran la lengua
tuvimos que repetir miles de mentiras hacernos creer en nuestra propia existencia o que una casa pintada de blanco parece un hogar a veces
ni escombros en la cafetera pueden ni la foto derruida de Gandhi puede Amor ¿sabías que en otros hemisferios llueve diario?
Antes de ti y de mí no hubo gestos tan hermosos construidos con las manos como esta grieta que llama a lluvia a gritos Amor ¿por qué escondidos del enjambre y del tiempo y de lo múltiple y la luz -la demasiada luz-y del óxido eterno en la cosa humana este ladrillo roto florece?
A ti y a mí nos recuerdan porque el recuerdo no es electivo aunque quieran mentir sobre ello no se puede borrar lo que no se escribe sobre papel Y tú y yo escribimos sobre los huesos/polvo de los recién nacidos para que nunca nadie les borre el rostro
Llueve lo absoluto sin miedo a la descomposición luego.
TRÁNSITO IV
RAY VEIRO
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TRANSGÉNESIS II
RAY VEIRO
es dudosa la casa
construida con el sudor
de los hermanos
ahora muertos en guerras ajenas
los tíos
se tiene la sospecha
delnoser
para hacer la cal
coge cuatro o cinco polimitas
dice mamá
ponlas en el horno
dice papá
las polimitas se exprimen
las polimitas destilan
un líquido puro
(parecido a lo blanco)
que sirve luego para pintar la duda
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(...) entonces, de pronto, se siente el deseo de burlar a las palabras y dejar a los que vienen detrás cuanto se sabe de ellas.
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ARQUÍMIDES
ORIOL PRAT ALTIMIRA
L'Arquímedes té en ell alguna cosa antiga, a part del nom, una mena de calma d'home sensill, un no sé què que desvetlla el veïnat quan arriba arrossegant la bici. Ven acá, Arquímedes!, li diu una senyora, i ell hi va, i és harmonia. Mira qué cosa!, li diu un altre, i ell hi torna, somrient. Li donen una barana perquè en faci una finestra, i ell troba pau en els encàrrecs, la pau de qui coneix el seu ofici, la pau del mecanisme de la bici, de qui coneix la joia i el dolor i els transporta com un riu.
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ARQUÍMIDES
ORIOL PRAT ALTIMIRA
Arquímedes tiene en él
alguna cosa antigua, aparte del nombre,
una especie de calma
de hombre sencillo, un no sé qué
que despierta a los vecinos
cuando llega arrastrando la bici.
Ven acá, Arquímedes!, le grita
una señora, y él va,
y es armonía.
Mira qué cosa!, le dice otro,
y él regresa, sonriente.
Le dan una baranda para que haga
una ventana, y él encuentra paz
en los encargos, la paz de quien conoce
su oficio, la paz
del mecanismo de la bici,
de quien conoce la alegría y el dolor
y los transporta como un río.
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Mireu la senyora María, escletxada pels porticons que ens protegeixen d’ella i també dels huracans. Mireu-la com surt al balcó, aparentment inofensiva, la veus i no la veus camuflada en el gris cendrós de la façana, mireu-la com s’arrapa a la barana, torçant el coll de rapinyaire, com obre amb la pupil•la portes, finestres i baldons, com para l’orella al cel i augura tempestes tropicals amb l’ajut del Noticiero. Mireu la senyora María, com us veu i no us mira, com estén la brusa estampada de flors, i torna a dins.
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LA SENYORA MARÍA
ORIOL PRAT ALTIMIRA

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LA SEÑORA MARÍA
ORIOL PRAT ALTIMIRA
Mirad a la señora María,
mal escondida tras las ventanas
que nos protegen de ella
y también de los huracanes.
Mirad cómo sale al balcón,
aparentemente inofensiva,
la ves y no la ves
camuflada entre el gris ceniza
de la fachada, mirad
cómo se amarra al balcón,
alargando el cuello rapaz,
cómo abre con la pupila
puertas, ventanas y cerrojos,
cómo aguza el oído al cielo
y augura tormentas tropicales
con la ayuda del Noticiero,
mirad a la señora María,
cómo os ve y no os mira,
cómo tiende la blusa estampada
de flores, y vuelve adentro.
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ANTONIO
ORIOL PRAT ALTIMIRA
L'Antonio llegeix llibres al portal de casa, cada tarda, puntual, i em saluda quan torno de la feina i passo —estranger— pel seu davant.
L'Antonio fa la seva i jo la meva, queda clar, però ens trobem, cada tarda, misteriosament, al seu portal.
Tot és senszill entre nosaltres: ell em fa adeu amb la mà i jo el saludo.
Com si ens unís un fil de llum, ell gira la pàgina, la tarda cau, i jo passo —familiar— pel seu davant.
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ANTONIO

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ANTONIO
ORIOL PRAT ALTIMIRA
Antonio lee libros en el portal de casa, cada tarde, puntual, y me saluda cuando vuelvo del trabajo y paso —extranjero— frente a él.
Antonio hace su vida y yo la mía, queda claro, pero coincidimos cada tarde misteriosamente en su portal.
Todo es sencillo entre nosotros: él me dice adiós con la mano y yo le saludo como si una luz o un hilo nos uniera; él gira la página, la tarde cae, y yo paso —familiar— por su portal.

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TERMINA
EL
MUESTRARIO
APOCRIFO
DE
ELISEO
DIEGO
Si aquí dejase algún indicio, alguna sugerencia
útil a los que vengan después, me daría por satisfecho.
Se justificaria así el afán de toda mi vida.

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Facultad de Artes y Letras
de la Universidad de La Habana
febrero de 2020